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La sociedad española de radiodifusión presenta ser aquí va la radio podcast siempre. En la Cadena SER. Cualquier tiempo pasado fue anterior. Con Nieves con costrina. 16 de septiembre de 1920 Audiencia Provincial de Valencia. Miguel de Unamuno sale aquel día condenado a 16 años de prisión mayor y multa de mil pesetas por el delito de injurias a la Corona en la figura del rey Alfonso XIII y su señora madre María Cristina de Habsburgo. Decir que al escritor español de mayor reputación en el extranjero esta condena le trajo al pairo es quedarse corto. A Miguel de Unamuno no le arredraba ni Dios, ni el rey, ni la ley. La verdad es que no se sabe por dónde empezar con este hombre. Si por su republicanismo tenaz, si por su insobornable pensamiento, si por su inquebrantable antifascismo o por su aversión al rey y a la monarquía. Y si después de explicarle a un Cayetano desinformado que este señor era republicano anti Borbones y antifascistas, le añades que Unamuno era de derechas y católico practicante, al Cayetano en cuestión le explotaría la cabeza, estoy segura. Y cuando reaccionara habría que contarle también al Cayetano que fueron los suyos, la ultraderecha, los que asesinaron a Miguel de Unamuno, la figura de España más influyente de fama internacional. Porque Unamuno no se murió solo al calor del brasero aquel último día del año 1936 como han intentado hacernos creer durante 80 años. Lo mataron los franquistas porque semejante intelectual, con semejante prestigio, o estaba con ellos o lo querían muerto. Cuando canta el gallo negro es que ya se acaba el día. Cuando canta el gallo negro es que ya se acaba el día. Si cantara el gallo rojo, otro gallo cantaría. Todos los que lo han investigado saben a ciencia cierta que Miguel de Unamuno fue asesinado porque tienen los datos, los testimonios. Y no hay forense decente que corrobore aquella muerte de un viejito cansado y hostigado que pretendieron hacer pasar por muerte natural. Unamuno ni estaba viejo, ni estaba débil, ni se murió solo. Habrá quien exija que se ponga eso de presunto mientras no se tenga la prueba definitiva. Pero esa prueba sólo podría darse si se levantara de la tumba un falangista. Creo que se llamaba Bartolomé Aragón. Creo que era este. Y sí Yo maté a Unamuno el 31 de diciembre de 1936. Pero es que eso no va a ocurrir. El asesino está muerto. Lean, por favor el libro La doble muerte de Unamuno, de Manuel Menchón y Luis García Jambrina Y lean también la investigación de Carlos Sá Mayoral en su libro Miguel de Unamuno, muerte natural o crimen de Estado. Y no se pierdan el documental Palabras para un fin del mundo con el grandérrimo José Sacristán prestando su extraordinaria voz al intelectual vasco. En esos dos libros y en ese documental leerán y verán cómo y por qué la ultraderecha golpista asesinó a Miguel de Unamuno. Pero conozcamos también a este gran tipo. Tenemos que darle su sitio a este vasco que tenía permanente cara de mala leche, un señor del que sólo nos hablaban en el bachillerato como escritor, obviando su faceta política y antimonárquica. Porque claro, eso no interesa. Unamuno no callaba ni debajo del agua. Era un intelectual, un sabio, una mente analítica, estudioso, racional, valiente, coherente, patriota, comprometido con su país y seguramente poco simpático y nada condescendiente. Pero bueno, es que no se puede tener todo. Unamuno no soportaba a Alfonso XIII. El Borbón era una figura tan nefasta para el país que el escritor no perdió oportunidad de destacarlo en sus conferencias, argumentarlo en los periódicos y manifestarlo en entrevistas y tertulias. La equidistancia no era lo suyo. Abro unas si el rey no sabe qué hacer con Cataluña, que se lo pregunte al pueblo, que el rey está solo. Más sola está España, o se acaba este régimen, la monarquía, o se acaba España. Cierro esas comillas. Estas son palabras de Miguel de Unamuno, harto como estaba de que este país tuviera que soportar a un jefe de Estado fallido, hipócrita y corrupto, o sea, un Borbón. Intentemos seguir un orden cronológico de cómo se fueron agriando las relaciones de Unamuno con el Borbón. No sé quién fue antes, si el otro inquebrantable republicano y grandísimo escritor, Vicente Blasco Ibáñez, o si lo hizo Miguel de Unamuno, pero los dos se refirieron a Alfonso XIII como Fernando VII y Pico. Y aunque a buen entendedor pocas palabras bastan. Lo yo llamo al canalla de Fernando VII el Mastuerzo, pero me quedo corta porque es un apelativo bastante blando en su época, y debido a su nariz borbónica y su rostro mofletudo llamaban a este mastuerzo narizotas cara de pastel, y así lo narra el propio Blasco Ibáñez Fernando VII era conocedor de esos motes, pero sabedor también de su poderío absoluto y cruel. Se permitía inventarse cancioncillas a la guitarra con la siguiente Este narizotas cara de pastel, a blancos y negros los ha de joder. Los blancos eran los absolutistas descontentos con el rey y los negros eran los liberales. Y así fue. El Narizotas cara de pastel ordenó innumerables ejecuciones de unos y otros, de blancos y negros, aunque Fernando VII había pasado siendo joven por ser un tipo chistoso, campechano, como también lo fue su bisnieto Alfonso XIII y después lo fue igualmente otro sinvergüenza de la saga borbona, el delincuente Juan Carlos de Borbón, padre del actual jefe del Estado español, y hágase su voluntad aquí en el cielo, Florida Park, gravese su nombre en una Z. Seguía contando Blasco Ibáñez en uno de sus escritos que durante el reinado de Alfonso XIII alguien hizo notar que era igual a su bisabuelo el narizotas cara de pastel, y que un importante político de derechas replicó ante el comentario que no, que Alfonso XIII era peor que su bisabuelo. Alfonso XIII en realidad era Fernando VII y pico, y también Miguel de Unamuno se refería a Alfonso XIII, así como Fernando VII y Pico. No dejó de destacar el escritor vasco las simpatías que