
Loading summary
Nieves
Ser podcast.
Jesús Pozo
En la cadena ser. Cualquier tiempo pasado fue anterior. Con nieves con costrina. 22 de octubre de 1785, prisión de la Bastilla, París. Justo a la puesta de sol, un recluso comenzó a escribir una de las novelas más escandalosas, deseadas, obscenas, violentas, codiciadas y repudiadas que haya habido nunca. Su autor era consciente de lo que iba a hacer aquella tarde de otoño y lo advirtió en la introducción de su escrito con estas palabras Es ahora, querido lector, cuando tienes que preparar tu corazón y tu espíritu para el relato más impuro que haya sido creado desde que el mundo existe. No les puedo decir cuántas páginas tiene esta novela porque está escrita con caligrafía diminuta en 33 hojitas de papel pegadas una a continuación de la otra para luego enrollarlo todo, o sea que más que decir que las 120 jornadas de Sodoma es un libro que escribió aquel preso, deberíamos decir que es un rollo, pero literalmente un rollo. Visualicen un rollo de papel higiénico y ahora imaginen ahí, escrito con letra chiquitísima por delante y por detrás, este relato con el que nos extenderemos más al final del programa. A lo que vamos ahora es a ocuparnos de su autor, aquel prisionero de la Bastilla llamado Don Antian Alphonse François de Sade. A partir de ahora, queridos y queridas oyentes de este irreverente programa, ustedes deciden si los menores a su cargo deben o no seguir a la escucha, si les conviene conocer al personaje, el momento histórico que vivió y la hipocresía de la que fue víctima el Marqués de Sade.
Emma Vallespinós
Tu me suis Tu me souris dans la nuit Tu me séduis Je sais que tu sais que je ne sais plus qui je suis Je t' aime.
Jesús Pozo
Tant Antes de seguir, y por si les apeteciera saber más sobre este asunto sádico que tenemos que espabilar en menos de una hora, recomendar con muchas ganas el libro de la editorial Crítica La maldición del Marqués de Sade. Está escrito por Joel Warner y que lleva por subtítulo Un manuscrito mítico, un canalla infame y el mayor escándalo de la historia de la literatura. Es un ensayo sin desperdicio que atrapa como una novela. Quede dicho, todo sadismo, ya saben, es un epónimo. ¿Quiere esto decir que el nombre de una persona en particular pasa a denominar un concepto en sadismo? Viene del Marqués de Sade. Don Juan dio lugar al verbo donjuanear. Nicolás Maquiavelo arrastra mala fama porque de él derivó el maquiavelismo, la voz que nos regaló el Marqués de Sade. El sadismo significa perversión sexual de quien provoca su propia excitación cometiendo actos de crueldad en otra persona. Pero a ver si al final de toda esta historia comprobamos que el Marqués de Sade se ajusta más a la segunda acepción que da el diccionario y que crueldad refinada con placer de quien la ejecuta. Porque el Marqués de Sade era un tipo muy refinado, además de un gran escritor, un buen dramaturgo y dicen que un aceptable actor. La etapa histórica francesa en la que habitó el Marqués de Sade está íntimamente unida a su ciclo vital. Es decir, si hubiera nacido antes de que la Ilustración avanzara imparable por Europa, este hombre hubiera sido otro. Y también hubiera sido otro si el cura que lo crió, su tío, no hubiera ido cepillándose toda parroquiana que veía. Sade nació en la Francia de 1740, justo cuando los pensadores Diderot y D' Alembert estaban a punto de poner manos a la obra para elaborar la Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios. Una obra clara y accesible a todo el mundo. Que supiera leer, claro, para difundir los conocimientos alcanzados por medio de la razón. Ni dioses ni gaitas, que Dios siempre está en la otra punta del conocimiento. En ese contexto racional, laico, pragmático, materialista y burgués, muy burgués, nació, creció y se desarrolló el Marqués de Sade. Un personaje al que se le juntaron el hambre con las ganas de comer, o sea, un contexto familiar desinhibido, un cerebro brillante y unas pasiones que no