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A
La sociedad española de radiodifusión presenta ser.
B
Viva la radio.
A
Podcast siempre.
C
En la Cadena SER. Cualquier tiempo pasado fue anterior. Con Nieves con costrina.
A
Finales del siglo XIX. Cena de gala en el esplendoroso castillo de Chaumont sur Loire, un casoplón del centro de Francia en el que necesitabas un guía titulado para encontrar tus aposentos. La princesa Marie de Vrogly, una rica heredera aristócrata y con más pasta que vergüenza, organiza un banquete pantagruélico en honor de la defenestrada Isabel II, expulsada de España por sus corruptelas hacía ya casi 20 años. A la Borbona destronada no había nada que le pusiera más que un buen cocido, de ahí que sus dimensiones fueran las que eran. Y aunque la gastronomía francesa le parecía demasiado finolis y los franceses unos remilgados, aceptó acudir a aquel banquete en el château. Cuando terminó la cena de gala, Isabel II intentó levantarse, pero no pudo. Se había quedado encajada entre los brazos del asiento. Tras recibir la ayuda de varios comensales para poder desatascarse. Cuentan los recopiladores de anécdotas que la Borbona exclamó es más fácil que te expulsen de un trono en España que de un sillón en Chaumont Sirloir. Cierto, expulsar a los Borbones del trono de España es fácil. De hecho, los hemos expulsado ya cinco veces. Lo difícil es evitar que vuelvan a sentarse porque siempre hay un golpe de estado que les facilita la poltrona. Porque si fuera por la democracia, desde luego por aquí no habrían vuelto a pisar desde 1931. En fin, en contra de lo que pudiera parecer, este programa no va de los corruptos y antidemócratas Borbones. Esto va de sillas, de sillones, de asientos. Aunque cualquier oportunidad es buena para, se hable de lo que se hable, arrear un poquito a la macrogranja de Borbonia. El episodio de La Oronda Isabel II de Borbón Encajada en su sillón es sólo la excusa para introducir a la protagonista del la silla. Qué tontuna no hacer un programa dedicado a las sillas y a los sillones. Qué poca importancia le damos a las cosas cotidianas. Pero algunas de ellas tienen más enjundia y más historia de lo que aparenta. ¿Qué sería de Dios sin una silla? Porque se supone que después de seis días creando el mundo con la faena que da eso al séptimo descansó. Y digo yo que se sentaría para descansar. ¿Y qué sería también del tal Jesucristo que no podría estar sentado a la derecha de Dios Padre? Habría que jesucristo subió a los cielos y está de pie derecho a la derecha de Dios Padre. Que por cierto, también está de pie. ¿Dónde se sentarían los diputados si no existieran los escaños? No me imagino a Chopin y a Beethoven tocando de pie. Ni a los reyes sin sus dos tronos, el de sentarse y el de evacuar. Ni a los curas sin apoyar sus culos en las misericordias de la sillería del coro. Ni a los niños antiguos sin jugar a la sillita la reina. El mundo no sería lo mismo sin sillas. Por eso merecen su historia. Pero el que estemos haciendo un programa dedicado a las sillas se debe a un libro, más bien un libraco, que cayó en nuestras manos hace casi cinco años y que se llama Sillipedia. No lo busquen porque no se vende. Es un libro exquisito que coordinó el diseñador y periodista Ramón Úbeda, preciosamente ilustrado y que guarda 101 historias de sillas escritas por 20 autores. La Sillipedia fue un homenaje a la silla que hizo la empresa Andreu world al cumplir 65 años de actividad. Ahora, cuando está a punto de cumplir 70, es una compañía internacional de muebles de diseño. Pero aunque ese nombre suene Giri Andreu World empezó siendo una ebanistería que llevaba un señor llamado Francisco Andreu Martí en un pueblo de Valencia, en Alacuar. Conste que no nos patrocina ni les debemos nada, pero el libro está hecho con tanto gusto, descubre tantas historias y tanto anecdotario sobre la silla que nos ha inspirado para dedicarle un programa a este mueble y que, en contra de lo que pudiera parecer, no está entre nosotros. Desde siempre la silla era un artículo de lujo. ¿Sentarse, hombre, los pobres se sentaban, pero donde pillaran? En casa, sobre el arcón que tuvieran, si es que lo tenían. En un taburete, en un banco corrido, en una banqueta. Pero una silla, una silla con sus cuatro patas y su respaldo y su asiento de cuerda, de cuero o tapizado, eso era de ricos. Eso era un artículo de lujo. Y sentarse, un privilegio que les estaba vetado a los trabajadores hasta bien entrado el siglo XX. A los obreros de las fábricas y a los trabajadores de los comercios les estaba prohibido sentarse. Y lo que viene a continuación no lo recoge el libro mencionado. Pero como esto va de sillas, lo aportamos nosotros. Hablamos de la llamada Ley de la Silla, la primera legislación laboral que protegió a la mujer obrera. Y lo de protegió lo digo con retintín, ya verán por qué.
D
Orgulloso de estar Orgulloso de estar entre el proletariado es difícil llegar a fin de mes y tener que sudar y sudar pa ganar nuestro pan.
