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Emma Vallespinos
Ser podcast.
Nieves Con Costina
En la Cadena SER. Cualquier tiempo pasado fue anterior. Con Nieves con costrina.
Jesús Pozo
10 de agosto de 1759. Palacio de Villaviciosa de Odón, en las afueras de Madrid. Cuatro y cuarto de la mañana. Fernando VI, rey de España. Casca. Tenía 45 años. Se quedó listo a sólo un mes de cumplir 46. Se murió mal del cuerpo y mal de la cabeza. Y casi todo el mundo le echa la culpa a la pérdida de su esposa, que lo dejó hecho un trapo en su último año de vida y empezó a desvariar de la cabeza, pero también se le disparató el cuerpo. Aquellos doce meses viudo, de agosto de 1758 a agosto de 1759, se conocen como el año sin rey. Fernando VI, rey de España, estaba ahí como si no estuviera dicho finamente. Su conducta estaba dominada por la irritabilidad, la agresividad, la jocosidad, la impulsividad, la desgana, la alteración de la conducta alimentaria, de las horas y horarios de sueño, los comportamientos aberrantes, inapropiados y repetitivos, dejación de las obligaciones religiosas y renuncia al autocuidado y a la higiene. Y ahora lo decimos de forma seria, para entendernos todos. El rey Fernando VI saltaba y corría como una cabra por el palacio de Villaviciosa de Odón. Se meaba y se cagaba encima. Se negaba a meterse en la cama, pero se acostaba entre dos sillas y un taburete, destrozaba las sábanas a mordiscos, mordía y zurraba a los criados, jugueteaba con la comida y se la tiraba a los invitados. Tan pronto bailaba como lloraba, como se descojonaba sin venir a cuento. No comía o picoteaba a deshoras, se mosqueaba si los demás comían o dormían. Estaba desnutrido y estreñido y llegó a estar 36 días sin ir al baño. Así que un año en este plan, pues mucho duró. También les digo que eso de que España estuvo un año sin rey por la piraera de Fernando VI, pues no, en realidad no reinó un mojón en 13 años. No hizo el huevo.
Emma Vallespinos
Cada vez que te veo bien sé que no durará, porque siempre haces algo por empeora, empeora.
Jesús Pozo
Claro, todas esas cosas las hacía en aquel entonces un plebeyo cualquiera. Y le daban un par de guantazos y una de dos, o los pavilaban o los encerraban, que estamos a mediados del siglo XVIII. Y lo de la salud mental ni se tenía en cuenta en un plebeyo era simple locura. Pero si le ocurría al rey lo llamaban vapores nostálgicos. ¿Pero saben cuándo se dieron por definitivamente enterados de que el rey no estaba bien de la cabeza? No fue por ninguno de esos síntomas. Fue y leo. Desde que se vio y se hizo público que el rey dejaba de oír misa los días de precepto, que nadie dudó de su demencia. Cómo se quedan. Que mordiera a los criados, que se cagara encima o que escupiera los huittos de las olivas al de enfrente de la mesa no les hizo sospechar que ese hombre estaba fatal. Sólo cuando dejó de ir a misa se preocuparon. La madre que los parió. Y si encima hablamos del rey de España, Don Fernando VI de Borbón, absolutista y déspota, tenía todo el derecho a resistirse a ser reprendido. No se podía actuar en contra del rey por muy pirado que estuviera, porque los reyes son inmunes judicialmente, intocables socialmente, y si se cagan encima no se dejan limpiar el culete. El hermanastro del rey Carlos, el que estaba calentando por la banda porque era el siguiente en el escalafón y en breve sería Carlos III, autorizó a la servidumbre de Fernando VI a que actuaran con violencia respetuosa para poder asearle. Les cuento a todo esto un cotilleo que enlaza con este asunto, aunque no puedo decir de quién se trata. Hay un Borbón delincuente que huyó a otro país, que apenas tenía movilidad cuando se fue y al que su entorno lo llamaba el mofeta porque necesitaba ayuda para asearse y prefería no hacerlo antes de que lo sujetaran en la ducha. Nadie se atrevía a majestad bribona, usted apesta. Pero le pusieron el mofeta. Fin del cotilleo. Ya está. Volvamos al siglo 18 para conocer no solo a Fernando VI, sino también a su mujer, a Bárbara de Braganza. Que vaya con la señora el fortunón que acumuló a costa de los pringuis de los súbditos españoles. Así que este nuevo episodio de cualquier tiempo pasado fue anterior, tiene un título clarísimo, dado que la historia de este país es cíclica. El título es Bárbara y el rey. Pero para situarnos y antes de ir a la chicha, escuchen estas palabras del intelectual Marcelino Menéndez Pelayo que definen el reinado de Fernando VI. No hay parte de nuestra historia desde el siglo XVI a acá más oscura que el reinado de Fernando VI. Todavía está por hacer el cuadro de aquel periodo de modesta prosperidad y reposada economía en que todo fue mediano y nada pasó del ordinario ni rayó en lo heroico, siendo el mayor elogio de tiempos como aquellos decir que no tienen historia. ¿Qué atrevimiento sería reprender al cacareado e ilustrísimo profesor Menéndez Pelayo? Bueno, pues mira tú, lo vamos a hacer. Porque no creo yo que se le olvidara o que no lo supiera. Parece más bien que es de los intelectuales del relato, los oficialistas, que prefieren tapar la mierda. ¿Cómo que durante el reinado de Fernando VI todo fue mediano y nada pasó del ordinario? Fue durante su reinado cuando se puso en marcha en este país uno de los planes genocidas más salvajes que la historia. El plan para extinguir a los gitanos. La detención masiva de personas de esta etnia para llevarlas a la extinción. Luego nos contarán Jesús Pozo y su invitado, el catedrático de Historia Moderna José Luis Gómez Urdáñez, aquel horrible episodio que para algunos no parece tener la más mínima importancia. Así que, al margen de menudencias como esta de pretender extinguir a los gitanos y detener en una gran redada a 12.000 de golpe, incluyendo niños, niñas, ancianos, pues parece que no hubo nada interesante en el reinado de Fernando VI. Y si este es el plan y no hay historia ni nada extraordinario, salvo que vivió a cuerpo de rey, siendo un rey que no hizo nada, vamos a tener que tirar de banalidades para contar el reinado del perturbado Fernando VI y su consorte comilona Bárbara de Braganza. Ahí va a estar la