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Emma Vallespinós
Ser podcast.
Nieves Con Costrina
En la Cadena SER. Cualquier tiempo pasado fue anterior Con Nieves con costrina. Mañana del 17 de marzo de 2015. Convento de las Trinitarias, en el Barrio de las Letras de Madrid. Rueda de prensa petada de informadores con medio Ayuntamiento de Madrid de la corporación de doña alcaldesa Ana Botella, señora esposa del otro señor que llama a la rebelión para puto defender España. Y con un grupito de monjas observando el circo desde la distancia mientras se frotan las manos por el negocio que se les viene encima. El responsable del equipo científico que ha estado buscando los restos de Miguel de Cervantes anuncia en mitad de gran expectación que allá va. Es posible considerar que entre los fragmentos encontrados en la cripta de la iglesia de las Trinitarias se encuentran algunos pertenecientes al escritor sin discrepancias, claro. Y también sería posible considerar sin discrepancias que si mi padre no fuera mi padre y tuviera ruedas, sería una bicicleta. Pero sólo es eso posible, no probable. En el momento de tan trascendental anuncio de repercusión mundial, la cla que llevó el Ayuntamiento de Madrid rompió la formalidad de la rueda informativa con un aplauso, como si fuera una sorpresa para ellos. Era el titular fabricado y forzado que necesitaba doña alcaldesa Ana Botella para largarse del Ayuntamiento. Yo encontré los huesos de Miguel de Cervantes. Usted encontró un mojón de Cervantes. Eso es lo que encontró. Un mojón. Sin discrepancias. Ya avisamos que de vez en cuando iríamos dando la turra con episodios variados sobre Miguel de Cervantes y cómo era la España que habitó. Y hoy toca el asunto necrológico para conocer la farsa político científica que se montó con el objetivo de acaparar titulares en torno a unas supuestas esquirlas de unos supuestos huesos de un supuesto Cervantes. Van a tener que aguantar hasta el final porque primero toca hacer un recorrido ordenado para conocer cuándo, cómo y por qué los restos del más celebrado escritor en lengua castellana se han perdido para siempre. Así que nos tenemos que ir al 22 de abril del año 1616. Sí, al 22. Cervantes no murió el 23. El 23 lo enterraron. Da igual, no importa. No es un dato esencial en esta historia. Pero si es que no, pues no. Ya se sabe que es muy atractivo intentar moldear la historia a nuestro gusto para hacer coincidir eventos extraordinarios que implican a personajes fenomenales. Pero como en este equipo somos poco complacientes con las versiones oficiales, insistir en lo que ya está dicho hasta la saciedad. El 23 de abril de 1616 no murieron ni Cervantes, ni Shakespeare, ni Garcilaso. Sólo coinciden en el año de la muerte y en el oficio el de escritor. Nada más. Lo que ha dado lugar a creer que Cervantes murió el 23 de abril fue un documento oficial que se llamaba partida de sepelio y que extendía la parroquia a la que pertenecía el muerto en cuestión. Y esta partida nada tiene que ver con la fe de defunción, lo que ahora llamamos certificado de defunción. En aquel Madrid de 1616 era un escribano el que certificaba oficial y administrativamente la muerte de un ciudadano, no como ahora, que lo tiene que hacer un médico. Antes uno se moría, venía un tipo que sabía escribir, pagado por el ayuntamiento, y daba fe de que tal o cual paisano había cascado. Luego entraba en escena la parroquia que se ocupaba de registrar el entierro y extender la partida de sepelio. En el caso de Cervantes, fue la parroquia de San Sebastián, en la calle de Atocha, la que asentó en el folio 270 del libro de difuntos la partida de sepelio con fecha 23 de abril, día del entierro, no de la muerte. Y de la misma manera que este asunto de las fechas carece de importancia, que existan o no huesos de Cervantes es igualmente secundario. Que una celebridad histórica tenga o no tenga tumba tiene una importancia relativa, pero da pistas sobre el trato que un país da a la cultura y a quienes la hacen posible. Que Inglaterra conserve las tumbas de Shakespeare, Isaac Newton o Francis Bacon, por mencionar solo un trío, es un dato. Que en España se hayan perdido Velázquez, Quevedo, Calderón, El Greco, Cervantes, Tirso, Murillo, Lope o Zurbarán también es un dato. El viernes 22 de abril de 1616, Miguel de Cervantes Caputo Una pena haber escrito una obra magistral y largarte de este mundo sin enterarte de que lo has hecho. Colón se murió sin saber que había descubierto un continente y Cervantes se fue sin imaginar que cuatro siglos después sería uno de los escritores más célebres y celebrados del mundo. No tenemos muchos datos de las instrucciones que dejó porque el original de sus disposiciones testamentarias, las que dictó al escribano Gabriel Martínez se ha perdido. De su última voluntad sólo se sabe que ordenó dos misas del alma porque no había dinero para más. La muerte le andaba rondando desde hacía semanas y dándole avisos desde cuatro meses antes, los cuatro meses en los que estuvo escribiendo su última obra, El Persiles. Quienes han estudiado en profundidad esta última novela destacan cómo se va detectando en ella el agravamiento de su enfermedad por los descuidos, los lapsus y los errores no corregidos o mal enmendados del texto. Tuvo también tiempo de prepararse para el bien morir, como se decía entonces, aunque ya hubiera preferido Cervantes tener una muerte rapidita, porque presto acaba la pena mas la que se dilata con tormentos siempre mata sin acabar la vida. Esto lo dijo don Quijote, pero bueno, es como si lo hubiera dicho Cervantes. Y tanto tiempo tuvo mientras se iba muriendo que pudo ingeniárselas para que a su mujer le saliera gratis el entierro. Por eso se metió a fraile franciscano. Ahí anduvo listo. Estaba muy de moda pertenecer a órdenes religiosas por aquel entonces y en concreto en Madrid. Raro era el que no estaba inscrito, como así hizo Cervantes, en la Orden Tercera de San Francisco hace cuatro siglos. El miedo a la muerte, a los infiernos, mantenía amarrada a la gente a la religión y por ello muchos entraban a formar parte de las órdenes religiosas. Era una forma de morirse con enchufe en el más allá. Se podía pertenecer a ellas en distintos niveles y con distintas como hermano no profeso, como hermano profeso o realizando todos los votos para alcanzar la categoría de sacerdote. Cervantes pertenecía a la orden tercera como hermano no profeso desde 1613, con la idea de profesar en un futuro porque, entre otras cosas, tenías derecho a sepultura gratis. El escritor deseaba que ese futuro estuviera muy lejano, porque en cuanto profesara del todo tendría la obligación de vestir siempre el hábito franciscano y vivir muy humildemente. Bueno, lo de vivir modestamente no era problema, porque estaba sin un duro, pero lo de ir por la vida con el hábito franciscano, pues no. Por eso el hombre dilató todo lo que pudo su ingreso en la Orden Tercera de San Francisco. Finalmente profesó en su misma casa el 2 de abril de 1616, veinte días antes de morir. Hubo un cronista franciscano que describió cómo fue la toma del hábito por parte de Miguel de Cervantes escribió que lo hizo teniendo una vela de cera blanca en la mano derecha y la cuerda y el hábito en la izquierda, falta de movimiento por la herida de Lepanto. Cuando le hubieron vestido el hábito, quedó con sotanilla. Vestido de esta guisa, se supone que Cervantes hizo una última salida a Esquivias a Toledo, porque su médico se empeñó en que le vendrían mejor aquellos aires. Pero no empeoró y el 12 o el 13 de abril regresó a su casa de Madrid. Ya no levantó cabeza lo mal que.
