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SER Podcast en la Cadena SER. Cualquier tiempo pasado fue anterior. Con nieves con costrina. 29 de octubre de 1896. Murcia, ocho y veinticinco de la mañana. Josefa Gómez, de treinta y tres años, arrepentida, contrita e indudablemente santa, ha entregado el cuello al verdugo y su alma a Dios. Así de intenso se puso el periodista que hizo la crónica de una de las muchas ejecuciones públicas con las que llevaban disfrutando los españoles desde tiempos inmemoriales. La de esa mujer, Josefa Gómez, condenada a recibir garrote por envenenar a su marido y a una criada de 13 años, fue famosa, pero no fue la última ejecución pública en España, como les gusta presumir en Murcia. En Asturias, tres años después, en 1899, también dieron garrote en público a Rafael González Gancedo por asesinar a su mujer y a su bebé para largarse con su amante. Y entre la ejecución de la murciana y la del asturiano probablemente hubo varios ajusticiamientos más en patíbulos levantados en plazas y lugares amplios para que cuanta más gente acudiera a presenciarlo, pues mucho mejor. Pero mientras todavía a finales del siglo XIX se organizaban estos dantescos espectáculos en varios puntos de España, siempre disfrazados de actos ejemplarizantes, el senador y médico Ángel Pulido se desgañitaba en las Cortes presentando propuestas para acabar con las ejecuciones en público. Tres proyectos de ley presentó y acabó consiguiéndolo con el tercero. En abril del año 1900 los diputados aprobaron la conocida como Ley Pulido, que ordenó que las ejecuciones se llevaran a cabo en el interior de las prisiones donde estuviera el reo y con mínima presencia de espectadores. Pues esto no sentó bien a todo el mundo porque se les estaba hurtando una tradición de hombre. Para eso están las costumbres arraigadas. Para lanzar cabras desde un campanario, para arrancarle la cabeza a un ganso vivo, para acosar y coser a lanzazos a un toro, para ver cómo le rompen el pescuezo a un humano con el garrote. Todo muy divertido para los asilvestrados. Luego estamos los que hemos salido de la caverna y creemos que las tradiciones están precisamente para saltárselas. No sé quién diría esa chorrada de que el hombre es bueno por naturaleza. Bueno, sí lo sé. Lo dijo el filósofo francés. Buen tipo, pero equivocado. Basta echar una mirada a la historia del mundo. Yo estoy más con el que dijo aquello de homo hominilupus, el hombre es un lobo para el hombre. Este sí que tenía calada a la humanidad. Porque hace falta ser salvaje para apretujarte en una plaza pública a presenciar cómo ejecutan a alguien. El senador Pulido le puso nombre a esto. Lo llamó la oclofrenia del patíbulo, refiriéndose a esa muchedumbre de incalculables miles de personas que se aprietan alrededor formando una mancha oscura densa, como si fuera una monstruosidad viviente de un solo ojo para enfocarlo muy abierto en el garrote. Son palabras suyas. Y es que un día de ejecución era día de fiesta. El entretenimiento empezaba con la salida de la cárcel del reo, continuaba con el recorrido hasta el patíbulo y terminaba en el lugar de la ejecución. Y así ha sido desde siempre en este país. En los de al lado y en los de más allá. Porque los humanos somos inhumanamente parecidos. ¿Saben de algún otro animal además de nosotros? Que se reúnan alrededor de uno de su especie para disfrutar cómo muere, a ser posible sufriendo mucho. ¿Se imaginan a las gacelas que una leona ha pillado a Mari Jose? Vamos a ver cómo se la comen. Durante los ajusticiamientos se instalaban puestos de comida y bebida y los cocheros voceaban sus ofertas para trasladar a los morbosos hasta el lugar de la ejecución. Muchos pasaban la noche en la plaza para pillar buen sitio. Y si el espectáculo era de los buenos, la ciudad se petaba con gentes llegadas de todas partes. Las posadas a tope, los vecinos alquilando habitaciones, feriantes que acudían a donde estaba la multitud. Una ejecución era un evento del calibre de una final de Champions. Y como fuera una ejecución de las de la Inquisición, de esas que acababa oliendo toda la ciudad a carne quemada, como ocurrió en 1559 en Sevilla y Valladolid, eso ya era la locura. No sólo porque a los cristianos ver cómo se queman las personas les ponía un montón, sino porque la multinacional católica les animaba a acudir. Porque además ganaban indulgencias para el perdón de los pecadillos menores y para saltarse el purgatorio cuando cascaran o para reducir el tiempo de estancia. Hace falta ser mala gente, tanto convocantes como espectadores, pero sobre todo hace falta que sean muy tontos los que se tragan lo de las indulgencias. A la ejecución de la pobre murciana Josefa Aquel año de 1896 acudieron 12.000 personas, 30.000 según otras fuentes. Pero da igual, aunque hubieran ido 1.000, ya eran demasiadas. El morbo les podía acudían a ver si el reo montaba el numerito, porque se les permitía dirigirse al público. Algunos pedían perdón con cierta teatralidad. Luego venía el verdugo, que también ponía su poquito de teatro, porque tenía que pedir perdón al reo. Ave María Purísima. Tenía que Yo soy el maestro ejecutor de la justicia, que voy a ejecutarte, ¿Me perdonas? Y la parte final del espectáculo consistía en esperar que fuera rapidita o en abuchear al verdugo por torpe si la ejecución se alargaba. Y todo este show lo consideraban necesario las autoridades políticas y judiciales, porque se supone que una ejecución tenía fines intimidatorios y ejemplarizantes, cuando sólo era diversión para los espectadores. Y además, que ya está demostrado hasta la saciedad que la pena de muerte no reduce los delitos. Ángel Pulido se batió el cobre en el Parlamento durante tres legislaturas con argumentos sólidos, hasta que consiguió sacar adelante su ley. Decía el La publicidad con que todavía hoy se cumple en España la sentencia de muerte y los actos de notoriedad y siniestra exhibición que le acompañan, son testimonio de atraso y de barbarie, que ocasionan muchos y variados daños, sin reportar bien alguno lo mismo para el desgraciado reo sometido al suplicio que para los individuos de instintos criminales. La ejecución y exposición de los cuerpos ajusticiados ante las muchedumbres, seguía el senador Pulido, las numerosas horas en capilla, la limosna pública implorada en ocasiones y con aparato solemne, la relación en la prensa de esos detalles que