
Loading summary
A
Ser podcast.
B
En la cadena ser cualquier tiempo pasado fue anterior con nieves con costrina.
A
20 de junio de 1869. Cinco de la tarde. Llueve en Madrid. Cien cañonazos dan la señal para que arranque un pomposo desfile de carrozas, cada una con los restos de los hombres ilustres de este país. Bueno, ilustres, dejémoslo en supuestos restos de presuntos hombres ilustres. La caravana toma camino de la antigua iglesia de San Francisco el grande, desamortizada 30 años atrás y que a partir de este día será el Panteón Nacional, un monumento, como escribió el político y periodista Ángel Fernández de los Ríos, que eduque a la nación en el ejemplo de sus hombres eminentes, que muestre a los vivos la recompensa de las existencias fecundas y prometa una sucesión de grandes ciudadanos dignos de ser enterrados en aquel recinto qué bien hablaban antes. Tres horas después, a las ocho de la tarde, otros cien cañonazos anuncian la llegada de la comitiva fiambre. De la fachada de San Francisco, ahora ya panteón, colgaban coronas de laurel, guirnaldas, crespones y una enorme pancarta que recordaba la nueva función del España a sus preclaros hijos. Preclaros, sí, pero pocos también. Nuestra historia de hoy se resume en que lo que mal empieza, mal acaba. El Panteón de Hombres Ilustres español ha sido un sueño largamente acariciado por varios gobiernos españoles del siglo XIX y principios del XX, pero ninguno supo hacerlo. La desidia, los malos planteamientos a veces, aspiraciones equivocadas en otras ocasiones y el imperdonable error de confundir ilustres con políticos son algunas circunstancias que han dado al traste con todos los proyectos, tanto aquel panteón inicial inaugurado en San Francisco el Grande, como el actual, situado muy cerca de Atocha y que cuenta con el dudoso honor de ser el monumento menos visitado de Patrimonio Nacional. Por eso, para mí, el Panteón de Hombres Ilustres siempre será el proyecto agua de borrajas. Ha quedado en n 100 años de intentonas para reunir en un mismo lugar los huesos de pre claros hijos españoles no sirvieron para que cuajara. La ciudad italiana de Florencia contaba con la Santa Croce, donde custodian a los Medici, Galileo, Maquiavelo, Miguel Ángel. Londres, en su magnífica Abadía de Westminster, guarda Charles Darwin, David Livingston, Isaac Newton e infinidad de escritores y poetas. París tiene en su Panteón Nacional a Dumas, a Víctor Hugo, al matrimonio Curie y a Josephine Baker. ¿Por qué España no ha podido tener nunca algo que se le pareciera? Porque había que saber hacerlo. Y sobre todo, porque para tener muertos ilustres previamente has tenido que controlar dónde los pones para saber dónde los tienes, para luego poder ir a buscarlos. Pero como dijo el periodista Mariano de no hay en este desgraciado país profesión más intranquila, insegura e incómoda que la de difunto ilustre. El primero de varios intentos de tener un Panteón Nacional se produjo en 1837 cuando las Cortes aprobaron una ley por la que, abro comillas, se establecerá en la que fue iglesia de San Francisco el Grande un Panteón Nacional al que se trasladarán con la mayor pompa posible los restos de los españoles a quienes 50 años al menos después de su muerte, consideran las Cortes dignos de este honor. Fin de la cita. El año elegido para iniciar el proyecto, 1837, no fue casual. Acababa de llevarse a cabo la famosa desamortización de Mendizábal, aquella por la que el Estado se incautó de parte de los bienes de la Iglesia, los que se llamaban en el cole bienes de manos muertas que nos contaban. Y la majestuosa arquitectura de San Francisco parecía idónea para acoger a españoles de pro que ya estuvieran en los huesos. Cuatro años después de promulgada la ley se hizo cargo del proyecto la Real Academia de la Historia, que elaboró una lista con los ilustres que debería acoger el Panteón. Muchos más años tuvieron que pasar hasta que en 1869 se creó una comisión de expertos para que sacara adelante de una vez por todas el gran Mausoleo. Primer recolectar ilustres en distintos lugares de España y en el mundo para trasladarlos casi por la fuerza al Panteón Nacional. Para, porque no a todos los pueblos o ciudades les hacía gracia que les quitaran al ilustre para llevárselo a los madriles, aunque a muchos les sirvió para descubrir que mucho defender a su muerto célebre, pero en realidad hacía décadas, siglos, que lo habían perdido de vista. La cosa tuvo mucha gracia. Les decían a los ayuntamientos o a las iglesias o a quien fuera el custodio del supuesto tenéis que entregar por decreto los huesos de Fulano, que nos lo llevamos a un panteón de lujo y respondían desde el pueblo, desde la ciudad o desde la parroquia Ah, no, de eso nada. Este muerto es nuestro y es un honor tenerlo entre nosotros. Al final tragaba, claro, porque era una orden gubernamental y cuando iban a buscar al difunto ilustre en cuestión nadie tenía ni idea de dónde estaba o adónde había ido a parar. ¿Por qué demonios lo defendían tanto? Se buscaron las cenizas del humanista y filósofo Luis Vives en la catedral de San Donato en Brujas, Bélgica. Nada. Se intentó localizar los huesos de Antonio Pérez, el famoso secretario de Felipe II, pero el convento de París donde había sido enterrado fue derribado y convertido en cuartel de infantería. Abro comillas. De Aunque sin esperanzas de éxito, escribió Ángel Fernández de los Ríos, la comisión creyó un deber hacer nuevas investigaciones y minuciosos reconocimientos para hallar en el convento de las Trinitarias la tumba de Cervantes, en la iglesia de San Sebastián el sepulcro de Lope de Vega en la de San Nicolás el de Juan de Herrera en el terreno de la antigua parroquia de San Juan los restos de Velázquez en el edificio de San Martín, los de Jorge Juan, en varias partes los de Claudio Cuello, y no obtuvo más que la triste certidumbre de que todos ellos estaban definitivamente perdidos. Cierro comillas. El desaliento se apoderaba de la comisión a cada paso que daba porque también fracasó en la búsqueda de los restos de Tirso de Molina, esfumado del convento soriano de Almazán, donde había sido enterrado, del padre Mariana y el dramaturgo Agustín Moretto, enterrados en Toledo e igualmente perdidos, y de otros muchos españoles célebres, desde Zurbarán al Greco. Bueno, el Greco era griego, ya me entienden ustedes. Grave problema ese de crear un panteón de ilustres cuando se te ha perdido el 80 % de los ilustres. Así que, como se pudo y con lo que se pudo, aquel 20 de junio de 1869 se hizo el solemne traslado con una kilométrica caravana fúnebre con restos o recuerdos, a falta de restos, del almirante Federico Gravina, gran luchador en la batalla de Trafalgar contra los ingleses, con los arquitectos Juan de Villanueva y Ventura Rodríguez, con los escritores Calderón de la Barca, Alonso de Ercilla, Francisco de Quevedo o lo que se creía que era Quevedo, con Juan de Mena y Garcilaso de la Vega, el toledano, no el Inca, y con algún otro además de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, cuyos huesos finalmente resultó que tampoco eran suyos.