Carlos Aguar
Estoy y lo poco que me quejo, lo mal que estoy y lo poco que me quejo.
Nieves Con Costrina
Siempre me levanto con el pie mirando al suelo.
Pepe Rubio
La voz muda me saluda desde lejos, me regala su silencio, pero yo me hago el sueño.
Nieves Con Costrina
Corrigió a duras penas y malamente el Persiles y redactó el prólogo, ese cuya última línea Adiós, gracias, adiós donaires, adiós regocijados amigos, que yo me voy muriendo y deseando veros presto, contentos en la otra vida. Recibió la extrema unción el día 18. El 19 escribió la dedicatoria al conde de Lemos, porque iba a necesitar los cuartos que pudiera darle este noble, si no ya para él, sí al menos para su mujer. Aguantó vivo dos días más y el 22 de abril Cervantes murió con el hábito franciscano puesto. Aquella noche previa al entierro pasaron por su velatorio familia, vecinos, escritores, poetas. De haber estado en Madrid, su vecino Quevedo habría ido seguro, pero andaba por Cartagena. Lope de Vega sí asistió, pero dice las malas lenguas que seguramente sólo para asegurarse de que estaba bien muerto, porque le comía la envidia, no lo aguantaba. Al día siguiente el cortejo tomó camino del convento de las Trinitarias, en la manzana de al lado. Fue un amigo suyo y su confesor, Francisco Martínez, el que negoció con las monjas la sepultura por ser capellán en este convento y atendiendo los deseos de Miguel de Cervantes, que quería que fuera ahí. El sábado 23 de abril, un día raso de sol espléndido, mientras se enterraban a Cervantes, los madrileños estaban paseando a la Virgen de Atocha en rogativa para luchar contra la pertinaz sequía. No llovió, por cierto, porque las muñecas no sirven para estas cosas. El epitafio que le dedicó el escritor Francisco de Urbina ponía punto final a la presencia de Don Miguel en este mundo caminante el peregrino Cervantes aquí se encierra. Su cuerpo cubre la tierra, no su nombre, que es divino. En fin, hizo su camino, pero su fama no es muerta, ni sus obras prenda cierta de que pudo a la partida desde esta a la eterna vida ir. La cara descubierta. Una vez enterrado Cervantes en la cripta de las Trinitarias, podría decirse que colorín colorado, este cuento se ha acabado porque a ciencia cierta no se sabe nada más. No hay datos de dónde lo ubicaron, no se documentó el lugar exacto de la sepultura, no hubo lápida ni señal alguna. Las monjitas de las narices le dedicaron el trato que se daba a cualquier mortal que no llegara con dinero por delante. El anonimato lo trataron como trataban a todos los muertos que no fueran de alto standing, pese a que la iglesia vendía tumbas a perpetuidad. En cuanto aumentaba la demanda y te dabas la vuelta, sacaban tus huesos y revendían la sepultura. El convento de las Trinitarias cuando enterraron a Cervantes era muy pequeño, era una birria. Diez años después, cuando enterraron a la viuda del escritor, el convento ya estaba metido en obras y las monjas solo andaban preocupadas por conseguir dinero para poder comprar los inmuebles de alrededor y ampliar el negocio. Al parecer, el único difunto que después de entrar salió del convento fue el marido de la fundadora, Francisca Romero, que acabó embroncada con las trinitarias y le retiró el dinero y el apoyo. Producto de aquel enfado sacó a su marido sepultado en lugar preferente y con una tumba perfectamente identificada, pese a que este tipo no había escrito el Quijote. La del difunto esposo es la única exhumación documentada en el convento de las Trinitarias, lo que no quiere decir que no se realizaran algunas más, ni que algún que otro muerto indefenso saliera entre los escombros. Este último caso era más habitual de lo que cabría imaginar y así lo reflejó un autor del siglo XVI que se lamentaba de las obras indiscriminadas en los ¿Podrá ser que algún tiempo venga a hacerse algún edificio par de tu sepultura y que saquen de ella tierra para hacer una pared, y vendrá tu pobre cuerpo hecho tierra a ser después una tapia?
Pepe Rubio
Ruido de ventanas, ruido de manzanas que se acaban por pudrir. Mucho, mucho ruido. Tanto, tanto ruido.