A
Ponemos primero un poquito de contexto laboral. En aquella España de finales del XIX y principios del XX en la que los obreros sólo estaban considerados como fuerza bruta y carecían del más mínimo derecho, desde 1866 se venía reivindicando la jornada de ocho horas en toda Europa con huelgas y manifestaciones y con el famoso lema de las tres ocho. Ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio, ocho horas de descanso. Casi 60 años estuvieron peleando los obreros europeos por esas ocho horas que no se incluyeron en las legislaciones laborales. En la española tampoco, hasta que terminó la primera Guerra Mundial. Pero hasta que se empezaron a dar pequeños pasos en los derechos laborales. Imaginen lo que era ser obrero a finales del XIX y principios del XX. Jornadas interminables de trabajo sin posibilidad de reclamar en ningún sitio, sujetos los trabajadores a la arbitrariedad del patrón. Con empresarios inmunes, inviolables, hicieran lo que hicieran. Con niños explotados en las fábricas y en las minas, con trabajadores sin amparo ante un accidente laboral, dependiendo sólo de la caridad si no había trabajo o si un padre de familia quedaba impedido. La deshumanización de los obreros en el trabajo llegó a tales niveles, Era tal la explotación a la que estaban sometidos por la mayoría de empresarios que nació una preocupación global, un concepto al que llamaron la cuestión social. ¿Y qué era esto de la cuestión social? Pues que la pobreza, la miseria, la mala calidad de vida de la clase trabajadora eran tan escandalosas que algunos intelectuales y políticos reclamaban que el Estado empezara a intervenir activamente para proteger a los trabajadores. Yo, como soy mal pensada, no fío esto sólo a la bondad y a la integridad de algunos dirigentes políticos y pensadores que también, sino a que los trabajadores estaban agrupándose en sindicatos y se les estaban inflando las narices. Los Estados tenían que empezar a legislar y a proteger a los obreros antes de que los obreros se inflaran del todo y reventaran los Estados. A mí me gusta el more y a ti te gusta el mone. ¿Saben ese señor presidente de los empresarios españoles, Antonio Garamendi? ¿Ese que cada vez que abre la boca muere un gatito en Instagram? ¿Ese que cobra 400.000 euros al año pero le duele que a un mileurista le suban 80 euros al mes? ¿Ese que vaticinó que España iba a reventar por todas sus costuras, que las empresas se iban a hundir por una ligera subida? ¿Ese que no acert ni una sola de sus catastrofistas predicciones? Pues así llevamos desde finales del XIX con algunos empresarios que sí pudieran no levantarían el pie del cuello de los trabajadores. Y les pongo un caso que relata el historiador Carlos Dardé en un artículo que escribió en los años 90 y que les va a dejar cuajados al comprobar la crueldad de algunos empresarios de finales del siglo XIX en España ante el debate que se estaba produciendo en torno a esa cuestión social. Fue cuando el presidente del Gobierno Antonio Cánovas del Castillo dijo durante un discurso que el Estado tenía que intervenir para proteger a los trabajadores porque los empresarios no estaban por la labor de hacerlo motu proprio. Se aprovechaban de la resignación del pobre y demostraban nula caridad y escasa moral. Al presidente del Gobierno le replicó un destacado filósofo y abogado llamado Juan Manuel Ortiz, un ultraderechista monárquico tradicionalista fundamentalista católico, que acusó a Cánovas del Castillo de peligroso socialista por intentar abordar la cuestión social. Como ve en el discurso viejuno y simplón de la derecha rancia de acusar de sociocomunista marxista leninista a cualquiera que proponga mejoras sociales. Esto viene de antiguo, porque anda que acusar al hiperconservador Cánovas del Castillo de socialista. Bueno, esto es cómo llamar obrero a Felipe VI. Aquel hombre que defendía el derecho de los empresarios a explotar a los obreros replicó al presidente del Gobierno que decirle al empresariado cómo tenía que actuar era violar los principios de la justicia y meter las narices en el derecho de la propiedad y que si los obreros se veían obligados a mendigar, eso no era tan malo, porque la religión autoriza la mendicidad y ennoblece al mendigo. Mendigar, remató, fomenta el espíritu cristiano. La madre que lo parió. No fue el único que se revolvió en contra de resolver la cuestión social en España. El diputado liberal conservador Alberto Bosch, cuando se debatió en el Congreso limitar las horas de trabajo de mujeres y niños, dijo que ni de coña. Y mejor siéntense para escuchar sus argumentos. Limitar el trabajo del niño es entorpecer la educación tecnológica y el aprendizaje. Limitar el trabajo de las mujeres es impedir que la madre realice el más hermoso de los sacrificios. El sacrificio indispensable en algunas ocasiones para mantener el hogar de la familia. A ver ¿Cómo es posible que un animal de bellota como este llegue a diputado? Pues en esta línea iban a finales del XIX las reticencias del empresariado español cuando se les animaba a mejorar las condiciones de la clase trabajadora. Ellos decían son pobres y obreros, hombre, hubieran elegido nacer rico. Yo qué sé. Tras mucha lucha, mucha batalla, los trabajadores fueron arañando derechos y los estados creando organismos para proteger a los trabajadores. Pero bueno, protegerlos un poco, sólo un poquito. Nada más arrancar el siglo XX se creó el Instituto de Reformas Sociales y empezaron a aprobarse normas proteccionistas, una ley sobre los accidentes de trabajo, otra ley que obligaba al descanso dominical y entre otras cuantas, la llamada Ley de la Silla. Una ley que obligaba al empresario a facilitar en todos los establecimientos que no fueran fábricas una silla a las trabajadoras, no a los trabajadores. El 27 de febrero de 1912 el gobierno de José Canalejas, el progre, aprobó la Ley de la Silla. Un nombre un poco tonto para una ley tan importante, pero se llamó así porque la protagonista de la ley era la silla. Era la primera legislación laboral española basada en el derecho a poder sentarse de vez en cuando. La ley era buena, era necesaria, pero tenía trampa. Porque fíjense que antes he dicho que fue la primera legislación que protegió a la mujer obrera, no al hombre obrero. Es lo que ahora llamaríamos discriminación positiva. Hay dos perspectivas desde las que mirar la Ley de la una estrictamente jurídica y peñazo de la que no nos vamos a ocupar y otra más social y desde el punto de vista feminista, muy mosqueante, porque era una ley paternalista. Más que mejorar las condiciones laborales de la trabajadora, lo que pretendía era proteger