chicha. Nació el chaval en 1713 y era hijo del primer Borbón también perturbado, Felipe V y de su primera esposa, la nunca bastante elogiada reina María Luisa Gabriela de Saboya, así definida por el historiador súbdito Alfonso de Anvila. ¿A ustedes les sugiere algo esta señora de apellido Saboya? Además de una oportuna rima, Claro que no. Pero como la historia que nos han enseñado es la que es, no nos suena a nadie. También es cierto que el citado historiador le tenía tanta inquina a la segunda esposa de Felipe Vuelve que no se cansa de alabar a la primera. El infante Fernandito era el tercer hijo varón de la pareja, o sea que no le tocaba reinar, salvo que se murieran los otros dos. Y se murieron. Es que antiguamente los hijos de los reyes se morían mucho. Se morían todo el rato, se morían por encima de sus posibilidades. Lo malo es que también se morían las paridoras. Por eso no hay rey que no haya tenido entre dos y cuatro esposas. Había que reponerlas cuanto antes para que no pararan de parir. Aunque nuestro prota de hoy, luego lo vemos, fue una excepción, Se apañó con una. El caso es que a los cinco meses del nacimiento del infante Fernandito, su madre, la nunca bastante elogiada María Luisa Gabriela de Saboya, se murió. Le sobrevivieron sus tres Luisito, Felipito y Fernandito. Pero esto iba a durar poco. Enseguida cascó el mediano, dobló después el mayor y sólo quedó el pequeño. Felipe V lloró a su esposa por todos los rincones, pero entre su adicción al sexo, su negativa a tener amantes y y la imperiosa necesidad de seguir procreando para tener suficiente stock de herederos, siete meses después de enterrar a su amada esposa, ya se estaba casando con la segunda esposa amada, con Isabel de Farnesio. Dicen los que saben que aquí cambió radicalmente el reinado del primer Borbón. Vamos, que dejó de reinar Felipe V y empezó a reinar ella. El primer objetivo de la nueva reina Isabel de Farnesio fue ponerse a parir como loca para seguir dando repuestos a la corona, entre ellos a nuestra celebrity, nuestro Carlos III, que este hoy no toca. Ya tocó en su momento engrosó doña Isabel el almacén Borbón con siete churumbeles, aunque uno no pasó del primer mes de vida. Bien es cierto que tampoco ella podía imaginar que se iban a ir muriendo todos los varones de la nunca bastante elogiada anterior esposa y que le acabaría tocando a algunos de sus hijos el trono español. Por eso los fue encajando en otros reinos, ducados y arzobispados. De los ocho primeros años de vida de Fernandito no se tiene ni repajolera idea de nada. No se sabe si era tonto, listo, si cazaba gamusinos o si perseguía ardillas. Después, sí, después se supo que no era listo, ni cultivado, ni tuvo interés por la cultura en general, ni por las ciencias y las humanidades en particular. Era un pequeño zopenco. A los 11 años tenemos datos de que era debilucho, que tenía muy pocas luces, que era muy tímido, pero, ojo, muy altivo. Y precisamente con esa edad hubo que jurarle como príncipe de Asturias, porque primero se había muerto Felipito y luego se murió Luisito. Sus dos hermanos mayores si lo recuerdan. Este Luisito es el que reinó durante un año como Luis I, hasta que se lo llevó por delante la viruela. Lo refresco por si acaso. Felipe V abdica en su hijo Luis. Su hijo Luis Casca. Felipe vuelve a reinar y saca del banquillo a Fernandito para que fuera el heredero. Y entonces llegaron las prisas. Si Fernandito era el sucesor en el trono, había que buscar esposa ya mismo. Así que cuando esta lumbrera cumplió 12 años, se ajustó su matrimonio con la infanta portuguesa María Bárbara de Braganza. Los chiquillos ni se conocían, ni falta que hacía. Esto sólo era un mercadeo para sellar acuerdos entre casas reales. Y los novios ni pinchaban ni cortaban. Se casaban y punto. A Fernandito no le gustaba ni pizca la novia. Y cuando llegó el retrato lo guardó en un cajón y no quiso mirarlo más. Y eso que a la muchacha le habían metido filtros por un tubo, le habían borrado las marcas de viruela y Y evitado retratar otros defectillos como los ojos acuosos e infernito. Tampoco es que estuviera muy allá. Enfermo un día, sí, al siguiente también. Piltrafilla, con unos tumores que le salían detrás de las orejas. Igualitos, por cierto, que los que poco antes de morir padeció su madre, la nunca bastante elogiada María Luisa Gabriela de Saboya. El desganado y simplón príncipe Fernandito. Lo de casarse no le entusiasmaba, sobre todo porque el matrimonio lo estaba arreglando su madrastra, Isabel de Farnesio. Y además su salud era tan desastrosa que los consejeros reales intentaron que la boda no se celebrara antes de que el chaval cumpla cumpliera los 18. Porque había serios riesgos de que se muriera y entonces iba a ser una pérdida tremenda de dinero, de inversión en dotes, de parafernalias y fiestas por el bodorrio para que al final muriera antes de reinar y encima en la corte tuvieran que hacerse cargo de la viuda. A todo esto, en estos momentos Felipe V ya andaba disparatado por Palacio. Lo que finamente llamaron entonces vapores y melancolías se traducían en unos gravísimos e inhabilitantes problemas de salud mental. Se mordía a sí mismo, gritaba, estaba convencido de que lo querían envenenar con una camisa, por eso llevaba siempre una de su esposa Isabel, que ella previamente hubiera usado. Se negaba a meterse en la cama porque la creía llena de escorpiones, no se lavaba. Este no es que fuera una mofeta, era una asamblea de mofetas. A sus trastornos ya les han puesto nombre los psiquiatras, pero por aquel entonces se resumía en que estaba como una regadera y que pese a todo siguió reinando porque la que manejaba el cotarro era Isabel de Farnesio. Finalmente se casó la pareja principesca, Fernando y Bárbara, sin verse las caras, cuando él tenía 14 años y ella 16 recién cumplidos. La boda fue por poderes en Lisboa y Madrid, con los correspondientes embajadores extraordinarios que se designaban para estas cosas. La boda fetén, la guay, la de altares, obispos y festorros por en medio fuego. Un año después, sorpresivamente, en la catedral de Badajoz, porque la marimandona