Nieves Con Costrina
El convento, con Cervantes dentro, llegó a estar abandonado durante un par de años porque las monjas, incómodas entre albañiles y ruidos, se mudaron a otro. Vaya usted a saber lo que pudo pasar allí en ese tiempo, con el convento en obras y patas arriba. Cuando a finales del siglo XVII, ochenta años después del entierro de Cervantes, se inauguró el nuevo convento, aquello ya no era sombra de lo que fue. Lo que comenzó siendo una birria ahora figuraba en el registro de la propiedad como un convento compuesto por la unión de 11 inmuebles. ¿De dónde sacarían la pasta para adquirir tanto Bueno, ¿Y Cervantes? ¿Dónde demonios había quedado Cervantes? Las monjas, las responsables de custodiar a los muertos que les fueron confiados, habían pasado ampliamente del escritor casi a finales del siglo XIX, cuando el ayuntamiento de Madrid quiso expropiar el convento para hacer un mercado, estas listas salieron a pregonar ante las autoridades municipales que tenían un escritor famoso entre sus muros que no podían quitarles el convento. Por ahí abajo, en alguna parte, debía de seguir Cervantes. En 1868, doscientos cincuenta y dos años después de que lo hubieran enterrado, no sabían dónde, la presencia de Miguel de Cervantes fue utilizada en defensa del monasterio con, vamos a imaginarlo, sólidos argumentos como Hombre, ¿Cómo vais a expropiarnos para derribar el convento y poner aquí una charcutería? Por amor de Dios, si tenemos enterrado a Cervantes. ¿Ah, pero tenéis a Cervantes? ¿Como no lo habéis dicho antes? Pues se nos habrá pasado. ¿Y dónde está? Ah, ¿Dónde está? Bueno, pues está por aquí, un poquillo más allá, quizás. No sabemos, pero debe de estar. Las monjas salvaron su negocio a costa del escritor y Miguel de Cervantes continuó sacándoles las castañas del fuego. En los siguientes años, gracias a que académicos, políticos e intelectuales no dejaron de pelear para salvar el convento sólo porque allí estaba, se supone, Cervantes.
Emma Vallespinós
No soy más que tú, tu fantasía tantas veces soñaste que se hizo realidad Pero lo que tú, tú no sabías es que los sueños no se pueden dominar. ¿No crees que me ves? Cruza la pared hago chasi, aparezco a tu lado.
Nieves Con Costrina
En 1921, el filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal elevó una petición al gobierno desde la Real Academia de la Historia para declarar monumento nacional la iglesia del convento. Y el convento en sí. Lo hizo porque, y leo conservando el monasterio se conservan también los restos del autor del Quijote. Menéndez Pidal dejó claro en su escrito el nulo valor artístico del edificio y basó su defensa diciendo que la razón única, primordial para que la iglesia sea conservada evitando su demolición, es que toda ella, como acertó felizmente a decir el marqués de Molins, es la tumba de Miguel de Cervantes. Las peticiones fueron atendidas y en aquel 1921 las trinitarias volvieron a respirar tranquilas al ver declarado su convento Monumento Nacional, pese a carecer del más mínimo interés histórico, artístico o cultural. Era la segunda vez que Cervantes salvaba a sus maltratadoras, pero faltaba otro susto, y lo dio la Segunda República. Resultó que las trinitarias no estaban pagando los impuestos que correspondían. Sí, claro, no les extrañe. La iglesia es una caradura, antes, ahora y siempre. Y ante la enorme deuda que acumulaban con el municipio y con el Estado, se planteó sacar a subasta el convento para saldar la deuda y evitar que siguiera incrementándose. Que fuera un convento declarado una década antes Monumento Nacional no impidió tomar la decisión, puesto que bastaba echar un vistazo para comprobar que, por mucha declaración solemne, eso era feo y carente de interés. Apareció un postor dispuesto a comprar el monasterio, derruirlo y allanar aquel magnífico solar para levantar una manzana de viviendas, pero el constructor se encontró enfrente nada menos que al jefe del Estado, Aniceto Alcalá Zamora. Republicano hasta las trancas, pero también católico hasta la médula, El presidente de la República, siempre dispuesto a enfrentarse a todos los que apostaban por un laicismo militante, fue además un entusiasta lector del Quijote y un enamorado de su autor, Tal y como nos cuenta Manuel Molina, filólogo, escritor y biógrafo de su paisano Niceto Alcalá Zamora. En el otoño de 1932 el presidente de la República recibió una petición de la Real Academia Española para que evitara la subasta del convento. Alcalá Zamora no dudó en hacer suya la causa porque le resultaba inconcebible que en el paquete de la subasta fueran los restos de Cervantes. Pero ¿Qué restos? ¿Si Cervantes estaba más perdido que Feijóo con un mapa de España? El presidente pidió durante un consejo de gobierno que se evitara la venta, pero no convenció. Ni siquiera logró tocarle la fibra a su archienemigo y presidente del gobierno Manuel Azaña, cuando le recordó que Miguel de Cervantes y él eran paisanos. Alcalá de Henares vio nacer a los dos. El apoyo le llegó a Niceto Alcalá Zamora, de quien, como él mismo contó en sus memorias, menos podía esperarse el auxilio del ministro de Hacienda Jaume Carner, ateo, materialista, hombre de negocios, el único miembro del gobierno que tenía como lengua materna el catalán y que, sin embargo, para Alcalá Zamora defendió el castellano como nadie. Al defender la tumba de Cervantes como ministro de Hacienda le dijo al presidente de la República que no consentiría en la subasta pese a considerarse más laico que nadie. Así fue como por tercera vez el convento que se olvidó de Cervantes, que descuidó su tumba y que perdió sus huesos, volvió a salvarse gracias a él. Después de tanto salvamento in extremis, el único esfuerzo de las trinitarias fue instalar una lápida junto al altar, en el lado del Evangelio, en la que se grabó la siguiente en este monasterio yacen Miguel de Cervantes Saavedra, doña Catalina de Salazar, su esposa, doña Isabel de Saavedra, hija de Cervantes, y sor Marcela de San Félix, hija de Lope de Vega. Todo mentira. En su afán por demostrar que allí tenían mucho ilustre enterrado en el convento, se inventaron difuntos de más e incluyeron a la hija de Cervantes, que nunca estuvo allí sepultada. La lápida luce ahora un feo borrón sobre el mármol porque tuvieron que eliminar el nombre de la hija porque, vamos, las monjas no gastaron en una lápida, emborronaron la vieja. Así son ellas de miserables. Ni que decir tiene que si de los huesos de Cervantes nunca más se supo, tampoco hay noticias de los de las otras dos.
Jesús Pozo
Señores.
Pepe Rubio
¿Puedo ver ustedes que estáis aquí? Estáis callados, pero sí que estáis aquí. Estáis aquí, Estáis aquí, Estáis aquí, Estáis aquí, Estáis aquí, Estáis aquí, Estáis aquí. Estáis aquí.
Nieves Con Costrina
Historias con sonido cara A con Emma Vallespinós Vamos con la primera historia con sonido. Hola, Emma.
