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A
Ser podcast. En La ventana. Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con Costrina, Cadena SER.
B
Hola, nieves, buenas tardes.
A
¿Qué tal, Carlas? Buenas tardes.
B
Lo primero, pregunta obligada. ¿Qué tal el festival Literario de Morella?
A
Ah, fantástico, muy bien, muy bien. Me lo pasé muy bien porque he conocido a gente muy interesante. Y me acordaba de ti porque me chupé hora y media sobre la Liga y sobre la Premier League, que nunca me hubiera imaginado que fuera tan interesante todo. Con Ramón Besa, con Jimmy Barnes, con el repre de Iniesta. Me lo cuentas y no me lo creo. Interesantísimo. Aprendí muchísimo con una directiva, que no, con Patricia, una directiva de la Liga, una tía estupenda. En fin, me lo pasé muy bien, me ha gustado muchísimo.
B
¿Y llegasteis a alguna conclusión de por qué y quién cuenta la historia, o sea, de quién cuenta la historia y por qué no llegasteis a ninguna conclusión?
A
No, es imposible llegar a ninguna conclusión. Lo que está claro es que, como siempre se dice y como has dicho tú alguna vez, la verdad es la primera víctima de la guerra y al final los que ganan son los que escriben la historia.
B
Hoy, en nuestro paseo diario por la historia, nos vamos a topar con uno de los nombres propios más relevantes de la lista de conquistadores de América. Y digo bien, porque primero fue el descubrimiento y después la conquista, lo cual supone quedarse con tierras, propiedades y riquezas de los conquistados, qué es lo que hizo, por ejemplo, Pizarro en Perú. Y quizá por eso, digo yo, y quizá por eso y por la desigualdad con la que repartió el botín de sus conquistas, se lo cargaron tal día como hoy de 1541. ¿Y cómo se lo cargaron?
A
A lo bestia, A lo bestia, a lo bestia. Fue tremendo. Se lo cargaron en su casoplón de Lima, en Perú. Era domingo. Y bueno, ya hubiera querido él tener más tiempo para disfrutar de la inmensa fortuna que amasó. Pero eso es lo malo de tener mucho que se te va la vida en protegerlo y en defenderlo, que despiertas muchas envidias, que has dejado muchos cadáveres en el camino. Francisco Pizarro reunió el mayor tesoro en oro de la historia de la conquista de América. El mayor alucinante, es el que le entregó Atahualpa, el último soberano inca. Y se lo entregó en Cajamarca, que era donde lo tenía secuestrado. Pizarro lo engañó. Le dijo, si me entregas tanto oro, te dejo en libertad. Atahualpa entregó seis toneladas de oro y Pizarro se lo cargó. A eso se le llama tener palabra. Claro que sí. También le dijo, verás, Atahualpa, si además te bautizas en vez de que Marte, que es nuestra tradición, con los prójimos que no son de nuestra empresa católica, te matamos a garrote, que duele mucho menos. Y por eso Atahualpa murió llamándose Paco. Lo bautizaron Francisco. Del reparto de aquel enorme botín y de cómo se fueron complicando las cosas vino que ocho años después, aquel 26 de junio de 1541, se cargaran a Pizarró con saña, recreándose, disfrutándolo. Además se notó, ya se sabe que el refrán ese que dice quien a hierro mata, a hierro muere, o como dicen por el Caribe, el que a hierro mata no muere en su cama. Y luego hay otra versión, la de Pedro Nav baja, matón de esquina. Quien a hierro mata. Pizarro murió a espadazos. Eran tantos los que querían matarlo. Unos 20 tíos más o menos. Bueno, casi. Tuvieron que coger número, como en la charcutería. Ojalá no tuviera conocido nunca. Ojalá no te hubiera conocido nunca. Ojalá no te hubiera conocido nun. Para no amarte siempre. Para no verte sin verte.
B
Mira, te voy a leer una frase del libro que hemos comentado hace un ratito. Aquí en la ventana de los libros, en la conversación infinita de Borja Hermoso, uno de los entrevistados, Peter Brook, El bien y el mal son los conceptos más ridículos que existen. Si tomamos la palabra religión, podemos llegar a una conclusión Es la salsa que baña todo aquello que significa destrucción en el mundo. Esto se vaya a la nieve, que le va a interesar.