sentía el Borbón por los alemanes durante la Primera Guerra Mundial cuando pese a que España era un país neutral, el rey y su madre la austriaca, facilitaban a los alemanes todo lo que necesitaban y miraban hacia otro lado hasta cuando atacaban intereses españoles, como aquellas veces en que barcos alemanes bloquearon el puerto de Valencia para impedir la salida de los mercantes con destino a los países aliados. Llevaban suministros de naranjas, arroz y otros productos agrícolas. Los alemanes estaban ahí mismo en Valencia, porque tenían permiso de su colega Alfonso XIII que les facilitaba todo lo que necesitaban para repostar y aprovisionarse en el Mediterráneo. Esto era de sobra conocido y Unamuno lo denunció, lo que le costó la expulsión del rectorado de la Universidad de Salamanca. Yo no sé si ha habido un rector, No en este país, sino en el mundo mundial que, como Miguel de Unamuno, haya sido más veces expulsado, admitido, vuelto a expulsar, vuelto a admitir con honores, expulsado otra vez, nombrado de nuevo, cesado y reincorporado a la rectoría de la Universidad de Salamanca. Aquella primera expulsión de su rectorado la impulsó Alfonso XIII, que estaba hasta el bigote de Miguel de Unamuno. Pero lo que consiguió el Borbón fue liarla más. Hubo una reacción nacional e internacional en defensa del prestigioso intelectual y encima Unamuno se vino arriba y cada artículo que publicaba en prensa hundía un poco más al desprestigiado rey. Fue entonces cuando llegaron los famosos tres escritos que publicó El Mercantil Valenciano. En El primero, de 1918, llamó a Alfonso XIII archiduque austriaco, que era una forma de señalar que en la Gran Guerra se había comportado como un alemán enemigo. El Borbón se puso de los nervios, pero cuando llegó el segundo artículo explotó. ¿Por qué? Unamuno no sólo insinuaba que la reina madre, la austriaca, mandaba más que el rey, es que además denunciaba la vergüenza de que Alfonso XIII hubiera aceptado siete barcos desvencijados alemanes como compensación por el ataque a los mercantes valencianos. Con aquel segundo artículo llegó la denuncia de la Fiscalía del Estado por injurias a la Corona. Aunque Unamuno ya había enviado al periódico un tercer artículo, este ya era la bomba. Decía y resumo o se acaba la Monarquía o se acaba España. Es preciso que hombres no fracasados, sean los que gobiernen. El rey debe dejar de confundir el patriotismo con la lealtad a su persona. Lealtad que suele consistir en engañarle, en mentirle sobre la realidad, en no llevarle la contraria aunque esté equivocado. Y equivocándose. Estas palabras de Unamuno te las traes a 2024 y valen exactamente igual. A unamuno le cayeron 16 años de cárcel por decir la verdad de locos que era el rey y la monarquía. Pero al vasco no se le movió una pestaña. No sólo sabía que iba a ser indultado de inmediato porque esa condena iba a dañar más al propio Borbón que a él, es que encima no aceptó el indulto. Unamuno quiso que se supiera que había sido condenado y que el rey no utilizara ese indulto para dárselas de perdonavidas y por eso recurrió la sentencia ante el Supremo. La sentencia se ratificó porque Unamuno dijo además que no se arrepentía de nada de lo dicho y encima acusó al Borbón y a su madre de anticonstitucionales. El que debió de arrepentirse de haber denunciado Unamuno fue el Tolay de Alfonso XIII, porque cada paso que daba contra el escritor se le volvía en contra. Por supuesto, Unamuno no pisó la cárcel. Se montó tal escándalo nacional e internacional, recibiendo apoyos de lo más granado, de los círculos intelectuales, de las universidades, de escritores, de políticos, pero políticos de todo pelaje, liberales y conservadores, y, por supuesto, de la ciudadanía, que bueno, la condena quedó en nada. Alfonso XIII, visto que no podía con su enemigo, intentó unirse a él y arrimarse las simpatías de ese intelectual tan respetado y valorado no sólo en España, sino en Europa. Pero precisamente por ser un intelectual no se iba a dejar torear por un Borbón bobo. En abril de 1922, dos años después de aquella estúpida condena, el rey citó a Unamuno en Palacio. Una cita que hizo correr ríos de tinta. La audiencia en Palacio duró hora y media y fue simplemente correcta, porque Miguel de Unamun era un señor educado, pero, según se dijo, el escritor se saltó el protocolo. A la torera le dijeron que fuera con chaqué, chistera, guantes blancos, que no hablara mientras no le hablara el rey, que no le diera la espalda. Él fue con un traje azul, chaleco normalito y su sombrero cochambroso. Habló cuando tuvo que hablar y cuando Alfonso XIII le quiso contar sus iniciativas, Unamuno le dijo que mejor no tuviera ninguna. Eso cuenta. Aquella charla amistosa, como la definieron entonces, sólo sirvió para que Unamuno se ratificara en que el jefe del Estado español era un inepto. El escritor dijo que acudió a la cita por patriotismo y, según propias palabras, para exponerle al monarca la verdadera realidad del reino, que desconoce porque sus lacayos se la ocultan y él reside en otra dimensión, entregado a sus vicios favoritos. Entre esos vicios, ya saben, estaba manejar amantes a cuatro manos y guionizar, rodar y producir películas pornográficas para consumo propio y de sus amiguetes. No hace falta insistir en que las relaciones de Unamuno y Alfonso XIII no mejoraron. El escritor apostaba abiertamente por la llegada de la República a España, aunque lo que llegó fue el golpe de Estado que urdieron el propio Alfonso XIII y el militar ultraderechista, jugador y putero Miguel Primo de Rivera. Siempre lo digo, pero conviene insistir para no perderlo de cuando hay un golpe de Estado en este país siempre hay un Borbón cerca. Seria mentile si digo que tengo respeto por la monarquía. Siempre me cagao en las dinastías y en las patrias putas, las banderas sucias, los reinos de mierda y Y en la sangre azul. Pero ni siquiera entonces Miguel de Unamuno se arrugó. En enero de 1924, tres