Ana Baltierra
Hola Nieves. Hoy nuestras historias vienen inspiradas por una nueva edición del Quijote que ha publicado la editorial Blacky Books dentro de su proyecto Clásicos Liberados. Este proyecto consiste en darle una vuelta a la edición de algunos tótems de la literatura universal. Empezaron en 2020 con La Odisea y a razón de un libro por año, han reeditado ya el Génesis, la Ilíada y ahora el Quijote. ¿Qué tiene de novedoso este Quijote? Pues que el libro incluye códigos QR y numerosas notas en los márgenes que tratan de dar contexto y actualizar algunos de los temas que se tratan, como por ejemplo el suicidio, el papel de las mujeres, la escatología, el analfabetismo o la pobreza. Uno de los QR de este Quijote nos lleva a De Aquino sales, que es un tema de Rosalía incluido en El Malquerer, que será nuestra cara porque su videoclip hace referencia a la lucha del ingenioso hidalgo contra los molinos de viento.
Nieves Con Costrina
Siempre presente. El Quijote nunca muere.
Ana Baltierra
Nunca muere.
Nieves Con Costrina
Una obra inmortal e inmorible. La escuchamos.
Emma Vallespinós
Yo que tanto te cambié, Que tú da y no sale. De lo que a ti te está doliendo. Conmigo no te equivoco con el revés de la mano yo te lo dejo bien claro, amarga, apenas te vendo caramelo. También tengo.
Nieves Con Costrina
Contarte el arte Ana Baltierra. Ana Valtierra, doctora en Historia del Arte y doctora en encontrar alianzas entre el tema que nos ocupa y la cosa artística. Hola, Ana, ¿De qué va hoy la cosa?
Ana Valtierra
Hola, Nieves, me encanta la voz grave con la que has empezado con esta música de fondo. Ahora Valtierra. Bueno, pues como la cosa, como habrán intuido, va de muerte, en concreto de Cervantes, vamos a hablar de la iconografía de la muerte o de cómo se representaba la muerte en el arte del siglo XVII en España. Como es un tema que nos da para varios programas, vamos a centrar el tiro un poco y vamos a hablar de la obra de un artista muy curioso que pintó un poco más avanzado el siglo XVII. Estamos pensando en el pintor sevillano Juan de Valdés Leal, que hizo una obra que conocemos con el nombre de Jeroglíficos de las Postrimerías para el Hospital de la Caridad de Sevilla y que le terminó valiendo el sobrenombre de pintor de muerte. ¿Qué son estas postrimerías? Según la Iglesia, las postrimerías son las etapas por las que tiene que pasar cualquier ser humano al morir. Y la muerte, claro. Primero te tienes que morir el juicio, el infierno y la gloria. Como ves, es una visión un tanto terrorífica de la muerte.
Nieves Con Costrina
Sí, pero explícate, ¿Qué es esto de los jeroglíficos de las postrimerías? ¿Esto qué es?
Ana Valtierra
Pues son dos obras para el sotocoro en la zona de ingreso de la iglesia, donde la gran protagonista es la muerte, un buen recibimiento, como ves, para entrar en la basílica. Las obras se llaman Inictu oculi y Finis gloria, mundo, y tanto una como otra pertenecen al género de las vanitas, que son obras que representan la vacuidad de la vida y lo efímeros que son los placeres mundanos que desaparecen cuando llega la muerte. ¿Cómo lo hace? En la primera de las dos pinturas, inictu oculi, aparece esta frase escrita, que es el tema de la pintura. Traducido del latín quiere decir en un abrir y cerrar de ojos y hace referencia al paso del tiempo, la fugacidad de la vida. Para escenificar este tema, Valdés Leal va a pintar un esqueleto grande, que es la Muerte, llevando un féretro bajo el brazo y una guadaña. Cada vez que la guadaña Nieves toca algo, se apaga, toca el cielo y se apaga en un abrir y cerrar de ojos, es decir, inictu oculi. Esta idea de que la muerte todo lo apaga hace que sean innecesarias todas las riquezas que están representadas en la pintura por un cetro, una tiara, un báculo, una corona imperial, porque todos somos iguales ante la muerte y todo lo vamos a perder. También hay armaduras y terciopelos, porque todo lo adquirido por las armas también carece de valor ante la muerte. Y a Emma Vallespinos, pues seguramente esto le va a doler muchísimo, le vamos a partir el corazón. Pero también hay bastantes libros tirados por el suelo, está todo muy desordenado, y.
Nieves Con Costrina
Eso qué pintan los pobres libros por.
Ana Valtierra
Ahí tirados, pues se refieren a que según esta visión de la muerte del siglo XVII, estos libros que aluden a la fama que te puede dar la historia o la erudición, también desaparecen con la muerte. Es curioso porque si metemos la lupa en la pintura, si ponemos el zoom en el ordenador, cuando la busquemos esa en Google, no son libros al azar. Valdés Leal ha metido libros reales, libros nieves, que existen. Hay uno enorme, muy llamativo, que está abierto y en la página se ve que hay un grabado de un dibujo de Rubens de un arco triunfal. Se cree que seguramente ese libro, fíjate qué curioso, lo consultó de verdad Valdés Leal y lo usó como fuente para recrear sus diseños decorativos para las fiestas de canonización de Fernando III, porque este artista participó activamente en la decoración de la ciudad también leyendo el lomo de otro podemos identificar varios libres. Por ejemplo, podemos leer Plinio, entendemos que es Plinio el Viejo, el escritor romano cuya obra Historia natural alcanzó mucha difusión. También leemos Suárez, que seguramente sea un ejemplar de los comentarios de Santo Tomás de Aquino, realizado por Francisco Suárez. También unos comentarios a Isaías. Y fíjate la historia de la vida y hechos del emperador Carlos V. Como ves, tiran todos, se andan con tonterías todos los palos. Hay un pupurrí donde cabe el arte, la teología, los reyes. Todo lo realizado para la gloria del ser humano carece de sentido al llegar la muerte.
Nieves Con Costrina
Desde luego, por lo que cuenta, es una pintura tremenda. Y la otra que mencionabas, ¿Cómo es?