devoran los sujetos nerviosos, todo esto es en absoluto funesto, muy perjudicial, causa de daños imposibles de calcular. Es a partir del nacimiento de la sociedad urbana cuando se redactaron leyes para guardar cierto protocolo a la hora de matar a alguien. La pena de muerte como ley nació en Mesopotamia hace unos 4.000 años con el famoso código de Hammurabi, ahí es donde por primera vez se recogieron los castigos por delitos contra las personas y la propiedad. Y lo que decimos siempre, Hammurabi, antes de ser un código, fue un señor. El señor Hammurabi, rey de Babilonia. En ese código ya está recogido, por ejemplo, que si un hombre comete homicidio, a ese hombre se le da muerte. Y si un hombre después de muerto su padre se acuesta con su madre, que los quemen a los dos. El código Hammurabi es el primer referente legal de la historia. Y si alguien se está acordando de la ley del Talión que recoge la Biblia. Esto, como todo el peliculón bíblico, no es guión original. Está copiado del código de Hammurabi. Y a partir de entonces, pues nada, los humanos fueron especializándose en la tortura. Pongamos 3 el de 1 escocés, un francés y un español. Que aunque parezca el príncipe de un chiste, no lo es. El escocés era William Wallace, un héroe, un icono para los suyos. A finales del siglo XIII, cuando toda Escocia se había rendido a los ingleses, este hombre, dos metros de tío, con muy mala leche, reunió a unos cuantos revoltosos más y se puso al frente de un ejército de campesinos para luchar contra la ocupación inglesa. Si están poniéndole al Sr. William Wallace el rostro de Mel Gibson en la película Braveheard, con la cara pintada con los colores del español, pues vale. Viene bien para imaginar el careto del ejecutado. A la resistencia del señor William se fueron sumando otros nobles voces. Y al principio, pues oye, ganaban batallas. Pero luego ya no. Los nobles fueron firmando la paz. Nunca se fíen de un duque ni de un marqués, porque al final se la juegan. Pero William Wallace, RKR, siguió batallando hasta que se quedó más solo que marco el Día de la Madre. Tengo que dejar de hacer este chiste también. Porque por muy de moda que esté el anime japonés, Los menores de 40 o 50 no lo pillan. El rey de Inglaterra acabó echándole el guante a William Wallace. Y en el año 1305 ordenó una de las ejecuciones mejor guionizadas de la de Óscar. Lo encarcelaron en la Torre de Londres, lo arrastraron luego por la ciudad atado a un caballo, lo mutilaron de a poquitos, lo ahorcaron, le sacaron los higadillos uno a uno, lo decapitaron. Y lo que quedaba lo dividieron en cuatro trozos que enviaron a un lugar de Inglaterra y a tres de Escocia para que tomara nota. El caso francés lo protagoniza Jean Calat, un tendero de Toulouse y el padre en una familia protestante, cuando lo que allí en Toulouse se llevaba era ser católico por orden de la multinacional, o sea que esta familia estaba mal vista. Estamos en el siglo XVIII, 1761. Un día uno de sus hijos apareció ahorcado en la tienda, se suicidó, pero el pueblo decidió que el padre lo había asesinado para impedir que se hiciera católico, como ya había hecho otro de sus hijos. El juez instructor del caso, creo que de apellido Peinado, buscó debajo de las piedras pruebas que sustentaran la acusación de asesinato del hijo de Jean Calá a manos de su padre y como no las encontró, se las inventó. Encontró el juez Rendijas por donde atacar porque tanto el padre como la madre como el resto de hijos entraron en contradicciones, pero por pura vergüenza. Tener un suicida en la familia era una deshonra pública porque era pecado y encima eso impediría que pudieran enterrar al hijo ensagrado. Por eso intentaban disimular el suicidio del hijo y hacerlo pasar por un robo en la tienda y el asesinato a manos de unos supuestos ladrones. El proceso del juez Peinadú estuvo repleto de irregularidades y no hubo ni una sola prueba contra el padre. Pero el odio del juez, la histeria colectiva y la presión católica hizo que condenaran a muerte a toda la familia. Finalmente sólo condenaron al padre a la rueda, una tortura que consiste en atarte a una rueda y descoyuntar mientras un cura con un crucifijo en la mano te va perdonando los pecados de la rueda. A Jean Calá lo pasaron a la horca, agonizante pero aún vivo, y de la horca a la hoguera, mientras el otro hijo y la madre fueron desterrados y arrojados del pueblo con una mano delante y otra detrás, porque les confiscaron todas sus propiedades y pertenencias. Y las otras dos hermanas recluidas en un convento, que esto sí que debió ser una tortura. El asesinato de Jean Calas fue sonadísimo y llegó a oídos del filósofo Voltaire, que decidió implicarse. Voltaire no paró hasta que toda Francia tuviera noticias de la pantomima de juicio que montó el juez Peinado a Jean Calà. Organizó una colecta para ayudar a la viuda y a los hijos desterrados y escribió su famoso tratado sobre la tolerancia con motivo de la muerte de Jean Cal, uno de sus libros más célebres y celebrados, en el que reflexiona sobre la intolerancia religiosa, que es la que provoca el mayor número de guerras. Y nos queda el español, aunque en el momento que nos ocurra, España no era España, porque nos vamos a 1492. Vaya añito. Pasó de todo. Colón se topó con América sin saber que era América. Los Reyes Católicos expulsaron a los judíos, robándoles antes todas sus pertenencias, su dinero y sus propiedades. Esto va para Felipe VI, que dijo en la ONU en septiembre que los españoles están orgullosos de su pasado sefardí. A lo mejor no se ha enterado de que esos sefardíes fueron expulsados de estas tierras por unas católicas majestades y que los paisanos castellanos iban felices y contentos a ver cómo achicharraban a los judíos en las plazas de los pueblos durante los autos de fe. Si a eso lo llama Felipe estar orgulloso, una de dos, o no le han cundido los estudios o el que le ha escrito el discurso es un manipulador de la historia. La siguiente festiva ejecución nos lleva a territorios de la Corona de Aragón, a Barcelona. Nuestro protagonista se llamaba Joan de Cañamars y era un payés muy cabreado por hechos pasados, pero también estaba el hombre como una regadera. Lo que pasa es que entonces no se llevaba eso de los atenuantes y además era muy mayor para la época, porque ya tenía 60 años. Ahora los de 60 somos unos niños, pero antes eran ancianos. El caso es que un día le dio