reina Isabel de Farnesio tomó la estrafalaria decisión de ir a recibir a la novia a la frontera con Portugal. A los que hacían las cuentas en palacio se les pusieron los pelos de punta. El viaje a Badajoz fue desaconsejado porque iba a costar un dineral tremendo mover a toda la corte hasta allí en una kilométrica caravana que tardaría 10 días en llegar desde Madrid, más o menos lo mismo que con RENFE. Carruajes, alojamientos, manutención, fiestas en las localidades y luego en la ciudad de la boda, reconstrucción del puente y el pabellón sobre el río Calla, la frontera natural con Portugal para hacer allí el intercambio de carne. Y a todo ello hubo que añadir que después de la boda toda la familia real alargó cuatro meses el viaje de regreso, pasando por Sevilla, Cádiz, Granada y Córdoba, porque en el Palacio del Retiro de Madrid se estaban haciendo las obras de remodelación que exigía, y así se dijo, el decoroso alojamiento de los herederos de la Corona y me detengo en un he dicho que el intercambio de carne se produjo en el río Caia. Y me igual que el río Bidasoa hace de frontera natural entre Irún, Guipúzcoa y Hendaya, en Francia, y que por ser territorio neutral, la islita que hay en mitad del cauce, la famosa Isla de los Faisanes, fue utilizada por los Austrias para intercambiar novias, rehenes o firmar acuerdos de paz, pues lo mismo ocurre con el río Caia, que es frontera natural entre España y Portugal. Y cuando los derrochones reyes de España, Felipe V e Isabel de Farnesio comunicaron por sorpresa que se iban a desplazar a Badajoz, hubo que meter el turbo para preparar el escenario donde se desarrollaran los protocolos reales. Si ya iba a salir por un pico la boda, esto iba a disparar los gastos. ¿Y saben a quién les sentó como una patada en el cielo de la boca que los reyes de España fueran de Madrid a Badajoz? A los reyes de Portugal, porque les obligaba a ir a ellos también de Lisboa a Badajoz. Y eso que Lisboa les pillaba más cerca. Hubo que desviar el río a su antiguo cauce para poder hacer un puente. Hubo que instalar encima un lujosísimo pabellón de madera, Casa de las Entregas, lo llamaron, con tres salas, una para la comodidad de cada una de las familias reales y una intermedia donde se haría el intercambio. Estancias, por supuesto, con decoraciones exquisitas, o sea, arte efímero, un dineral en construir, decorar y acondicionar algo que vas a usar un rato y que inmediatamente después vas a destruir. Y el intercambio de carne al que me refiero es a que los Borbones recibieron en aquella Casa de las Entregas a la princesa Bárbara de Braganza, pero a su vez entregaban a la pobre María Ana Victoria de Borbón, más conocida como Marianina. La inhumanidad con la que fue tratada esta muchacha es indescriptible. Y eso que yo siento cero lástima por esta fauna de parásitos coronados. Marianina fue entregada a los reyes de Portugal para casarla con el príncipe heredero, futuro rey José I. Pero es que tiempo antes había sido entregada con apenas cuatro años para casarla con el rey de Francia, Luis XV. Fue devuelta unos años después, como quien devuelve en Amazon un producto que ya no le vale. Ahora volvían a entregarla a Portugal y aunque aceptaba su destino porque no había otro. Se despidió por segunda vez de su familia con un disgusto y una angustia difíciles de imaginar.
Emma Vallespinos
Sé que hay cosas que me digo que no tienen que pasar Se despiertan del olvido, vuelven pa hacerme llorar Yo me quedaría contigo una, dos, tres noches más si no hubiera roto el hilo. Ojalá volver atrás.
Jesús Pozo
Sigamos con nuestra pareja protagonista, Bárbara y el Rey. Aunque la verdad, poco más de interés hay que contar de ellos antes de llegar al momento de sus muertes, que ahí es donde se destapa lo que fueron estos dos caraduras. Los súbditos cronistas resumían el reinado de Fernando VI diciendo que fue un rey que amó la paz tanto como su padre amó la guerra. Mentira. Eso era por no decir que no dio palo al agua, primero porque no quería y luego porque no sabía. Aquí mandaban los ministros, ya saben que el rey reina pero no gobierna, que para ellos es muy rentable ahora y antes. Aunque antes sí mandaban porque basta con mover la boca mientras hablan sus ventrílocos y el resto del tiempo la buena vida a cambio de no hacer absolutamente nada. Cierto que Bárbara y el Rey se quisieron muchísimo y aunque él disfrutaba sobre todo de los asuntos carnales, ella, que era más lista que él de aquí a Lima hizo buenos cálculos para hacerse con una fortuna que le asegurara su futuro. Si esperan al cuento final, van a alucinar con lo listas que salen las bárbaras reales.
Emma Vallespinos
Nunca lo debí cuidar.
Nieves Con Costina
Historias con sonido cara A con Emma.
Jesús Pozo
Vallespinós Vamos a ponerle banda sonora al programa de hoy. Hola, Emma. ¿De qué trata nuestra cara?
Pepe Rubio
Hola, Nieves. Pues de reyes idiotas. Te estarás preguntando de cuál de ellos concretas el favor. Ya voy, un momentín. Has estado hablando de uno que, oh, sorpresa, No daba palo al agua, que por fases ni quiso ni supo gobernar. Y el protagonista de nuestra primera historia con sonido es. Un rey idiota musical el que da título al tema, del cántabro Ángel Stanik e incluido en su disco Polvo de Batiato. La canción es un retrato muy personal de la década de los 80, aquellos años que crecimos al son de una tele permanentemente encendida en el salón y que incluye a la bruja Vería, a Edouard Poncet, a Sabrina, a Tierno Galván, a las tropas de Milán del Bosque.
Jesús Pozo
Y a los Gallifantes la escuchamos y hágase su voluntad aquí en el cielo.
Emma Vallespinos
Florida Park. Atínense que No hay playback.
Jesús Pozo
¿Que va a ser hoy, su Santidad?
Emma Vallespinos
Hoy seré el sultán de Copa Dota. De la bruja Avería. Quiero ser algo normal. Edward Punse Crepúscula que roda el val en un burdel. Señor feudal en un, dos, tres. Todavía dormiría en las tre.
Nieves Con Costina
Contarte el arte Ana Baltierra.
Jesús Pozo
Llega el momento artístico con Ana Baltierra, doctora en Historia del Arte. Hola, Ana. ¿De qué va hoy el asunto artístico, festivo, jaranero?