Ana Valtierra
Pues la otra que decíamos se llama Finis gloria mundo, que traducido del latín es Las glorias del mundo. También se llama así porque Valdés Leal metió una cartela con esas palabras en la parte de debajo de la pintura, justo por debajo del ataúd que contiene a uno de los muertos. Concretamente, en la parte de abajo de la pintura hay dos muertos, cada uno con su sarcófago. Son dos cadáveres putrefactos, el uno de un obispo y el otro de un caballero calatravo. La muerte era el paso necesario para llegar al juicio del alma, y por eso, por encima de estos cadáveres putrefactos hay una balanza romana con dos platillos. El platillo de la izquierda contiene la inscripción NI más y el de la derecha la inscripción NI MENOS. Es curioso, sí en el platillo de la izquierda de esa balanza, junto con la inscripción de NI más, aparecen representados de manera simbólica los pecados capitales. Por ejemplo, aparece un cerdo que simboliza la gula, un pavo real que simboliza la soberbia, o un mono que simboliza la lujuria. Y en cambio, en el platillo de la derecha, con la inscripción NI menos, aparecen rosarios y libros de divorcio. Ahora hay que encajar todo esto simbólicamente. Lo que nos quiere decir es que no se necesita más para caer en el pecado, ni menos para salir del pecado que la oración y la penitencia. Toma ya. La balanza, por supuesto, la sujeta a una mano que sale del cielo.
Nieves Con Costrina
Buenísimo. ¿Y quién encarga este tema tan tremendo sobre la muerte? A Valdés lea. Seguro que hay alguien detrás de todo esto. Entiendo.
Ana Valtierra
Bueno, así es. Y conociendo al mecenas, entendemos mejor la obra. Ya hemos dicho que la obra se hizo para la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla. En 1663 Miguel Mañara fue elegido hermano mayor y entre sus nuevas medidas en el cargo estuvo terminar las obras de la iglesia, que llevaba tiempo empantanada. Seguramente fue Mañara quien diseñó el programa decorativo y quien eligió a los artistas más importantes del momento para llevarlo a cabo. Por eso fíjate que encargó a Bartolomé Ceba Murillo seis pinturas sobre la Misericordia y a Valdés Leal, estas dos pinturas de las postrimerías. El objetivo original de esta hermandad era dar sepultura a los ajusticiados y a los indigentes. Así que estas dos pinturas serían una decoración específica para un refugio y un hospital de pobres. Servirían, por tanto, para recordar a los pobres que no pasa nada por ser pobres, porque al más allá no te vas a poder llevar nada y total, todas esas riquezas son efímeras. Nos puede dar un poco la risa porque se debían que que consolaban algo, aunque con franqueza, a los pobres no suele consolar más que los ricos inviertan algo en sanidad o en educación. Porque claro que sí, que sí, que el rico y el pobre vamos a llegar al mismo lugar con las riquezas que sin ellas, es decir, a la muerte. Pero mejor si en el camino has vivido bien, has vivido con algo que llevarte a la boca y un poco de comodidad. Estas dos pinturas, Nieves, sobre la muerte, fueron muy famosas desde el siglo XVII. Antonio Palomino, que es un tratadista español de la época, habló de ellas diciendo algo impresionante. Decía que el cadáver putrefacto que aparece en uno de ellos causa horror y espanto al mirarlo, pues es tan natural que muchos al verle inadvertidamente se retiran temerosos o se tapan la nariz. Fíjate que causaba miedo y parecía real, incluso llegó a circular una anécdota, inventada, por supuesto, pero son maravillosas. Igual que decía que Murillo, al ver las dos pinturas, porque Murillo Valdés León, se dice que tenían un poco de pique, aunque hay un poco de leyenda aquí, le había dicho Murillo Valdés, compadre, esto es preciso verlo con las manos en las narices. Es grandiosa la frase. Bueno, tanta fama se ganó Valdés Leal con estas pinturas que durante muchos años cualquier pintura que apareciese con un cadáver se le atribuía a él. Era como si fuese el pintor de muertos oficial, ya sabes, el refrán Escríbanlo.
Nieves Con Costrina
Y échate a dormir. Muchísimas gracias, Ana. En mi vida había oído esto de los jeroglíficos de las postrimerías, que hay que ver también el nombre tan rebuscado. Pero ya sé otra cosa más. Muchísimas gracias.
Ana Valtierra
Gracias, Nieves.
Jesús Pozo
El invitado con Jesús Pozo.
Nieves Con Costrina
Jesús Pozo, periodista, ideador de este programa en el que queda demostrado que cualquier tiempo pasado siempre fue anterior, trae hoy como invitado a Carlos Aguar, profesor de Historia en la Complutense, secretario de la revista Goya durante más de 25 años y miembro del Instituto de Estudios Madrileños. Cuéntanos, Jesús.
Carlos Aguar
Pues antes explico por qué un especialista en cementerios y arte funerario español del siglo XIX está invitado en un programa sobre la muerte de Cervantes.
Nieves Con Costrina
Explica, explica.
Carlos Aguar
Pues está aquí para contar por qué se nos han perdido, como Cervantes, tantos muertos ilustres en España hasta bien entrado el siglo XX. Saguar nos va a recordar primero quién era responsable de enterrar a los muertos en nuestro país.
Jesús Pozo
Hay que tener en cuenta que las iglesias y las catedrales se financian con los dineros de la nobleza. Adquieren los derechos para sepultarse en ellas y cuanto más cerca del altar, más dinero. Las sepulturas de la gente común se acumulaban a los pies de la iglesia o fuera de ella, en los atrios, y luego había también fosas comunes para la mayoría de la población. Y se producían numerosos entierros clandestinos. Se pagaba al cura párroco o al enterrador y enterraban al muerto, pues eso de tapadillo de noche. En fin, esa era la situación. Incluso el Consejo de Castilla se muestra muy reticente.
Carlos Aguar
Para acabar con la insalubridad de enterrar en la Iglesia, Carlos III ordenó la creación de cementerios fuera de las ciudades y en Madrid empezaron a surgir cementerios por doquier.
Jesús Pozo
Había previsto construir Madrid cuatro cementerios y se empezó con el Cementerio General del Norte, que estaba fuera de la Puerta de Fuencarral y que se encargó de su construcción nada más y nada menos que Juan de Villanueva, un arquitecto neoclásico ilustrado que hace un museo, que hace un observatorio astronómico, todas tipologías muy modernas. Villanueva lo proyectó en 1804. En 1809 estaba prácticamente terminado y fue cuando Bonaparte ordenó que se inaugurara sin más dilación. Pero José Bonaparte se lo encontró prácticamente hecho. Lo que hizo fue volver a repetir la orden de Carlos IV de construcción de otros tres cementerios y lo único que consiguió fue La construcción en 1810 del Cementerio General del Sur. El Cementerio General del Norte fue derribado creo que en 1910. Es lamentable porque podía haberse conservado perfectamente integrado en la ciudad, como se hizo también con otros cementerios en otras ciudades de Europa.
