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A
Ser podcast.
En la ventana Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
B
Nieves con costrina Buenas tardes.
A
Buenas tardes.
B
Qué alegría tenerte aquí en carne y hueso.
A
Tocar de cuerpo prisión.
B
Hoy estás nerviosa porque hoy es la víspera del gran estreno de Borbonia, mañana jueves y también el viernes ahí en el Paraninfo de la Universidad de Burgos.
A
¿Nerviosa? Pues claro que estoy nerviosa, pero bueno, con el culillo apretado. Pero bien, pero bien, porque yo creo que va a ser algo con lo que también me pienso divertir yo, o sea que espero compartir esa diversión con todo el mundo que ha adquirido las entrantes.
B
A mí, a nosotros nos hace mucha ilusión y yo creo que no a nosotros por de lo rápido que se vendieron las entradas.
A
Contaste el lunes 5 minutos, 6 minutos al día siguiente. Bueno, fue tremendo.
B
La verdad es que el mundo reyes, así en general, no solo los Borbones, da para mucho porque de acuerdo que con el tiempo las monarquías, todas o casi todas, se han ido modernizando sus costumbres ya no parecen tan tan marcianas, pero hacían unas cosas hacen todavía, pero bueno, hacían sobre todo unas cosas, por ejemplo, intercambiar niñas, que es lo que vamos a contar hoy.
A
Es que esto es increíble. Ya lo apuntábamos hace una semana cuando estuvimos hablando que allá por 1722 hubo un intercambio de niñas entre Francia y España. Esto ya lo adelantamos. A una la entregó Francia para casarla con el rey Breve, con Luis I, y a la otra la entregó España para que se casara con Luis XV, el rey pachucho que estaba el hombre fatal. Bueno, el hombre, el niño. A quien le interese la previa del partido de hoy nuestro, pues que vaya al podcast del 21 de enero. Dejamos pendiente hablar de la niña que España entregó a Francia. Era una de las hijas pequeñas de Felipe V e Isabel de Farnesio, Mariana Victoria de Borbón, la llamaban Marianina. Dicen que era una niña encantadora, adorable. Tenía cuatro años. Qué niño adorable a los cuatro años. Bueno, pues tenía cuatro años cuando sus padres la cambiaron por la francesa y las cambiaron como si fueran cromos. Mira que los psicólogos alertan mucho de la sobreprotección de los hijos porque dicen que les anula capacidades, se les vuelve idiotas y les frena el desarrollo. Pero hombre, de ahí al súper desapego de entregar a tu hija de cuatro añitos, no lo sé. Claro que eran reyes y su único apego es al trono. Aquel intercambio, como otros muchos antes y después de este, se hizo en la desembocadura, en el Cantábrico del río Bidasoa, porque ese tramo es la frontera natural entre Francia y España. A las niñas las cambiaron concretamente en la Isla de los Faisanes, una isla que sale por aquí de vez en cuando, que está justo en mitad del río, con Irún en una orilla y Endaya en la otra. Ahora es Irún, pero entonces era Fuenterrabía. Que entonces era Fuenterrabía, pero ahora es Onda. Rivi.
Cuéntame al oído, muy despacio y muy bajito, porque tiene tanta luz este día tan sombrío.
B
Y la Isla de los Faisanes ni es isla ni tiene faisanes. Eso es una isla fake, digamos, pero con una historia extraordinaria sobre las relaciones entre los dos países.
A
Esto es tremendo lo que ha pasado por ahí. Es un pequeño islote con una historia enorme, muy grande. A mí me fascina, me gusta muchísimo ese pequeño pedazo de territorio. Además, cada vez que voy por allí voy a ver desde Irún o desde Hendaya la Isla de los Faisanes. Ese es un condominio que seis meses al año está bajo soberanía española y otros seis bajo soberanía francesa. El Bidasoa en su desembocadura se convirtió no sólo en la frontera física y política, sino en la frontera ceremonial de los dos países. Cosa, por cierto, que tenían muy mosqueados a los de Fuenterrabía de entonces, desde el siglo XVI los tenía ahí con el morro torcido, porque se supone que las dos orillas del Bidasoa pertenecían a Fuenterrabia, pero cada vez que los reyes organizaban un paripé ceremonioso, quedaban justo en mitad del río para entregar rehenes, para mantener una reunión, para cambiarse princesas. Y los de Fuenterrabia decí vamos a ver si el Bidasoa es del completo dominio de Castilla y concretamente nuestro, que somos los que vivimos aquí, ¿A qué viene que los franceses lleguen hasta la mitad del río para los encuentros, como si esa mitad fuera suya, cuando las dos orillas son de Castilla? Esto es otra historia. Pero el caso es que desde la primera reunión que hicieron en mitad del Bidasoa, se estableció ya un protocolo que se fue afinando, engrandeciendo y que ya no se abandonó durante tres siglos. Una de las ceremonias de intercambio de princesas más espectaculares, además, nunca la hemos contado aquí, fue una de 1615, cuando España entregó a Ana de Austria para casarla con Luis XIII y Francia entregó a Isabel de Borbón para casarla con Felipe IV. Allí se montó lo más grande. Lo más grande, pero tampoco toca. Además de la pasta que costaba, Imagínate movilizar a casi toda la corte, ejércitos, servidumbres, construir pabellones. Los preparativos llevaban meses. Pero vamos, a lo que vamos es a que una vez entregadas las niñas, Marianina fue camino de Versalles a conocer a su futuro marido, el rey Luis XV, que la miraría como un bicho raro. Raro y pequeño. Esta mierdecilla que es. Y Luis e Isabel ya tomó camino de Madrid.