su fecundidad. La Ley de La silla de 1912 obligaba al empresario a facilitar en todos los establecimientos no fabriles que no fueran fábricas, un asiento exclusivo destinado a cada empleada en el local donde desempeñe su ocupación y con exclusión de los que pueda haber a disposición del público. Toda empleada podrá utilizar su asiento mientras no lo impida su ocupación y aun durante esta, cuando se lo permita. Los trabajadores, como pueden comprobar, quedaban expresamente excluidos de la norma. En el mercado laboral a principios del siglo XX, el término oficial para referirse a mujeres y niños obreros era medias fuerzas, por razones obvias. Los niños porque no tenían suficiente fuerza todavía, y las mujeres porque eran débiles, moralmente flojas, fisiológicamente delicadas y sujetas a obligaciones en el hogar. Es decir, la mujer trabajaba en casa, trabajaba fuera, paría, pero era media fuerza. Y el hombre que no paría, sólo trabajaba fuera y en casa estaba a mesa puesta y a cama hecha. Ese era fuerza entera. Guay. Es decir, los legisladores, todos ellos hombres, se animaron a promulgar normativas especiales para las mujeres y segmentar sus horarios, no por mejorar sus condiciones laborales, sino porque interesaba que no se estropearan como máquina de parir y porque alguien tenía que estar en casa para preparar la comida al marido. Un Alemania y Francia, en sus leyes laborales de principios de siglo referidas al tiempo de descanso en mitad de la jornada, concedían a las mujeres el derecho de media hora más para que pudieran hacer la comida. Hacer la comida los hombres, se entiende. Las mujeres eran el sexo débil y por eso debían de tener derechos laborales específicos, como por ejemplo, el derecho a sentarse un ratito cada hora. Estas normativas específicas para mujeres no fueron una exclusiva española. Lo que aquí se hizo fue seguir la estela de países como Reino Unido, Alemania, Francia, que tuvieron que ir añadiendo leyes cuando vieron que las mujeres, bien por necesidad, bien porque ya estaban hartas de cuidar niños y hacer cocidos, se iban incorporando al mercado laboral. Lo lógico es que la Ley de la silla hubiera sido para empleados en general, no para empleadas porque los riñones le duelen, lo mismo a un hombre que a una mujer si está mucho tiempo de pie. Pero por lo que respecta a los hombres no importaba porque la ley no surge por una preocupación por la salud en general de las personas trabajadoras, sino por la salud femenina en particular. En la exposición de motivos de la Ley de la silla se dice que estaba médicamente comprobado que la bipedestación. Yo acabo de aprender que estar de pie se le llama bipedestación, ignorante de mí. Pues eso. Que la bipedestación prolongada de la mujer afectaba a su fecundidad porque se congestionaban los ovarios y la matriz, lo que podría dar lugar a abortos y partos prematuros. Está claro que no consideraron entonces que la bipedestación afectara a los trabajadores. Si aplicaran la misma estúpida deducción. Lo mismo se creían que si los hombres se sentaban los espermatozoides se le volverían vagos. Digo yo. ¿No sé argumentaban que trabajar largas horas en posición vertical provocaba en la mujer deformidades en la pelvis y en los pies? Así es. Lo que causaba un perjuicio social porque a la postre la continuidad de la raza se vería afectada. Dicho más a lo bestia, las obreras tenían que seguir pariendo obreros. Y otro argumento para que la mujer no se cansara mucho en su trabajo era que su función primordial era cuidar su casa, su marido y sus hijos. Porque el papel de la mujer, y esto es textual, es esencialmente doméstico. Los argumentos para permitir que las obreras se sentaran y los obreros no eran tan chorras que en cuanto alguien se paró a pensar sugirió que la Ley de la silla se ampliara también a los hombres. Seis años después, en 1918, la ley se modificó en cuanto se percataron de que estar muchas horas de pie era malo para la salud de los humanos en general. Y ahora una alerta para trabajadores y trabajadoras. Y una advertencia al señor Garamendi y sus chicos empresarios que todavía hoy prohíben a los empleados que se sienten. La Ley de la Silla ya no se llama así. Pero su esencia se ha incluido en otras leyes sobre contratación y prevención de riesgos laborales en las que se reconoce el derecho a sentarse y a cambiar de postura. Hay comercios que impiden que haya sillas para los empleados porque consideran poco estético que el cliente entre y los encuentre sentados. Pero sepan que los supermercados, farmacias, comercios en general, grandes almacenes y bares que no tienen sillas para sus empleados son los de aquellos mismos empresarios del siglo XIX que consideraban que los trabajadores eran un cacho Carne con ojos.
D
Es un cabrón, por eso le cantamos esta canción.
A
Y sepan todo, todos, que la bipedestación prolongada puede provocar dolores en columna, caderas, rodillas y pies sobrecarga de músculos y articulaciones dificultad en el retorno venoso desde las extremidades inferiores hacia el corazón, con hinchazón en los pies y tobillos y riesgo de desarrollar varices y trombosis venosa profunda. Y la fatiga y la incomodidad disminuyen la capacidad de concentración y la productividad y aumenta el riesgo de cometer errores en el trabajo. Sentarse un ratito cada hora es beneficioso para todos. Para los trabajadores, para las trabajadoras, para los empresarios y para las empresarias. Y hasta para el presidente de la CEO es bueno. Así que, señor Antonio Garamendi, siéntese a pensar en la cuestión social y en por qué los países con menor jornada laboral y mejores salarios son más productivos. Cabrón. En el letrero que diga cabrón.
E
C A V. Cabrón.
C
Historias con sonido cara A con Emma.
A
Vallespinós Y vamos con la primera historia con sonido de hoy. Hola, Emma.
F
Hola, Nieves. El cansancio laboral, el físico, el que se alivia con una silla, pero también el mental, que lo invade todo y acaba convirtiendo los domingos por la tarde en una crisis existencial semanal, es todo un temazo literario. Lo han explorado recientemente como Silvia Hidalgo, Andrea Gianubert o Beatriz Serrano, autora del Descontento, en cuyas páginas iniciales escribió una de las frases de la canción que vamos a escuchar, la titulada Heaven knows I am miserable now de la banda inglesa Los Smiths. Que estaba buscando un trabajo y entonces lo encontré y ahora el cielo sabe lo miserable que soy y sigue en mi vida. ¿Por qué doy mi valioso tiempo a gente a la que no le importa si vivo o muero? El Tema ha cumplido 40 años este 2024, pero para muchos sigue siendo todo un himno de la tristeza laboral.