la ventolera al señor Cañamar y atentó contra el rey Fernando de Aragón. Fernando el Católico lo hirió de gravedad, pero al final el hombre salió del trance. Las razones que dio, después de sesiones de tortura indescriptibles fue que sólo cumplía órdenes del palomo del Espíritu Santo, que le joan, mata al plasta de Fernando, ponte en su lugar y arregla el Principado de Cataluña, que está fatal. El payés fue condenado a muerte y aunque el rey Fernando, visto que aquel tipo estaba como una cabra, sugirió que lo perdonaran, pero así como un poco desganado, el Consejo Real concluyó que era un acto gravísimo de lesa majestad y condenó al payés a la pena de descuartizamiento. Wala. Eso era la leche. Una ejecución de lo más vistosa, porque además fue itinerante, como cuando pasean los muñecos en Semana Santa por los barrios. Pues lo mismo, pero descuartizando a un tío. Cuando lo subieron al carromato para iniciar el pasacalles, el reo Joan Cañamar ya iba hecho polvo después de cuatro días de torturas, más la puñalada que arrastraba desde el día del atentado, porque un miembro de la Guardia del Rey lo redujo clavándole un cuchillo. En el carromato situaron una especie de tarima con un poste de madera en medio. Al payés lo desnudaron y lo ataron a esa columna. Y empezó el paseo por Barcelona. La gente corría al lado, gritaba, insultaba. La masa plebeya es lo peor, como decía Voltaire, se mantiene en un estado de imbecilidad permanente. La primera parada fue exactamente en el mismo lugar del atentado, en la actual plaza del Rey, al pie de las escalinatas. Ahí le cortaron la mano y el antebrazo derecho con el que al parecer arreó el espadazo al rey. Luego el carromato siguió la misma ruta que seguía la procesión del Corpus. Mira qué detalle. Y cada vez que hacían una parada le cortaban algo. En el nombre de Dios clemente y misericordioso. En un sitio le sacaron un ojo. Seguían el recorrido, paraban, le cortaban la otra mano. Continuaba la procesión, paraban, le cortaban el brazo. Lo mal que estoy y lo poco que me quejo. Lo mal que estoy y lo poco que me quejo. Siempre me levanto con el pie mirando al suelo.
B
La voz muda me saluda desde lejos.
A
Me regala su silencio. Pero yo me hago el sueco mirándome en el espejo. Damos por hecho que ya estaría frito, desangrado, aunque erguido, porque iba atado a un poste. Se trataba de que no se desmoronara, porque entonces, vaya gracia, el respetable no vería esa masa sanguinolenta y desmembrada. El carromato paró junto a una de las puertas de la muralla y allí llegó el momento de la lapidación, que esto le gustaba mucho a la plebe, porque se siente ahí, que forma parte del proceso justiciero. La buenaza de Isabel la Católica había pedido que justo antes de la lapidación lo ahogaran para que no sufriera. Luego apareció un verdugo, le abrió la cabeza, le sacó los sesos. No entiendo el sentido de esto, la verdad. Y luego le abrió la espalda y le sacó el corazón. Lo último fue prenderle fuego al carromato. Mientras, al otro lado del Atlántico, en aquellas fechas de diciembre de 1492, Cristóbal Colón estaba iniciando la evangelización del Nuevo Mundo para civilizar a los indios. Así que, ¿Qué el hombre es bueno por naturaleza o el hombre es un lobo para el hombre? Pues yo sigo creyendo que lo segundo. Y también creo que Isabel la Católica era una mala pécora. Historias con sonido cara A con Emma Vallespinós. Primera historia con sonido de Hola, Emma. Hola, Nieves.
C
Nuestro tema de hoy son las ejecuciones públicas. Y nuestra cara será precisamente una canción titulada así Ejecución pública, Última voluntad, del cantante autor Chicho Sánchez Ferlosio. La canción estuvo inspirada por los últimos ejecutados por garrote vil en España. Está cantada a capela y narrada en primera persona. Lo que escuchamos es un hombre que a punto de ser ajusticiado, fantasea en que lo maten en un sitio en el que corra el aire y la vista llegue lejos y no entre los muros de una cárcel.
A
Joe Dura. Sí, la escuchamos.
B
Cazadores de ciudad, que nunca os veis satisfechos, No me matéis en la jaula profunda donde estoy preso. Matarme en un sitio claro de las montañas de Gredos. Un sitio que corra el aire y la vista llegue lejos. Que lleven allí el garrote, la silla y los aparejos. Que vaya el juez con su coche a hacer el levantamiento. Que dejen a los paisanos que suban desde los pueblos, que vean matar a un bicho que lo tienen ya sujeto. Que me sienten en la silla. Que me amarren con los cueros mirando para Madrid aunque yo no pueda verlo. Maldito seas, Madrid, tu corte y tu parlamento. Malditas sean tus leyes y los que las hayan hecho. Cazadores de ciudad, Contarte el arte.
A
Ana Baltierra. Turno de Ana Baltierra, doctora en Historia del Arte y con un libro magnífico en plena promoción, escrito con el arte que tampoco le falta, Eclipse. Creadoras y artistas de la antigua Grecia, mujeres pintoras, ceramistas, dibujantes. Que han sido sacadas de cuajo de la historia, eclipsadas. Pero ahí estás tú, Ana, para sacarlas a la luz. Así que enhorabuena por el libro. Sigue disfrutándolo y promocionándolo. Es estupendo. Pero hoy sí vamos de los que acabaron eclipsados del todo los ejecutados.
D
Bueno, Nieves, ojo que Ejecutadas hubiera sido también un buen título para este libro.
A
También Eclipsadas o ejecutadas o ejecutadas, efectivamente.
D
Muchas gracias. Pues efectivamente, tenemos mucha pintura de ejecuciones, pero por quedarnos en España y en Antes de ayer para que veamos hasta dónde llega el morbo de la gente ante una ejecución pública, que a veces parece que hablamos de tiempos pretéritos. Así que vamos a hablar de una pintura que realizó Ramón Casas en 1894 y que está en el Museo Reina Sofía y a la que tituló así, sin paños calientes, sin andarse por las ramas, Garrote vil. Arregl no es una pintura, como te imaginarás, para colgar sobre el sofá o en el comedor de casa. Es un óleo para pensar, para reflexionar no sólo sobre las ejecuciones, sino sobre cómo a veces los humanos seguimos en masa a todo a un grupo sin pensar y a veces sin sentir. Lo primero curioso sobre esta pintura es pensar que su autor, Ramón Casas, fue uno de los grandes artistas del modernismo catalán, retratista exquisito, cronista de cafés, bicicletas, modas de noches largas. Y precisamente por eso sorprende que en 1894 pinte Garrote vil, porque no es una escena de ocio, ni un retrato elegante, es una ejecución.