Nieves Con Costrina
¿Es verdad que se ha hecho así, se derriba el Cementerio General del Norte y qué hacen con los muertos?
Carlos Aguar
Pues con costrina, como la iglesia seguía controlando el cotarro, se fueron trasladando de uno que se cerraba a otro que se construía. Y con este trasiego lo normal es que se les vayan perdiendo el personal.
Jesús Pozo
Se trasladaron todo lo más que se pudo, se vaciaron los nichos, las grandes fosas comunes, porque los cementerios generales, que eran los únicos que administraba la iglesia, tenían grandes fosas comunes encarretadas durante meses. Se trasladaron al Cementerio General del Sur, que se mantuvo todavía en pie hasta después de la Guerra Civil, pero también se conserva la calle que a él dirigía. Su nombre es muy significativo, es la calle de la Verdad. Y en el solar del Cementerio General del Sur, después de la guerra de los años 50, se construyeron las piscinas de San Miguel de Hermandades del Trabajo. Los enterramientos que había el Cementerio General del Sur, al demolerse este, se trasladaron al cementerio de Almudena.
Carlos Aguar
¿Y tú me preguntarás por qué tantos traslados? En vez de dejar los cementerios en.
Jesús Pozo
Su sitio, el municipio se desentendió de la cuestión de los enterramientos y lo que es peor, del negocio de los enterramientos se desentendió durante todo el siglo XIX. Es curioso como después de esa enorme resistencia inicial a la construcción del cementerio, una vez que se construyó el Cementerio General del Norte y el Cementerio General del Sur, habiendo una prohibición radical expresa de José Bonaparte de enterrar las iglesias, pues eso dio que se construyeran cementerios particulares promovidos por congregaciones religiosas que vieron en la nueva construcción de cementerios la posibilidad de obtener recursos económicos para sí se construye el primer PAT del cementerio de la Sacramental de San Isidro, a ese siguieron otras sacramentales construyendo sus respectivos camposantos.
Nieves Con Costrina
Todo esto huele que apesta a liberar espacio para construir.
Carlos Aguar
Huele, huele. Y lo explica muy clarito el profesor Saguar. De nueve cementerios de organizaciones religiosas sólo quedaron cuatro.
Jesús Pozo
Cinco cementerios desaparecidos. Cinco cementerios. Se había enterrado medio Madrid. Estaba el cementerio de la Patriarcal, donde se enterraban los empleados de palacio, estaba el cementerio de la Sacramental de San Luis, un cementerio magnífico. Y todavía más al norte, el cementerio de la Sacramental de San Martín, que ese todavía estaba. Sus ruinas estaban en pie. Concluida la Guerra Civil, toda esa zona era muy apetecible para urbanizar. Y entonces, pues todos ellos fueron arrasados sin dejar huella. Que había, ya digo, nueve cementerios. Nueve. Que es curioso porque después de haber sido tan mal recibida la medida de construcción de cementerios, pero luego después Madrid conoce un auténtico furor de construcción de cementerios.
Nieves Con Costrina
Desde luego, lo más fácil con todo este ajetreo es que desapareciera mucha gente y mucho ilustre.
Carlos Aguar
Por eso. Por eso lo he traído a Saguar aquí. Y vamos con dos casos que me contó el profesor Saguar que sirven como ejemplo.
Jesús Pozo
Pascual y Columer proyectó uno de los muchos cementerios que hubo en Madrid en el XIX y que desaparecieron. El cementerio de la Sacramental de San Luis. Hizo el proyecto desinteresadamente y como remuneración la Sacramental le ofreció un terreno gratuito para que él mismo se hiciera una tumba para su familia. Ese cementerio fue completamente desmantelado en la segunda década del siglo XX y si pascual y Colomer se hubiera enterrado allí, en ese terreno que le habían cedido gratuitamente por sus restos, habían desaparecido. Pero mire por dónde, Pascual y Colomer tuvo la suerte de morirse en Lisboa en 1870. Estaba allí con su esposa, jubilado, y bueno, pues su esposa le enterró allí. Bueno, pues recientemente he publicado la tumba de Pascual y Colomet que está intacta en el cementerio de los Placeres y que allí no sabía quién era ese señor. Y allí se lo dije en la oficina, digo, pues tienen aquí la tumba de los grandes arquitectos del XIX español. Se pusieron tan contentos.
Nieves Con Costrina
Pues menos mal que la mujer no se empeñó en traerlo a Madrid. Al menos algo queda de un gran arquitecto español.
Carlos Aguar
Pero esto no ha ocurrido solo en Madrid. Otro ejemplo que nos cuenta Saguar en el cementerio de Lleida, Francisco Enríquez Ferrer.
Jesús Pozo
Que es el que proyectó el gran patio monumental de la Sacramental de San Isidro, que es una de las construcciones más ambiciosas del XIX español, estaba mal de salud y se fue al balneario de la Puda de Montserrat. Estuvo allí, no dio resultado aquello. Se puso muy malito e intentó volver a Madrid y ni lo consiguió. Murió en Lérida y fue enterrado en el cementerio municipal de Lérida. Bueno, pues recientemente sus restos han ido a la fosa común porque allí no sabían quién era, que eso ha ocurrido.
Nieves Con Costrina
Con muchas personalidades y pretendían encontrar a Cervantes, que se murió casi 300 años antes. Criaturita.
Carlos Aguar
Llaves, cerrojos. Terminamos con la recomendación de visitar el cementerio de San Isidro, que según Saguar, sí conserva aquel arte funerario y aquella historia madrileña del siglo XIX.