A
Tristeza laboral. ¿Me puedo quedar? Eso, Tristeza laboral. Qué bueno. Bueno. Lo escuchamos.
D
Time to people who don't care if.
A
I.
D
Two lovers and twine pass me by And heaven knows I'm miserable Now I was looking for a job and then I found a job And heaven knows I'm missing enough in my life. Oh, why do I give valuable time to people who don't terrify. What she asked of me at the end of the day calicular would have blushed. Oh, you've been in the house too long, she said, and I naturally fled in my life.
C
Contarte el arte. Ana Baltierra.
A
Turno de Ana Baltierra, doctora en Historia del Arte, que lo que habrá visto y estudiado esta mujer sobre sillas, sillones, butacas, butacones y tronos artísticos o de gente sentada, yo que sé. Hola Ana, ¿Qué nos cuentas?
E
Hola, Nieves. Necesitaría ocho secciones para este programa, pero he elegido una muy especial. Una silla, un trono espectacular, muy original. Una silla que fue usada en su interior como urna funeraria. ¿Qué te parece? Vaya este giro, ¿Verdad? Bueno, el lateral de la silla estaba abierto para poder introducir las cenizas del difunto. Bueno, de la difunta, para ser más exactos. En esta escultura de la que hablamos, en uno de los laterales del trono existe un hueco donde se depositaron los restos de un cadáver. Y estamos hablando de la Dama de Baza, una escultura ibérica hecha en caliza policromada del siglo IV antes de Cristo, que es una auténtica preciosidad y que está hoy en el Museo Arqueológico Nacional.
A
¿Cómo es? Descríbenos, cuéntanos cómo es esa escultura.
E
Es una mujer sentada con las manos apoyadas en la rodilla de un trono, sujetando con la mano izquierda un pichón. El trono es una preciosidad, Nieves. Tiene el respaldo con forma alada y las patas son garras de león. De las cosas más bonitas que tiene esta escultura son los colores, porque la pintan entera. Las mejillas son rosadas, el pelo negro se asoma debajo de la mantilla en forma así de caracol. Su cuello está adornado por cuat gargantillas de cuentas, un collar de lengüetas y otro de anforillas. De sus orejas caen unos pendientes gigantes, son casi imposibles de llevar, de estos que dicen antes muerta que sencilla. Bueno, muerta está, las cosas como son, pero tampoco sencilla. Y bueno, tiene una forma tronco piramidal del que cuegan unos flecos estos pendientes, que digo. Sobre la cabeza lleva una tiara rodeada de cuentas sobre la que se coloca un manto. Lleva dos sayas, una túnica decorada con cuadrados de colores, igual que el manto que cubre la cabeza. Todo rojo, azul. En fin, no le falta un perejil.
A
Magnífico trono, Oye, ¿Cómo metieron ahí, en el lateral de la silla, los restos de la difunta?
E
Bueno, es que esto es curiosísimo. En este caso la difunta fue cremada. Esto quiere decir que una vez muerta, este detalle es importante tenerlo en cuenta, la quemaron hasta hacer desaparecer sus partes blandas, es decir, los músculos, la grasa, el pelo. Pero no es una quema total. Como bien sabes, hay huesos que con la cremación no se llegan a quemar. Pero hay cosas más curiosas todavía. En el interior de esta Dama de Baza no hay cenizas, Nieves, ninguna. Cero cenizas. Es decir, que después de la cremación y con sumo cuidado, se cogieron los huesos que no se habían convertido en cenizas y se depositaron en el interior de la Ama de Baza. Las cenizas correspondientes, como decíamos, en su mayoría músculos, piel y órgano, se dejaron fuera o se desecharon para otra parte del ritual. De esta manera sólo han llegado hasta nosotros los restos que resistieron la acción del fuego. Y es curioso porque el análisis de estos huesos de ese trono nos da muchos datos sobre la difunta y sobre el ritual de la muerte.
A
¿Es verdad, es que los muertos hablan por los fuegos qué podemos saber? ¿Y gracias a estos huesos qué podemos saber qué nos cuenta?
E
Habla más que los vivos a veces. Efectivamente. Bueno, por este análisis de estos huesos sabemos que el rito funerario y la cremación se produjeron poco después de la muerte de esta señora y antes de llegar al estado de putrefacción. También sabemos que seguramente se realizó la cremación al aire libre. A ver, Nieves, esto tiene cierta lógica. Imagínate la que se podía liar. Si dentro de las casas o las chozas con techos normalmente de paja o madera, se ponían a quemar cadáveres, podían salir con algún huerto de más, porque normalmente se usaba una pira funeraria, no un horno crematorio como hoy en día. Podía ser un poco jaleo. En todo caso, esto lo sabemos seguro por el análisis de los huesos, porque los trozos encontrados tienen diferentes colores. Esto lo que nos indica es que el calor de la cremación no se aplicó de manera uniforme y controlada como pasaría en un horno.
A
Y luego está también, supongo que nos contarás el ajuar funerario.
E
Bueno, eso también es impresionante. La Dama de Baza apareció en 1971 en Baza, en Granada. Era la sepultura número 155 de la necrópolis de la antigua ciudad de Basti, una de las principales ciudades fortificadas íberas de la época. Cuando apareció, casi todas las tumbas habían sido profanadas en esa zona, pero la de la Dama de Baza conservaba la Dentro del ajuar había una cantidad importante de armas, entre ellas algunas falcatas, que son unas espadas características de los íberos, que están curvadas y que sólo tienen uno de los dos filos afilados. Había puntas de lanza, un posible puñal, tres o cuatro escudos, alguna lanza arrojadiza pesada. Claro. Nieves, tumba con armas. En cuanto apareció, algunos investigadores españoles dijeron date si hay armas, se trata de la tumba de un hombre, seguro. Porque los hombres ya sabes que tienen pene, las mujeres vagina. Y es por todo sabido que las armas son cosas de hombres y no de seres delicados como nosotras, las mujeres. Y se hincharon a publicar sobre el tema. Algunos siguen vivos, no voy a decir.