A
Qué razón tiene.
B
Vayamos al comienzo de esta historia de Pizarro. Quién se cabreó por cómo se hizo el reparto de las seis toneladas de oro. Exactamente. ¿Quién fue el primer o los primeros cabreados?
A
Para entenderlo enseguida. Aquí había dos bandos. Eran los pizarristas y los almagristas, que eran los hombres de Diego de Almagro, un manchego con muy mala leche y colega de conquistas de Pizarro. Se cabrearon los que no pillaron, los que creían que tenían que pillar lo suficiente. Los almagristas, después de apartar de las seis toneladas de oro que le birlaron a Atahualpa el quinto real para la corona, que siempre había que apartarlo, que era la quinta parte que tenía que enviarse siempre a Carlos V. El resto lo repartió pizarro entre sus 168 hombres. Pero él y sus hermanos, porque ahí tenía tres hermanos, pillaron lo más grande, pillaron un fortunón y pizarro. Bueno, a Pizarro se habían unido unos meses antes del reparto los almagristas, los hombres de Diego de Almagro, pero llegaron cuando Pizarro ya lo tenía todo organizado, tenía el territorio controlado, tenía Atahualpa secuestrado, los incas acojonaicos en un rincón, el oro entrando a espuertas, todo. Es decir, como los almagristas llegaron a mesa puesta, Pizarro no los incluyó en el reparto. Se mosquearon. Lógico que se mosquearan, porque en realidad los pizarristas sintieron alivio al verles llegar cuando ellos ya estaban allí, porque llegaron como refuerzo. Los hombres de Atahualpa estaban extrañamente pasivos, pese a ser miles. Así que como tenían secuestrado Atahualpa, pues no querían hacer nada para que no les mataran a su soberano. No querían. Estaban diciendo no, no lo vayan a matar, era sagrado, pero si les hubiera dado por atacar, allí no queda un español viv.
B
Entonces los de Almagro se unen a Pizarro no por el oro, al menos inicialmente, sino para ayudar en caso de ataque de los incas.
A
Claro, en un principio no tenían ellos noticias de todo eso que estaba. De todo ese oro que estaba entrando. Se unen porque habían quedado en eso, en unirse, porque Almagro y Pizarro eran colegas de conquista. Lo que pasa es que tuvieron que dividirse en determinado momento y no tuvo más suerte que otro a la hora de ir por un sitio o por otro para dar con el oro. Todos buscaban lo mismo, pero unos encontraban y otros no. Almagro llegó ya con cierto mosqueo a la reunión en Cajamarca, porque unos años antes, muy poco tiempo antes, Carlos V autorizó a Pizarro, sólo a Pizarro, no Almagro, a conquistar en Perú a su bola y le dio todos los títulos habidos y por haber, le dio power para ti, Pizarro, Capitán general, gobernador, jefazo de todo. Almagro se vio relegado a un segundo plano, pese a que habían llegado juntos para la conquista. Y además se vio sin mando en ninguna plaza peruana. Y encima, cuando llega la hora de representar partir el oro de los incas, Pizarro tú no, a vosotros no os toca, pero mira, os voy a dar una propinilla de 20 mil pesos por las molestias por haber venido. Aquello no fue en aquel momento, a peor, de milagro. Pero el reconcome y el cabreo siguieron ahí. El reparto del oro y el matarile. Atahualpa fue en 1533. Bueno, pues dos años después, en el 35, para rebajar un poco el cabreo de Almagro y los almagristas, Pizarro les soltó mucha pasta y les ayudó a organizar una expedición a Chile. Como diciéndoles, mira, iros a por el oro de Chile y quedaros con todo lo que vayáis pillando. Pero Diego de Almagro con sus hombres, no encontró nada. Allí por Chile solo había tierras áridas y mojones de llamas, nada más. Se morían hasta de hambre. Así que volvió. Estoy resumiendo mucho la historia, como se puede imaginar. Así que volvió a Perú, entró en Cuzco como elefante en cacharrería y reclamó la ciudad para él Almagro. Venga, pues me quedo con Cuzco porque no he encontrado nada. Carlos. No, no, Car v dijo no. Cuzco es para Pizarro. Ahí hubo tangana. Los Pizarro apresaron al manchego, lo ejecutaron y a los almagristas les dieron un palizo.
