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A
Ser podcast. Estás escuchando Acontece que no es poco y yo soy Nieves con Costrina, la que te lo cuenta. Un podcast de historia para conocer, para entretenerse, para criticar, para cotillear y para lo que se tercie. Que disfrutes del episodio.
B
Hola, Nieves. Buenas tardes.
A
Buenas tardes.
B
¿Qué tal? Muy bien. Siempre salimos de la ventana de los libros como con un cohete en el culo. De verdad, salimos ahí enchufados y más.
A
Con la noticia que ha subido. Lo de leer se demuestra que leer es un vicio.
B
Claro, claro, pero un vicio sano, un vicio sano. Oye, los grandes personajes que por el motivo que sea pasar a la historia, eso lo dices tú, siempre suelen tener partes de su biografía me menos brillantes que aquellas por las que son conocidos o conocidas. El caso que contamos hoy es de conocido es masculino, pero no te rías. Pero un masculino de esos que mira al otro género, digamos que no de la mejor manera posible, o sea, un misógino. ¿Y quién era un misógino de manual? Mira, venimos de los libros. Pues el gran Francisco de Quevedo. Hoy en La ventana, en este Acontece que no es poco, hablamos de su boda. De su boda. Que alguien pensara, coño, misógino y casarse suena un poco contradictorio, ¿No? Bueno, pues acláralo tú, Venga, hala, todo tuyo.
A
Exactamente. ¿Pero vamos a preguntarnos, a ver, qué pasó aquí? A ver, ¿Por qué querría casarse un misógino? A ver, ¿Por qué un tipo que odia a las mujeres acepta pasar por el altar? ¿Por qué ese mismo tipo que dijo que a los hombres que se casan los había de llevar la iglesia con campanillas delante como a los ahorcados, Toma? ¿Aceptaría pasar por la vicaría? En fin, ¿Por qué un idiota que escribió que prefer un bárbaro otomano antes que un himeneo tirano aceptaría casarse? La verdad es que la pluma, la que tenía Quevedo era maravilloso, maravillosa. Pues sí hablamos de Francisco de Quevedo y villegas, que el 26 de febrero de 1634 se casó sin querer y salió por pies y en cuanto pudo salió, vamos, pitando que fue a los dos meses, dos o tres meses se piró. Quevedo es una máquina de anécdotas. Es verdad, es el Oscar Wilde del siglo XVII, o al revés, o Oscar Wilde es el Quevedo del XIX. Da igual, porque entre las frases que de verdad dijeron y las que se les atribuyen, porque si no se sabe quién dijo algo, se le endosa la cita uno de los dos y apañado, ya está. Pues parece que estos dos son los únicos con frases ingeniosas. Quevedo está, yo creo, entre los primeros repentistas. Me encanta esta palabra. Entre los primeros improvisadores, entre los primeros troberos. Exactamente, Son los primeros raperos o freestyler que había, para que nos entiendan los millennials, en realidad, que se ajusta más a la dificultad del repentista que del rapero, porque aunque los dos improvisan, los que hacen repentismo se tienen que ajustar a una estructura. Bueno, pues Quevedo hacía repentismo, que como lo define uno de los mejores y más famosos repentistas, que es el cubano Alexis Díaz Pimienta, es el arte de improversar. Chúpate esa. Y se lo lloré.
B
A llorar a la calle de la llorer.
A
Perdona la ironía que me ría, me.
B
Ría y me ría, pero esa penita no fue mía. Vamos a ver, quizá no haya una explicación concreta para la misoginia de Quevedo, pero sí tiene que haber alguna para que se casara, ¿No?
A
Sí, claro, sí, sí. Y tiene que ver con su actividad menos conocida, la de diplomático, la de funcionario real. Bueno, que este hombre tenía de diplomático lo que yo de carmelita descalza. También fue espía. Esto lo contamos hace dos años.
B
Es verdad, me sonaba.
A
Sí, claro. Pero te iba a decir, no sé si te acordarás porque estabas recién llegadito.
B
Pero Quevedo fue funcionario real, ¿No?
A
Efectivamente, sí, sí, lo fue. Un espía. Tuvo un mogollón, una movida en Venecia alucinante. Quevedo fue funcionario real al servicio del rey Felipe IV como secretario y secretario también del duque de Osuna. Y lo que le aconsejaron que hiciera si quería prosperar era dar imagen de un tipo con la cabeza sentada y miembro de una estructura familiar sólida. Una cuestión de postureo, nada más. A mí esto de las bodas por postureo me recuerda a lo que quizás se dijo allá por 1995-96. Sonó mucho cuando hubo una fiebre de bodas de varios y varias dirigentes del PP, entre ellos Mariano Rajoy y Álvarez Casco. Ese señor que se indignó con la sacrílega ley del divorcio y no para de casarse y divorciarse. Se casa, se divorcia. Venga ya lleva tres. Pues esto entra sólo en el terreno del cotilleo. También como la boda de Quevedo, porque de la misma manera que se afirmó en los confidenciales que hubo una orden extraoficial desde la cúpula del PP a sus dirigentes para que dejaran de vivir en pecado con sus parejas y pasaran por el altar, pues esto lo mismo lo pueden desmentir los implicados. Pero desde luego, en cuanto vio el PP que las elecciones del 96 estaban ganadas, dijo todo el mundo a casarse, que somos de derecha y somos cristianos y no podemos estar por ahí viviendo arrejuntados como los rojos. Hombre, qué va a ser esto. En lecturas y el 10 minutos tuvieron una época que no daban abasto a cubrir bodas peperas. Todas las semanas tenían una. Y eso también hizo Quevedo. Casarse, porque había que casarse.