Ana Baltierra
Hola, Nieves. Pues traigo un asunto muy divertido y muy jaranero además, que creo que te va a gustar. Hoy vamos a dedicarle la sección a una fundación artística de Fernando VI, por lo menos en su parte teórica, que es la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se instauró por real decreto a instancias de Fernando VI en 1752, aunque siendo realistas, el rey lo que hizo fue poner la firma en todo el proyecto que había hecho su padre, Felipe V. Vamos, que lo de vivir de las rentas, Fernando VI lo llevó a todos los ámbitos, incluido el arte.
Jesús Pozo
Sí, sí, se lo tomo muy a pecho. Ya hemos contado que este rey, salvo vegetar y desvariar, no hizo el huevo. Cuéntanos esto de la academia.
Ana Baltierra
En el siglo XVIII existían en Europa reales academias de bellas artes que tenían como función enseñar el arte a los jóvenes. En esta línea, y siguiendo el modelo extranjero, Felipe V impulsó la creación de esta academia, que lo que quería, para entendernos, es que el arte dejara de ser una enseñanza gremial para convertirla en una enseñanza oficial. Y lo explico un poco más, esto la convertía en una enseñanza reglada desde el Estado, con sus profesores, sus asignaturas, sus exámenes, como si fuera un grado en la universidad de hoy. Porque Nieves, a fin de cuentas, el arte era y sigue siendo hoy un instrumento de propaganda y didáctica muy útil y lo que querían era reglamentarlo y controlarlo.
Jesús Pozo
Pero estás diciendo que Felipe V impulsa esta academia, pero el fundador es Fernando VI. ¿Eso por qué es así?
Ana Baltierra
Porque Fernando VI fue el que puso la firma. Es decir, aunque estaba ya claro creada por Felipe V, se produjo una especie de refundación, algo un poco extraño, con la firma del decreto del 12 de abril de 1752. ¿Qué es lo que cambió? Quizás lo que habría que preguntarse entre una cosa y otra.
Jesús Pozo
¿Eso qué es lo que cambió?
Ana Baltierra
Pues se modificaron los estatutos en un aspecto muy importante. ¿Fíjate por dónde iba Fernando VI en todo el quién mandaba en la fundación de Felipe V? Los responsables de la enseñanza de estos jóvenes en materia de arte eran los artistas. Parecía lógico, ¿Verdad? En cambio, con Fernando VI decidió lo que va a hacer es barrer para casa y poner a la cabeza a la nobleza. Es decir, con Fernando VI la nobleza tiene todo el poder para decidir lo que se hace en arte y lo que no. Asistiendo a todas las juntas con voz y con voto, ellos van a decidir cómo se reparte el dinero, los premios, la contratación de profesorado, absolutamente todo. Imagínate. Y así es como la Academia Bellas Artes se convirtió en un instrumento que el monarca usaba en beneficio propio. Baste decir que a partir de este momento fueron muchos los hombres de confianza del rey, nobles siempre que le debían favores, que estuvieron trabajando para los reyes dentro de la Academia en calidad de consiliarios o consejeros. Te pongo algunos ejemplos, aunque diga así los nombres gordos, pero te sonarán todos. Floridablanca, los Alba, los Osuna, los Medinaceli.
Jesús Pozo
¿A quien no le suena? Claro.
Ana Baltierra
Fernán Núñez. Bueno, pues todos estos estuvieron por ahí metidos en la Academia. Ellos eran el verdadero poder en la Academia.
Jesús Pozo
¿Y dónde se instaló aquella primera Academia?
Ana Baltierra
Bueno, aquí viene la parte más divertida, porque me resulta fascinante. Al principio se fueron de okupas. Se instalaron en la Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor de Madrid. Si vais a Madrid y visitáis la Plaza Mayor, para los que no seáis de Madrid, es un edificio muy fácilmente reconocible porque es el que está pintado de colorines. Es muy chulo. Efectivamente. Lo curioso es que aquí realmente fueron okupas, Nieves. La Academia solicitó al rey que les dejara instalarse en las habitaciones del cuarto principal de la Casa de la Panadería. Pero el propietario de estas dependencias era el Ayuntamiento, a quien le hizo entre poca gracia y ninguna. Imagínate el tener de repente de vecinos a un nutrido grupo de jóvenes estudiantes. Es como si metes a mis estudiantes de la Complutense allí, todos metidos. Este fue el comienzo de una bonita enemistad y una gran cantidad de disputas entre el Ayuntamiento y la academia.
Jesús Pozo
¿Disputas? ¿Qué clase de disputas?
Ana Baltierra
Pues mira, la tensión entre el Ayuntamiento de Madrid y la Academia fue absolutamente, extremadamente tanto que terminaron discutiendo por las cuestiones más banales. Por ejemplo, era típico que si los Reyes querían presenciar los fuegos artificiales desde el balcón de la Casa de la Panadería, fueran allí. Entonces el Ayuntamiento de Madrid y la Academia se ponían a discutir sobre quién tenía que recibir al Rey y hacer de anfitrión con él. El postureo. Efectivamente, el postureo. Lo mismo si había una corrida de toros que también se veía desde esos balcones. Esto, Nieves, nos puede parecer nimio y realmente lo es. Son problemas del primer mundo, o de la nobleza incluso, ni siquiera, pero se empezaron a hacer la vida imposible los unos a los otros. Por ejemplo, en una corrida de toros en la que la Academia había invitado a un gran número de personalidades para que la viera desde los balcones de esta Casa de la Panadería, el Ayuntamiento ordenó cerrar los balcones. Así que los invitados de la Academia se quedaron compuestos y sin balcón y sin ver la corrida.
Jesús Pozo
¿Y Esto que acabó? ¿Cómo terminaron estas discusiones?
Ana Baltierra
Bueno, pues llegó un momento en que el Rey tenía un aluvión de quejas tan grande, tanto del Ayuntamiento como de la Academia, que tuvo que intervenir. Cada institución iba escribiendo al Rey continuamente alegando sus supuestos derechos en una guerra abierta que parecía no tener fin. Y que el Rey estaba hasta el mismísimo moño del tema.
Jesús Pozo
Bueno, ya tenía trabajo. Por lo menos.
Ana Baltierra
Por lo menos hacía algo.
Jesús Pozo
Efectivamente, estar hasta el moño, aunque fuera.