C
Que el soneto nos tome por sorpresa, como si fuera un hecho consumado.
D
Cómo.
C
Nos toman los rompecabezas que sin saberlo nacen ensamblados.
A
Así allí quedaron arrumbados y cogiendo polvo las cajas con los pocos ilustres que pudieron localizar y con la certeza de que alguno era incluso un farsante. Nadie volvió a prestar atención al Panteón Nacional. A todo el mundo parecía traerle al pairo tanto preclaro español en los huesos, o quizás el fiasco de haber perdido a la mayoría de muertos célebres restó interés en el monumento. Los ilustres reunidos en San Francisco sólo tuvieron cinco años para intimar, porque en 1874 comenzaron a salir mucho más rápido de lo que entraron. Algunas ciudades y villas que habían visto impotentes cómo secuestraban a sus ilustres por orden gubernamental, comenzaron a reclamar la devolución de los huesos. Y lo consiguieron. Francisco de Quevedo volvió a Villanueva de los Infantes en Ciudad Real, aunque su historia merece un tiempo exclusivo, porque en realidad Quevedo nunca salió de Villanueva y no tienen ni idea de dónde está, aunque a los turistas les digan que sí. Juan de Mena regresó a Torrelaguna. Calderón de la Barca volvió al cementerio de San Nicolás. Los arquitectos Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva fueron reubicados en la parroquia de San Sebastián Justo, la misma que había perdido a Lope de Vega. El conde de Aranda regresó a su tumba del monasterio de San Juan de la Peña en Jaca. Huesos en resumidas cuentas, de ida y vuelta a cuenta del estrepitoso fracaso del Panteón Nacional de Hombres Ilustres. Pero España no se rinde y se hizo otra intentona. La viuda de Alfonso XII, la reina regente María Cristina de Habsburgo, ordenó entonces la construcción de un nuevo monumento y se eligió para ello el solar que ocupaba en Madrid el Cuartel de Inválidos, un hospital para heridos de guerra, terrenos, y voy a insistir mucho en ello, no lo olvidemos, de titularidad pública, propiedad del Estado. Pero aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, se aprobó en una zona de esos mismos terrenos la construcción de la nueva Basílica de Nuestra Señora de Atocha, la misma que hoy se levanta cerca de la estación donde los reyes y las reinas, incluso las que en su día fueron republicanas y ateas van a ofrecer sus ramos de novia y a la prole recién nacida. A la estatua. A la estatua de la Virgen, se entiende. Que andemos con estas payasadas monárquicas en el siglo XXI da mucha vergüenza. El proyecto ganador del nuevo panteón fue el titulado Nigrasum sed fermosa, cuyo autor era el arquitecto Fernando Arbós, diseñador también del cementerio de la Almudena. Las intenciones eran más que ambiciosas. Y muy artísticas, la verdad. Basta echar un vistazo al actual conjunto para ver que Arbós construyó el claustro al estilo del camposanto de Pisa y la torre campanario a semejanza del campanile veneciano. Un estilo neobizantino que quedó, la verdad, muy chulo. Precioso. El plan era construir un gigantesco templo para las ceremonias reales, adosar otra construcción con un pedazo de claustro donde enterrar a los ilustres y adornarlo todo con bonitos jardines. Todo aquello costó una pasta de dinero público. Construido en terreno público. Bueno, pues ¿A que no adivinan quién se lo fue quedando todo con todo su morro? La multinacional católica, La Iglesia. Todo le fue generosamente regalado a los dominicos, que son los gestores de la Basílica de Atocha. Eso sí, a cambio, a los curas sólo se les encargó el mantenimiento del panteón y el campanile. Pues ni eso hicieron. Y así entró España en el siglo XX, todavía sin un panteón de ilustres rematado y puesto en marcha y con responsables que seguían tomando desastrosas decisiones. Desde Casa Real, por decisión del casposo Borbón Alfonso XIII, se ordenó que el panteón sólo se dedicara a ilustres militares. De hecho, a la entrada del panteón no olviden mirar hacia arriba. Si les da por visitarlo, podrán leer en el techo las palabras honor, lealtad, heroísmo. Ahí arriba no van a leer arte, filosofía, ciencia. Y es que ese panteón nacional no tenía intención de recibir ni a pintores, ni a escritores, ni a educadores, ni a científicos. Sólo a militares y políticos. ¿Qué clase de país, ya en el siglo XX, podía alumbrar un monumento nacional para sus ciudadanos relevantes, donde no tiene cabida la cultura? Luego, que si leyendas negras y que si tal y que si cual. La España cateta, sin más. A duras penas pudo terminarse el panteón por la falta de recursos económicos, porque parte del presupuesto fue desviado para construir la cripta de la Catedral de la Almudena. Otra vez los curas trincando del bolsillo público. Pero luego vino lo verdaderamente difí llenar aquello de ilustres. Al margen de las malas decisiones del Borbón, la política enturbió aún más el proyecto porque según algunas crónicas, pudo más el deseo de algunos gobernantes vivos de asegurarse un lugar ilustre en el panteón que la sana intención de reunir en un mismo lugar a personalidades relevantes. Sea como fuere, el nuevo Panteón de Atocha quedó como enterramiento solo para militares y políticos, términos que no siempre pueden adornarse con el adjetivo ilustre. El panteón empezó a llenarse con José Palafox, el que plantó cara a los franceses en Zaragoza. El general Juan primer presidente de gobierno asesinado. El otro general que triunfó en la batalla de Bailén, Francisco Javier Castaños. Y continuó completándose con más presidentes de gobierno y políticos que se iban muriendo porque tocaban o a los que iban asesinando los Antonio Cánovas, Eduardo Dato, José Canalejas, Práxedes Mateo Sagasta, Antonio Ríos Rosas. En el patio del claustro, fíjense también si pasan por allí, hay un templete que fue trasladado desde un antiguo cementerio parroquial de Madrid que fue clausurado, el de San Nicolás. En ese templete se custodiaban los restos de varios políticos liberales y diputados de las Cortes de Cádiz. Muñoz Torrero, Agustín Argüelles, Olózaga, Mendizábal. Y cuando se le pidió al rey permiso para trasladar el templete e instalarlo en el Panteón Nacional con todos sus muertecitos liberales dentro, el Borbón Alfonso XIII mal dolor le dé a toda su estirpe y a él mismo dijo que ni de coña, que no, que ese panteón no era para liberales, sino para los muertos. Que eligiera la corona. ¿Qué ha hecho este país para merecer semejante dinastía?