B
¿Y quién fue? Iba a decir la desafortunada. ¿Quién fue? Y sabía dónde se metía ya ella.
A
No sé si sabía dónde se metía. Se llamaba Esperanza de Mendoza. El que sí lo sabía era él, porque salió corriendo a los dos o tres meses y tenía las cosas muy claras desde que decidió dar el paso. Él mismo había escrito unos años antes de su boda para definir a una mujer escribió lo muy bien escrito, pero joe, si la besas te embarras los labios. Si la pretendes, te cansas, si la alcanzas, te embarazas. Si la sustentas, te empobreces. Si la dejas, te. Si la quieres, te deja. Dame a entender de qué modo es buena y considera ahora este animal soberbio con nuestra flaqueza a quien hacen poderoso nuestras necesidades. Sí, sí, la pluma era maravillosa, pero en fin, Quevedo, si te muerdes, te envenenas. Bueno, Paco Quevedo era un soltero feliz y gamberro. Convivía con la mujer que le apetecía en cada momento. Iba, venía, juego, taberna, en fin, era la vida que le gustaba. Pero hacía dos años que era secretario del rey Felipe IV y empecé. Empezaron a comerle la oreja con eso de que tenía que mantener las formas. En realidad la que le comió la oreja fue la mujer del duque de Medinaceli. A su marido, al duque, para que a su vez el duque se la comiera a Quevedo. ¿Que decía el Duque de Medinaceli? Pero Ana Mari. Ana Mari era su mujer, Ana Mari. ¿Pero cómo voy a convencer a un tipo que ha dicho que prefería ver un cura en su entierro antes que en su boda? ¿Y que mejor que se le helaran la lengua y las palabras antes que dar el sí? Que lo convenza. Le decía Ana Mari, la duquesa, que tengo una amiga que necesita casarse. Y el duque de Medina, por no oír más a su mujer, parece, convenció a Quevedo para que se casara.
B
¿Qué música pondrían por aquel entonces en las bodas? Bueno, está pensando en la tontería. Oye, ¿Y se sabe cómo fue la boda? ¿Dónde fue de entrada?
A
A ver, se sabe. Fue en Cetina, en un pueblo de Zaragoza. Se sabe todo lo que toca a la parte oficial, porque existe certificado de matrimonio.
B
Ah, bueno, claro.
A
Lo conserva el archivo histórico del museo del ejército. ¿Qué dices tú? ¿Por qué está en el Museo del Ejército la partida de matrimonio de Quevedo? Pues porque fue una boda manu militari. En realidad llegó al Museo del Ejército procedente de una colección privada. Por ese certificado sabemos que en el libro de matrimonios de la iglesia de San Juan Bautista de la villa de Cetina, diócesis de Tarazona, en Zaragoza, está certificado que el cura Francisco Martínez casó a Francisco de Quevedo con Esperanza de Mendoza y con otros dos curas testigos que se llamaban también Francisco Uno y Juan. Aquí todo el mundo se llamaba Francisco, como los franceses. Todos se llaman François. Pues aquí también. Y también consta que no se celebró misa nupcial. Así que como sólo conocemos el dato documental, el resto sólo podemos imaginarlo. Hasta la música que pusieron, ¿No? Que pondría yo que sé, por ninguna. Y está claro que esa boda no fue una fiesta. Te casa un cura a la fuerza con otros dos curas de testigos en el pueblo de tu novia, a la que solo has visto una vez en tu vida. Viuda, con dos hijos, 50 años. Ya ves tú. Eso sí, la mujer iba bien de patrimonio. Quevedo debió entrar en la parroquia con una pinza en la nariz. Y lo mismo Esperanza entró con otra. Seguramente fue un apaño para que la vecina de Cetina saliera de la viudez y Quevedo entrara en la formalidad. Esto era una tontería, además, porque Felipe IV, el rey, al servicio de quien estaba Quevedo, pues no le iba a pedir cuentas de si estaba o no casado. Bastante tenía el rey con recolectar novias. Que tuvo un tío que tenía 30 amantes, que se cree que dejó más de 50 bastardos. Como para vigilar si Quevedo se casaba o no. Yo daba lo mismo. La que enredó todo fue la mujer del duque de Medinaceli, la Namari.