estuvo dispuesto a frenar. Porque si el objetivo del hombre es alcanzar la felicidad, qué mejor que seguir sus instintos y, como canta Joan Manuel Serrat, vencer la tentación sucumbiendo de lleno en sus brazos. El Marqués de Sade hacía en sus escritos una profunda crítica al orden moral que existía a finales del XVIII. Él se lo saltaba todo, pero además lo reconocía y no se arrepentía. Y eso le diferenciaba de quienes hacían lo mismo que él, pero que negaban hacerlo y encima condenaban a quienes lo hacían. Esa es, como bien habrán deducido, la perfecta definición de hipocresía. Por poner un ejemplo más claro y para no desatender mis obsesiones, es como los curas que tienen la iglesia cuajada de pederastas pero intentan distraer señalando los pecados de los demás. Pues eso ocurría en el tiempo del Marqués de Sade, que él acudía a locales de prostitución refinados en París donde se daban todo tipo de desenfrenos sexuales y adonde también acudían obispos y aristócratas. Pero Sade lo admitía sin pedir perdón por ello, mientras los aristócratas y los obispos lo negaban y además señalaban a Sade como pervertido. Soldad a los perros porque me he escapado. Hundad mi colonia, la nariz del galgo. Corred con ganas que esta noche aguanto perseguirme a fondo. Quiero hacerlo largo. Conozcamos la fascinante personalidad del Marqués de Sade, pero conociendo primero al pequeño Donatien Alphonse François, que nació en París cuando París ya se había convertido en la capital del vicio en Europa. Si recuerdan la película Las amistades peligrosas con los magistrales Glenn Close y John Malkovich en los papeles de ese par de aristócratas hipócritas, decadentes y sin escrúpulos, seguro que visualizan mejores el París de aquella época prerrevolucionaria. Si conocemos cómo fue la infancia del Marqués de Sade, no sólo nos dará pistas de cómo y por qué salió como salió, es que lo vamos a entender perfectamente. Venía de familia noble por parte de madre y de padre. Su madre pertenecía a una rama de la casa Borbón. Era una puritana casi enfermiza que se alejó de su marido, se encerró en un convento y se desentendió de su hijo. Y el padre era todo lo contrario. Un vividor feliz de que su mujer se hubiera alejado. Era conde, oficial del ejército real, diplomático y un gamberro a tiempo completo saltando de cama en cama. Por supuesto, también pasó del pequeño Donatian. Alguien tuvo que criar al niño. Y esa persona fue su tío paterno, el abad Jacques de Sade, repito, abad. Un eclesiástico de alto standing y vasta cultura que vivía en un castillo y dado a todos los placeres carnales imaginables. Un día sí y al siguiente también. El abad daba misa por la mañana, por la tarde se entretenía con sus tertulias intelectuales y por la noche su castillo era una juerga con un ir y venir de parroquianas y prostitutas. Es decir, el crío vio cómo su tío el cura se pasaba los mandamientos por el forro, a la vez que disfrutó de todas las atenciones de una amplia servidumbre y tuvo a su disposición una impresionante biblioteca en donde leyó a los clásicos y a todos los autores de moda. Durante sus primeros 10 años se educó como el típico chavalín noble de la é caprichoso, altivo, sabiéndose superior a la plebe y encima con una formación intelectual del copón. Cuando salió del castillo de su tío el cura para ir a instruirse con los jesuitas de París, un colegio al que sólo podían acceder los miembros de grandes fortunas, Donatien ya era un pequeño erudito. Era un listillo, vamos. Allí terminó de formarse intelectualmente, se aficionó al Teatro, con 14 años entró en el ejército y antes de cumplir los 20 ya era capitán de caballería. Se enamoró de una Cayetana provenzal. La pareja se comprometió y la muchacha lo dejó plantado poco después, dejándole también como recuerdo una gonorrea. A partir de ahí, ya sin novia formal, el joven Donatian se dio al sexo sin medida y con quien se terciara le daba igual el padre. El mismo gamberro que se había