Ana Baltierra
Por lo menos hacía algo. Sí, sí. Además la Academia cada vez iba creciendo más, iba teniendo más estudiantes, más aparatos, más modelos que les iban regalando, además de que muchos artistas y profesores que iban pasando por allí iban donando obras. Se explica así, por ejemplo, la colección que podemos ver hoy para que nos sirva de orientación, que hoy La Academia tiene 3.000 pinturas y esculturas, 15.000 dibujos, 35.000 estampas, fotografías, orfebrería, mobiliario, vaciados de yeso histórico, en fin, una locura. Era imposible, Nieves, meter todo eso en tan poco espacio. Es decir, cada vez había más trasiego de estudiantes, más trasiego de profesores, más aparatejos y necesitaban más espacio. Así que surgió el proyecto, imagínate, de ampliar la Academia. El alcalde, tú imagínate la cara que se le debió quedar ante la idea, temblando, estaría seguro.
Jesús Pozo
¿Cómo se quiso hacer esa ampliación?
Ana Baltierra
Pues lo primero que se pensó es en hacer más grande la Casa de la Panadería y en la Plaza Mayor de Madrid, en pleno centro, Nieves. Como ves, era complicado. Esta parte es cuanto menos curiosa, porque a los académicos les pareció estupendo. Claro, le empiezan a escribir al rey para pedirle que obligara a los vecinos a vender sus casas, lo que viene siendo una expropiación en toda regla. Pero. Pero no lo hicieron, Nieves. Y te preguntarás por qué, claro. ¿Le importaba al ayuntamiento de Madrid las casas de sus vecinos madrileños? Bueno, te voy a sacar de dudas. Por supuesto que no. Por supuesto que no. Lo que pasa es que las casas vecinas a la casa de la Panadería pertenecían a órdenes religiosas o a mayorazgos, es decir, a la Iglesia y a la nobleza. Ahí, claro, no las tocaron. Lo que hicieron fue entonces trasladarlo a la sede actual, lo que era el Palacio de Goyeneche, la calle Alcalá de Madrid. Es un palacio que había proyectado Churriguera para el industrial y financiero de ese nombre. Y eso ya fue con el sucesor de Fernando VI, que se lo compra a los herederos y terminaron las trifulcas por un tiempo. Es importante resaltar que casi todos los grandes artistas de estos años pasaron como estudiantes o como profesores por la Academia. Por ejemplo, Goya fue académico y por sus aulas pasaron Dalí y Maru Hamayo. La siguiente pregunta ¿Las mujeres podían estudiar? Bueno, al principio no, luego un poquito. No podían entrar a todas las clases. Es decir, que esto habría que matizarlo mucho porque con muchísimas limitaciones. Y con el tiempo, para ir cerrando la sección, Nieves, y por curiosidad, te cuento un par de pequeños detalles de la Real Academia Bellas Artes de San Fernando que arrastramos desde Fernando VI. Estas dos palabras que están en su título, Real y San La Primera República quitó al Real, que pasó a llamarse Academia de Bellas Artes de San Fernando, a secas. Pero claro, con la Restauración alfonsina recuperamos el nombre hasta hoy, con el Real y el Salm y lo que nos queda claro.
Jesús Pozo
Y encima con un santo que San Fernando, que nunca fue canonizado, es un fraude, es un santo fake, que es patrón de Sevilla, un patrón de mentira. Muchísimas gracias, Ana, como siempre.
Ana Baltierra
Gracias, Nieves.
Nieves Con Costina
El invitado con Jesús Pozo.
Emma Vallespinos
El sueño va sobre el tiempo flotando como un velero. Flotando como un velero Nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño. En el corazón del sueño.
Jesús Pozo
Jesús Pozo, periodista captador de invitados de nivel de los expertos, Expertos guays del Paraguay. Y el de hoy es uno de los mayores expertos en el absolutismo español, el catedrático de Historia Moderna José Luis Gómez Urdáñez.
José Luis Gómez Urdáñez
Mira con una entrada de música de una de las canciones que más me han gustado y me gusta de las escritas en el mundo y cantadas por Camarón, un buen gitano. Bueno, José Luis Gómez Urdañez, efectivamente conoce muy bien a un personaje clave y que fue consejero de Estado de Felipe V, Fernando VI y Carlos III, el marqués de la Ensenada, diseñador y ejecutor de la llamada Gran Red ADA, conocida oficialmente como Prisión General de Gitano, el intento de exterminio de los gitanos en España.
Un día, el último de julio de 1749, montó una en secreto hasta ese momento, hasta que se abrieron los pliegos en las intendencias y en los cuarteles y supieron cuál era la orden que había mandado el rey y que tenían que cumplir inmediatamente. Así que durante varios días hubo apresamientos, hubo cuerdas de presos de gitanos que iban con destino a los arsenales o a los centros de reclutamiento más cercanos y desde allí enviados a los lugares de destino. Todo el viaje que hicieron las gitanas desde Málaga, que fueron embarcadas ahí para llegar a Tortosa y en Tortosa a pie hasta la Casa de Misericordia de Zaragoza, debe de ser una odisea, si eso si, contara mujeres, niñas, andando por esos caminos, siguiendo la orilla del Canal Imperial de Aragón, que estaba en obras. Allí también morirían algunas gitanas, gitanillas y serían enterradas sin más, con una cruz y un responso del prete correspondiente.
Jesús Pozo
Desde los reyes, mal llamados católicos, ya se dictaban leyes contra ellos, contra los gitanos, pero se suponía que en el siglo XVIII, con la Ilustración ya debían estar un poquito menos maltratados, pues la.
José Luis Gómez Urdáñez
Ilustración parece que lo que quería era mano de obra gratis.
Desde la primera pragmática 1499, en Medina del Campo por Fernando el Católico, el problema gitano no se resolvía. Lo que llama la atención en el siglo XVIII es que con Felipe V y el avecindamiento de los gitanos se había ido consiguiendo que una buena parte pues se mantuvieran en sus pueblos e incluso que desarrollaran algunas profesiones que eran consideradas honradas, como la de hornero, la de herrero, herrador. Entonces ¿Por qué Ensenada en un momento determinado pretende ese intento de acabar con tan malvada raza, como él mismo escribe si aparece todo indicar que hay unas medidas en principio similares a las medidas contra los vagos? ¿Por qué la separación de Sex? Porque las mujeres recluidas en las casas de misericordia aprenderán a lo que iban a hacer luego, es decir, servir. Y los hombres, pues finalmente hacían falta en los astilleros.
Y entiendo que la idea final sustentada en el racismo era la extinción de los gitanos de España. Después de construir una gran flota de guerra al menor coste posible, porque se.