A
Nombres, me estoy imaginando, claro. Llegaron los huesos del lateral del trono para que se dieran. La realidad es que es de las.
E
Cosas más maravillosas que ha pasado en el mundo académico en los últimos años. Y es que me encanta. Efectivamente. Así los huesos demostraron que era una mujer. Y claro, se comieron con patatas todos sus prejuicios de género. Y vino un largo vaivén de publicaciones de estos señores con los clásicos. Es que yo. Yo pensaba. Yo creí que normalmente. En fin. Según el análisis de Gonzalo Trancho y Beatriz Robledo, que fueron los que analizaron estos huesos, los restos pertenecen a una mujer de más de 20 años y que seguramente no superó los 30. Murió jovencita. No sabemos de qué murió porque aunque se han buscado enfermedades en los huesos, de momento no se ha encontrado ninguna patología. Piensa que son restos pequeños. Este descubrimiento en sus inicios hizo que se rompiera el cliché y se abandonara la idea de que las armas en una tumba querían decir enterramiento de varón. Las mujeres íberas también se enterraban con armas y no es un caso aislado, claro. Más difícil resulta intentar explicar qué significa todo esto en su conjunto, porque no sabemos si la escultura de la Dama de Baza representa una diosa o una mortalidad, si es una sacerdotisa, si es un aristócrata. Tampoco parece que las mujeres íberas fueran grandes guerreras, con lo cual tanta arma es raro. Por eso se busca un significado más anclado en lo simbólico que en lo físico. Se ha dicho que quizá la escultura represente a una divinidad guerrera, pues una tipo Atenea, una tipo Minerva, o sea, existían muchas de este tipo, y que las armas sean una ofrenda a la diosa. También se ha hablado de que las armas fueran símbolo de una poderosa estirpe del cual esta mujer sea la figura más importante y claro, le rinden pleitesía. Sea como fuera, Nieves, no podemos negar que si hacemos un programa de sillas, esta es una de las que se lleva la palma, la más original y sobre la que más han escrito los investigadores. No podíamos dejarla fuera.
A
Ya sabía yo, sabía yo que habría una conexión perfecta con el arte, eso sin duda. Por supuesto. Tengo noticias, fíjate, de alguien a quien enterraron sentado como la Dama. Sí, sí, sí.
E
Qué maravilla.
A
No es en España, no es como la edad, pero que la que está sentada es la escultura. Ni tiene la solera de ser un muerto ibero. Pero también se llevó la silla a la tumba. Estará desmoronado a estas alturas, Por supuesto. Muchísimas gracias, Ana. Hasta la próxima.
E
Gracias, Nieves.
C
El invitado con Jesús Pozo.
A
Jesús Pozo trae a un invitado a quien conoce bien porque fue el que le enseñó a sentarse y levantarse correctamente de una silla. Se llama Eduardo Juárez y es fisioterapeuta.
B
Así es. Y también me enseñó a cómo debo levantarme de la cama por las mañanas y me va fenomenal. Ejerce la clínica Bretón de los Herreros de Madrid. Y vamos a empezar por el el humano y la silla.
G
Existe un conflicto entre, digamos, a dónde nos ha llevado la evolución humana y la forma de nuestro cuerpo y la posición sentada en una silla. Es decir, ahí hay ya de entrada una cosa que no concuerda y es que básicamente no estamos pensados evolutivamente para estar sentados en una silla. Tiene que surgir toda como una, vamos a llamar ciencia, que se llama la ergonomía, para conseguir adaptarse, adaptar esa posición que es sentado en la silla, que no tenga consecuencias negativas sobre nuestra salud, aunque aunque lo hagamos bien, veremos que también las puede tener. Entonces tenemos que adaptarlo, apaciguarlo, suavizarlo, porque existe este conflicto.
B
¿Y desde cuándo crees con costrina que viene ese conflicto?
G
Hay mucha evidencia de que el ser humano, desde que nos adaptamos en la posición bípeda, pues eso, alrededor de los Australopithecus, la famosa Lucy, ya no estaba estructuralmente su cuerpo diseñado para estar sentado en una silla. Hablamos de sentados en una silla. Sí, que tenían posiciones de descanso. ¿En qué se puede apreciar básicamente? Pues muy sencillo, los Australopithecus, desde que empezamos a caminar, que es el origen un poco de la posesión bípea, se nos alargan más las piernas. Las tuberosidades isquiáticas, que son esos huesos del culete donde nos apoyamos cuando estamos sentados, o deberíamos apoyarnos cuando estamos sentados, ya no tienen una forma plana, con lo cual no están pensados para apoyarse, sino tienen una forma como de mecedora, son más cortos y esto hace que cuando nos ponemos de cuclillas, que es la posición natural de descanso de Lucy en la sabana africana, los isquiones no nos llegan al suelo, con lo cual no apoyan las nalgas en el suelo. Lo podríamos apoyar en una piedra o en algo, pero sería algo temporal. Con lo cual digamos que en el desarrollo humano no estamos pensados para estar sentados en una silla.
A
Ya me dijeron a mí hace tiempo que los paisanos asiáticos son los que mejor se sientan y no precisamente en una silla.
B
Y anda que no recordé yo con Eduardo Juárez lo que tú me contabas de los asiáticos y sus cuclillas.
G
Es que esa es una posición antropológica más correcta para que nosotros pudiéramos descansar. Estamos más pensados para estar en cuclillas o de rodillas incluso. Somos los únicos en la sociedad occidental que nos sentamos en una silla. Si te das una vuelta por el mundo, supongo que hemos viajado todos un poco, pues hemos visto como en la India se sientan alrededor de unas mesas pequeñas para comer y ellos están sentados de rodillas o en cuclillas o con las piernas cruzadas. Obviamente en Japón, en las culturas asiáticas, Vietnam, en África, cuando vemos esas imágenes de una reunión social debajo de un árbol a la sombra, y están sentados de cuclillas, charlando, socializando, comiendo, entonces nuestro cuerpo está pensado para esa posición. Con lo cual el glúteo sirve para hacer sentadillas, digamos. Es una idea para leguirnos, para ponernos en bipedestación, porque está demostrado que el glúteo no se activa mucho cuando andamos por una superficie horizontal, se activa cuando subimos una escalera o subimos una rampa.