meses y pico después del golpe de Estado, con la dictadura ya instalada, con las garantías constitucionales suspendidas porque Alfonso XIII, también conocido como el Perjuro, derogó la Constitución, Miguel de Unamuno pronunció tres conferencias en Bilbao sobre el liberalismo que provocaron directamente su deportación a Fuerteventura, la isla canaria en la que creo se pudo captar la imagen más cómica que nos haya regalado en toda su vida el escritor. Fue cuando se dejó fotografiar vestido de traje, mirando a cámara, con el rostro extremadamente serio, subido en un dromedario, pero sentado malamente, casi en el culo del animal. Aquellas conferencias no le sentaron bien al dictador, sobre todo porque ya estaba hasta los pelos de Unamuno, que había recriminado en un artículo anterior a Primo de Rivera por los bulos y las calumnias que había esparcido sobre un político y con la connivencia de jueces y periodistas corruptos que difundieron mentiras y abrieron procesos contra aquel político sabiendo que todo era mentira. Tan mentira que todo quedó sobreseído. Pero los jueces y los periodistas para entonces ya lo habían enmerdado todo. Es exactamente lo mismo que hacen hoy jueces y periodistas sin escrú ensucian, deterioran las instituciones, distribuyen mentiras y enturbian la convivencia política. El caso es que, siguiendo órdenes del dictador Primo de Rivera, Alfonso XIII firmó una Real Orden por la que Miguel de Unamuno cesaba en los cargos de vicerrector de la Universidad de Salamanca y como decano en la Facultad de Filosofía y Letras y quedaba suspendido de empleo y sueldo de catedrático. Por no entretenernos en aquel destierro canario del que Unamuno salió tremendamente agradecido a los majoreros por el cariño que le dispensaron. Decir que cayeron por fin los dictadores Borbón y Primo de Rivera y llegó la República en 1931. El propio Miguel de Unamuno fue el encargado aquel 14 de abril de anunciar a los salmantinos desde el balcón del Ayuntamiento la proclamación de la República. El escritor vasco continuó con su activismo intelectual y político defendiendo a la Patria y la democracia frente a lo que veía venir porque, como dijo si triunfan los fascistas, España va a convertirse en un país de imbéciles. Y sí España se convirtió en un país de imbéciles. Todavía hay unos cuantos. No son mayoría, pero son casi más imbéciles que antes. Unamuno, sin embargo, cometió un tremendo error al apoyar, aunque sólo fuera un rato, apenas un ratito, el golpe de Estado de Franco. El escritor estaba espeluznado por los excesos cometidos por el Frente Popular tras su triunfo en las elecciones de febrero de 1936 y creyó el ingenuo que aquel golpe pondría las cosas en orden y la República podría retomar un camino. ¿Pues por donde tenía que ir? Se dio cuenta a los 5 minutos de que se había equivocado. Pero bueno, no por ello cayó la boca y acabó estallando aquel 12 de octubre de 1936, famoso episodio que los actuales imbéciles han intentado manosear para negar que se produjo tal y como se produjo. Miguel de Unamuno acudió aquel 12 de octubre, al que pusieron el estúpido nombre del Día de la Raza, al paraninfo de la Universidad de Salamanca, acompañando a la collares a Carmen Polo de Franco. Allí tuvo el encontronazo con el tarugo que creó la Legión, José Millán Astray, y con un montón más de mendrugos falangistas. Se dijeron tantas sandeces en aquel acto, tantas tonterías sobre la raza y la religión, hubo tanto insulto a la cultura y a la inteligencia, tanto menosprecio a españoles, vascos y catalanes, que Unamuno, que sólo había ido a moderar los discursos, se hartó y respondió Cuando Millán Astray soltó por su boca que Cataluña y el País Vasco eran la antiespaña, los cánceres en el cuerpo de la nación, que sus valientes moros habían llegado para combatir a los malos españoles y a dar la vida por la sagrada religión de España, a pedir la muerte de los falsos intelectuales, a gritar sin sentidos. Unamuno se levantó y le recriminó que se metiera con vascos y catalanes porque el obispo que estaba allí era catalán y les enseñaba la doctrina cristiana que él mismo, el propio Unamuno, era vasco y llevaba años enseñando la lengua castellana. Azopencos como Millán Astray, que se creía muy español. Vencer no es convencer. Esa es la famosa frase que ha pasado a la historia de aquel acto que señaló el principio del fin de Unamuno. Inmediatamente llegó el acoso hacia Miguel Dunamo, la vigilancia para que no pudiera huir a Portugal. Se le despojó de sus cargos políticos y académicos y se decidió que si ese gran intelectual no apoyaba el fascismo, habría que matarlo, pero disimuladamente, que pareciera un accidente, porque ya habían metido la pata asesinando a García Lorca de cara a la comunidad internacional. Y si ahora fusilaban al intelectual español de mayor prestigio en Europa, la reacción en el exterior podría complicar las cosas. Así fue como un falangista fue comisionado como asesino a sueldo para matar a Miguel de Unamuno en su propia casa aquel 31 de diciembre de 1936 y hacerlo pasar por una muerte natural y apacible. Mi ruego es que leas los libros ya mencionados de Manuel Menchón, Luis García Jambrina y Carlos Samayoral para conocer cómo se gestó, cómo se llevó a cabo y cómo se acabó descubriendo hace apenas un lustro el asesinato de Miguel de Unamuno. Es tan fundamental conocer la verdad sobre este episodio tan de justicia por respeto a su familia y tan necesaria para la salud democrática de este país, que no tengo derecho a resumirlo aquí de mala manera. La ultraderecha decidió que si no habían conseguido el apoyo de Unamuno en vida, una vez asesinado, sería fácil convencer a esa España de imbéciles que era uno de los suyos. Historias con sonido cara A con EMMA Vallespinós Vamos con la primera historia con sonido de hoy que nos brinda, como siempre, la mejor ambientadora musical del mundo mundial, que sabe de libros, sabe de música, sabe de todo. Ella Hola, Emma.