B
¿Pero ¿Cuántos años tenía el rey Luis XV?
A
Tenía doce.
Tenía doce años. Todavía habría que esperar ocho o nueve años a que la niña creciera para poderla casar y mientras la irían adiestrando para reina de Francia. Pero claro, Luis XV iba a estar esperando hasta tener él 19 años para casarse con esa nena, que entonces sí habría cumplido los doce. Aquel acuerdo hispano francés fue un disparate, como enseguida se demostró, porque hicieron planes a demasiado largo plazo y era muy fácil que algo se torciera.
B
Claro, ¿Que podía salir mal?
A
¿Que puede salir mal de esto? Por ejemplo, lo que ya contamos, que Luis I cascó a los siete meses de reinado y en la corte de Madrid tuvieron que cargar con una reina viuda de 14 años, viuda a los 14 años, que además de no estar bien, se había convertido en un auténtico estorbo. A ello se añade que las relaciones políticas entre Francia y España se fueron agriando. Se añade también que la salud de Luis XV empezó a caer en picado, que vieron que se les moría y que había que casarlo cuanto antes para que tuviera algún churumbel antes de que se muriera, porque había déficit de herederos, que es que no les quedaba ninguno. Pero Marianina no servía porque era muy pequeña. Si es que era muy pequeña. En ese momento tenía seis años. Había que devolverla. Francia, esta niña tenemos que devolverla y buscar otra que pueda ya cruzarla como si fueran los caniches. Los cruzamos y bueno, ahí tienes a la niña después de arrancarla de su familia en Madrid, cuando ya se había adaptado a Versalles y había cogido cariño a nueva gente que le dicen que se va a volver a España, con unos padres que la entregaron con cuatro añitos y de los que supongo que ya ni se acordaría, no lo sé. Aquella devolución de la mercancía fue considerada por el Reino de España como una afrenta y dijo Felipe V, o quien fuera, pero vamos, de los consejeros o él mismo, dijo, pues muy bien, si nos devolvéis a Marianina, os enviamos de vuelta a la reina viuda, porque tampoco es que le viniera mal, porque se quitaron un marrón de encima.
B
Y este intercambio de un fracaso seguro que ya no tenía todo el protocolo que desplegaron en la entrega.
A
Que va, ni de lejos. Vamos, es que a una la entregaron en un sitio y a otra en otro. Ya no hicieron todo el parips de una para acá, otra para allá. Sí, esto fue exactamente de tapadillo, como si fueran dos bultos de Amazon. Era lo que tenía nacer mujer en las macrogranjas reales, que servían para lo que servían. Aunque esta devolución de mercancía era un hecho absolutamente insólito, era muy insultante para España. La entrega a Francia de Luisa Isabel fue, según un cronista que escribió, glacial pórtica. La llevaron a Irún, la subieron a una barca, de ahí a la Isla de los Faisanes, la entregaron a la delegación francesa que estaba esperando, ea, toda vuestra, se firmaron las actas notariales y hala, está otra, adiós. La orden era que no coincidieran las dos niñas, no como cuando tres años antes hicieron el cambio de cromos, que cada una salió de una orilla a la vez. Las dos se juntaron en la Isla de los Faisanes con unos pabellones lujosos, se hizo el intercambio y las dos salieron a la vez hacia la orilla de sus nuevos países. Ahora no, ahora Marianina no. La llevaron a la Isla de los Faisanes, su comitiva, que bajaba desde París, se desvió hacia el este y la entregaron a 75 kilómetros de Irún, en un pueblito francés de los Pirineos que estaba en la frontera con Navarra, que se llamaba Saint Jean Pied de Port. De allí la llevaron a Pamplona, donde fue recibida con toros y fuegos artificiales. Supongo que le gustaría porque tenía 6 años, pero los toros, las peluznarían digo yo. La niña volvió con papá y mamá. No tengo el dato de cómo fue recibida, pero puedo suponer que si la habían entregado con cuatro años, si su devolución se considera un insulto y si inmediatamente se la volvía a poner en el mercado para el intercambio con otra casa real, pues digo yo que la recibirían como un incordio.
B
No te voy a preguntar qué pensaba la niña, porque obviamente no se le tenía en cuenta, ni les importara lo que dijera o lo que pensara o lo que sintiera.