Estaba iniciando el plan de recuperación de la marina de guerra española más ambicioso de toda su historia, Ensenada en el tiempo de Ensenada se pusieron en funcionamiento pues algo así como 50 barcos nuevos, lo cual realmente significaba una operación gigantesca. Eso exigía mucha mano de obra. Esa solución era también utilitaria, o sea, el márqués, que era ministro de Hacienda, ministro de Guerra, ministro de Marina, ministro de Indias, tenía en cuenta todos los objetivos que se podrían intentar desde todos los ministerios, el utilitarismo, que es típico, el despotismo ilustrado, por otra parte, acabar con una minoría que planteaba problemas frecuentes y que además ya había demostrado una cierta dificultad de ser reducidos a lo que ellos llamaban la vida cristiana. En fin, todo eso confluía en que al final todos se pusieron manos a la obra para ver si esta vez el plan de extinción daba resultado.
Jesús Pozo
Dice Gómez Urdáñez que se pusieron todos de acuerdo para acabar con ellos. Supongo que se refiere también a la piadosa multinacional Iglesia Católica.
José Luis Gómez Urdáñez
Exactamente, y es que la implicación de obispos y el Papa de turno fue esencial en el intento de exterminar a los gitanos.
Uno de los derechos sagrados que existía entonces era el derecho de asilo en una iglesia y los gitanos podían refugiarse en la iglesia de su pueblo, de su barrio. Por tanto había que solicitar del papado la extinción también de ese derecho de asistencia. Y eso es en lo que colaboró el obispo de Oviedo, el gobernador del Consejo de Castilla, valiéndose también de la amistad que Ensenada tenía con Valenti, el cardenal que era secretario de Estado en el Vaticano, había sido antes al embajador aquí en Madrid, donde se habían conocido, pues valiéndose de esa amistad el Papa expidió nada menos que la exención del derecho de asilo al pueblo gitano.
Jesús Pozo
Explotación laboral y racismo más desmembramiento de familias, caridad cristiana a tope y menos.
José Luis Gómez Urdáñez
Mal que los gitanos tenían amigos y alguno mucho dinero.
Pero es que había gitanos que estaban muy bien avecindados y que tenían muy buenas relaciones con la gente con la que convivían y por tanto, cuando estos vecinos vieron que se los llevaban y demás, muchos de ellos se opusieron y muchos de ellos después incluso escribieron cartas a las autoridades reclamando a estos gitanos. Y algunos de ellos fueron devueltos a sus pueblos. No todos permanecieron en prisión. De hecho el marqués de la Ensenada, si esto empezó a finales julio, en el mes de septiembre, comenzó a abrir un poquito la mano y a darse cuenta de que había gitanos que no solamente eran reclamados por las justicias, sino que eran gitanos que tenían dinero como para pagarse un abogado y que ese abogado decía ¿Que pasaba? ¿Por qué tenía que estar en la cárcel su cliente? Ahora bien, el marqués si algo tenía claro es que no era conveniente emular de opinión. La corte era un avispero. Había una oposición. Esa oposición evidentemente estaba deseando que el marqués fracasara y ese fracaso iba a ser algo que en la estimación ante el rey le iba a hacer bajar, descender de la situación de prestigio en la que se encontraba.
Jesús Pozo
El marqués de la Ensenada, ese tipo considerado en La Rioja en general y el Logroño en particular, un personaje ilustre. Deberían revisar un poquito los riojanos que entienden por ilustre, que ya les vale enorgullecerse de un genocida, hagan algo. ¿Cómo sería para que el siguiente rey, Carlos III, decidiera quitárselo de encima aprovechando el motín de Esquilache?
José Luis Gómez Urdáñez
Dice Gómez Urdáñez que la Ilustración también era autoridad. Cuenta un caso que describe lo poco que valía la vida de las personas que protestaban.
Estamos en tiempos de enorme crueldad, no podemos ni siquiera imaginarla. Hay un caso que me parece uno de los ejemplos más duros que se pueden poner. Pensemos en Alhambra, en la Puerta Delvira y en otra puerta de la ciudad que ya ha desaparecido. Ahí colgaron una cabeza en cada una de las puertas. Eran cabezas de unos jovencitos que habían sido finalmente ejecutados por ser culpados del motín que había habido en Granada en 1748, un motín del pan. Pues llega al ejército y presa a unos cuantos y a otros, para dar un ejemplo, los ejércitos las cabezas de estos dos jóvenes fueron a parar a una jaula y a la puerta donde colgaron. ¿Pero donde colgaron más de 20 años? Lo sabemos porque hay un documento en el que se pide por parte de las autoridades de Granada al consejo de guerra autorización para quitar ya las cabezas de esos pobres muchachos.
Impresionante.
Jesús Pozo
Sí. Cabezas de dos jóvenes colgando en la Alhambra más de 20 años. En ese año que cita Gómez Urdáñez, el marqués de la Ensenada, era lo que viene a ser ahora presidente del Gobierno, para entenderlo.
José Luis Gómez Urdáñez
Sí, sirviendo a un desequilibrado rey, a Fernando VI. Pero vamos a cambiar de tercio para los curiosos. ¿Cuándo llegan y de dónde los gitanos a la península?
Los gitanos salieron de la India en diferentes oleadas. Sobre esos menos acuerdo, pero en cualquier caso a la península llegaron, y en eso sí hay acuerdo general. En el siglo XV, en torno a 1425, 1430, están documentados, pasan por Aragón, vienen con la disculpa de que son peregrinos a Santiago, no se confiesan católicos todavía, pero hay algo ya se les ha pegado el primer contacto con el catolicismo. Luego aparece la primera noticia de Andalucía, es de en torno a mil cuatrocientos sesenta y tantos, y ya el primer documento, claro, donde aparece incluso con sus costumbres y demás, las de vagar, las de ir de un lado a otro, la vida errante, etcétera, que es lo que les caracteriza más. Ellos además, míticamente dicen que vienen de Egipto, por eso son llamados egipcianos, es decir, de ahí gitanos. Y la primera pragmática es 1499. Fernando el Católico les da la opción de avecindarse y arreglarse en cuanto a las costumbres y demás, abandonar la lengua, etcétera. Y en la otra, que es que al reincidente encontrado fuera de lo de avecindamiento, a cuadrillado, etcétera, etcétera, se le corten las orejas.
Jesús Pozo
Pues nada, de aquellos polvos, estos lodos. El rey católico cortador de orejas.
José Luis Gómez Urdáñez
Vamos terminando y ruego especial atención a esta última reflexión de Gómez Urdaña sobre la historia como disciplina vital.