C
Y por eso digo yo, que mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía.
A
Después de dorarle mucho la píldora al rey y de rogarle que disimulara un poco lo Borbón que era, acabaron convenciéndole de lo bueno que sería para su reputación permitir el ingreso de políticos liberales y que si buscaba una fecha simbólica para el traslado solemne, su imagen quedaría blanqueadita. Esa fecha fue en 1912, cuando se cumplió el primer centenario de las Cortes de Cádiz. Centenario que, por cierto, Tanto el de 1912 como el de 2012, celebraron muy alegremente los borbones perjuros y traidores Alfonso XIII y Juan Carlos I en los actos conmemorativos, aprovechándose de que los españoles somos tontos, los dos delincuentes, mientras aplaudían a la Pepa, evitaron mencionar que aquella progresista Constitución se la cepilló uno de los suyos. Otro Borbón. Puede que alguien se esté preguntando a estas alturas de los hechos, pero en serio, nadie estaba haciendo nada por encajar en ese Panteón Nacional a un pintor, a un escritor, a un matemático, a un intelectual cualquiera. Pues claro que algunos ilusos lo intentaron, porque aquel Panteón Nacional era de todo menos ilustre. Así que se juntaron unos cuantos intelectuales y promovieron otro. Iba a decir panteón, pero no, más bien un panteoncito para reunir a un puñado de escritores y artistas como el pintor Eduardo Rosales, los escritores Mariano José de Larra, Gómez de la Serna, Villa Espesa, Marquina, la actriz Jerónima Llorente. Pero también mal, otra vez mal, muy mal. Porque se instaló aquel panteoncito de ilustres en un cementerio privado propiedad de la Iglesia, en la Sacramental de San Justo de Madrid. Los ilustres españoles, los representantes de la cultura en un cementerio gestionado por la Iglesia. Qué desfachatez unir religión y cultura. Y mientras, ¿Qué tal cuidaban los dominicos el panteón de cutre ilustres políticos y militares? Recuerden que se les encomendó su mantenimiento a cambio de haberles regalado terrenos y construido la Basílica y una residencia para que vivieran como curas. Pues mal lo cuidaban, mal Los dominicos pasaron de cumplir con sus obligaciones. Así que ciudades como Reus, como Bailén y como Zaragoza, nuestros muertos ilustres están allí malamente cuidados. Nos los llevamos. El presidente Juan Pryn salió caminito de Reus Palafox, tomó camino de Zaragoza y Castaños aterrizó con sus huesos en Bailén. Pero aún queda por contar la última aberración que se ha hecho con el Panteón de España, que así se llama oficialmente desde 2022 en que entró en vigor la Ley de Memoria Democrática. Panteón de España que suena grandilocuente, ampuloso y sólo tiene seis fiambres en el claustro y un montoncillo de huesos de unos cuantos políticos liberales y constitucionalistas, esos que no les gustan los Borbones y se conservan en el templete del patio. Esa aberración es que en 1970 el alcalde franquista de Madrid, Carlos Arias Navarro, también regaló a los dominicos los terrenos pegados al Panteón para que se construyeran un colegio privado de nuevo terreno público regalado para la gestión privada. Se trata del Colegio Virgen de Atocha, cuyos curas gestores, con absoluta insensibilidad urbanística y artística y con una total falta de respeto al Patrimonio Nacional, pegaron su construcción al Panteón, desgraciaron el claustro cegando los arcos de un lateral con ladrillos, cortaron la circulación en el pasillo que rodea el patio y aislaron el campanario del resto del conjunto. Mucho más de ti.
E
Quiero mucho más.
A
El campanile que diseñó el arquitecto Fernando Arbós se ha quedado dentro del colegio, abandonado, maltratado, lleno de cacas de palomas y, por supuesto, sin que se pueda visitar porque se lo han quedado los curas. Menos mal que a finales de los años 80 Patrimonio Nacional salvó la propiedad del recinto del claustro. Y ahí lo tenemos. Lo que ahora es Panteón lo restauró y lo abrió al público, porque si no, los dominicos también lo querían en propiedad. Son unos depredadores insaciables, así que ya ven. Decir que el Panteón Nacional de Ilustres nació muerto suena así. Es una paradoja, ¿No? ¿O no? Quizás no. Quizás fuera obvio que el recién nombrado Panteón de España nacería muerto y acabaría siendo una birria. Porque esto es España.
B
Historias con sonido cara A con Emma.
A
Vallespinós Y vamos con la primera historia con sonido del programa de hoy. Hola, Emma.