A
¿Y por qué pinta esta ejecución entonces? ¿Por qué?
D
Pues es curiosísimo. Parece ser que el propio pintor presenció el ajusticiamiento en Barcelona y lo quiso plasmar a modo de crónica periodística. Barcelona, para ponernos en situación, llevaba 30 años sin ejecutar a nadie por el método del garrote vil, pero tras tres décadas de silencio y de pronto, en tres años seguidos, ejecutaron por este método a tres a Isidro Mompart y Aniceto Peinador, que fueron acusados de asesinato, y a Santiago Salvador por el famoso atentado del Liceo que dejó 20 muertos, casi nada. La ciudad entera se volcó, quedó conmocionada. Lo cuentan los diarios y sobre todo las fotografías antes ejecuciones, gente apretada, balcones llenos, un mar de cabezas alrededor del cadalso. Estas ejecuciones produjeron muchísima expectación entre los barceloneses de la época y los periódicos dieron la noticia. Se hicieron, como digo, muchísimas fotografías y esto es lo que explicaría Nieves que Ramón Casas pintara el tema. Pero como hubo varias ejecuciones parecidas, muy seguidas No sabemos muy bien qué ejecución en concreto estaba pintando Ramón Casas. Algunos dicen que la de Aniceto Peinador, que impactó mucho porque era un chaval de 19 años y otros que Santiago Salvador, que por la dimensión del atentado en el Liceo que había causado gran impacto.
A
¿Pero el garrote vil había sido un método de ejecución frecuente en España?
D
Bueno, muchísimo. Y de hecho durante siglos fue el método de ejecución más habitual en nuestro país para ciertos delitos. Era un sistema cruel y muy, muy doloroso. Vamos a pensar en qué consistía. Nos hacemos la imagen gráfica. Era un asiento que tenía un collar de hierro y un tornillo. Te sentaban ahí, te ponían ese collar, iban girando el tornillo y te iban rompiendo las vértebras a la par que estrangulándote así todo en uno. Encima las ejecuciones eran públicas o semipúblicas porque así de paso servía de ejemplo y se educaba en el miedo, que como bien sabes, Nieves, es algo que gusta mucho. A algunos gobiernos les encanta. Efectivamente. En el caso de la Barcelona de estos años, las ejecuciones públicas por garroteville se hacían en el Paty de Corders, junto al muro de la prisión de la Reina Amalia, la llamada Cárcel Vieja, un centro penitenciario que funcionó desde 1839 hasta 1936 en el Raval de Barcelona. Y varias crónicas de la época subrayan que aquí se agolpaba la multitud con un morbo y una curiosidad bastante grande. Lo que explica que en esta pintura de Ramón Casas veamos aglomeración de gente tan grande, tanto de pie como en el suelo, como los balcones. Está todo a rebosar cuando Casas hay que pintar este lienzo. Pensemos que Barcelona es una ciudad en tensión con la industrialización, las migraciones, la pobreza, las huelgas, atentados anarquistas, represión. Y el cuadro, lo que va a hacer la pintura es congelar este clima, pero con una multitud que ya está disciplinada. Las autoridades son visibles. El aparato que ha desplegado ese garrote vil pues condensa al final la autoridad del Estado.
A
¿Y cómo lo plasma Ramón Casas en su pintura? ¿Cómo hace esto?
D
Pues Ramón Casas va a evitar el morbo y va a subrayar el carácter de crónica periodística del acontecimiento. Para ello, fíjate que imagina una plaza vista de arriba como si estuviéramos en un balcón nosotros allí dentro y en el centro está el cadalso con el asiento del garrote, pero no está delante de la pintura, nos queda como lejos, no está en primera fila, No es lo primero que vemos. Casas va a elegir la distancia, no el primer plano del dolor, ni el rostro del condenado. No vemos la cara de la víctima. Y esa, Nieves, es una decisión clave a nivel pictórica, porque el artista va a elegir no exhibir el instante de la muerte, sino poner en escena la maquinaria social que la hace posible. Es decir, nos implica a nosotros como parte de eso. Esa distancia que subraya por el espacio vacío que hay en medio, incomoda al espectador y nos obliga a pensar a nosotros como público, nuestro lugar como público. Nos hace pensar en nosotros como parte de la sociedad, que no somos ajenos a ese tipo de comportamiento, porque nos incluye como uno más de la masa. Es decir, estamos dentro del público y Ramón Massas nos incluye dentro de ese público. Y luego, ya en segundo plano, se ven las chimeneas de las industrias barcelonesas, simbolizando la modernidad de la ciudad frente a lo bestial y anticuado de estas ejecuciones. Cómo ese contraste entre lo moderno y lo que no lo es tanto. Y por supuesto, Nieves, algo que llama muchísimo la atención, esos capirotes que vemos, esos señores con capirotes, que no es el Ku Klux Klan ni una procesión de Semana Santa, son los cofrades de sangre.
A
No son Ku Klux Klan, pero vamos, no se les parece muchísimo. Pero ¿Quiénes eran esos cofrades de sangre? Que es fácil de imaginar con un nombre tan ajeroso, pero bueno.
D
Bueno, pues era una hermandad con sede. Una hermandad cristiana con sede en la Basílica Santa María del Piñón, en el Barrio Gótico de Barcelona, que estuvo activa desde 1547. Toma ya. Y su papel era serio, teóricamente discreto, aunque aparecen ahí en primer plano. Era el de acompañar al reo en sus últimas horas, pedir clemencia si todavía había margen, aunque no le solían hacer caso, y ocuparse del entierro cuando no había gente que se ocupase. Se supone que era todo caritativo, todo caritativo, pero en realidad formaban parte de ese dispositivo del engranaje del castigo. Era como sí bueno, vamos a castigarle, pero tenemos un poco piedad. Ese montaje desde la autoridad, la hipocresía. Totalmente. En Barcelona asistieron a los ajusticiamientos hasta 1897, que es el año de la última ejecución pública en la ciudad. Que tengamos constancia. Bueno, Casas no va a pintar entonces esta anécdota macabra. Va a pintar una ciudad mirándose al espejo. Tú fíjate en el momento más áspero de su teatro público. Por eso Garroteville funciona como memoria cívica más que como escena de crimen. Porque alrededor del cadalso están los cordones, los balcones, la curiosidad, el murmullo, el ruido del poder, la costumbre y por supuesto, estos cofrades de sangre que es la gotita que termina de culminar este vaso. Y mirarlo hoy no es alimentar el morbo, es aprender a leer cómo se encuadra la violencia y qué papel, que a mí me gusta esta reflexión, jugamos quienes la miramos y la permitimos. Porque tan culpable es quien la ejecuta como el que la permite. Y si el lienzo deja algo, que sea esto menos. Que horror que nos salga así, qué horror que pase esto automático. Y más responsabilidad sobre la mirada. Porque al final la pregunta no va del pasado, va de nosotros. ¿Qué hacemos con lo que vemos y qué ciudad construimos con esa forma de mirar?