A
Vamos al oficio de Eduardo Juárez porque hemos dicho que es fisioterapeuta.
B
Así es y mira cómo explica a.
G
Qué se dedica la terapia, es decir, que implica trabajar sobre la salud de las personas y su bienestar a través de medios físicos. Nos especializamos por ejemplo en terapia respiratoria, fisioterapeutas que van en los hospitales o personas que tienen enfermedad obstructiva crónica y les enseñamos a hacer cosas para que mejoren la calidad de vida. Nos especializamos también en cáncer, ahora que está muy de moda, es decir, en hacer ejercicio, pacientes oncológicos que le viene bien porque sabemos que puede ser y puede producir beneficios en su bienestar. Nos especializamos en el sistema musculoesquelético y ahí podemos hacerlo a través de la terapia manual o técnicas invasivas, punción seca, electroterapia clásica, termoterapia, a través del movimiento y ahí es una cosa muy amplia. Hay multitud de métodos a través del movimiento. Y la salud ligada a la salud física hay muchísimo, muchísimo, muchísimo. ¿Porque? Porque podemos hacer movimientos terapéuticos como pilates, pero también estar yoga, pero luego hay ejercicio físico, ejercicios físicos específicos y hay muchos métodos a lo largo de la historia de la fisioterapia. Y luego ya somos en el fondo educadores. Deberíamos adoptar más un papel de educación en salud. Educar a la gente en las cosas que está demostrado que son buenas para la salud.
B
Pero ojo que son estudios universitarios y muy controlados, que cualquiera no debe tocar el cuerpo de otra sin conocimiento.
G
Ahí la idea clave es la formación. Los fisioterapeutas somos personas que están formadas universitariamente por personas cualificadas, profesoras, personas acreditadas para formarnos y tenemos muy claro cuáles son nuestros criterios, las banderas rojas, cuando no podemos actuar, cuando se puede, cuando no se puede y qué es lo que hay que hacer en cada caso, porque nos forman para esto. Y esto es muy importante. Yo hablo veces digo que en salud es importante aprender lo que hay que hacer, pero más importante es saber lo que no hay que hacer porque puedes hacer daño. Y esto lo tenemos que estudiar y actualizarnos y el espacio que nos hemos dado para aprender. Esto es la universidad.
A
Así es. Bueno, volvamos a lo nuestro, a la silla.
B
Vamos a ver por qué. Estar sentados mucho tiempo tiene sus riesgos para la silla.
A
Salud.
G
Cuanto más tiempo pasas en sentado pasivo, porque recordar que las cuclillas es un sentado activo, es un descanso activo, aumenta el riesgo cardiovascular, se altera el metabolismo de los lípidos y los glúcidos, con lo cual tienes más riesgo de tener diabetes tipo 2. Incluso hay más riesgo de tener cáncer, es decir, de muerte prematura. Las personas que están más tiempo en actividad, de alguna manera nos tenemos que entrenar para lo que estamos. La pregunta sería esa. ¿Nos tenemos que entrenar para lo que estamos naturalmente diseñados? Eso sería muy fácil. Lo difícil es entrenar para lo que no estamos pensados, que es estar sentados. Los últimos, por ejemplo, se han hecho estudios, creo que fue en Google, donde ya se están adaptando mesas con un sistema de palancas que suben para que estemos de pie. ¿Por qué? Porque se han visto que en la posición de pie se activa circuitos del cerebro que favorecen la creatividad a la hora de diseñar, por ejemplo. Entonces parece que estamos cambiando un poco, abriendo esa mente a cambiar la posición de sentado en el trabajo hacia posiciones de pie para favorecer actividades cerebrales.
B
Y por supuesto le pedí que me explicara cómo debemos sentarnos.
G
Es muy importante que estemos enraizados, decimos como que los pies no pierdan el contacto con el suelo, que las rodillas más o menos estén en 90 grados y que la nalga esté bien atrás para que el respaldo nos regule la lordosis lumbar. Que tengamos una lordosis fisiológica, es decir, que tengamos un poco de arco. Que podamos regular la altura de los reposabrazos. ¿Para qué? Para que los hombros no estén subidos con tensión a los trapecios todo el rato, que los podamos apoyar. Y también una de las claves fundamentales es, ahora que trabajamos con ordenadores, es la posición de la pantalla. Hay un estudio muy curioso que te comparto y es que cuando nosotros estamos sentados y miramos hacia abajo a una pantalla, nuestra capacidad de memoria disminuye y se potencia el sesgo negativo. Es decir, tenemos más capacidad de recordar palabras negativas cuando se nos muestran en la pantalla, comparado a si estamos sentados mirando al frente o hacia arriba, donde tenemos más capacidad de memoria y recordamos más palabras, menos palabras negativas. Entonces fíjate cómo la postura está determinando incluso cómo percibimos el mundo. Aún así, es una posición pasiva. Volvemos otra vez a usar la silla para sujetar nuestro cuerpo.
A
Madre mía, pues no me queda mi trabajo por hacer. Hago cosas fatales a todo.
B
Sobre todo haces cosas fatales. Sobre todo uno muy curioso que dice Eduardo Juárez, Descansar del descanso, que si.
G
La silla está pensada para descansar, tenemos que descansar del descanso. Eso es muy llamativo. Sí, claro.
H
Cada.
G
Yo diría, media hora puede ser un buen. Hay que moverse, incluso hacer un poquito cuando estamos sentados. Estar sentados muy dinámico. Es decir, que nos sentemos un ratito en el borde, luego el culo bien atrás cada media hora, que nos levantemos, que nos movamos, que vayamos al baño de la planta de arriba de la oficina, que cuando el del vecino sale a fumar, pues tú te des una vuelta y sí, ¿Por qué no? Es decir, ¿Por qué no podemos hacer una reunión en una empresa de estas, donde la gente esté uno de pie, el otro sentado, el otro se mueva, o donde podamos tener una conversación de trabajo? Ahora que se lleva tanto las concoles famosas, si no necesitas una pantalla para utilizar la casa pensando en cosas, ¿Por qué no te puedes dar una vuelta a la manzana mientras trabajas o hablas algo relacionado con tu trabajo? Entonces, yo creo que está empezando a aparecer la idea de flexibilidad en torno a esto, porque tiene que ver con la salud de los trabajadores también. Y esto es importante.