desentendido de él en la infancia y la adolescencia, ahora estaba preocupado en evitar que su hijo saliera tan crápula como él y le apañó el matrimonio con la hija mayor de un juez. Ese juez era el presidente del Tribunal de Apelaciones. Y aunque esto de juez suene importante, resulta que el suegro del Marqués de Sade era un flojo. Ahí la que mandaba era la suegra, la esposa del juez, a la que llamaba la Presidente. Para que se hagan una idea, el Marqués de Sade la definió como una mujer que poseía el encanto del diablo, y otro observador dijo de ella que era más astuta que un zorro. Por supuesto, si la Presidente manejaba a su marido, también manejaba los poderes de su marido, y era ella la que decidía a quién proteger y a quien destruir. Y queda conocer a la que acabó siendo esposa del Marqués de Sade, Renée, hija mayor del juez y la Presidente, pues resultó ser una joven poco agraciada, poco elegante, sosa, fría y excesivamente puritana. Donatian intentó evitar ese matrimonio forzado y escribió a su padre rogándole que le permitiera casarse solo allá donde le llevara el corazón. El padre dijo que ni de coñ te callas, te casas y punto. El marqués se calló, se casó y se aburrió. Años después describió aquel matrimonio como un pacto mercenario y vil, un tráfico vergonzoso de fortunas y nombres. Sé que voy a arder en el infierno.
Nieves
Por haber dicho tantas veces que aún te quiero.
Jesús Pozo
Donatian tardó nai menos en encontrar diversiones sexuales fuera del lecho conyugal. Buscaba prostitutas o amantes de todo tipo para practicar sexo violento, sodomía o lo que estuviera de moda en el momento. Ahí fue cuando a los seis meses de casado, cuando todos creían que había sentado la cabeza, le cayó la primera denuncia y el primer encarcelamiento por haberle pedido a una prostituta que lo azotara con un látigo llamado gato de nueve colas, por masturbarse sobre estatuas de vírgenes y santos, por pisotear un crucifijo y por tener sexo duro con ella. Después de todas las citadas satisfacciones blasfemas, la condena que le cayó al Marqués de Sade no fue por su actividad masoquista y sus prácticas sexuales, sino por sus formas sacrílegas. ¿Y saben por qué no era censurable que un aristócrata realizara tales prácticas? Pues porque lo hacía la mayoría. No había ni un solo prostíbulo en París en el que no se encontraran todo tipo de artilugios para el que buscaba el place a través del dolor. Sobre todo, una gran variedad de látigos listos para lo que llamaban la ceremonia. Y eso de la ceremonia lo llamaban a estimular el deseo de los que estaban aburridos del sexo formal y matrimonial. En esos salones se anunciaban azotes y otras prácticas del amor físico. Y a veces no eran prostíbulos. En el submundo de París proliferaban apartamentos petit me los llamaban, que compraban los nobles para dar rienda suelta a sus vicios extramatrimoniales, para juntarse unos cuantos con otras tantas prostitutas o damas que también se la pegaban a sus maridos, o para juergas homosexuales. Había de todo y para todos los gustos. Y tanto los prostíbulos como las prácticas del sexo duro, como las petit me son, estaban de moda entre la aristocracia, en la que se incluyen cardenales y obispos. Anda que no se cruzó el Marqués de Sade con tipos con sotana en los salones públicos y privados. Y otra cosa que estaba de moda era la literatura erótica, a la que, por mucho que aplicaran censura, las autoridades no conseguían controlar. Era tan común el masoquismo que había hasta manuales publicados para empaparse bien del asunto. Por ejemplo, un libro escrito por un general llamado Amadeo Doppet, titulado Tratado de los azotes y los aspectos físicos del amor, y otra obra escrita por un médico inglés que se titulaba Sobre la utilidad de la flagelación. El caso es que al Marqués de Sade aquella primera denuncia le llevó a la cárcel con 23 años por masturbarse sobre estatuas religiosas y pisotear un muñeco crucificado. Y dada su condición de