B
Hola, Nieves. Nuestra cara es un tema de Pedro Pastor y Los Locos Descalzos. El cantautor ha contado en más de una ocasión que mucha gente cree erróneamente que el pasado le es algo ajeno, pero que la historia nos conforma y que la memoria ha sido siempre uno de los temas más importantes en su familia. Y hoy que hablamos de mentiras, de fascismo y de silencio, de tergiversar la historia para que se olvide la verdad, de acosar a personas por sus ideas y de la falta de justicia, escucharemos Los olvidados, un tema de 2021 que escribió tras estar en el Mirador de la Memoria del Valle del Jerte, un monumento dedicado a los olvidados de la Guerra Civil y la dictadura franquista.
A
Es un monumento, además, que impresiona. Ponerte allí a los pies y verlo es una maravilla.
B
Yo no he estado, pero jolín, he visto y es impresionante.
A
Sí, sí. Pues verlo allí, en ese Valle del Jerte. Bueno, lo escuchamos.
C
Los olvidados, los que retumban en la memoria, los perseguidos de anochecida en mitad del cerro, los exiliados, los que jamás volvieron a ver correr a sus hijos, Las olvidadas, las que escondían pan en el mimbre, las perseguidas y señaladas en todo el pueblo, las exiliadas, las que jamás volvieron a ver correr a su hijas. No olvidaré para que haya servido de algo tanto desvelo, para que no se pierda el poema bajo el sombrero. No olvidaré para poder hablarle a mis hijos de los abuelos.
A
Para que un.
C
Día al fin descansen justos los huesos. No olvidaré a las maestras que tanto hicieron por esta letra y a las artistas, las que burlaran a la censura, las guerrilleras.
A
Que resaltan. Contarte el arte. Ana Baltierra. Ana Valdierra, doctora en Historia del Arte, siempre encuentra un hilo conductor artístico con el asunto del programa, en este caso con el protagonista, Miguel de Unamuno. Hola, Ana. Sorpréndenos. A ver.
D
Hola, Nieves. A ver si consigo sorprenderos.
A
Seguro que sí.
D
Unamuno, ya has contado tú que era muy de meterse en charcos. Esto es una deducción que sacamos todos escuchándote. Y dejó bastantes opiniones, muchas, sobre lo que estaba pasando con el arte de su época. Así que hoy vamos a hablar de cómo veía Unamuno las vanguardias artísticas y todo lo que estaba pasando con el arte en estos años. Porque como sabes, Unamuno era antimilitarista. Durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial se declaró abiertamente contra Alemania y contra la neutralidad española. No le gustaba nada. Y sobre todo, una de las cosas que más le molestaba de esta política alemana era el control que quisieron establecer del arte. ¿Tú recuerdas, Nieves, que años más tarde Hitler quiso hacer un museo del Führer? Te acuerdas, ¿Verdad? Y que decidió lo que valía y lo que no en arte llamando a las vanguardias artísticas arte degenerado. Te acuerdas, ¿Verdad? Pues todo esto ya empezaba a colear. Aquí se pretendió hacer un museo de arte alemán que venía a ser el del Führer, pero sin la palabra Führer. Y a Unamuno no le gustaba nada de nada los criterios que estaban siguiendo. Decía esta maravilla, y voy a abrir comillas. Al menos yo, la dictadura que menos soporto es la del supuesto buen gusto. Cierro comillas. Espectacular.
A
Es que este hombre entendía de todo. A Unamuno le gustaban las vanguardias artísticas.
D
Bueno, Regu, pero le gustaba mucho menos que nadie viniera a imponer a la población lo que tenía que hacer o decir. Eso sí que no le gustaba. Unamuno criticó mucho las vanguardias artísticas, especialmente el cubismo. Le tenía mucha manía. Ya sabes que el cubismo apareció a principios del siglo XX y su figura más conocida y deleznable como ser humano es Pablo Picasso. Iván, a la par, el cubismo lo que hacía era descomponer la imagen en planos. Venía a ser Nieves, cuando pones la cara en la fotocopiadora aplastada para hacerte una copia, eso es lo que salía en una pintura cubista. Es cierto que lo de la fotocopiadora se suele hacer más con el culo que con la cara. Esto es verdad. Pero en la pintura hay más caras que culos. Bueno, salvo en el caso de Picasso, que ahí podíamos abrir un debate. Bueno, a Unamuno no le va a gustar el cubismo ni la actitud de los cubistas que hablaban del arte como si fueran los nuevos gurús de que todos lo sabían. Escribe sobre ellos en varias ocasiones en tono muy irónico. La mejor de todas. Sobre todo cuando se entera de que quieren cubicar el tiempo en música. Atenta Emma Vallespinos. Aquí va esto porque ya esto ya a Unamuno le deja muerto, matado. Y seguro que a Emma también. Y no es para menos. Va a decir que la música cubista debe ser música al cubo. Por Lo que si una hora de tiempo para nosotros mortales son 60 minutos, la hora de música cúbica son 60 al cubo. Es decir, que la música cubista se desenvuelve en horas de 216.000 minutos. Casi nada. Un concierto eterno. Como ves, lo que hace es ridiculizar. Aunque es cierto que a Unamuno no le gusta el cubismo, sobre todo por esa superioridad estética y moral con la que trataban el arte, como si ellos fueran la crème de la crème. Lo que le molestaba por encima de todo era la imposición.
A
Y ya puestos, y por preguntar, porque yo esas tendencias artísticas de vanguardia las tengo cogidas muy con alfileres, si el cubismo no era santo de la devoción de Unamuno, porque ¿Qué me dices del dadaísmo?
D
Bueno, ahí le has dado tecla buena. El dadaísmo, por supuesto, tampoco era lo suyo. El dadaísmo era un movimiento con base anti artística porque desechaba todos los preceptos antiguos. Su nombre, Nieves, venía del balbuceo infantil, dad, que decía los niños, y pretendían provocar, hacer cosas que hicieran que se nos rompieran las neuronas. Por ejemplo, para entendernos, dentro de este movimiento tenemos el famoso urinario o la fuente, tradicionalmente atribuido a Marcel Duchamp, pero que realmente, realmente es obra de un personajazo impresionante, el Savon Freitag Loringoven, más conocida como Baronesa Dada. Explicamos brevemente para entender una esta fuente era un urinario masculino, de esos que todavía se usan hoy en los baños públicos, el clásico, puesto en horizontal, según una carta del propio Marcel Dussamp, su amiga, el savonfleitag Lauren Goven. Se le envió firmado por Richard Mutt, y él, con mucho rostro, la presentó, lo presentó a una exposición de arte moderno. Aquí él el Wilk de la cuestión es considerar arte un urinario o literatura un balbuceo. No sé cómo lo ves.