F
Hola Nieves. La cara de hoy la protagoniza la bailarina y activista Josephine Baker, a quien citabas antes la sexta mujer y la primera mujer negra en el Panteón de París. 46 años después de su muerte, el 30 de noviembre de 2021, sus restos fueron depositados en el lugar de los hombres y las mujeres Ilustres tras una petición ciudadana que reunió más de 38 mil firmas. Entre sus méritos, los promotores de esta iniciativa citaban, además de los artísticos, su colaboración con la resistencia francesa y su lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Si en este programa tuviéramos nuestro propio Panteón de Ilustres, una antinazi y antirracista tendría las puertas más que abiertas. Pero como tú contabas en un acontece en la ventana, es que la Baker era además buena persona. Y ahora la música. Vamos a escuchar su don't touch my tomatoes. No me toques los tomates.
A
Sí que era buena persona. Y además muy curioso porque me dijeron de este que has mencionado el acontece de Josephine Baker que para nosotros es Josephine Baker. Me escribieron desde Francia y me dijeron nosotros ya la hemos hecho nuestra. Para nosotros es Josephine Baquea. La escuchamos.
G
Gonna say Don't you touch me Tomatoes Oh, Mister don't touch me tomatoes Please Don't you touch me tomatoes Touch me Pummy apple potatoes Goodness sake Don't you touch me tomatoes Touch me this touch me that touch me Everything I thought And for touching me Poor man me after you But here's one thing Newton doesn't get and do All you do is feel out Feel love Ain't you turn up All you do is squeeze up Squeeze up Mom need your tie up Squeeze up squeeze up Oh, Mister don't touch me tomatoes Please don't you touch me tomatoes Touch me Pommy apple potatoes Goodness sake Don't you touch me tomatoes Mister think advice for me The more you look the less you see But if you must have your way The more the price you'll have to All you do is feel up Feel up Hate your turn up Feel up feel up All you do is squeeze up Squeeze up Mom let your tie up Squeeze up squeeze up Oh, Mister Don't touch me tomatoes Please don't you touch me tomatoes Touch me For me apple potatoes Goodness sake Don't you touch me Tomatoes. All you do is feel up Feel up Ain't you tired of feel up Feel up All you do is squeeze up Squeeze up Mom little tile up Squeeze up Oh, Mister Don't touch me tomatoes Please don't you touch me tomatoes Touch me For me apple potatoes Goonice sake Don't you touch me tomatoes Oh, mister don't touch me tomatoes Please Don't you touch me Tomatoes.
B
Contarte el arte Ana Baltierra.
A
Ana Baltierra Doctora en Historia del Arte Voy a preguntar de qué vamos a hablar hoy. Pero si estamos a vueltas con el panteón y con los muertos. Yo ya lo veo venir. Hola, Ana.
D
Hola, Nieves. Ya sabes que yo tengo mis amores. Así que vamos a hablar de uno de nuestros escultores favoritos y al que más veces recurrieron, de hecho, para hacer las tumbas del Panteón de España, Mariano Benlliure. Cuando se hace este edificio del que has hablado, Benlliure era ya un reputado escultor que tenía mucha obra funeraria en cementerios, así que es normal que solicitaran sus servicios. De hecho, dentro de este espacio conservamos tres tumbas, a falta de una, realizadas por Mariano Benlliure. La de Praxa de Mateo Sagasta, la de José Canalejas y la de Eduardo Dato. En la sección de hoy vamos a centrarnos, porque Benlliure da para mucho, en la tumba de Sagasta, porque tiene una curiosa historia detrás. En esta obra Benlliure coló el retrato de su mujer, Lucrecia Arana, que fue una famosa cantante de zarzuela. ¿A que es maravilloso? Este Dato la disfrazó, claro, tenía que ser la única manera casi de meter una mujer en este panteón en estos años. Bueno Nieves, y en estos también, que.
A
Todavía no tenemos ninguna, cuéntanos cómo es la tumba de Sagasta.
D
Es la primera que hace de las tres. El político Sagasta había muerto en 1903 de una bronconeumonía y decidieron enterrarlo en el Panteón. Benlliure empezó a trabajar de manera casi inmediata en la escultura, pero Nieves le resultó dificilísimo. De hecho, esta tumba que conservamos es la segunda versión que hizo durante el verano de 1903. Estuvo tres meses para hacer un boceto de un barro que le trajo Nieves por la calle de la Amargura. El motivo era que en Madrid, como bien sabes, el calor que hace en verano es para aguantarse bien los machos y si se secaba mucho el barro, pues se desprendían las figuras y adiós escultura. Esto fue realmente lo que terminó pasando cuando se fue unos días a Valencia a ver a sus padres, a pesar de que dejó una persona encargada solo para poner paños mojados encima para que no se le fuera la humedad al dichoso boceto y no se le estropeara. En septiembre, después de haber terminado el boceto con todos estos avatares, los paños húmedos, tú imagínate, decidió que estaba harto, que no le gustaba y que lo empezaba de nuevo. Ahí va eso. Bueno, como vas deduciendo seguro, Benlliure estaba obsesionado con que quedara bien la tumba. Sabía que era un encargo muy importante. De hecho escribió a su hermano el pintor José Benlliure diciendo y abro esta obra es de gran empeño para mí, pues con el tiempo la Basílica de Atocha será el verdadero museo contemporáneo de escultura y quiero figurar a mucha distancia de los demás en todos los conceptos. Bueno, efectivamente nos da un poco la risa sobre la Basílica de Atocha como verdadero museo contemporáneo de escultura. No acerto, me temo. Pero sobre la distancia que tuvo sobre otros artistas en materia escultórica sí que.
A
Es cierto, ya lo creo que fue. ¿Qué es lo que hace al final en la tumba de Sagasta Mario IX.