A
Así es, Magnífica reflexión. Pero contigo siempre aprendemos a mirar. Da igual que sean pinturas de ejecuciones o mujeres griegas. Eclipses. Muchísimas gracias, Ana. Gracias a ti, Nieves, la invitada con Jesús Pozo. Puesto que hablamos de ajusticiamientos, Jesús Pozo se ha pegado a la actualidad como un velcro y se ha ido a charlar con Beatriz Martos, responsable del trabajo contra la pena de muerte en Amnistía Internacional. Hola, Jesús.
E
Hola, Concrina. Porque ellos llevan décadas investigando y denunciando con informes muy completos sobre la pena de muerte en el mundo. Comenzamos con los datos de 2024, el último informe de la organización.
F
Los Datos relativos a 2024 en el informe que lanzamos en abril de este año, dan cuenta de que nos encontramos con el mayor número de ejecuciones judiciales en los últimos casi 10 años, es decir, desde 2015. Tanto es así que en el año 2024 nos encontramos con la cifra de mínimo 1.518 ejecuciones judiciales registradas en todo el mundo, salvo en países en los que llevan a cabo muchas ejecuciones, como son China, Vietnam y Corea del Norte, donde hay un gran secretismo de Estado, donde no contamos con cifras ni oficiales ni fidedignas y por tanto no contamos las miles de ejecuciones que prevemos que se llevan a cabo en esos tres países, con lo cual esta cifra de 1518 son cifras que ya decimos de manera constante que son muy a la baja. Quería resaltar que después de los ataques de Israel y de Estados Unidos en Irán en junio de este año, las ejecuciones se agilizaron de muchos presos políticos que estaban en el corredor de la muerte en Irán y cuyos familiares no fueron avisados salvo después de haberse cometido estas ejecuciones.
A
Habla Beatriz Martos de ejecuciones judiciales, o sea, que entendemos que eso las convierte en legales pero no justas.
E
Así es, porque hay ejecuciones después de celebrarse juicio, aunque los juicios sean muy.
F
Dudosos, ejecuciones que se llevan a cabo como un castigo después de un juicio. La mayoría de estos juicios, por supuesto, son injustos, donde no se cumplen las condiciones estipuladas por el derecho internacional de los derechos Humanos, como por ejemplo contar con un abogado o que no se hayan producido confesiones bajo tortura, que la mayor parte de los casos es así, o por ejemplo que se hayan garantizado un mínimo de garantías de protección a la persona acusada. Lo demás serían ejecuciones extrajudiciales, que eso por ejemplo puede ser alguien del Estado, del aparato del Estado, como puede ser fuerzas de seguridad que secuestren, te lleven a una cuneta y te maten. Eso sería una ejecución extrajudicial y esas ejecuciones no las estamos plasmando en nuestros informes.
A
Anda, mira, como aquí en España que les pregunten a los franquistas, a los padres ideológicos del PP y de Vox sobre ejecuciones extrajudiciales, que de eso saben mucho. Tiro en la cabeza al que no pensara como ellos.
E
Pues sí, sí, y aquí hubo muchas extrajudiciales y ahí está la fosa. Seguimos analizando con Beatriz Martos por qué se utiliza la pena de muerte.
F
Por supuesto, es una forma de castigar a la población, a la disidencia y para infundir temor. Esto lo vemos muchísimo en países como Arabia Saudí, como Irán, como China, como Vietnam, como Corea del Norte, como Egipto, por ejemplo, también. Luego, por otra parte, como puede ser Estados Unidos, hay un discurso llevado a cabo desde la oficialidad y desde la institucionalidad haciendo una falsa correlación entre la disminución de delitos y el mantenimiento de la pena de muerte. Es decir, también hay una creencia errónea porque está demostrado que es errónea, que si tú mantienes la pena de muerte, el número de delitos va a bajar. Esto es completamente erróneo.
E
Y ya que estamos en Estados Unidos, vamos a ver un poco más.
F
En Estados Unidos se sigue manteniendo la pena de muerte. Además, ahora con Trump ha habido un recrudecimiento. Discurso a favor de la pena de muerte Desde la oficialidad. El número de personas condenadas a muerte sí que se ha reducido, afortunadamente, y ya hay 23 estados de los Estados Unidos que han abolido la pena de muerte para todos los delitos. No obstante, en 2024 hubo 25 ejecuciones en nueve estados, principalmente en Alabama, que además aumentó al triple el número de ejecuciones. Y además, algo que estamos criticando mucho es la forma en la que se llevan a cabo estas ejecuciones judiciales en Alabama, porque tres, es decir, la mitad se han hecho con gas nitrógeno, que está comprobado que se lleva a cabo con un gran sufrimiento en el reo.
A
Bueno, pues ya lo saben, hay nueve estados a los que no se debe viajar, sobre todo Alabama. Bueno, aunque Estados Unidos tampoco es que haya ninguna necesidad para nada.
E
Seguimos. Además de la pena de muerte, existe otro asunto peor, que es estar años esperando en el corredor de la muerte.
F
Efectivamente, y no sólo son los años, sino también es la incertidumbre de que nunca sabes cuándo vas a ser ejecutado. Entonces, esto ya en sí mismo, lo que denunciamos desde Amnistía Internacional es que es una tortura y un trato cruel, inhumano y degradante para el reo. Porque puedes pasar años y años en el corredor de la muerte pensando todos los días que es tu último día, porque la gran mayoría de los países no te avisan previamente de cuándo vas a ser ejecutado, sino que lo sabes en el momento en el que te llaman y te ejecutan. Muchas veces, además, las familias, que es algo que estamos denunciando, sobre todo de Arabia Saudí, no tienen acceso luego al cuerpo del reo ejecutado. Entonces no hay una despedida, no hay una visibilización de tu familiar, tu amigo, etc. Fallecido. Y no hay un entierro, ni un velorio, ni una despedida como ritual. Y esto también conlleva un gran sufrimiento para las personas queridas.