A
A ver, yo cómo lo veo. Yo entiendo en este asunto Unamuno, entiendo que no le gustara, digo, nada de nada.
D
Mira, fíjate qué palabras empleaba para describirlo, que son maravillosas. Les llamaba chocheces de decrepitud espiritual, detritus de un momento histórico, de enfrentamientos. Dice que son majaderías. Ojo que estoy empleando literalmente las palabras que usaba Unamuno para describir este arte. No se cortaba nada de nada. Unamuno decía que el arte no se podía convertir en un logogrifo indescifrable. Y es que parecía en estos años que ciertamente el arte se había convertido en algo tan complejo que necesitabas un manual de instrucciones para seguir los cambios que se iban produciendo. El problema es que el dadaísmo no tenía manual, era el antimanual, era decir y hacer lo que te saliera de manera abrupta dada. Eso para un intelectual como Unamuno, pues era demasiado, Nieves, a pesar de que artistas como Marcel Dussin tenían detrás de su arte una carga intelectual impresionante. Ojo, pero ese melón lo dejamos para otra ocasión.
A
Oye, ¿Alguna modernez que le gustara Unamuno? ¿Alguna vanguardia, algo?
D
Pues así, yo creo que ninguna. Tampoco parece que le gustara el surrealismo. Bueno, aquí es que encima tenía cerquita a Salvador Dalí haciendo sus extravagantes shows, que seguro que le reafirmaron al respecto de decir madre mía, ¿Sabes de Tritus, de Tritus? Y sí que es cierto que no conservamos menciones suyas sobre algunas vanguardias como expresionismo, el arte abstracto y constructivismo. Quizá no le pillaban tan cerca o no tenían artistas tan insoportables como Picasso al frente, que todo puede ser. ¿Qué es lo que le gustaba? Te estarás preguntando, porque, jolín, es que planteado así parece que Unamuno, el arte regu, pues le encantaba Diego Velázquez y El Greco, que consideraba que eran los dos pintores que mejor representaban lo que es España. Y luego, por supuesto, fue un gran defensor del arte vasco. Dedicó muchos, muchos escritos a defender a Ignacio Zuloaga, de quien dice que ha resucitado la pintura Velázquez. Bueno, Nieves quizás se vino un poquito arriba con esta afirmación. Quizá también influyó un poco, poquito, poquito, no sólo que fuera vasco, sino que eran íntimos amigos, pero ligerezas. Y en esta línea de defensa del arte vasco va a escribir artículos enteros dedicados no sólo a Zuloaga, sino a otros como Nemesio Mogrovejo y Darío Regoyos. Regollos, ojo, era asturiano, pero Unamu no va a aceptar pulpo como animal de compañía, porque total, son vecinos cántabros. Ahí está, ¿Sabes? En el norte queda la cosa. Bueno, en definitiva, Nieves, Unamuno va a apostar por lo genuino frente a la apariencia y la pose de las vanguardias históricas. Y por supuesto, la tierra le va a tirar mucho, porque se puede ser patriota y defender a tu país sin ser de extrema derecha.
A
Exactamente. Patriota y antifascista. Esa es la clave. La extrema derecha es patriotera, no patriota. Con la bandera hasta en la cinturilla de los calzoncillos. Qué pesado. Oye, fantástico este acercamiento artístico a una mujer. Gracias por contarnos esta faceta artística, protestona de nuestro protagonista, de Miguel de Unamuno. Gracias, Ana.
D
Gracias, Nieves.
E
El invitado con Jesús Pozo.
C
No existe ningún nombre ni ningún lugar, solo golondrina.
A
Momento para Jesús Pozo, periodista, ideólogo de este programa y que trae a un invitado, el idóneo, el que se lo sabe todo sobre Miguel de Unamuno.
F
Así es. Luis García Jambrina es doctor y profesor titular de Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca. Es autor del libro de Cuentos muertos, s. A. Y de una decena de novelas. También coautor, junto a Manuel Menchón, del ensayo La doble muerte de Unamuno, como tú has dicho.
A
Sí, su última novela. Además, es el primer caso de Unamuno. Muy entretenida, detectivesca y con Unamuno por en medio. Por supuesto.
F
Pues con él vamos. Vamos a conocer a Unamuno, un pensador a caballo entre dos siglos.
E
Es uno de los grandes pensadores europeos del siglo XX. Él encarna muy bien toda esa transformación que se produce en el paso del siglo XIX al siglo XX, esa famosa crisis de fin de siglo de la que saldrá una visión del mundo completamente diferente a la del siglo XIX. El siglo XIX, las últimas décadas, son el progreso científico, la transformación social, el positivismo y todo eso de lo que Unamuno participó cuando era joven. Fue socialista durante un tiempo creía en el progreso científico, que eso mejoraría la sociedad. Pero ya A finales del XIX, después de la crisis que tuvo 1897, la cosa cambia.
F
¿Y cómo llega a ser otro bien entrado el siglo XX?
E
Que bueno, pues que eso, el progreso económico y científico, no basta para las necesidades y los anhelos humanos y que hacen falta otras cosas. Y a partir de ahí él se pasa buscando esas otras cosas. Ahí es donde surgen esas grandes inquietudes religiosas o espirituales que él tenía. Esa búsqueda de algo que tra. Ascendiera y que garantizara de alguna manera la inmortalidad. De modo que todo entra en crisis. Ya no hay verdades absolutas, sólo hay verdades relativas. De alguna manera se le considera uno de los antecedentes del existencialismo. Está en contacto con muchos pensadores, filósofos europeos. Los ha leído, los lee generalmente en su propia lengua. Ya se sabe que aprendió danés para leer a Kierkegaard. Estamos ante un personaje insólito en España no hay más que uno como él.