D
Benlliure hace de nuevo la tumba de cero y se convierte en lo que vamos a ver hoy en día? Es una obra muy sobria en su decoración, pero sin escatimar en gastos en cuanto a materiales. Fíjate Nieves, que la construye en mármol de Carrara. Este mármol es famosísimo, es un mármol blanco que se extrae en Italia. Es muy famoso porque fue muy utilizado por los grandes escultores del Renacimiento. Por ejemplo, Miguel Ángel, antes de hacer esta escultura había estado en Grecia y se había quedado muy impactado por las obras de escultura de allí. Quiere que su obra sea clásica, pero modern. Es un concepto un poco extraño, como cuando una quiere ir arreglada pero informal. Pues es un poco lo mismo quería hacer aquí Benlliuri. Él creía que teníamos que imitar a los antiguos en la grandiosidad de los conceptos y las líneas, pero que había que conseguir retratar la época en la que vivía. Así que quería hacer algo sencillo, informal, con tan solo tres figuras y que se viera con una sola mirada, tal y como cuenta las cartas a su hermano.
A
¿Y qué representa en esta tumba?
D
Pues hace un túmulo compuesto por varias escaleras sobre el que pone el cuerpo yacente de Sagasta. Retrata intentando ajustarse lo máximo posible a la realidad para que se le reconozca. Va vestido con una levita. Tiene parte del cuerpo cubierto por un manto con el escudo de España, que es como una especie de sabanita. Esta parte es muy curiosa, de estas que se te dejas en la cama en verano por si refresca y que se te queda pegada al cuerpo con el sudor. La tiene totalmente pegada pero con el escudo de España bordado. A sus pies hay una alegoría del pueblo que está representada también de manera bastante curiosa. Es un obrero que se apoya sobre la Biblia y que lleva en su mano derecha una espada que es una preciosidad, de los detalles más bonitos de la escultura. Está decorada con todo lujo de detalles en su empuñadura y una alegoría de la República, porque recuerdo fue presidente del Consejo de Ministros durante la Primera República Española, y una balanza de la justicia. En la hoja de la espada hay una rama de olivo, símbolo de paz. Y este obrero o esta alegoría del pueblo, se apoya en un cartel que a Sagasta, los liberales.
A
Y a su mujer, dónde representa Mariano Benlliure a su mujer.
D
En la parte opuesta, donde está la cabeza adyacente, Mariano Benlliure ahí pone una alegoría de la historia, que es una mujer que está cerrando un libro. Es el libro de la vida y de las gestas de Sagasta, en sentido figurado, que termina con su muerte. Por eso precisamente lo está cerrando. Como decíamos al principio, para hacer esta escultura toma como modelo a Lucrecia Arana, esta famosa cantante de zarzuela, que además era su esposa, que ella sí que era una mujer ilustre, no muchos de los que hay ahí, Nieves. Bueno, Benlliure la esculpió en más de una ocasión, entre ellas aquí con la en este panteón androcéntrico.
A
¿Y cómo se conocieron? ¿Tú sabes cómo se conocieron esta pareja, Lucrecia Arana y Mariano Benlliure?
D
Pues sí, es una historia curiosa. Además, ella era muy famosa en la época. De hecho, Benlliure no fue el único artista que la retrató. Fueron muchos los pintores, escultores y fotógrafos que se sintieron fascinados por ella. Así que Mariano Benlliure, quien había llegado a Italia, donde estaba viviendo y trabajando desde 1881, dada la fama que tenía ya Lucrecia Arana, asistió a varias representaciones suyas para verla. Terminaron colaborando en una función benéfica y una cosa, pues Nieves debió llevar a la otra. Yo ya no los detalla, ya se nos escapan. Lucrecia Arana fue una mujer adelantadísima a su tiempo, que compaginó su intensa actividad profesional con su vida familiar junto a su marido y el hijo que tuvieron juntos. Y como la conciliación es cosa de dos, Benlliure la ayudaba en los aspectos profesionales, como fueron los diseños de escenografía y vestuarios. Benlliure se convirtió en diseñador de su mujer, de escenarios, de vestuario, de las representaciones de ópera que hacía. Y esta es una faceta poco conocida del escultor, pero es lo que tienes en un genio que se hace con todo. Efectivamente. Bueno, se convirtieron en la pareja de moda en Madrid. Así que entre eso y lo famosa que era esta cantante, te imaginarás que esté más húleo de Sagasta. Seguro que mucha gente reconoció de manera rápida al verlo el retrato de Lucrecia en esta alegoría de la historia en su momento.
A
Sí, lógico. Y eso de que era la pareja de moda, que eran los influencers del XIX, ¿Cómo es esto?
D
Pues casi casi. Sí, sí, sí. En estos años Lucrecia Arana y Mariano Benlliure organizaban tertulias concierto en su casa estudio, que estaba en la calle Abascal de Madrid, a las que acudían los personajes más ilustres de la época. De hecho, Nieves, te cuento una curiosidad. Entre todas las personas que visitaban la casa estudio del matrimonio, estuvo Sagasta. Tenemos una foto de Benlliure con Sagasta en un descanso al modelar un busto del político. Le retrató varias veces un par de años antes de morir. Además hay otra cosa interesante, Nieves, que tanto Sagasta como Lucrecia Arana eran riojanos. Y la tierra siempre une. Por supuesto. Lo que está claro es que Sagasta conocía a Lucrecia Arana, la que terminaría encarnando a la alegoría de la historia de su tumba en el panteón. Y Lucrecia Arana era una mujer muy reputada y muy famosa, por lo que segura más de uno al ver la tumba se daría cuenta muy rápido de que el grandísimo Mariano Benlliure había colado a una mujer verdaderamente ilustre en el panteón. Cada vez me cae mejor este señor, Nieves.
A
La verdad es que la muerte hace extraños compañeros de tumba y de escultura. Y qué arte tenía este hombre. Y qué manos. Bueno, lo de las manos mejor que lo diga su mujer. Fantástica historia, para no variar. Muchas gracias, Ana.
D
Gracias, Nieves.
B
El invitado con Jesús Pozo.
A
Turno de Jesús Pozo y su invitado, un periodista y escritor que ha reflexionado mucho sobre los símbolos y además representante de una renovada generación de periodistas culturales que ha cambiado el foco para cubrir los temas. Por fin los cuenta de otra manera. Hola, Jesús.
H
Hola. Completo la presentación. Pello H. Riaño es también historiador del arte y de los que piensan que todo es política y cultura. Autor de Las invisibles, decapitados y Borbones y membrillos. Y tiene una idea muy clara de qué ha pasado en España con el Panteón.