A
Ir a Arabia Saudí. Oye, ese país le encanta al ex rey Juan Carlos.
E
Sabía yo que iba hasta él.
A
Claro, es que de ahí ha recibido decenas de millones de dólares que se llevó directamente a Suiza. José María Irujo del País publicó una exhaustiva investigación en 2014 detallando todos los trinkers de su Majestad el Borbón, el delincuente campechano.
E
Vale, seguimos. Los informes de Amnistía Internacional también explican muy bien por qué son la mayoría de las condenas a pena de muerte.
F
Más de un 40 por ciento de todas las ejecuciones judiciales llevadas a cabo en todo el mundo están relacionadas con delitos de drogas que además a su vez son protagonizadas en su mayoría por personas empobrecidas, muchas veces personas pertenecientes a minorías étnicas o migrantes que muchas veces o han tenido esta única opción de poder sobrevivir o además han sido castigados y extorsionados y engañados para llevar a cabo estas funciones, como puede ser el traslado de droga. Por ejemplo, en Arabia Saudí estamos denunciando que una gran cantidad de las personas ejecutadas vienen de Etiopía, vienen de Somalia o vienen de Pakistán y han sido engañadas, a veces incluso torturadas y extorsionadas para trasladar cantidades de droga. En Irán pasa lo mismo pero con la minoría étnica, principalmente balux y también kurda.
A
Pero sobre todo las mafias se lucran, el más desgraciado se ve obligado a traficar y si lo pillan encima lo ejecutan.
E
Efectivamente, porque encima los más perjudicados son las minorías étnicas y los migrantes.
F
La mayor parte de las ejecuciones judiciales que se llevan a cabo se llevan a cabo contra hombres y además en muchos de los casos se llevan a cabo contra hombres pertenecientes o bien minorías étnicas. Por ejemplo, en Arabia Saudí hay una gran proporción de la minoría étnica chií. En Irán hay una gran proporción o desproporción más bien de ejecuciones judiciales llevadas a cabo contra la minoría étnica baluchi y también kurda. Y por supuesto también en todos los países hay una gran mayoría de personas migrantes.
E
Pero no todo está perdido porque van aumentando los países abolicionistas.
F
Yo no quiero dejar de mencionar que el número de países abolicionistas en todo el mundo ha aumentado considerablemente. Ahora nos encontramos con que dos tercios de países de todo el mundo son abolicionistas y cuando empezamos la campaña contra la pena de muerte en Amnistía Internacional En los años 70 solo 16 países eran abolicionistas. Ahora nos encontramos que son 145 los países abolicionistas, ya sea en la ley o en la práctica. Es decir, que se ha avanzado y se ha avanzado mucho. Esto no significa que no haya que seguir luchando por la protección de los derechos humanos en todo el mundo y sobre todo también en determinados países.
A
Bueno, al menos Beatriz Marcos nos deja una buena noticia.
E
Terminamos con la responsable del trabajo contra la pena de muerte en Amnistía Internacional hablando de cómo el peligro y el abuso contra los derechos humanos también está en los medios de comunicación o en las grandes plataformas de Internet.
F
Sí vemos como las narrativas de odio, los mensajes incendiarios, los mensajes que promulgan la discriminación e incluso la violencia se difunden rápidamente a través de medios de comunicación tanto formales como informales. En este sentido también me refiero a las plataformas de redes sociales. Y lo que vemos es como plataformas como X o como Meta no están poniendo los esfuerzos necesarios para la moderación de contenido o la retirada de contenido. Y esto está haciendo que mensajes incendiarios, discriminatorios, racistas, tránsfobos, etcétera, estén siendo divulgados muy rápidamente y llegando a millones de personas. Y esto finalmente está haciendo que los actos de violencia, como los pudimos ver en Torre Pacheco, como los vimos en Southport en Reino Unido el año pasado, como acabamos de sacar un informe sobre violencia LGTBIQ en Polonia en la plataforma X, pues aumenten también gracias o debido a la propagación masiva de estos mensajes.
A
Estas plataformas, la abolición total de la pena de muerte en el planeta. Está claro que es una quimera porque los humanos somos lo peor. Pero bueno, ¿Qué sería de nosotros sin organismos como Amnistía Internacional que no se rinden en la defensa de los derechos humanos? Gracias a Beatriz Martos por su tiempo y bueno, gracias a ti por la charla con ella.
E
Adiós.
A
Esto era un gato con los pies de trapo y la cabeza al revés.
B
¿Quieres que te lo cuente otra vez? Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo lindas señas. Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo lindos sueños.