B
Ya lo has mencionado antes. Oye, ¿Y qué clase de boda fue esa en una iglesia? Si dices que no se celebró misa nupcial, ¿Qué pasa? ¿El espacio tenía que ser ese o cómo va?
A
Tenían que ser con curas, pero lo de la misa no. A ver, esto es una cosa que se hacía mucho en los siglos XVI y XVII. Por eso en los certificados de estos matrimonios se encabezaban diciendo. También lo pone en el de Quevedo, ponía servata forma concili trini, que no es el concilio de la Trini, el Concilio de Trento, o sea, según fórmula Cervata forma concili trini, o sea, según fórmula establecida en el Concilio de Trento, por la cual se podían celebrar matrimonios con la simple aceptación de los contrayentes sin necesidad de dar la turra con una misa.
B
Pues eso no está mal.
A
No, no está bien. Por un lado, porque te ahorras el peñazo, tenía que ser en la Iglesia, porque tenía que controlar la autoridad eclesiástica. Aquí lo importante es que la Iglesia controlara esas uniones y por cada boda, dinero a la buchaca. Lo que se hizo en el Concilio de Trento, el que se convocó en pleno cabreo con Lutero y los protestones, fue inventar el matrimonio eclesiástico legal tal y como lo conocemos ahora. Antes no se hacían esas cosas, porque hasta el Concilio estaba muy descontrolado la celebración de los matrimonios. Que tienen narices que unos tipos con faldas que se autoprohíben casarse pretendan mangonear y decidir quiénes y cómo se casan los demás. Y decidieron que si el matrimonio era un sacramento, porque lo decían ellos, esto es un sacramento. ¿Por qué? Porque lo decido yo. Pues la autoridad de la Iglesia y sus competencias en el matrimonio eran incuestionables. Esto no lo podía poner nadie en duda. Que tú te pero bueno, ¿Y de dónde lo habéis sacado? Y te dicen de lo que tengo aquí colgado. Por favor, perdona, esto no has oído esto es lo que llama el Mundo Today el particip crotal.
B
No lo había oído, pero no me extrañan ellos sí el participio escrotal es.
A
Esto lo que tengo aquí colgado. Bueno, por supuesto. ¿Quien le recordara a los mangoneadores esto de los matrimonios que San Agustín dijo que un concubinato duradero equivalía a un matrimonio y que vivir juntos nunca fue pecado hasta que se lo inventaron? Bueno, pues por supuesto la Iglesia te mandaba a pastar. Y como también se recogía en el mismo Concilio de Trento, si alguno dijere que las causas matrimoniales no pertenecen a los jueces eclesiásticos, se ha excomulgado.
B
Oye, Nieves, y por cerrar ya la historia, ¿Cómo salió de ahí Quevedo o no salió tampoco?
A
Es que apenas hay documentación, la verdad. Alguna fuente dice por ahí que Quevedo acabó anulando el matrimonio, pero no lo sé, porque también decidieron los mangoneadores que el matrimonio era un vínculo indisoluble. Salvo para Álvarez Cascos, la boda de Paco Quevedo y doña Esperanza fue un mero trámite, con dos curas de testigos y ya. Aunque en Cetina esto gracioso, montan un festejo anual para rememorar la boda como si se hubiera celebrado algo. Jornadas quevedianas, las llamadas. Pues sí, para traer turismo y reivindicar que aquel gamberro misógino que escribió gracias y desgracias del ojo del culo, pues que se casó en Cetina y dejó tirada una cetinera, que no sé yo que hay que celebrar. Pero bueno, hasta ahí, ¿No? El resto es ficción. Que Bebo, como lo llamaba Góngora, volvió a sus tabernas a fumar, a beber más que fumaba, a sus chicas y a su misoginia, que es con lo que disfrutaba él.
B
Hasta mañana, Nieves.
A
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Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina (A), with a co-host (B)
Date: February 27, 2023
Theme: Delving into the curious, ironic, and little-known history of the wedding of Francisco de Quevedo—a renowned writer, wit, and unabashed misogynist.
In this episode, Nieves Concostrina takes listeners through the odd and brief marriage of Francisco de Quevedo, the famed Spanish Golden Age writer known as much for his biting wit and satirical verses as for his notorious misogyny. The podcast blends historical fact, critical commentary, and Nieves’ customary humor to explore why a man who publicly despised marriage—and women in general—ended up as a husband, if only for a couple of months.
This episode paints a vivid, witty picture of Quevedo’s contradictory foray into matrimony, dissecting how social pressures, political expediency, and a farcical compliance with Church mandates led to perhaps the most reluctant wedding in Spanish literature. With Nieves Concostrina’s typical blend of rigorous fact and comedic irreverence, listeners gain both historical context and entertainment, seeing the very human foibles of a literary giant—and the enduring absurdities of social convention.