E
¿Cuál es el problema de construir un panteón de hombres y mujeres ilustres en el siglo XXI porque es una idea fracasada, es una idea del siglo XIX fracasada en España antes incluso de ser construida? Por lo tanto, en el siglo XX ya era una nulidad como símbolo y en el siglo XXI no deja de ser otro fracaso, porque es arrastrar un símbolo que ya no nos representa en absoluto en ninguno de sus estamentos, en ninguno de sus ideales sociales que es el siglo XIX. El Panteón se concibe a imagen y semejanza de esa comunidad del siglo XIX en la que de momento todas las mujeres están excluidas. Pero es que luego además solamente caben o tienen cabida los militares y los políticos. Por lo tanto, ¿Qué pueblo español puede estar representado en ese gran panteón ahora llamado de España?
A
Y como sigamos así, que de hecho vamos a seguir así, nos Vamos al siglo XXII con el fracaso a cuestas.
H
No sé si llegaremos a ver algo medianamente normal con Cotrina, pero para Pello a Chirriaño está claro que ese espacio no tiene ningún sentido.
E
El antiguo Panteón de hombres Ilustres yo creo que es un legado que como pieza monumental hay que contarla, pero que es muy difícil reconstruir, resignificar, porque al final corre el riesgo de generarse un pastiche incluso peor de lo que ya tenemos. Yo veo bien contarlo como una perfecta representación del siglo XIX, un siglo desigual que reconocía a los privilegiados y que desde luego no tenía en mente un símbolo que aunara a españoles y españolas significativos desde el ámbito de la ciencia a la cultura, más allá de lo militar y lo político.
A
Pues parece que Pello también tiene claro que lo del nombre es uno de los problemas principales.
H
Así es. Y también surgió en la conversación la otra gran complicación. ¿A quién se lleva a ese panteón?
E
El propio nombre de Panteón de España me parece difícil encaje con la idea de la España plural y federal que defiende el gobierno contemporáneo, este gobierno de coalición de izquierdas. Y desde luego creo que tenemos que descartar cualquier intención de trasladar restos, porque los restos, cada autonomía tendrá legitimidad para gestionar sus restos. Quiero decir, pienso por ejemplo, en el entierro monumental de Joaquín Sorolla, que se lio parda. ¿Vamos a trasladar ahora a uno de los cinco grandes pintores de este país a ese panteón de España? Evidentemente no. Por lo tanto es una idea ya fracasada de salida. Yo creo que la única posibilidad que tiene un panteón hoy es idear un nuevo símbolo, un nuevo modelo de panteón, si se quiere.
A
Está bien, es interesante esa idea del.
H
Símbolo y también es interesante lo que explica ahora sobre quién se merece honra y quién desprecio.
E
Yo creo que cada comunidad tiene el derecho, la legitimidad y la potestad a construir sus propios símbolos y también a destruir los símbolos que no les representan. Y esto no es algo que nos hayamos inventado en 2023, sino que se pone en práctica desde el mismo invento de la monumentalización de las calles. Los romanos, al tiempo que llenaban las vías de esas grandes efigies, esos grandes homenajes a sus emperadores, a sus políticos, también crearon el protocolo de extirparlos de la vida pública con la damnatio memoria. Bueno, pues es un poco repetir lo mismo que lleva repitiendo la historia de la humanidad desde hace siglos. Somos capaces de erigir nuestros homenajes y somos capaces de destruir los que no nos representan. Y el debate surge en el momento de la depuración. ¿Qué nos representa y a qué no queremos estar ligados ya nunca más? En el caso del Valle de los Caídos, en el caso de Cuelgamuros, necesitamos una resignificación del símbolo urgente.
A
No puedo estar más de acuerdo. Tanta tontería además con las estatuas erigidas. A los canallas que les corten ya la cabeza. El libro de Pello Decapitados es un ensayo fantástico sobre este asunto, que además lo aborda de maravilla esta urgente retirada de homenajes a corruptos, a genocidas, a esclavistas. Yo quiero quitar a la sinvergonzona de Cristina de Borbón, la primera, esa que está ahí al lado del Prado. Bueno, ya me he desahogado en vuestra conversación, ya veo que No faltó colga.
E
¿Qué hacer hoy con Cuelgamuros? Es una pregunta que parecía que se había acelerado con la reforma de la Ley de Memoria Democrática que se ha frenado. Echó en falta ese impulso que intuíamos que se iba a realizar después de la exhumación del cadáver de Franco, pero hemos pisado el freno completamente, el gobierno ha pisado el freno completamente en la resignificación de este espacio que para muchos pasa, por ejemplo, por la de destrucción de esa cruz. Simbólicamente es muy, muy muy fuerte sobre.
H
La actualidad y el futuro de Colgamuros, comprenderás que hablamos un rato largo.
E
El mayor problema que tiene ahora mismo ese lugar es de la administración. Es un apaño que se hizo en tiempos de Felipe González y que recayó la gestión en Patrimonio Nacional. Tiene que crearse y constituirse de manera inmediata un cuerpo, un organigrama propio, una administración desvinculada por completo a Patrimonio Nacional, que es Casa Real, y que deje estar vinculado ya con urgencia ese lugar de memoria denigrante con la monarquía. No se puede mantener ese vínculo entre la Casa Real y un homenaje al golpe de Estado.
A
Yo que soy más punky, si tengo claro lo que hay que hacer con.
H
La Casa, ya se lo dije, pero Peyo es más relajado que tú sobre eso y plantea una solución de fondo y de forma mucho más amplia.
E
Deberíamos de crear nuestro propio símbolo, aprovechando, entre otras cosas, Cuelgamuros, como bien dices, porque a lo mejor de lo que se trata es de generar una ceremonia. Es urgente que los benedictinos, los cuatro benedictinos que quedan y ese prior ruidoso y franquista dejen de habitar ese lugar. Es urgente. Pero sobre todo es necesario que Cuelgamuros tenga una administración propia en la que figuren representantes de la sociedad civil y que gestionen ese espacio y que sean capaces de proponer una resignificación del lugar para que deje de seguir siendo parte ese franquismo que hemos heredado.