miembro de la alta aristocracia, hubo que pedir clemencia al Rey. Por supuesto que influyó decisivamente no sólo su importante apellido, sino las maniobras de su suegra, la Presidente, que todavía le sacó de los apuros de un par de denuncias más y de otro encierro en prisión. El Marqués de Sade pidió perdón por aquellos primeros desbarres sexuales y blasfemos, hasta que se cansó de arrepentirse de lo que practicaba la mayoría, aunque la mayoría no reconociera practicarlo. Se hartó de la doble moral de la hipócrita aristocracia, de tener que disimular su ateísmo y tiró por la calle de en medio. Y claro, su suegra también se hartó de quitarle marrones de encima, sobre todo cuando descubrió que el crápula de su yerno no sólo era un libertino incorregible que engañaba a su hija mayor, sino que además sedujo a la hija pequeña con la que se fugó a Italia y que además era soltera. Esto de soltera quiere decir que a ojos de la alta sociedad, esa muchacha ya había quedado manchada para los restos y no podía con concertarse para ella un buen matrimonio de acuerdo a su estatus. El Marqués de Sade acababa de echarse encima a una enemiga implacable y poderosa, su suegra, que no paró hasta morder y no soltar el tobillo de su yerno. Y por todo eso, aunque sea lo último que haga, no quiero irme de este mundo sin escupirte a la cara. Y por todo eso, aunque sea lo último que haga, yo no quisiera morirme sin depreciarte la cara. Resumir aquí la intensa vida del Marqués, sus entradas y salidas de la cárcel, sus relaciones sus perversiones es absolutamente imposible. Pero no se puede dejar de mencionar el caso con el que la suerte le empezó a dar la espalda y con el que comenzaron a esfumarse sus privilegios nobiliarios. Fue el caso de los bombones envenenados. Ocurrió que para una de las orgías que gustaba organizar, contrató a unas cuantas prostitutas de cuyos servicios iban a disfrutar en Marsella tanto él como Latour, su fiel criado y compañero de juergas. Las prostitutas fueron generosamente pagadas y sabían a lo que iban porque participaban de esos juegos masoquistas habitualmente en los salones parisinos. El Marqués llevó, para asegurar un mayor disfrute de aquella orgía, unos bombones hechos con cantaridina. Y la cantaridina es una sustancia que producen unos coleópteros llamados cantáridas. Uno de estos bichos, muy común en la península ibérica y de un color verde fosforito, que también se la conoce como mosca española. Ese producto que dan estos coleópteros es afrodisíaco y te pone como una moto, pero también es tóxico y en cuanto te pasas de la dosis te pones a morir. Vómitos, mareos, diarreas. Fernando el Católico usó la cantaridina para dar la talla con su segunda esposa, con Germana, porque en necesitaba urgentemente tener un hijo varón al que dejarle el reino de Aragón y evitar la unión de su corona a la de Castilla. Pero nada, no pudo ser. Por mucho sexo que tuviera el muchacho, no llegó a tiempo. Bueno, llegó uno, pero se murió enseguida. Aquellas prostitutas que tomaron los bombones de cantaridina, también llamados pastillas de Richelieu, fíjense. Y si a un afrodisíaco se le pone el nombre de un cardenal, ya se pueden imaginar la catadura moral del personaje. Las prostitutas, digo, se pusieron a morir, denunciaron al Marqués y a su criado por envenenar envenenamiento y la cosa se puso seria. Al Marqués y a su criado se les juzgó y se les condenó a muerte, pero se libraron porque andaban huidos. En Italia pasó un tiempo y cuando Sade, ya sin un duro regresó a Francia, creyendo que de nuevo se le perdonarían sus excesos gracias a su posición, lo trincaron. Su suegra seguía mordiendo el tobillo y le iba a hacer pagar caro las traiciones con sus dos hijas. Comenzó para el Marqués de Sade un encierro, primero en una prisión cerca de París y luego en la fortaleza de la Bastilla, donde dejó el manuscrito con el que hemos comenzado este repaso biográfico y que tendrá su complemento de aquí a un rato. Con la