A
Ahí va una de esas anécdotas históricas que vaya usted a saber si es cierta, pero bueno, tiene guasa. Cuentan que en Francia, en el siglo XVI, a punto de ser ejecutado, un reo pasó cerca del patíbulo el rey Enrique III y el condenado le gritó Señor, tened piedad de mí. El rey se paró, escuchó al reo, pasó de todo lo que le contó y pasó de tener piedad, pero se dirigió al verdugo y le No lo matéis hasta que diga sus oraciones y haya pronunciado la palabra Amén. Y ahí el reo se puso a alargar plegarias una tras otra, rezando y venga a rezar enlazando oraciones. El verdugo, aburrido, le dijo al ¿Qué hago? Que me están esperando en casa a comer. Y dijo Enrique, está claro que ha sido más listo que yo. Palabra de rey. No puede retirarse, dejadle libre porque nunca dirá la palabra Amén. Si este es un ejemplo de un reo que se resistía a morir, ahora viene otro en sentido contrario, un reo que tenía prisa porque lo matara. Se llamaba Martín Merino, era cura franciscano y los episodios de su proceso, interrogatorio y ejecución son de los más extravagantes que se recuerdan. ¿Su delito? Haberle arreado a la Reina Isabel II en febrero de 1852 un navajazo en un costado que le hizo poca pupa porque los ropajes que llevaba la señora, incluido un corsé casi acorazado, eran más eficaces que un chaleco antibalas. Lo que contamos a continuación se recoge en un librito de 1852 que conserva la Biblioteca de Estudios Riojanos titulado Apuntes jurídicos, con todos los detalles referidos al delito y a la persona del regicida Don Martín Merino y Gómez, acompañados de su biografía. Pero la Biblioteca Nacional también conserva otra obra de 1870 titulada Cuidado que voy. Proceso del regicida don Martín Merino y Gómez, adicionado con las reales órdenes expedidas para la quema de su cadáver, con las actas de ejecución y quema, con el juicio de la prensa de aquella época y con cuantos episodios tuvieron lugar desde su prisión hasta el día en que fue ejecutado. Impresionante titular. El cura Merino fue ejecutado sólo cinco días después de su intento de regicidio porque había poco que deliberar. Reconoció los hechos desde el principio, tenía prisa por morir y a su abogado defensor lo trajo frito. Una de las genialidades que soltó durante el primer interrogatorio, nada más ser detenido, fue cuando se dirigió al sargento de los alabarderos y le siempre he creído que en España no había justicia y ahora me convenzo de ello al ver que aún estoy vivo. A mí no me cae del todo mal cura Merino, porque cuando le preguntaron por qué quiso matar a la reina contestó que pretendía lavar el oprobio de la humanidad vengando la necia ignorancia de los que creen que es fidelidad aguantar la infidelidad y el perjurio de los reyes un poco revesado, pero bueno, tenía razón. Era un republicano exaltado, pero con muchísima su defensor de oficio, Julián Urquiola, intentó salvarle el cuello alegando una evidente enajenación mental, pero el cura Merino se revolvió y le dijo que ni enajenación ni leches, que él quería matar a la reina y punto, que se dejaran de excusas chorras. No necesito defensa porque mi delito no la tiene. Y cuando le preguntaron si tenía cómplices respondió muy ¿Pero os creéis que en España hay dos hombres cómplices? Yo. La sentencia fue morir a garrote en la cárcel del Saladero de Madrid, que estaba, para situarnos, muy cerquita de donde está ahora la sede del PP y cerca también del Supremo, o sea, que es una zona que sigue registrando altos índices de delincuencia por amplias razones. Por aquel entonces las ejecuciones aún eran públicas, pero la del cura Merino se llevó a cabo en el interior de la cárcel porque además del cadalso hubo que montar una tarima para la ceremonia de degradación que aportaba buenas dosis de morbo al espectáculo. Eso sí, se eligió la sala más grande y se dejaron todos los ventanales abiertos para que los que no pudieran entrar lo vieran al menos desde fuera. ¿Iban a ejecutar a un cura? A ver, eso no se ve todos los días. La ceremonia de degradación de Merino como cura para matar no a un cura, sino a un civil, fue como sigue Le indicaron que se vistiera con sus ropajes curiles. Le hicieron arrodillarse, le dieron una copa para que la sujetara con una mano y con la otra una bandejita. Los católicos lo llaman cáliz, que es donde se trincan el vino, y patena, que es donde ponen las galletas. Y así, en esa postura, le quitaron la copa y la bandeja se la arrancaron un manotazo, porque así se le privaba de la potestad de celebrar misa Luego se le rayaron las yemas de los dedos para arrancarle la potestad de sacrificar, consagrar y bendecir. Después le quitaron todas las capas de ropa que le habían hecho ponerse, le soltaron una chapa por haberse apartado del camino de la secta y lo último fue cortarle el pelo del cogo para descuajaringarle la tonsura. Y ahí fue cuando el cura Merino pidió que no le cortara mucho porque hacía frío y no quería resfriarse. Es que estábamos en febrero. A la una del mediodía ya le habían dado garrote y a las 5 de la tarde apenas quedaba nada de él porque el Consejo de Ministros dispuso que para evitar que nadie robara el cadáver fuese quemado en el mismo cementerio, junto a la fosa común donde luego echaron los restos. Como ya hemos dicho, A partir de 1900 las ejecuciones comenzaron a hacerse en el interior de las prisiones con la presencia mínima de pú funcionarios, el cura que no falte, el notario para dar fe, los testigos, el médico. Pero al menos se acabaron las risas y los puestos de chuches. La única publicidad que se mantuvo cuando se producía una ejecución era izar una bandera negra que quedaba visible durante todo el día desde el exterior de la prisión. Y esto era así para tranquilizar al ciudadano y que se sintiera satisfecho de que se seguían matando criminales y haciéndose justicia. Algunos no se conformaban con recibir esta información. ¿Y si los estaban engañando y no mataban como se tenía que matar? Durante un tiempo se exigía incluso ver el cadáver. Lo de la banderita ni siquiera eso se lo creían. Y un último Isabel II sufrió el atentado del cura Merino camino de la basílica de Atocha porque iba a ofrecer a su hija recién nacida a la estatua que no sé yo por qué ofrecen a los críos si la Virgen no quiere quedarse luego con ninguno. Pues bien, el vestido que llevaba la reina se reconvirtió en un manto para la misma estatua. Ese manto es con el que vistieron a la muñequilla de Atocha el día que la experiodista Urbana Ortiz y Felipe cumplieron con el paripé de ir a entregar el ramo de novia a la basílica de Atocha. A lo mejor por eso se les ha dado tan mal el matrimonio. Historias con sonido Cara B con Emma Vallespinós y acabamos con música.
D
Sí.
C
Nos hablaba Beatriz Martos, la invitada de Jesús, del reconocimiento del discurso a favor de la pena de muerte con Trump y nos recordaba las 25 ejecuciones que hubo el año pasado en Estados Unidos. Uno de los que esperan el corredor de la muerte es Keith Lamar, un hombre que lleva más de tres décadas en una celda de Ohio, acusado sin pruebas de cinco asesinatos durante un motín carcelario y que ha mantenido la cordura escuchando jazz. De eso se enteró en plena pandemia un pianista catalán afincado en Nueva York, Albert Marqués, que decidió conocerle, se hicieron amigos y juntos, vía telefónica, crearon un disco. Marqués escribió un libro contando esta historia titulado El jazz en el corredor de la muerte, en el que habla de la música como tabla de salvación y es una dura crítica al sistema penitenciario estadounidense. Vamos a escuchar uno de los temas de La Mar y Marqués titulado Telem.
A
De Cuéntales la verdad, Emma, de verdad, Qué cosas nos cuentas y pillas y cómo enganchas. Muchísimas gracias. La escuchamos enseguida. Pero primero vamos a recordar que este programa ha sido posible gracias al trabajo de Jesús Pozo, Ana Baltierra, Emma Valle Espinos, Pepe Rubio, al de la técnico de sonido María Jesús Rodríguez y bueno, al mío, Nieves con costrina. Adiós.