A
Nada. Es que además crecían educadas para esto. Es lo que hay. Entonces supongo que va en tu cabeza y ya está. Las crónicas se deshacen en alabanzas hacia la niña por lo buena que era, por lo bien que se adaptaba, tan obediente. Pero vete tú a saber cuál era la verdad. En aquel momento nadie iba a criticar o a censurar que se tratara así a una niña pequeña, tuviera 4 o 16 años. Las infantas, carne con ojos. Ya está. Hay una película francesa de 2017 titulada Cambio de reinas, supongo que estará en alguna plataforma, que cuenta este episodio y sirve muy bien para acercarse a cómo ocurrió la cosa. También advierto que ojo a los de eso no se ajusta exactamente a lo que ocurrió, o tal cosa no fue así, o la reina no era sá. A ver, vamos a ver, que una película es una película para tener una idea de este capítulo vale de sobra. Las desgracias de Marianina no acabaron aquí. Continuaron en otra frontera, en otro río y con otro intercambio.
Por el camino yo me entretengo. Por el camino yo me entretengo.
B
A ver. Entonces, cuándo volvieron a entregar a esta. Iba a decir pobre niña. ¿Y a quién se la entregaron?
A
Pues la entregaron a Portugal. María Nina tenía 11 años en esta nueva entrega. Lo que sí hizo esta niña fue, la verdad, aprender idiomas.
En 1729, las coronas de España y Portugal apañaron los matrimonios del heredero de Felipe V. Insistimos que Luis I había cascado. Felipe V tuvo que volver al trono y quedó como sucesor el siguiente del escalafón, que fue el príncipe Fernando, el que acabaría siendo Fernando VI, el segundo Pertur, que llamo yo, y la novia acordada para él era la princesa Bárbara de Braganza. La intercambiaron por Marianina, entregada para que se casara con el príncipe José, el que luego fue el rey José I de Portugal. Y por tanto, esta vez sí, Marianina llegó a reina de Portugal, no la devolvieron.
B
Pero ¿Y por qué el intercambio se hizo en otro río?
A
Se hizo en el río Calla, Es frontera de España y Portugal. ¿Por qué en un río? Porque es para lo único que sirven los reyes. Para sus ceremoniales, para sus protocolos, para sus fotos, para los postureos. Alguien pensará bueno, esto era antes. Faltaría, estaría bueno. Pero solo hay que sustituir todos esos postureos por las portadas en el Ola y bombardearnos con el moño de Leonor fotografiado desde todos los ángulos posibles. Y es lo mismo. Ceremoniales, puros ceremoniales. Y puesto que existía el ceremonial con Francia de la entrega de niñas en el Bidasoa, pues a los Borbones se les antojó hacer el mismo paripé en el río Kaya. Y si lo del Bidasoa era costoso, esto lo fue más, porque hubo que desviar el río a su antiguo cauce para poder hacer un puente. Hubo también que instalar encima un lujosísimo pabellón de madera. Lo llamaron Casa de las Entregas. Un pabellón con tres salas, una para la comodidad de cada una de las familias reales y una intermedia donde se haría el intercambio. Estancias, por supuesto, con decoraciones, imagínate, exquisitas. Lo que viene a ser arte efímero. Un dineral en construir, decorar y acondicionar algo que usaron un rato y que inmediatamente después destruyeron. No importa, pagaba el pueblo.
Volando. Vengo, vengo por el camino. Yo me entretengo por el camino.
B
Gracias, Nieves. Que vaya muy bien Borbonia y compañía.
A
Muchas gracias, Marta, Muchas gracias. Un beso. Chao.
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Host: Nieves Concostrina (A)
Colaboradora: Marta (B)
Este episodio explora, con el marcado estilo irónico y directo de Nieves Concostrina, la increíble historia de Marianina, la infanta de España que fue “vendida y devuelta” en un intercambio de princesas entre las casas reales de España y Francia en el siglo XVIII. La narración refleja las rígidas y a menudo crueles costumbres monárquicas, en las que los hijos eran moneda de cambio en alianzas internacionales, y analiza las consecuencias personales y diplomáticas de tales pactos.
Nieves Concostrina (ironía sobre el nerviosismo antes del estreno de Borbonia):
Marta (reflexión sobre la desprotección y el desapego en la realeza):
Nieves (sobre la Isla de los Faisanes):
Nieves (sobre los matrimonios infantiles):
Nieves (sobre la devolución de Marianina):
Nieves (sobre la visión de la época):
Nieves (paralelismo con la actualidad):
Concostrina utiliza la historia de Marianina, la infanta “Amazon”, para mostrar el absurdo y la impiedad de las alianzas dinásticas de la Edad Moderna, en donde las niñas reales eran tratadas como moneda de cambio. Todo bajo una mirada sagaz, con pullas hacia la pervivencia de ciertos rituales monárquicos en la actualidad, y una reflexión de fondo sobre el rol secundario y cosificado de las mujeres en la historia de las coronas europeas.