A
Lo de aprender danés solo para leer al intenso de Kierkegaard. A este filósofo lo hicieron famoso, faemino y cansado. Aquella absurdez que decían de que va, que va, que va. Yo leo a Kierkegaard, pero ¿Por qué a Unamuno, el mayor pensador del momento, no nos lo han enseñado como debieron?
F
Pues mira, García Jambrina nos explica por.
E
Qué no se le enseña bien, no se le da la importancia que tiene y luego pesan sobre él muchos prejuicios, desde un lado y desde otro, gente de derechas o religiosas que lo considera un ateo y un irreverente, un transgresor, y luego la gente de izquierda es que lo considera un traidor y que apoyó a Franco y que traicionó la República. Todo eso es falso, todo eso son imágenes que se construyeron sobre él precisamente un poco para neutralizarlo, precisamente porque es una figura realmente importante, porque podría ser, debería ser ahora el gran referente filosófico, moral, intelectual y no lo es, precisamente por toda esta mala prensa, por todos estos malentendidos.
F
Tanto intentaron neutralizarlo que incluso parece que impidieron que ganara el Nobel de Literatura.
E
Bueno, según sostiene Manuel Menchón y un poco yo con él, se impide que se le dé el premio Nobel por una campaña que hace los nazis y que de eso hay documentos, está documentado, porque sabían que era una figura muy importante, pero como era un gran. Como criticaba mucho a los alemanes y especialmente el nazismo, etcétera, pues se le niega el premio. Bueno, eso es el destino que tienen las personas que se pasan la vida diciendo la verdad contra viento y marea. A diferencia de lo que ocurre hoy en día, que lo que se dice, lo que se considera más oportuno, beneficioso o políticamente correcto, Unamuno era justamente todo lo contrario, una persona que no se deja nunca asimilar, no se deja nunca sobornar. Y lo que digo vale para la política, pero también para la literatura. Es que en la literatura se comportaba igual, él hacía lo que le daba la gana, independientemente de lo que luego pasara con esos libros. No iba a la moda, iba siempre a contrapelo.
A
Es que todos sus estudiosos coinciden en que era una figura de primer orden internacional. Es que era de un prestigio apabullante.
F
Claro, fíjate, lo que yo creo, y le pregunté al profesor García Jambrina, es que si en vez de ser español hubiera sido francés o inglés, otro gallo le hubiera cantado.
E
Habría ediciones y ediciones y ediciones de sus obras de todo tipo, en todas las lenguas. Y en España, sin embargo, todavía no hay unas buenas obras completas de Unamuno. Con eso te lo estoy diciendo todo. Hay libros de Unamuno que están mal clasificados. Hay un libro suyo que se titula Teresa. Es un libro que no ha leído prácticamente nadie y que se le considera un libro de poemas. Y resulta que no es un libro de poemas, es una novela. Bueno, mejor dicho, es una nibola. Unamuno en Francia, en el Reino Unido, en Alemania, sería uno de los grandes de todos los tiempos. Habría merchandising por todas partes de Unamuno, una figura muy familiar para todo el mundo, con ediciones divulgativas, pero también con ediciones anotadas y tal. Y aquí, sin embargo, no ocurre nada de eso.
A
Y para el que jamás haya leído nada de Miguel Dunamuno, ¿Cuál es la recomendación del profesor García Jambrina?
F
Te vas a sorprender con Cotrina tanto como yo cuando me lo ni Niebla, ni la Tía Tula, ni San Manuel Bueno y Mártir.
E
Los escritos que tiene de carácter más íntimo y personal son maravillosos. Y es que todo tiene interés, todo lo que escribió tiene interés. Y todo eso hay que verlo en su conjunto y sin separar unos géneros de otros, sin separar las cartas. Un epistolario enorme, miles y miles de cartas. Todos los días le dedicaba unas horas a la correspondencia. Yo le diría a alguna bueno, ¿Qué leo? No he leído nada de Unamuno.
F
¿Qué leo?
E
Pues las cartas. Estaría bien empezar con las cartas, porque ahí está el Unamuno más espontáneo, el más auténtico. Muchas de las cosas que luego las va a sacar en sus libros, las empieza a plantear en las cartas.
A
Pues mira, entre ellas está la que ha rescatado, ya le hemos mencionado al principio, el investigador Carlos A. Mayoral, porque se estuvo carteando con Henry Miller.
F
Sí. Y por cierto, ya hemos escuchado que ha salido lo de la novela on la nibola, que era para una. Sí, eso no lo decían en el instituto.
A
Sí, sí, no nos hablaban de la nibo.
F
Pero yo nunca entendí que era la nibola, que en realidad era, según García Jambrina, para Unamuno la novela evolucionada. La nibola era para él la nueva novela.
E
Y entonces la nibola ya no sé. Lo importante ya no es contar una historia, construir un personaje de forma realista que tenga interés, vamos a decir humano, narrar una historia en el tiempo, en un espacio determinado, de carácter más o menos realista, sino que la nueva novela del siglo XX, pues es algo completamente distinto, se convierte en un género absolutamente libre que puede adoptar todo tipo de formas, en el que se mezclan unos géneros con otros. El pensamiento es muy importante en la nueva novela. Los personajes al principio no tienen identidad, esa identidad se va haciendo conforme se va desarrollando la novela, etcétera, etcétera. Claro, eso es lo que aporta Unamuno, sobre todo con Niebla, y ahí donde aparece el concepto de Nievola, pero en realidad ya lo había hecho antes con Amor y pedagogía, que se publica en el año 1902, o sea, justo en el arranque del siglo XX. Y ese libro Amor y pedagogía, y otros que se publican en ese año son Ata otoño, camino de perfección de Baroja, o La voluntad de José Martínez Ruiz. Todo eso lo va a cambiar todo. Son novelas que ya no tienen nada que ver con las anteriores, una novela realista, etc. Sino que es la novela del siglo XX.
A
¿Y qué te ha contado Luis García Jambrina ya sobre el hombre, sobre el personaje?
F
Pues mira, creo que te hubieras llevado muy bien con él.