A
Yo voy a intentar ser más dinámica escribiendo guiones delante del ordenador. ¿Te acuerdas cómo contaba Teresa Raval? Me pongo de pie, me vuelvo a sentar, me vuelvo a sentar.
B
Pues espera, que no hemos terminado. Que también nos sentamos mal, mal en el inodoro.
G
De hecho, hay evidencia también que muestra como el hecho de que nos sentemos en una taza del váter puede favorecer que tengamos más riesgo de hemorroides o de estreñimiento, porque cuando nosotros defecamos o hacemos piso, orinamos cuclillas, la posición del recto es más correcta para favorecer que te. Además, más fuerza para defecar, con lo cual vaciamos mejor tanto la vejiga como el colon, con lo cual cuando nos sentamos en una taza del váter tenemos que hacer más fuerza, con lo cual hay más riesgo de hemorroides o de que no vaciemos del todo. Incluso hablan también que la vejiga más riesgo de infección porque no la vaciamos del todo al estar sentado.
A
Particularmente las mujeres lo hacemos todo mal, todo mal con tal de mantener posturas que nos parecen más dignas. Somos muy tontos. Necesitamos más fisios como Eduardo Juárez y menos tonterías. Muchas gracias por la conversación. A él. Y muchas gracias a ti, Jesús, por traerlo. Voy a ver si consigo cambiar algunas posturas.
B
Adiós.
C
Esto era un gato con los pies de trapo y la cabeza al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
D
Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo linda señal. Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo lindos sueños.
A
Las historias de sillas, sillones, butacas y asientos en general son innumerables, así que no queda más remedio, pero hay que elegir. Elijamos tres para este cuento. La historia del ULSAC, la de la chaise per se y la de la misericordia. Ulsak significa saco de la Y es donde se sienta el presidente de la Cámara de los Lores del Parlamento Británico. Chespersé significa silla cómoda, aunque en realidad es un sillón con un agujero en el centro donde el rey de Francia se aliviaba de todo lo comido y lo bebido. Y la palabra latina misericordia significa virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenos. Pero hablamos de otra acepción de misericordia, una tablita disimulada en la parte de abajo de los asientos abatibles del coro de las iglesias para que cuando se sube los curas puedan apoyar su culo y así parezca que están de pie cuando en realidad siguen sentados. Lo que no entiendo es que tiene que ver la piedad, la compasión y la bondad para dar el mismo nombre al sitio donde pone su culo un cura. Lo mismo es que ahí, en el culo, es donde reside su misericordia. Expliquemos esto de la misericordia para que quien no se haya fijado hasta ahora, pues se fije. En las iglesias grandes y en todas las catedrales está el coro, ese lugar flanqueado por sillas muy ornamentadas, preciosamente trabajadas con sus reposabrazos en donde se reúnen los curas para cantar, para rezar y para hacer sus magias. Ese conjunto de asientos se llama Sillería del coro y hay auténticas obras de arte realizadas en maderas nobles. Los asientos de la sillería son plegables porque los curas tienen que levantarse para determinadas cosas mientras que para otras pueden permanecer sentados. Pues bien, como lo de tener que levantarse para permanecer de pie lo llevan más porque ellos son de esforzarse poco, cuando levantan el asiento para quedarse en posición de bipedestación, en realidad hacen trampas y siguen sentados porque al levantar el asiento queda disponible para el culo del cura un apoyo que nadie ve y así el señorito sigue sentado sin que lo parezca. Esta pieza, esta misericordia, también se llama paciencia. Otro ejemplo de manipulación del paciencia es la facultad de saber esperar, o sea, los curas deberían saber esperar para volver a sentarse. Pues no, ellos son incapaces de esperar, siguen sentados aún estando de pie y encima llaman paciencia al lugar donde apoyan su impaciente culo. Entremos ahora en la Cámara de los Lores. Allí, en la cabecera de la sala, hay un gran cojín rectangular duro, casi del tamaño de una cama, forrado de tela roja y en donde se sienta el Presidente de la Cámara Alta, el Lord Speaker. Se llama Saco de Lana desde el siglo XIV, cuando el rey Eduardo III dijo que su Lord Canciller debía de sentarse sobre un fardo de lana como símbolo de la gran importancia del comercio de lana para la economía de Inglaterra. Y como los ingleses son muy de mantener estas chorraditas simbólicas tradicionales que tendrían su gracia si no fuera porque luego la cagan en lo más elemental, pues ahí sigue el fardo de lana donde se sienta el Lord Presidente. En 1938 les dio por abrirlo y vieron que no había lana. Tanta tradición simbólica y tanta leche. Y resulta que el woolsack estaba relleno de crines de pelos de animales. Pero lo solucionaron de inmediato para no ofender la tradición. Tiraron las crines y rellenaron el cojín con lana de las ovejas de las Islas Británicas y de todos los países de la Commonwealth. Y por lo que respecta sentarse en la Cámara de los Lores y en la de los Comunes, pues esto también tiene su gracia. ¿El Parlamento británico no es como el español que hay un escaño para cada diputado? No, allí eligen más diputados que asientos y no entran todos. Así que el día que quieren asistir a sesiones importantes muchos tienen que quedarse de pie, apretujados o en los pasillos. Hay 650 representantes en los Comunes, pero en los bancos solo entran sentadas 426 señorías. Y lo mismo pasa en la Cámara de los Lores. 788 cayetanos aristócratas, pero no entran todos sentados. Y por cierto, con el maremoto laborista de de las últimas elecciones en Reino Unido, a la Cámara de los Lores les van a tocar sus privilegios. Porque uno de los propósitos del nuevo gobierno es eliminar los 92 asientos hereditarios de los que disfrutan estos Cayetanos british. Es que nadie los elige. Sencillamente se muere un lord y en el mismo escaño se sienta el heredero. Desde las filas laboristas alegan que en el siglo XXI no hay ninguna razón para tener casi 100 plazas reservadas a personas nacidas en determinadas familias. Ejem. Pues les diría que el argumento sirve para el rey, no sólo para los Lores. En el siglo XXI no hay ninguna razón para tener la jefatura del Estado reservada a personas nacidas en determinada familia, sean Borbones o Windsor. Es rancio, es arcaico y es antidemocrático. Y hablando de reyes, nos falta la chaise percé real de Versalles. La silla cómoda donde el rey de Francia, vamos a decirlo con todas sus letras, cagaba, y Shakespeare, tenían todos los aristócratas en sus casas. Era un cómodo sillón con un agujero en el centro cubierto con una tapa que se retiraba para que se sentara el rey, la reina, el duque o la marquesa. Debajo del culo había un orinal que el mozo destinado a tales menesteres retiraba y limpiaba cuando los culos concluían los quehaceres para los que fueron creados por Dios. Porque a Dios no se le escapó un detalle anatómico cuando hizo que también tenía culo. La peculiaridad de la silla Retrete de Luis XIV, también llamada silla de negocios, no estuvo en la silla en sí, sino en el protocolo. Porque el rey podía conceder audiencias especiales a caballeros de alto estado para tratar determinados asuntos. Mientras estaba sentado en su váter, el rey hacía todo lo que tuviera que hacer delante del caballero, siempre y cuando su almorrana se lo permitiera. Y el caballero debía sentirse muy honrado por semejante honor. Los que actualmente acuden a las rancias audiencias reales agradecen que Sus Majestades les hayan retirado el honor de verles cagar.