toma de la Bastilla por los parisinos, aquel histórico 14 de julio de 1789 y el triunfo de la Revolución Francesa, la suerte se le puso otra vez de cara al Marqués. Pero vamos, durante un rato, porque recobró la libertad. Pero cuidao, cuidao, que el Marqués era sospechoso, porque era aristócrata y los revolucionarios se la tenían jurada a esa fauna privilegiada. Además, al Marqués no le quedaban amigos, su familia había renegado de él y estaba sin blanco. La escritura era su única salvación. Pero ojo con lo que escribía, que los republicanos no dejaban pasar una. Y ante la mínima sospecha de que un relato o una novela fuera contrarrevolucionaria, aunque no lo fuera, te la liaban. Y se la liaron otra vez. Detenido, anduvo de prisión en prisión durante meses. Y cuando sólo faltaban cuatro días para que la guillotina le rebanara el pescuezo, se puso fin de la noche a la mañana con la época del Terror francés, cuando a Robespierre se le fue la olla guillotinando gente. Y oye, se suspendieron todas las ejecuciones, entre ellas la del Marqués. Sade recuperó la libertad. Libre, sí, vale, pero arruinado. Vuelta a escribir. Y a su anterior novela de éxito se titulaba Justine, o los infortunios de la virtud, se sumaron La filosofía en el tocador, la nueva Justine, Juliette o las prosperidades del vicio. Todas en su línea pornográfica, claro, y todas muy bien recibidas por el público. A quien no le cayó nada bien el Marqués de Sade fue Napoleón, que ordenó su detención bajo una acusación falsa y su posterior encierro en un manicomio, sin juicio ni condena. Allí terminó Sus días en 1814, con 74 años ya cumplidos, el gran escritor y dramaturgo, aunque un poco viciosillo, D. Antian Alphonse François de Sade. En su testamento escribió una vez que mi tumba haya sido llenada, deberá ser sembrada con diversas semillas para que inmediatamente esté cubierta y la espesura sea tan tupida como antes. Y para que las huellas de esta tumba desaparezcan del rostro de la tierra, como deseo que mi recuerdo se borre del recuerdo de los hombres, Pues no ha podido ser amigo. Aquí estamos, 210 años después de la muerte del Marqués de Sade, hablando de como alguien lo definió el espíritu más libre que haya vivido jamás. Historias CON sonido Cara A con Emma Vallespinós Turno de la primera historia con sonido de hoy. Hola, Emma.
Emma Vallespinós
Hola, Nieves. Hoy que la cosa va de perversos y perversiones, la música de nuestra cara A la protagoniza una de las canciones de la banda sonora de la película Salbourn, de la multipremiada Emerald Fennel. Un thriller con tintes de comedia negra que aúna sexo, crímenes, venganza y clasismo. El protagonista es Oliver, un joven raruno inadaptado que empieza sus estudios en Oxford y enseguida se siente fascinado por un compañero, Félix, aristócrata popular, ligón y asquerosamente rico. Cuando acaba el curso, Félix, conmovido por las dificultades vitales de su nuevo amigo, lo invita a pasar el verano en su castillo con su familia a lo ponga un pobre en su mesa, pero en versión ponga un pobre en su mansión de la cabeza. Piña inglesa y Celia parda. La película termina con una escena de la que no podemos dar muchos detalles porque es pronto para hacer spoilers. Pero hay un baile y una canción. La canción que escucharemos ahora. Murder on the Dance Floor, de Sophie L. Dexter.
Jesús Pozo
No había oído eso. Hay que verlo. Lo que aprendo contigo, Jamia. La escuchamos.
Emma Vallespinós
DJ gonna burn this goddamn house right down Oh, I know, I know, I know, I know, I know, I know, I know about your kind I'm so and so and so and so and so and so and so I have to play. If you think you're getting away Hey, I will prove you wrong I'll take you all the way Boy, just come along Hear me when I say Hey, it's murder on the dunk floor But you better not kill the bro Hey, hey, hey, It's murder on the dance floor But you better not steal the moves DJ gonna find this goddamn house right down. There may be others.