Viendo cómo se están produciendo los hechos en nuestro tiempo, en los últimos cuatro, seis, ocho, diez años, viendo qué nivel están alcanzando los bulos, las fake news, las mentiras, como la gente traga, muerde el anzuelo, etc. ¿Qué va a pasar con la historia? Bueno, pues este es el. Yo creo que es el gran drama para los historiadores del futuro. Fíjate, te digo una cosa, Yo creo que hay asuntos verdaderamente grotescos que hemos atravesado en los últimos años. No creo que los que finalmente le den a la opinión pública la verdad de lo que ocurrió sean los periodistas, no creo ni siquiera que sean los jueces. Tal y como están las cosas, creo que van a ser los historiadores. Creo que la historia de dentro de 20, de 30 años, va a enfrentarse con la realidad en la que estamos viviendo nosotros. Y los historiadores estoy absolutamente convencido de que serán valientes como para decirle a la gente qué es lo que ha pasado, porque hubo un tiempo, hace 20 o 30 años, en que eso no era así. Pero se debe a una generación de historiadores que ya va jubilando y sobre todo con la intervención de aquel disciplinazo que hubo a Fines del siglo XX, en los años 90, con Esperanza Aguirre montando una comisión de sabios historiadores que iba a devolver las esencias de la historia de España y demás. Desde entonces ya hemos ido hacia atrás.
Jesús Pozo
Qué bien lo explica y qué cierto. Dos libros de Gómez Urdáñez a recomendar, Víctimas del absolutismo, Paradojas del poder en la España del siglo XIX, y otro el marqués de la Ensenada, el secretario de todo. Buenísimo, Estupendérrimos los dos y nuestros deseos de felicidad y disfrute. A José Luis Gómez Urdáñez, que hace nada ha dado su última lección magistral, nos deja su sapiencia. Gracias, Jesús, por invitado, también elegido. No se te escapa uno, hijo.
José Luis Gómez Urdáñez
Adiós.
Nieves Con Costina
Esto era un gato con los pies de trapo y la cabeza al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
Emma Vallespinos
Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo linda sueña. Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo lindos sueños.
Jesús Pozo
Enseguida verán que la historia que viene a continuación es una insultante paradoja, porque tiene que ver a la vez con la injusticia y con la justicia. Hay un gigantesco conjunto arquitectónico en Madrid que casi todo el mundo ha visto en algún momento porque sale mucho en los informativos. Lo que pasa es que sólo suele ver una parte o un trocito de la fachada. Es el Palacio de Justicia, sede del Tribunal Supremo. Pero les invito a que abran el foco y contemplen el conjunto. Busquen una vista aérea del convento de las Salesas Reales para que vean de lo que vamos a hablar. Todo aquello fue en su momento un convento al que definir como lujoso se queda corto y en el que está integrada la gigantesca iglesia de Santa B. Bárbara. Porque por algo todo fue idea de ella, esa reina a la que un historiador definió como maestra de la rapiña. Para ir entrando en materia, aquí les dejo una de las coplillas que corrieron por la villa y corte cuando vieron aquel despilfarro de dinero españ Bárbaro edificio, Bárbara renta, bárbaro gasto. Bárbara reina. Fernando VI y Bárbara de Braganza no tuvieron hijos, ya lo hemos dicho. Y lo que hizo la doña fue asegurarse una jubilación de lujo por si se quedaba viuda. Porque en cuanto entrara a reinar Carlos III, hijo de su suegra, lo mismo le harían a ella lo que Fernando VI y ella hicieron con Isabel de Farnesio, o sea, desterrarla fuera de Madrid para librarse de sus intrigas y sus cotilleos. Por eso Bárbara de Braganza dedicó todas sus energías a acaparar joyas, dinero y todo tipo de objetos lujosos que aseguraran su futuro. Pero no sólo fue sisando a los españoles y reuniendo una ingente fortuna, es que destinó un enorme presupuesto del erario público para construir el suntuoso convento de las Reales Salesas. El plan era que aquello fuera una residencia y colegio para jovencitas de alto standing, al que ella misma se retiraría con todas las comodidades en cuanto enviudara. Y en la iglesia del convento, además, dejó preparada su magnífica tumba. Explicamos qué es eso de las Salesas, que el nombre rarito. Se trata de uno de los cientos de grupúsculos monjiles de la secta católica, una orden que fundaron Francisco de Sales y otra monja. Y de ahí viene lo de Salesas. De Sales y en las Salesas Reales las monjas vivían como curas, pero vendían clausura, pobreza y humildad. Echen una ojeada al lujosísimo convento de las Salesas Reales y luego me cuentan lo de la pobreza y lo de la humildad. La cuestión es que con la muerte no se pueden hacer planes. Y resultó que la reina Bárbara se murió un año antes que el rey, parece que de un cáncer de útero. Cuando agonizaba, se hizo lo que se hacía en estos casos con todos los miembros de la familia real, llevarle al cuarto los habituales huesos de muertos y momias que se supone debían salvarle la vida o asegurarle el camino al infierno. Le llevaron la momia de San Diego de Alcalá, los huesos de un niño que llaman de nuestra Senado, el Rosario, la sangre de un tal Pantaleón. Ninguna de estas guarerías salvó a la reina, que por cierto, se puso muy cansina a la hora de morirse porque se confesó y comulgó. 7. Que te confieses una una vez, vale dos como mucho si se te ha olvidado algo. Pero siete sin moverte de la cama. Pasó algo con la momia de Santiago de Alcalá. Y si, el rey se llevó tal disgusto con la muerte de su Bárbara que entró en barrena. Aunque fue tan disparatado aquel último año de vida de Fernando Sexto que a los psiquiatras que han estudiado su caso no les sirve sólo lo del trastorno bipolar o una depresevera ni el duelo llevado. Puede que todo eso lo precipitara hacia una muerte temprana, pero ahí tuvo que haber algo más. Su mal estado nutricional y complicaciones infecciosas tuvieron mucho que ver con que cascara los 45. Pero bueno, ya saben que en este programa los disgustos que se puedan llevar los reyes no nos conmueven lo más mínimo. Porque para disgusto el que se llevaron los españoles cuando se abrió el testamento de la reina Bárbara de Braganza. Si hubieran podido, lo hubieran matado los españoles que se enteraron, claro, porque la mayoría de españoles eran unos pobres ignorantes que sólo recibieron la orden de llorar a su reina, aunque su reina les hubiera robado. Bárbara dejó un dinerillo a sus músicos protegidos, Farinelli, y a su marido, al mismísimo rey, ojo, le dejó una estatua de una virgen y un poco de bisutería. Pero lo bonito llegó al saberse que todos los bienes de Bárbara de Braganza, todos, producto de la rapiña, 7 millones de reales en total, se los dejó al serenísimo infante de Portugal, don Pedro, mi muy amado hermano, la madre que los parió a los dos. Ni se imaginan la pasta que era en aquel 1758.7 millones de reales. Dinero de los españoles que salió camino de Portugal y a la buchaca de su hermano, el mismo que acabó siendo rey consorte de Portugal, Pedro III. Así que ya ven que la costumbre de los Borbones desde que pusieron el pie en este país, su empresa es rapiñar dinero y sacarlo fuera del país. ¿Los que dicen ser monárquicos, exactamente por qué lo son? ¿Porque son ignorantes de su historia o porque les gusta que le robe? No entiendo. Y entonces corrieron otras coplillas por la villa y corte para escarnio de la reina Bárbara de Braganza, esa sinvergonzona que tiene calle en Madrid, iglesia en su honor y estatua frente al Palacio de Justicia. Bárbaramente comió, bárbaramente cagó, bárbaramente murió, bárbaramente testó. Y esa es la el Tribunal Supremo de hoy se asienta en una gran injusticia de ayer. La mujer que puso los cimientos del alto tribunal fue una delincuente.