A
Esa idea de la ceremonia es muy buena y desligarla definitivamente del franquismo, eso ya es inaplazable.
H
Estoy totalmente contigo. Como siempre. Queda una reflexión final de Pello H. Riaño que creo resume muy bien todo lo que hablamos.
E
Fíjate qué paradójico el momento en el que nos encontramos, donde no somos capaces de sacar libertad y con sosiego a nuestros muertos de las cunetas y al tiempo estamos pensando en generar un aparato simbólico para nuestros muertos ilustres. Tenemos tantas cuestiones pendientes todavía que.
A
No.
E
Termino de ver la importancia del rescate del panteón. Sí que veo la importancia de la resignificación de Cuelgamuros. Es una urgencia absoluta. Como también necesito saber dónde está mi bisabuela. Yo no sé dónde está la madre de mi abuelo. Un día se la llevaron en el camión junto a otros tantos del pueblo y no sabemos dónde está. Para mí un ilustre son esas asociaciones que se están dedicando a devolver la dignidad a nuestros muertos y a nosotros.
A
Debe ser esto a lo que se refería el defenestrado felón Pablo Casado cuando se mofaba de la guerra del abuelo o se refería a las fosas de no sé quién. Oye, y le aplaudían. Yo no sé qué clase de gente forma ese Partido Popular que desprecia así a miles de españoles desaparecidos, asesinados, repartidos aún por las cunetas y fosas comunes. Entre Casado y Feijó, que no sabe situar Badajoz en el mapa. Vamos apañados con esta oposición tan intelectual en un hipotético Panteón de España habría que ponerlos a estos dos en el cuarto trastero. Gracias a Peyo por la charla, magnífica como siempre. Y gracias, Jesús, por la fantástica elección de invitado, como siempre.
H
También gracias a ti. ¿Con costrina?
B
Esto era un gato con los pies de trapo y la cabeza al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
C
Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y te tengo lindas sueñas. Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo lindos sueños.
A
Si la historia narrada del Panteón de España se convirtió en el cuento de nunca acabar, ¿No les ha ido mejor a otros panteones de ilustres que ciudades o autonomías han pretendido crear? No triunfa ni uno. Cuando no es por pitos es por flautas. Pero en este país no sabemos organizarnos para homenajear a las grandes ciudadanas y a los grandes ciudadanos, o te mezclan a ilustres de verdad con militares traidores y golpistas y una monja, como ocurre en Santander y su panteón de hijos ilustres del cementerio de Ciriego, o te inauguran uno en León para ilustres, pero vacío de ilustres. En fin, el que hay en Cádiz, en la Isla de León, el panteón de marinos. Pues mire, ese es una chulada, la verdad. Los que lo han intentado de verdad, con ganas, pero llevan 40 años sorteando zancadillas son los gallegos con el Panteón dos Galegos Ilustres. No han parado de tener disgustos otra vez, como no, por culpa de la multinacional católica que entiende de cultura e ilustración menos que Paquirrín de literatura renacentista.
H
Es duro estar lejos de ti. Lejos de ti.
A
Galicia no consigue aumentar su panteón con ningún ilustre reciente desde los años 80 cuando fueron trasladados a la fuerza y con mucha bronca los restos del escritor y político nacionalista Alfonso Rodríguez Castelao y poco después los del grandérrimo geógrafo domingo Fontán, el que realizó en el siglo XIX el primer mapa topográfico y científico de ganado. Desde entonces ni uno solo, ni una sola ilustre más, ha ingresado en el Panteón dos Galegos. Sólo hay restos de seis grandes personajes, por supuesto, entre ellos una sola mujer, Rosalía de Castro. No nos volvamos locos. Aunque la buena noticia es que todos son ilustres de verdad, con certificado de autenticidad, no como en el Panteón de España de Madrid, que también hay seis, pero todos son políticos. Además de los tres ilustres ya citados, el otro trío lo forman el periodista e ideólogo del regionalismo gallego Alfredo Brañas, el poeta Ramón Cabanillas y el escultor Francisco Asorey. La paradoja viene cuando en 1984 ingresaron los restos procedentes de su exilio argentino de Castelao, uno de los intelectuales gallegos más queridos. Gran parte de sus paisanos se manifestó abiertamente en contra. Tremenda bronca hubo en la caja calle, no porque no mereciera el reconocimiento público, sino por la hipocresía que desplegaron los políticos de ultraderecha de la Xunta de.
C
Galicia Sácame de esta ciudad en cohete disparado. Quiero estar en cualquier otro lado.