E
Es un personaje Unamuno, la mejor obra de Unamuno es el personaje que él se fue construyendo de sí mismo a lo largo del tiempo. Ese Unamuno íntimo es fundamental. Mi novela va precisamente de ese Unamuno íntimo, la relación que tenía con su mujer, con los hijos, cómo se preocupaba por ellos, porque a veces se Unamuno estaba siempre escribiendo y pasaba de sus hijos. Pues no es cierto. Hay textos donde vemos que Unamuno les ayudaba a hacer los deberes, jugaba con ellos, y esto es un poco lo que intenté mostrar en una novela. Es una novela también de carácter policíaco, negro y de carácter histórico y social. Pero también está Unamuno íntimo y que gana, porque cuando Unamuno lo bajas de su pedestal, gana, no pierde. Hay artículos de prensa de Unamuno que los lees ahora mismo y parece que están escritos ayer, porque eso está hablando o bien de situaciones que vemos que todavía se siguen repitiendo, o bien porque él está anticipando muchas cosas que ocurrieron después. Tenía ese olfato.
F
Y vamos con la sentencia final. ¿Cómo murió Miguel de Unamuno?
E
De eso hablamos en el libro, sobre la doble muerte de Unamuno. Su vida es una tragedia. Estamos convencidos de que él muere asesinado. Es una víctima de Franco, de los sublevados en plena guerra civil. Y encima la versión que ha pasado a la historia es que murió de muerte natural y que se le quemó una zapatilla en el brasero. Eso es muy injusto. Quedarse amodorrado en la mesa camilla que se te queman las zapatillas. Que es la versión empezaron a transmitir esa misma noche del 31 de diciembre. La empezaron a transmitir al contrario de cómo había vivido siempre, peleando y luchando, pero que su muerte había sido muy apacible, muy pacífica, natural. Mentira, mentira. Su muerte fue heroica y murió asesinado. Esa es la verdad. Pero la tragedia no es que hubiera muerto asesinado. La tragedia es que encima la versión oficial dijera que había muerto de muerte natural.
A
Va a haber que repetir muchas veces hasta que se nos seque la boca, que el mayor y más potente intelectual del momento, el de más prestigio internacional, más influyente, fue asesinado por la ultraderecha, por los falangistas, por orden de Francia. Muchas gracias, Jesús, por traernos a quien mejor lo conoce, a Luis. Luis García Jambrina, coautor con Manuel Menchón del ensayo La doble muerte de Unamuno y autor de la novela detectivesca El primer caso de Unamuno.
F
Adiós.
A
Esto era un gato con los pies de trapo y la cabeza al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
C
Cuéntame un cuento y verás que contento. Me voy a la cama y tengo lindas señales. Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo lindos sueños.
A
Vamos a encajar en este espacio a José Millán Astray, porque él en sí mismo ya es un cuento de terror. Aquel tipo estropeado de cuerpo y alma, enfermo de odio, ultraderechista, fundador de la Legión. Ese cuerpo que no nos interesa lo más mínimo porque nos interesan más el cuerpo y la mente del que la fundó. ¿Conozcamos cómo fue posible que este tipo acabara emparentado con Ortega y Gasset? ¿Por qué demonios se casó con una señora tan casta, tan casta, tan casta, que jamás le pudo poner la mano encima? ¿Cómo es posible que le salieran novias como Seta, si era repulsivo? ¿Por qué pasó su infancia en la cárcel? ¿Por qué eligió las armas pudiendo elegir las letras? Y lo más absurdo de todo, su terror al dentista, más cobarde que la cabra de la Legión. ¿Cómo es posible que este fascista que tenía como filosofía de vida matar algo o morir por algo fuera tan cobarde en el dentista? Fíjense que Millán Astray se inventó eso de llamar a los legionarios novios de la muerte. Eligió como patrón al Cristo de la Buena Muerte e impuso el tonto lema Legionarios a luchar, legionarios a morir. Se pasó la vida gritando Muera la inteligencia y viva la muerte. Lo primero que les dijo a los primeros legionarios reclutados en 1920 habéis venido aquí a morir. Pero bueno, ¿Qué clase de descerebrado está empeñado en morir todo el rato? Es más, Millana Stray se pasó la vida intentando que lo mataran. Le faltaba el brazo izquierdo, perdió el ojo derecho, tuvo heridas en el pecho y en una pierna y acabó tan afectado por un disparo en la cabeza que sufrió vértigos el resto de su vida cada vez que la giraba. Pero sí tenía pánico al dentista. Y eso que apenas iba y por eso tenía la boca hecha polvo. Paul Preston cuenta en su libro Las tres Españas del 36 que cuando Millán Astray iba al dentista siempre se llevaba sus legiones. Se trataba de que les inyectaran a alguno de ellos la anestesia, comprobar que no era veneno y que funcionaba. Y en Salamanca, una vez sentado en la consulta del doctor García de la Cruz, sus legionarios comprobaron que a Millán Astray le dio un tembleque de pánico con la boca abierta y decidieron solucionarlo de la siguiente formaron junto al dentista y le cantaron eso Soy valiente y lea legionario mi destino tan solo sufrí. Y así le sacaron las dos muelas. Luego, como buen fascista, enredó al dentista y en vez de pagarle, le dio una foto firmada. A José Millán Astray de pequeño le llamaban Pepito y se crió de cárcel en cárcel porque su padre, que era abogado y funcionario del Estado, además de aspirante a escritor y poeta, fue director de varias instituciones penitenciarias. Qué gran paradoja que el hijo de alguien que amaba la literatura acabara gritando por las esquinas aquello de Muera la inteligencia. Algo falló en Pepito. Quizás que su padre fue destituido como director de la cárcel Modelo de Madrid y trasladado al Puerto de Santa María, en Cádiz, lejos de sus hijos, porque se vio salpicado por un famoso el crimen de la calle Fuencarral, asunto con el que ahora, lamentablemente, no nos podemos entretener. Puede ser que a Pepito, quizás por haber crecido en medio de la disciplina carcelaria, le tiraran más el ejército y los uniformes. Su hermana, en cambio, fue una muy buena escritora. Pilar Millán Astray fue muy famosa por sus sainetes y sus comedias teatrales. Por ejemplo, la película que hizo famosa Lena Morgan, La tonta del botón, que ha quedado como frase hecha, es una adaptación de la obra de Pilar Millán Astray. Y como buena fascista, también espió para los alemanes en Barcelona durante la Primera Guerra Mundial. La de 1914 cobraba 1.000 pesetas por cada informe que pasaba de los británicos. Pepito, sin embargo, se alejó de las letras y se dedicó a lo luchar en Filipinas, hacerse amiguete de Franco y casarse con una fundamentalista de la castidad. Este pudo ser uno de los orígenes para que se volcara como loco en las armas, porque al principio tuvo que suplir determinadas carencias. Digo yo que las sexuales. Millán Astray se casó con la hija de un general, Elvirita. Una muchacha que inmediatamente después de la boda, nunca antes, la muy canalla, le comunicó que había hecho voto de castidad perpetuo. Nada de sexo en lo que les quedaba de vida. Millán Astray se aguantó un rato en el que sufrió una hiperactividad militar, porque por algún lado tenía que desahogarse este hombre. De ahí tantas ganas por matar o morir. Volcó todas sus energías en la patria y sobre todo en la Legión. Lógico también, porque al menos gritaba A mí la Legión. Y los legionarios iban. Cuando llamaba a su mujer, ni caso, lo noto.