Jesús Pozo
El cementerio de San Isidro se inicia en 1811 con el tío de San Pedro, un pequeño patio porticado que se alza detrás de la ermita del Sangrado. Pero tuvo un éxito extraordinario. En 1832 tuvo que ampliarse con otro patio de dobles dimensiones, pero con el mismo concepto claustral. En los años 40 del siglo XIX se construye un tercer patio más suntuoso, más monumental. A esos tres patios siguió a partir de 1852, un inmenso patio patio monumental, el cuarto patio de San Isidro. Patios que son el único testimonio de los primeros cementerios del 19 de Madrid. Es un cementerio en el que el jardín alcanza un protagonismo nunca visto antes en Madrid y donde se acumula hay centenares de panteones, muchísimos de primer nivel, firmados por los arquitectos más notables.
Nieves Con Costrina
Moraleja Todo esto si querías sobrevivir a la muerte siendo célebre, que no se te ocurriera enterrarte en España. Como decía Mariano de no hay en este desgraciado país profesión más intranquila, insegura e incómoda que la de difunto ilustre. Bueno, gracias Jesús por la conversación con Carlos Aguar y gracias al profesor por compartir su sabiduría.
Carlos Aguar
A ti. Adiós.
Nieves Con Costrina
Esto era un gato con los pies de trapo y la cabeza al revés.
Jesús Pozo
¿Quieres que te lo cuente otra vez?
Pepe Rubio
Cuéntame un cuento y verás que con tanto me voy, voy a la cama y tengo lindas sueñas. Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo lindos sueños.
Nieves Con Costrina
¿Saben quién es Francisco Rico? Es miembro de la Real Academia, un destacado cervantista, filólogo, catedrático. Es el académico que respecto al circo que montó la alcaldesa de Madrid en torno a los huesos de Cervantes, declaró al diario El Confidencial lo eso es un encule de la botella un acto de campaña electoral. Esto de los huesos ha sido un invento del PP. Dicen que aquí yacen los huesos. Una mierda yacen. Ahí hay huesos misceláneos. Todo esto ha sido un fenómeno de apropiación de una conmemoración lícita para fines espurios. Amo mucho a Francisco Right. En esa contundente declaración está perfectamente resumido lo que escondía la exhumación, investigación y posterior explotación de los inexistentes restos de Miguel de Cervantes fue una gran patochada política que dio lugar a una investigación de conclusiones vagas e imprecisas. La búsqueda de los restos tenía como objetivo provocar mucho ruido mediático con Ana Botella para adquirir protagonismo y enterrar de una vez por todas aquel mal recuerdo del relaxing cup of café con leche en Plaza Mayor. Pues no se le arregló la pifia. Esta ambición desmedida por las mujeres, la pasta y los focos me está quitando.
Pepe Rubio
La vida muy poquito a poquito a poquito.
Nieves Con Costrina
De cara a la conmemoración del cuarto centenario de la muerte de Cervantes en 2016, que fue una absoluta vergüenza de celebración, el Ayuntamiento de Madrid del Partido Popular se propuso para su gloria propagandística encontrar los huesos para ubicarlos en una turística tumba que en un futuro llegara a generar los mismos ingresos que la sepultura de Siespe Shakespeare. Qué atrevidos y qué ignorantes. La tumba del inglés lleva cuatro siglos en su sitio y desde hace 200 años puesta en valor. Estas cosas no se hacen de la noche a la mañana. La esperanza estaba en que, aunque sólo apareciera una miaja del peroné de Cervantes, Ana Botella abandonara la alcaldía entre vítores que harían olvidar su pésima gestión. Las excavaciones, la vistosa búsqueda con georradar, las idas y venidas de distintos especialistas, las declaraciones de todo el que pasaba por allí, la constante atención mediática, los animadores políticos. Entre unos y otros fueron calentando un ambiente a lo largo de 2014 y principios de 2015 hasta llegar a la traca final que anunciaría habían encontrado a Cervantes, pero no había aparecido. Y es que Cervantes, estuviera o no, tenía que aparecer como fuera antes de que Ana Botella abandonara el alcalde día. Y apareció, claro. Vamos, que se apareció el jefe de la expedición científica, rodeado de periodistas y palmeros municipales mostró la imagen de un batiburrillo de huesos de al menos 16 difuntos y diciendo que había probabilidades de que en mitad de todo ese amasijo hubiera algo de Cervantes. En ese amas hijo se supone que había restos de al menos seis varones, cinco mujeres y seis niños que podrían ser los primeros enterrados en el convento y que fueron reunidos y revueltos unos con otros en algún momento del siglo XVIII. La deducción les hace sospechar que entre esos restos podría estar, quién sabe, Miguel de Cervantes. El texto con las explicaciones que acompañaba la imagen del amasijo óseo estaba cuajado de términos, como posiblemente cabe suponer. Podría ser muy esclarecedor, sí. Es decir, después de un año y 124.000 euros se encontró nada al día siguiente del notición. Algunos titulares eran de lo más Cervantes identificado sin análisis de ADN. Otro titular Son los restos de Cervantes. Casi seguro son los restos de Cervantes. Es posible. Cervantes está, pero no lo han encontrado. La guasa no era para menos, porque sólo habían pasado unos meses desde que se indicó muy solemnemente que para dar por bueno cualquier hallazgo tenían que confirmarse científicamente una serie de hechos. Se olvidaron de todo. Pero el año 2016 se estaba echando encima. Las ansias crecían, las esperanzas menguaban y hubo que rebajar las expectativas para no decir claramente que de lo dicho, nada de nada. La guinda a la farsa la puso la alcaldesa Ana Botella, acompañada de militares y altos jerarcas eclesiásticos durante una acto cateto y casposo, más propio del siglo XIX que del XXI, cuando dio por inaugurada la que pretende ser la tumba de Miguel de Cervantes y que en realidad guarda tres cajas con los restos de al menos 16 individuos, entre los que cabría la posibilidad de que estuviera el escritor Guay. Tantas prisas tenían por organizar la inauguración y salir en la foto que el Ayuntamiento y la Botella no paraban de cagarla. La última fue con el texto que envió la Real Academia para que el Ayuntamiento lo grabara a modo de epitafio. En la tumba fake había una errata. El Ayuntamiento puso una errata y la Academia exigió que se rectificara porque queda especialmente feo que una institución con semejante prestigio cultural aparezca firmando algo con errata. Pero el Ayuntamiento pasó de la Academia. Ya era tarde, ya no importaba, no había prisa. La foto estaba hecha, la tumba fake inaugurada. Ya nadie volvería a hacer caso de esos huesos misceláneos, como bien los definió Francisco Rico. Y ahí acabó todo. Aquella inversión de 124.000 euros en la búsqueda de unos huesos que no aparecieron dejó sin presupuesto lo importante, el homenaje civil y cultural a mi de Cervantes. Además, el Ayuntamiento de Madrid también comprometió 20.000 euros anuales de dinero municipal para que las monjitas caraduras pudieran hacer frente a las molestias que iban a acarrear los miles y miles y miles de turistas que se acercarían para ver una tumba que no es de Cervantes y una lápida con errata. Evidentemente, el nuevo consistorio que salió de las urnas tras las municipales de 2015 anuló la propina a las trinitarias, entre otras razones porque las espabiladas ya habían empezado a cobrar por su cuenta 2 euros de donativo por enseñar determinados días la tramposa tumba de Cervantes. Por cierto, no intenten ver la tumba o van en horario de misa, lo cual es un coñazo, o no van a ver nada. Está cerrado. Así las cosas, no hay mejor cierre para este cuento que el grandilocuente epitafio que le dedicó el cervantista Luis Astrana Marina cercana Cervantes, que todo el monasterio les sirva de tumba y tengan sus cenizas como sus obras con su nombre larga y feliz prosperidad, llórele la tierra, hónrele la patria, gócenle los cielos. Que repipi. Historias con sonido cara con Emma Vallespinós. Y terminamos, como siempre, con música.