A
Castelao murió exiliado en Argentina en 1950 y hasta 1980 estuvieron prohibidos los actos de homenaje a este escritor, artista y uno de los padres del nacionalismo gallego. Escuchen las instrucciones que dio la Dirección General de Prensa de la dictadura a los medios de comunicación sobre cómo tratar la noticia de su muerte. Habiendo fallecido en Buenos Aires el político republicano y separatista gallego Alfonso Rodríguez Castelao, se advierte lo La noticia de su muerte se dará en páginas interiores y a una columna. Caso de insertar fotografía, ésta no deberá ser de ningún acto político. Se elogiarán únicamente del fallecido sus características de humorista, literato y caricaturista. Se podrá destacar su personalidad política siempre y cuando se mencione que aquélla fue errada y que se espera de la misericordia de Dios el perdón de sus pecados. Y en 1984 resulta que uno de esos franquistas que tan de acuerdo estuvieron con la condena de Castelao, Gerardo González Albó de Alianza Popular, tan colega de los narcotraficantes y a las órdenes de su partido del otro fascista Manuel Fraga, estaba presidiendo la Xunta de Galicia. Claro, para algunos gallegos era un auténtico insulto que los mismos que obligaron al exilio a Castelao ahora pretendieran rendirle honores y apropiarse de su figura organizando su ingreso en el Panteón dos Galegos Ilustres. Por eso hubo bronca. La idea de que Galicia tuviera su recinto donde reunir a las preclaras mentes galegas nació a mediados del siglo XIX. El lugar elegido fue el antiguo convento de San Domingos de Bonaval, en Santiago de Compostela. Este fue el primer error cometido, aunque se cometió sin querer bienestar y cuyas consecuencias se están pagando ahora gracias a esos jueces que pueblan España y que aún sentencian con el fascismo en el corazón. San Domingos de Bonaval es un gran conjunto histórico con parte civil y parte eclesial. La zona donde se instaló el panteón era territorio civil y allí se realizaban actos institucionales y eventos de todo tipo. Pero en 1999 la cosa se complicó porque se organizó en San Domingos de Bonaval un desfile de moda y algunos modelitos no les gustaron a los curas. En el arzobispado, acostumbrados a encubrir pederastas pero dispuestos a ofenderse en cuanto se transparenta una teta, sacaron su doble moral de paseo y dijeron que se acabó, que eso era una iglesia y que no se podía utilizar para cosas que ello no autorizaran. ¿Cómo que una iglesia? Dijeron las autoridades civiles, esto es, de titularidad pública. El asunto acabó en el Tribunal Supremo porque el Ayuntamiento demostró con papeles que el lugar había sido desamortizado y que la propia reina Isabel II concedía en 1840 a la ciudad de Santiago esa zona. El Ayuntamiento de Compostela luchó por San Domingos de Bonaval como propiedad civil y recinto cultural. Pero claro, estamos hablando del Tribunal Supremo, que por supuesto le dio la razón a la multinacional católica. Por eso, acaso ahora los ilustres están en territorio religioso, aunque cuando entraron era territorio civil. Quizás ahora se entienda mejor por qué la familia de Valle Inclán nunca autorizó el traslado del escritor al Panteón do Galegos. Según publicó el diario La Voz de Galicia el 6 de enero de 1936, día del entierro de Valle Inclán en el cementerio civil de Boisaca, el escritor manifestó entre sus últimos deseos el No quiero en mi entierro ni cura discreto, ni fraile humilde, ni jesuita sabiondo. Si la familia hubiera atendido las peticiones que se hicieron hace unos años para trasladarlo al Panteón, ahora, paradójicamente, Valle Inclán estaría sepultado en terreno católico. Y conociéndolo, cualquiera lo aguanta.
G
Está con jugar.
B
Historias con sonido, cara B con Emma.
A
Vallespinós Y terminamos como siempre, con música con nuestra cara B.
F
Y Víctor Hugo es otro de los ilustres del Panteón de París y hoy tendrá el honor de ser el protagonista de nuestra despedida y cierre. Fue escritor, dramaturgo, poeta, político y liante. Que tú nos has contado muchas veces que la UNESCO estableció el 23 de abril como el Día del Libro porque le hizo caso a él, se lió con el calendario y señaló que Cervantes y Shakespeare murieron el mismo día. Y no. Si este programa fuera un examen o un concurso de tele, ahora tocaría preguntar por su obra más célebre y sin duda habría que responder Los Miserables. El célebre musical basado en esta obra se estrenó en París en 1980. De allí saltó al Wis Ten de Londres, donde sigue en cartelera, y a Broadway. ¿Hoy acabamos con uno de los temas del musical, el Do you hear The people sing? ¿Escuchas cantar al pueblo? En la versión de la película que en 2012 protagonizaron Hugh Hackman, Anne Hathaway y Russell Cross.
A
Pues la escuchamos enseguida, pero antes recordamos que este programa ha sido posible gracias a Jesús Pozo, a Ana Baltierra, a Emma Vallespinor, por supuesto indispensable, a Pepe Rubio y a nuestra también indispensable porque si no, no sonaría nada, a nuestra técnico de sonido María Jesús Rodríguez y a mí misma Nieves con Costina, que no me gusta perderme ninguna ad.
I
It is the music of the people who will not be slaves again. When the beating of your heart echoes the beating of the drums There is a life about to start. ¿When tomorrow comes will join.
E
With me.
I
Beyond the barricade Is there a world you long to see? Then join in the fight that will give you the right to be free. ¿Do you hear the people singing the song of angry man? This is the music All the people who amass he says again. When the peace in all your heart. You can give so that abandon made of us Some will fall and some will live. When you Stand up and take your chance. The blood of the Mars.
F
Suscríbete a cualquier tiempo pasado fue anterior. Todos los episodios y contenidos adicionales en.
A
La app de Cadena Ser y en.
F
Nuestros canales de Apple Podcast, Spotify, iVoox.
A
Google Podcast y YouTube. Cadena SER.
D
La Radio.
Podcast: Todo Concostrina (Cadena SER)
Host: Nieves Concostrina
Date: May 28, 2023
Theme: The complex, often chaotic history of Spain's attempts to create a national Panteón de Hombres Ilustres (Pantheon of Illustrious Men), with comparisons to similar institutions in other countries and a critical look at how Spain has honored (or failed to honor) its eminent citizens.
In this episode, Nieves Concostrina delves into the tumultuous history of Spain’s national pantheon project—a place meant to honor the country's most distinguished figures. Through her trademark wit and critical perspective, she examines why Spain’s efforts have repeatedly failed, contrasting them with the impressive pantheons of France, Italy, and the UK, and reflecting on how politics, mismanagement, and the influence of the Church have consistently undermined the project.
The tone is critical, witty, and at times caustic—typical of Nieves Concostrina. She mixes deep historical research with irreverent humor, pointing out the absurdities of Spain’s attempts to imitate grand European pantheons while consistently undermining the project through bureaucracy, political short-sightedness, and clerical interference. The episode also champions more inclusive, democratized forms of remembrance, both in who Spain recognizes and how.
The Panteón de España is, in the eyes of the host and her guests, a national embarrassment—“nació muerto” (“born dead”). The episode uses its checkered history as a lens to examine broader Spanish issues: neglect of cultural heroes, enduring clerical influence, political opportunism, and a deep difficulty in developing inclusive national symbols. Ultimately, as Concostrina and Riaño reflect, perhaps it’s time for more meaningful ways to honor the country’s true “ilustres”—from writers and scientists to the victims of collective traumas still awaiting dignity and remembrance.
Recommended for:
Listeners interested in Spanish history, cultural memory, and those who enjoy sharp, critical storytelling with a historical twist.