B
Bueno, pues ya está claro. Ahí las ganas de venganza quedarían servidas, ¿No? Y por eso luego tanto se apuntaron a la hora de cargarse a Pizarro.
A
Claro, estaban todos muy cabreados. Yo los llamo los almagristas, pero los de Pizarro los llamaban los de Chile. Estos son los de Chile. Y sabían que no podían quitarles el ojo de encima, porque ellos no quitaban el ojo de encima a los Pizarro, sobre todo al Bos, a Francisco Pizarro y a Hernando, al hermano. Leo unas líneas de una carta que dejó escrita Hernando Pizarro a su hermano Francisco cuando se volvió a España. Cuando Hernando se volvió a España, le no consienta vuestra señoría que estos de Chile se junten 10 en 50 leguas alrededor de donde vuestra señoría estuviera, porque si los deja juntar, le han de matar. Estaba clarísimo. Esto fue dos años antes de que lo mataran. Porque matarlo, desde luego, lo iban a matar. Y lo mataron en el mejor momento de su vida. Esto suele ocurrir. Estaba ya jubilado de conquistas. El dinero le salía por las orejas. Vivía como un cura, manejando novias incas a cuatro manos. Con nombres. Yo no sé pronunciar. Y Pizarro tampoco. Por eso, como además estos bautizaban todo lo que se meneaba a las chavalas incas, les ponían nombres. Inés, Angelina. Con Angelina Pizarro tuvo los dos últimos churumbeles que no les dio tiempo a quedarse con la cara de su padre, porque tenían dos años y un año cuando se quedaron huérfanos. El marqués Pizarro, porque Carlos V también lo nombró marqués, se paseaba por Lima disfrutando de su fortuna, viendo cómo crecía la ciudad y la catedral que ordenó construir, la actual Catedral de Lima. Todo guay, pero no estuvo atento a lo que le dijo su hermano, no permitir que se juntaran 10 de los de Chile a 50 leguas a la redonda.
B
Sobre todo porque fueron más de diez. Cómo fue la encerrona de emboscada.
A
El plan era cargárselo cuando fuera a misa. Aquel domingo 26 de junio Pizarro se levantó como siempre, sin despertador y a las cinco y media de la mañana. Hacía días que corría el rumor de que los de Chile pensaban en buscar a Pizarro cerca de la iglesia o en la iglesia dentro. Y dijo Pizarro me salto la misa, no hay necesidad tampoco. Y efectivamente, los almagristas se aburrieron de esperar en las afueras de la iglesia. Entendieron que alguien lo había prevenido y pues esto no lo dejamos para mañana. Que no se diga que los de Chile somos procrastinadores. Y además si Pizarro estalla, mosquea y no ha venido más adelante va a ser más difícil pillarlo. Así que venga un escrache en su propia casa. Esperaron hasta después del almuerzo y entraron en tropel al grito de Muerte al traidor. De escritor no era mucho. El marqués Pizarro, además de un montón de criados, ese día tenía invitados a comer. Pero en cuanto todos vieron a los almagristas entrando espada en ristre, menos tres o cuatro, salieron todos por pies. Unos se escondieron debajo de las camas, otros en los armarios, otros saltaron por la ventana. Al final acorralaron a Pizarro. Bueno, ni se sabe los espadazos que recibió. Bueno saberse si se sabe muchos, pero sí se sabe es que dos fueron mortales. Uno le atravesó el pulmón y la tráquea, el otro la garganta. Todavía tuvo tiempo de dibujar en el suelo una cruz con su sangre, de acordarse de Cristo, de pedir confesión. También pidió agua y un almagrista que se llamaba Barragán le rompió una jarra en la cabeza y le dijo que se bebiera el agua en el infierno. Y nada, acabó muriendo. Como había vivido este hombre en mitad de una bronca. Lo mismo le castigó el tal Cristo por no haber ido a misa, o por tener tantas novias, o por avaricioso, o por haber obligado al pobre Atahualpa Yupanqui a morir llamándose Paco.