Ana Baltierra
Sí os hablaba antes de esas notas al margen de la edición del Quijote del sello Blacky Books y de su proyecto Clásicos Liberados, una de esas notas nos habla del cambio climático. Porque En el capítulo 21 de la primera parte del Quijote, cuando nuestro protagonista confunde la bacía de latón de un barbero con el yelmo de Mambrino, la única vez que llueve en toda la obra, nos cuentan en esa nota al margen que Cervantes vivió en una época conocida como la Pequeña Edad de Hielo, en la que se sucedieron periodos de grandes sequías con otros en los que las lluvias y las nevadas eran tan copiosas como catastróficas. La nota viene ilustrada con la canción Don Quixote de Coldplay en la que su líder, Chris Martin asegura He oído que la lluvia no moja en España. Es un tema en directo que la banda interpretó por primera vez en Argentina, que no está en ninguno de sus discos y que será nuestra cara B.
Nieves Con Costrina
Qué bueno. La escuchamos enseguida. Pero antes les recordamos Recordamos que este programa ha sido posible gracias a Jesús Pozo, Ana Baltierra, a Emma Vallespinós, a Pepe Rubio, a la técnica de sonido María Jesús Rodríguez y a mí misma Nieves con costrina. Nos despedimos a la Cervantina Vale.
Pepe Rubio
Looking for adventure.
Nieves Con Costrina
Russian.
Pepe Rubio
To the. Never be known me You'll never belong me ever You'll never be thrown me you'll never be. I heard you never. So they said the doctor for a channel my way. I thought you never take this.
Jesús Pozo
Where the people say.
Nieves Con Costrina
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Host: Nieves Concostrina (SER Podcast)
Episode: Cualquier tiempo pasado fue anterior – Muerte y desaparición de Cervantes
Date: December 24, 2023
This episode revolves around the murky story of the death, burial, and the controversial “disappearance” of Miguel de Cervantes’ remains. With her characteristic wit and skeptical eye for official narratives, Nieves Concostrina unpacks the historical, political, and social circumstances that led to the current confusion over the true whereabouts of Cervantes' bones. The episode also dives into how Spain’s handling of its illustrious dead reflects its approach to cultural heritage.
“Usted encontró un mojón de Cervantes. Eso es lo que encontró. Un mojón. Sin discrepancias.”
– Nieves Concostrina (02:05)
“El 23 de abril de 1616 no murieron ni Cervantes, ni Shakespeare, ni Garcilaso. Solo coinciden en el año de la muerte y en el oficio, el de escritor. Nada más.”
– Nieves Concostrina (04:50)
“Una pena haber escrito una obra magistral y largarte de este mundo sin enterarte de que lo has hecho.”
– Nieves Concostrina (07:52)
“Salieron a pregonar…que tenían un escritor famoso entre sus muros… ¿Dónde está? Ah, pues está por aquí, un poquillo más allá, quizás. No sabemos, pero debe de estar.”
– Nieves Concostrina (14:40)
“La muerte, claro. Primero te tienes que morir, el juicio, el infierno y la gloria. Como ves, es una visión un tanto terrorífica de la muerte.”
– Ana Valtierra (24:55)
“No hay en este desgraciado país profesión más intranquila, insegura e incómoda que la de difunto ilustre.”
– Mariano de Cavia, quoted by Concostrina (42:47)
“Todo esto ha sido un fenómeno de apropiación de una conmemoración lícita para fines espurios.”
– Francisco Rico (43:47)
“La tumba fake inaugurada. Ya nadie volvería a hacer caso de esos huesos misceláneos, como bien los definió Francisco Rico.”
– Nieves Concostrina (45:30)
On political farce:
“Usted encontró un mojón de Cervantes. Eso es lo que encontró.” (02:05)
On the anonymity of great creators:
"Una pena haber escrito una obra magistral y largarte de este mundo sin enterarte de que lo has hecho." (07:52)
On historical amnesia:
"En España se hayan perdido Velázquez, Quevedo, Calderón, El Greco, Cervantes, Tirso, Murillo, Lope o Zurbarán también es un dato." (05:55)
On cultural preservation:
"El convento... volvió a salvarse gracias a él [Cervantes]. Después de tanto salvamento in extremis, el único esfuerzo de las trinitarias fue instalar una lápida... Todo mentira." (19:12)
On the mockery of the “discovery”:
"Entre unos y otros fueron calentando un ambiente... hasta llegar a la traca final que anunciaría habían encontrado a Cervantes, pero no había aparecido." (45:08)
On the state of illustrious Spanish dead:
“No hay en este desgraciado país profesión más intranquila, insegura e incómoda que la de difunto ilustre.” – Mariano de Cavia, cited at (42:47)
Nieves Concostrina maintains her usual blend of irreverence, humor, and sharp critique throughout, skewering political opportunism, institutional neglect, and the oddities of Spanish historical memory. Despite the somber theme of death and loss, the episode keeps a lively, engaging, and often sardonic tone, driving home both the absurdity and sadness of Cervantes’ posthumous fate.