D
No me mires que me vuelvo atrás. Yo no sé lo que me das.
C
Historias con sonido Cara B con Emma.
A
Vallespinós Acabamos como siempre, con música, con otra historia con sonido.
F
Sí, hemos estado hablando de sillas, que yo creo que hoy en día son la cenicienta del mobiliario para sentarse. Tan simples, tan poco acolchadas. Por lo general cuatro patas y palante. Nadie llega a casa cansado y sueña con sent. Nadie sueña en sillas. En general una fantasea con sofás, con sillones, con balancines, con hamacas. Si es verano. Bueno, miento. Si vives en Madrid sí que sueñas con sillas, porque no hay donde sentarse en esta ciudad. Pero volviendo a la comodidad, nuestra cara de va dedicada al mes Y de los asientos al Cervantes. Del plantar el culo a sin duda el caviar de los cuerpos cansados. La chaise long. La vida es otra en una chaise long. Los garamendis del mundo las prohibirían si pudieran, pero se sienten, no pueden. Acabamos con la canción Cheslong del dúo británico Wet Leg, que son buenísimas. Y este tema fue justamente su single debut en 2021.
A
Bueno, pues lo escuchamos. Que s long era luego el triclinium que llamaban los romanos. Parece que han inventado algo.
F
Cómo suena tan fino.
A
Bueno, la escuchamos enseguida, pero antes nos despedimos desde una silla un poco tiesa, la verdad, pero ergonómica. Ergonómica con su poquito de bulto aquí en los riñones que nos sujetan. No se vayan a pensar que hacemos esto tumbados en una sheslong. Recuerden que este programa ha sido posible gracias a Jesús Pozo, a Ana Baltierra, a Emma Vall Espinos, a Pepe Rubio, a la técnico de sonido María Jesús Rodríguez y a mí misma Nieves con costrina. Disculpen que no me levante. Adiós.
H
¿I went to school and I got the big D I got the big D I got the big D I got the big D I went to school and I got the big D Is your muffin buttered? ¿Would you like us to say someone Would you butter your muffin? ¿Excuse me What? ¿Excuse me what? ¿Hey you over there on the chaise long in your underwear What are you doing sitting down? ¿You should be horizontal now? ¿On the shade's low On the shades low On the shades low Oh me low On the shades low On the shades low On the shades low On the shades low All day long On the shades low Is your mother worried? ¿Would you like us to assign someone to worry your mother? ¿Excuse me what? ¿Excuse me what? ¿Hate you in the front row? ¿Are you coming backstage after the show? Because I gotta show long in my dressing room And a pack of warm beer that we can consume. On the chaise long On the chaise long On the chaise long All day long On the chaise long On the chaise long On the shays long On the the shades long All day long On the shays long On the shays long On the shays long On the shades long All day long On the shades long On the shades long On the shays long On the shays long All day long On the shays long.
A
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F
Audio favorita, Cadena SER. La radio.
Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina
Date: October 28, 2024
Episode Theme: The history, politics, and sociology of the chair — from royal thrones to the workplace, and from everyday comforts to cultural and gendered power.
This episode, true to Nieves Concostrina’s irreverent and sharply observant style, delves into the unexpectedly rich and symbolic history of chairs and seating. It moves from royal anecdotes and banquets to the struggles for workers’ dignity, the gendered implications of sitting, and the ergonomic realities of modern life. The episode weaves together historical trivia, social critique, and expert voices with humor and wit, inviting listeners to reconsider the humble chair as a protagonist of history.
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[06:02–16:50]
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[20:11] – Emma Vallespinós
[23:34] – Ana Baltierra
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Nieves Concostrina and her guests turn the humble chair into a prism for understanding European social history, workers’ rights, gender ideology, art, and bodies at rest. Their playful, critical, and informative approach spares neither king nor CEO, neither high art nor quotidian office policy. Whether examining the ergonomic perils of screen work, the misogynistic logic of early labor law, or the absurdities of royal protocol, this episode makes clear: to sit (or not) is never just a trivial act.
Final closing by Nieves Concostrina:
“Recuerden que este programa ha sido posible... Disculpen que no me levante.” (51:36)
For further listening:
Skip ahead to [23:34] for the art segment, [31:20] for ergonomic advice, or [43:13] for the history of iconic seats.