G
Struggles and strife I've been through in my life It's truly hard to comprehend I mean, I'm sitting inside a cage on death road Yo so far away from home so far away from everything I know might as well be sitting inside the hole of a spaceship That's what it feels like to be here Yet it's hard sometimes to see how what I'm going through is connected to what my ancestors suffered and survive Truth be told I'm lucky to be alive Real talk sometimes when thieves get too heavy to carry I close my eyes and drift back to a time when everything was all good A time when it was fully understood that being here on this earth was the biggest blessing My grandfather taught me that see, I grew up in a neighborhood called the Village a small enclave on the east side of Cleveland Beautiful place Yo with fruit, trees and sweet things on every corner No lie I was surrounded by my family and friends I'm telling you there was no end to the love we shared. A real community planned by people whose only plan was to live and give everything they had they gave it all children of slaves who braved the worst of it So we, the children and grandchildren could make them most of us God sealed us from the pain of knowing the truth And never explained what kind of society we were born into. They didn't tell us about all the tricks and traps that were designed to be enslaved Hate that could deliver us to early grade. They wanted them to be free. They wanted us not to see all the ugliness around So a lot of us got caught up in the darkness The light that was meant to guide us through Gotta sell the children, the truth Tell them it's not what they say but what they do Tell them real about reality That life isn't meant to be fair That it's meant to be live Tell the children, the truth Tell us the truth.
A
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Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina
Fecha: 26 de octubre de 2025
Tema: La historia de las ejecuciones públicas en España y el morbo colectivo que las rodeó, con ejemplos históricos, análisis social y artístico, y una actualización sobre la pena de muerte en el mundo.
En este episodio, Nieves Concostrina, fiel a su estilo irónico y agudo, realiza un recorrido por la historia de los ajusticiamientos públicos en España, cuestionando el carácter ejemplarizante y profundamente morboso de estos actos multitudinarios. El episodio analiza cómo la pena de muerte se transformó desde "evento de masas" al secretismo moderno, aborda el papel de las tradiciones, compara casos emblemáticos europeos y españoles, y cierra con un enfoque contemporáneo gracias a datos de Amnistía Internacional y reflexiones sobre la actualidad global de la pena de muerte.
"A la ejecución de la pobre murciana Josefa Aquel año de 1896 acudieron 12.000 personas, 30.000 según otras fuentes. Pero da igual, aunque hubieran ido 1.000, ya eran demasiadas." — Nieves Concostrina [07:50]
"Una ejecución era un evento del calibre de una final de Champions." — Nieves Concostrina [06:10]
"El senador Pulido le puso nombre a esto. Lo llamó la oclofrenia del patíbulo..." — Nieves Concostrina [05:00] "La publicidad con que todavía hoy se cumple en España la sentencia de muerte y los actos de notoriedad y siniestra exhibición que le acompañan, son testimonio de atraso y de barbarie..." — cita de Ángel Pulido [09:30]
"Cuando lo subieron al carromato para iniciar el pasacalles, el reo Joan Cañamar ya iba hecho polvo después de cuatro días de torturas..." — Nieves Concostrina [17:30] "La plebe se mantiene en un estado de imbecilidad permanente." — cita/reflexión atribuida a Voltaire [18:50]
"Todo muy divertido para los asilvestrados. Luego estamos los que hemos salido de la caverna..." — Nieves Concostrina [04:00] "¿Saben de algún otro animal además de nosotros?... ¿Se imaginan a las gacelas diciendo: Vamos a ver cómo se la comen?" — Nieves [05:40]
"No es una escena de ocio, ni un retrato elegante, es una ejecución." — Ana Baltierra [24:08] "Casas va a elegir la distancia, no el primer plano del dolor, ni el rostro del condenado... el artista va a elegir no exhibir el instante de la muerte, sino poner en escena la maquinaria social que la hace posible." — Ana Baltierra [27:20]
"Porque tan culpable es quien la ejecuta como el que la permite." — Ana Baltierra [30:50]
"Por supuesto, es una forma de castigar a la población, a la disidencia y para infundir temor..." — Beatriz Martos [34:49]
"Puedes pasar años y años en el corredor de la muerte pensando todos los días que es tu último día..." — Beatriz Martos [36:50]
"Siempre he creído que en España no había justicia y ahora me convenzo de ello al ver que aún estoy vivo." — Martín Merino, citado por Nieves [43:51]
"Todo muy divertido para los asilvestrados. Luego estamos los que hemos salido de la caverna y creemos que las tradiciones están precisamente para saltárselas." — Nieves Concostrina [04:00]
"Una ejecución era un evento del calibre de una final de Champions." — Nieves Concostrina [06:10]
"Yo estoy más con el que dijo aquello de ‘homo homini lupus’, el hombre es un lobo para el hombre. Este sí que tenía calada a la humanidad." — Nieves Concostrina [03:30]
"Se supone que una ejecución tenía fines intimidatorios y ejemplarizantes, cuando sólo era diversión para los espectadores." — Nieves Concostrina [07:30]
"Porque tan culpable es quien la ejecuta como el que la permite. Y si el lienzo deja algo, que sea esto menos. Que horror que nos salga así, qué horror que pase esto automático." — Ana Baltierra [30:50]
"La mayor parte de las ejecuciones judiciales que se llevan a cabo se llevan a cabo contra hombres y además en muchos de los casos, contra minorías étnicas o migrantes." — Beatriz Martos [39:34]
"Dos tercios de países de todo el mundo son abolicionistas y cuando empezamos en los 70 sólo eran 16. Ahora ya 145 países." — Beatriz Martos [40:21]
El episodio destila el sello de Nieves Concostrina: humor ácido, denuncia social, rigor histórico y una invitación a mirar críticamente las tradiciones crueles, el espectáculo de la muerte y la indiferencia colectiva. El mensaje central cuestiona la presunta ejemplaridad de la violencia legal y muestra, con comparaciones históricas, artísticas y testimoniales, cómo la barbarie se perpetúa cuando la sociedad es testigo pasivo y morbosamente cómplice.
"La abolición total de la pena de muerte en el planeta está claro que es una quimera porque los humanos somos lo peor. Pero, bueno, ¿Qué sería de nosotros sin organismos como Amnistía Internacional, que no se rinden en la defensa de los derechos humanos?" — Nieves Concostrina [42:20]
En suma:
El episodio ofrece una panorámica lúcida, crítica y humana sobre el pasado y el presente de la ejecución pública, la pena de muerte y sus implicaciones morales y sociales. La risa, la indignación y la empatía se mezclan para arrojar luz sobre una de las páginas más oscuras de la historia –y el presente– humano.