Nieves Con Costina
Historias con sonido Cara B con Emma Vallespinos Y terminamos con la mejor música.
Jesús Pozo
Del mundo que pone Emma Vallespinos, o.
Pepe Rubio
Sea, con la cara B, protagonizada por Django Reinhardt, una leyenda del jazz, considerado por muchos como el mejor guitarrista de la historia de la música y gitano. Nació en 1910 en Bélgica en una caravana y tiene una historia apasionante. Siendo un crío complicadito de los que llevan a sus madres por la calle de la amargura, le regalaron un banjo y la música cambió su vida. Pero años más tarde, cuando todavía era un chaval, se incendió su caravana mientras dormía y sufrió quemaduras muy graves. Perdió dos dedos de la mano izquierda y la música volvió a salvarle. Aprendió a tocar de nuevo, esta vez la guitarra, y se convirt en uno de los músicos más importantes del siglo XX.
Jesús Pozo
Qué bueno.
Pepe Rubio
Recomiendo muchísimo la novela gráfica Django Mano de Fuego de Salva Rubio y Ricard Efa y editado por Norma Editorial, que cuenta e ilustra toda esta historia. Y ahora la música. Escucharemos Minor Swing, uno de sus temas más populares.
Jesús Pozo
Qué chula historia.
Pepe Rubio
Es muy buena.
Jesús Pozo
Me voy yo a por el Django Manos de Fuego porque me encanta. La novela gráfica la escuchamos enseguida. Minor Swing. Antes le recordamos que este programa ha sido posible gracias al trabajo de Ana Baltierra, Jesús Pozo, Emma Vallespinós, Pepe Rubio, a nuestra técnico de sonido María Jesús Rodríguez y al mío Nieve con Costina Ala Ea. Hasta la próxima. Suscríbete a Cualquier tiempo pasado fue anterior.
Pepe Rubio
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Jesús Pozo
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In this gripping and irreverent episode, Nieves Concostrina and her team dissect the life and reign of King Fernando VI of Spain and his wife, Bárbara de Braganza. Through their unique, witty lens, they revisit the monarchy’s darker sides, spotlighting the king’s mental deterioration, the extravagance (and cunning) of his queen, and the forgotten or whitewashed atrocities—chiefly, the attempted extermination of the Spanish Roma people. Guest experts, sharp historical anecdotes, and memorable music segments create an immersive, candidly critical take on 18th-century Spain.
"El rey Fernando VI saltaba y corría como una cabra por el palacio de Villaviciosa de Odón. Se meaba y se cagaba encima. Se negaba a meterse en la cama, pero se acostaba entre dos sillas y un taburete..."
—Nieves Concostrina (01:00)
"...cuando se hizo público que el rey dejaba de oír misa los días de precepto, nadie dudó de su demencia. Que mordiera a los criados... no les hizo sospechar. Sólo cuando dejó de ir a misa se preocuparon. La madre que los parió."
—Jesús Pozo (02:47)
"...Hizo buenos cálculos para hacerse con una fortuna que le asegurara su futuro. Si esperan al cuento final, van a alucinar con lo listas que salen las bárbaras reales."
—Jesús Pozo (18:39)
"Bárbaro edificio, bárbara renta, bárbaro gasto. Bárbara reina."
(44:20) "...Bárbaramente comió, bárbaramente cagó, bárbaramente murió, bárbaramente testó."
(50:47)
“La Ilustración parece que lo que quería era mano de obra gratis... la idea final sustentada en el racismo era la extinción de los gitanos de España.”
—José Luis Gómez Urdáñez (34:42)
On Fernando VI’s decline:
“El rey Fernando VI saltaba y corría como una cabra por el palacio... se meaba, se cagaba encima...”
—Nieves Concostrina (01:00)
On double standards for royal madness:
“Solo cuando dejó de ir a misa se preocuparon. La madre que los parió.”
—Jesús Pozo (02:47)
On transactional royal marriages:
“Los chiquillos ni se conocían, ni falta que hacía. Esto solo era un mercadeo para sellar acuerdos entre casas reales.”
—Nieves Concostrina (14:00)
Bárbara’s calculated greed:
“...hizo buenos cálculos para hacerse con una fortuna que le asegurara su futuro.”
—Jesús Pozo (18:39)
On the Gran Redada:
“La Ilustración parece que lo que quería era mano de obra gratis... la idea final sustentada en el racismo era la extinción de los gitanos de España.”
—José Luis Gómez Urdáñez (34:42)
History’s importance against disinformation:
“No creo que los que finalmente le den a la opinión pública la verdad sean los periodistas, ni los jueces... creo que van a ser los historiadores.”
—José Luis Gómez Urdáñez (41:47)
Satirical coplas about Bárbara:
“Bárbaramente comió, bárbaramente cagó, bárbaramente murió, bárbaramente testó.”
—Nieves Concostrina (50:47)
This episode is a whirlwind tour of the ignoble facets of 18th-century Spanish royalty, offering sharp historical insight, uncovering repressed chapters (notably, the attempted extermination of the Roma), and serving side-splitting, merciless satire at the expense of Spain’s Bourbon monarchs. The critical spirit, focus on justice, and calls for historical honesty make it indispensable listening for anyone interested in the realities beneath monarchic mythmaking.