C
Sé que nos pasa algo, aunque selles tus labios de mal rollito entre los dos.
A
Por supuesto, enseguida mandó su catolicismo a la porra y sustituyó la castidad de su mujer por el amor de muchas. Se pierde la cuenta de sus ligues. Pero su relación más famosa fue con Celia Gámez. Se supone que el artista vería en él la erótica del poder, porque era Mirana Millán Astray y se te quitaba las ganas de todo. Un parche en un ojo, el otro de mirada fría, el pómulo cruzado por un costurón sin un brazo. Y aún así se ligó a Celia Gámez. Era un mito erótico entonces. Pero su novia más oficial, al margen de esposa y demás amantes, fue Rita Gasset, prima del filósofo y madre de la única hija de Millán Astray. Aquí fue donde le falló Franco a Millán Astray. Tantos años siendo colegas, Tanto empuje que dio Millán Astray para encumbrar a Franco. Y cuando le pidió que anulara su matrimonio con Elvirita para poder casarse con Rita Gasser, su amigo le dijo que nones, que él se había casado para toda la vida y que aquí no se separaba ni Dios. Millán Astray se defendía diciendo Pero si anular mi matrimonio es muy fácil si no hemos hecho nada. Y Franco que no, no le quedó otra que irse con su novia a Lisboa y allí nació Peregrina Millán Astray y Gasset tiene guas además que tiempo después acabara Millán Astray siendo padrino en la boda de Celia Gámez con un dentista. Historias con sonido Cara B con Emma Vallespinós Y terminamos como siempre con música.
B
E iremos de los dientes al corazón. Algunos no tienen ni lo uno ni lo otro y puede que tenga una explicación. En todo caso los dientes de Mellan Astray son nuestra excusa para esta cara B. Con esa dentadura tenía seguro periodentitis, una enfermedad que es la versión grave de la gingivitis. Una de sus consecuencias es la pérdida de dientes, lo que además de de una sonrisa muy fea o dejarnos sin blanca para poder arreglarla, tiene sus riesgos. Las bacterias de debajo de la encía pueden pasar a la sangre y aumentar el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Y con eso ya hemos llegado al corazón. De canciones con el corazón en su título hay muchas, pero puestas a escoger nos quedamos con los pedacitos de corazón de Janis Joplin en su Piece of my Heart, su versión de un tema originalmente soul que lanzó en 1968.
A
La escuchamos ya mismo, pero antes les recordamos que este programa ha sido posible gracias al trabajo de Jesús Pozo, Ana Baltierra, Emma Vallespinos, Pepe Rubio, a la técnico de sonido María Jesús Rodríguez y al mío Nieves con Costrina. Hasta la próxima.
G
¿Like you on my own yeah I didn't give you nearly ever things that a woman possibly can honey no, I did But each time I tell myself that I wanna think I had enough I'm on I'm gonna show you baby That a woman can't be tough I want you come on, come on, come on come on and take out Take another little bit in my heart Take another little bit in my heart? If it makes you feel good Oh, yes, indeed. You're out on the streets looking good And be deep down in your heart I guess you know that it ain't right Never hear me when I cry I never But I cry over time But each time I tell myself that Well, I can't stand the pain But when you hold me once again Come on, come on, come on, come on Yeah, Take another loop. I need you to Come on, come on, come on, come on, come on Take another little piece of my hook Another little bit of. ¿Another little piece in my honey Baby, do you know you got it?
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SER Podcast | Host: Nieves Concostrina | Date: 30 Septiembre 2024
This episode of Todo Concostrina dives into the life, thought, and tumultuous historical context surrounding Miguel de Unamuno—a towering intellectual figure, staunch republican, relentless critic of the Spanish monarchy and the far-right, and an antifascist. Concostrina narrates with characteristic irreverence and wit, challenging official narratives about Unamuno’s legacy and death, discussing his confrontations with the monarchy and fascism, his complex relationship with the avant-garde, and the misrepresentation of his life and philosophy. The episode features insights from art historian Ana Baltierra and a rich interview with Luis García Jambrina, co-author of La doble muerte de Unamuno.
Unamuno’s repeated expulsions and reinstatements as Rector of Salamanca, defiance against Alfonso XIII, and his public writings in El Mercantil Valenciano, culminating in further condemnation ([09:25–13:00]).
Resilience and Refusal of Indulto (Pardon):
Even when facing a catastrophic sentence, Unamuno refused the pardon, wanting the disgrace to fall on the monarchy, not himself ([14:07]).
Reactions and Legacies:
The attempt to silence Unamuno backfired—he only gained more international support, and the king’s maneuvers made him look worse.
The episode is rich in sarcastic humor, irreverence, and historical rigor—a trademark of Concostrina. It takes aim at both left and right, skewering the persistent misunderstandings about Unamuno and the whitewashing of Spanish historical memory. The guest experts complement the host’s discursive style with academic authority, and the overall tone balances critique, homage, and critical popular history.