B
Curioso lo que has contado. La de Pizarro debe ser una de las muertes más documentadas de la historia, o sea, hasta el más mínimo detalle de la tráquea.
A
Sí, sí, sí. Y porque fue una muerte muy épica y además con muchos testigos y lo apuntaron todo. También se sabe que como allí estaban empujones para matar a Pizarro y no todos pudieron ser autores materiales, lo que hicieron fue mojar las espadas en la sangre para compartir la hazaña, para decir que yo también lo maté, yo también estuve allí. Y luego ha venido muy bien para el estudio de los restos de Pizarro, porque si se detallan dónde te arrearon los espadazos y cuántos te dieron, luego llega el forense, ve las marcas de los huesos y dice anda pues mira, coinciden las crónicas de la época con las heridas. Y esto tiene un poquito guasa porque hasta finales del siglo pasado tuvieron a un tipo enterrado en la Catedral de Lima, en un sepulcro del Copón Maravilloso en el altar, haciéndose pasar por peor. No era él, porque era un tipo cuchimizado absolutamente. Cuatro siglos venerando quien lo venerara, la tumba del conquistador de Perú, del que se cargó a Paco Yupanqui. Resulta que el que había dentro se había muerto como poco de un catarro. ¿Dónde le eches esta Pizarro? ¿Dijeron, no? Bueno, hasta que lo encontraron. Pero esto ya otro día. Muy bien, otro partículo.
B
Queda pendiente el descubrimiento de los restos de Pizarro. Eso ya lo dejamos para otro día. Venga, Nieves, mañana más. Un beso. Hasta luego.
A
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Host: Nieves Concostrina (with Carlas Francino)
Date: June 26, 2023
Podcast: SER Podcast – Acontece que no es poco
This episode offers Nieves Concostrina’s characteristically sharp and irreverent historical analysis. She explores the dramatic assassination of Francisco Pizarro, the infamous conquistador of Peru, delving into the brutal politics, betrayals, and vendettas underpinning his violent end. Through witty storytelling and biting commentary, Concostrina revisits the dirty business of the Spanish conquest, focusing on the greed, envy, and rivalry that ultimately led to Pizarro’s death “a lo bestia” (in brutal fashion).
On History’s Bias:
“La verdad es la primera víctima de la guerra y al final los que ganan son los que escriben la historia.”
— Nieves Concostrina [01:16]
On the Nature of the Killing:
“A lo bestia, a lo bestia, fue tremendo. ... Eran tantos los que querían matarlo... Tuvieron que coger número, como en la charcutería.”
— Nieves Concostrina [01:59–02:44]
On the Morality of the Conquest:
Quoting Peter Brook, shared by Carlas:
“El bien y el mal son los conceptos más ridículos que existen... la religión es la salsa que baña todo aquello que significa destrucción en el mundo.”
— Peter Brook, cited by Carlas Francino [04:09]
Epic Forensic Detail:
“La de Pizarro debe ser una de las muertes más documentadas de la historia, o sea, hasta el más mínimo detalle de la tráquea.”
— Carlas Francino [12:26]
On the Afterlife of His Remains:
“Hasta finales del siglo pasado tuvieron a un tipo enterrado en la Catedral de Lima, ... haciéndose pasar por Pizarro. No era él, porque era un tipo cuchimizado absolutamente. ... Resulta que el que había dentro se había muerto como poco de un catarro. ¿Dónde le eches está Pizarro?”
— Nieves Concostrina [13:27]
Vivid, ironic, and direct, Nieves Concostrina combines rigorous historical research with biting, popular commentary, mocking both the hypocrisy and the violence surrounding the conquest. Her frank delivery, black humor, and sharp anecdotes make the retelling as engaging as it is enlightening, never shying away from the grotesque or absurd.
The discovery and real resting place of Francisco Pizarro’s remains will be tackled in a future episode.