Jesús Pozo
¿El arte ana baltierra? ¿Ana Baltierra, doctora en Historia del Arte, nos trae algún desenfreno sexual artístico o algún artista desenfrenado sexualmente fijo? Una de dos. Hola, Ana. ¿De qué vamos hoy?
Ana Baltierra
Hola, Nieves. Efectivamente, muy bien visto. Hoy, como la cosa va del Marqués de Sada, vamos a hablar de artistas y sexo, por supuesto. Y la sección de arte queremos que esté a la altura del Marqués, que es complicado. Así que le vamos a dedicar la sección a uno de los que más literatura han generado en cuanto a Paul Gauguin, especialmente a sus andanzas sexuales en Tahití. Paul Gauguin, como sabes, fue un pintor francés postimpresionista que se fue a trabajar a Tahití. Allí se instaló en 1891, esperando encontrar un paraíso perdido, alejado de la influencia de Occidente, lo cual lo quería reflejar de manera íntima en su pintura. En fin, de estas cosas, según cuenta él mismo, quería liberarse del podrido Occidente, esta era la expresión que utilizaba, y ser al fin libre. La realidad fue otra, la influencia colonial en la isla era fuerte y el viaje no cumplió sus expectativas. Eso sí, tuvo sexo a espuertas con varias mujeres adolescentes de unos trece, catorce.
Jesús Pozo
Años, o sea que podrido Occidente iba él a pudrir también.
Ana Baltierra
Sí, efectivamente.
Jesús Pozo
¿Qué sabemos de estas relaciones con adolescentes de Gohan?
Ana Baltierra
Pues las tenemos muy document sabemos incluso sus nombres y cuánto estuvo con ellas, porque él mismo lo cuenta y aparecen retratadas en sus pinturas. La más conocida de sus relaciones allí es con una niña llamada Teemana, aunque Gauguin la llama Teura. Con ella mantenía relaciones sexuales y además fue modelo de algunas de sus más famosas obras, esas que están colgadas en los grandes museos. Por ejemplo, aparece en una obra titulada Los ancestros de Teemana, que está en el Art Institute of Chicago. Teura o Teemana era su amante y su musanieves. Hasta aquí nos podría parecer normal, no sería ni la primera ni la última mujer que tuviera una relación así con un artista. Pero aquí hay un pequeño detalle que es importante. Cuando inician la relación, Teura tenía 13 años y Gauguin más de 40. Ahí queda. Por si eso fuera poco, Nieves, Gauguin tenía sífilis, una enfermedad de transmisión sexual muy contagiosa, y Gauguin lo sabía. Tenía llagas sifilíticas que cubrían su cuerpo y eran visibles. A pesar de saberlo, Gauguin se estuvo acostando con varias mujeres allí en Tahití, a las que presumiblemente contagió la enfermedad. Este era un comportamiento muy sórdido, pero desgraciadamente estaba muy extendido entre los colonos de Tahití a finales del siglo XIX. Vamos, que no era exclusivo de Gogándo.
Jesús Pozo
Dada la época de la que hablamos, ¿Estarían permitidas las relaciones con benevolencia en Taitiv esto me lo estoy imaginando, lo están ahora en varios países? ¿Como no iban a estar permitidas antes?
Ana Baltierra
Efectivamente, estaba tan normalizado y tan regulado el poder hacerlo, que hasta se casaban con ellas. Es algo muy loco. Era muy habitual a finales del siglo XIX, que los colonos franceses tomaran como esposas a nativas que a menudo eran niñas, como el caso de Teura. Este matrimonio, como muchos otros, los arreglaba la familia a cambio de dinero o estatus social. Estas adolescentes con las que se casaban se llamaban baines. Los hombres tomaban baínes, no solo por el sexo, esto es curioso, que también, sino para tener comida. En Tahití, en la época, no había comercio como tal, de alimentos había poco. Lo que había eran las familias tahitianas, que se procuraban cada una su alimentación, o pescando en las lagunas o recolectando en las montañas. Así que Gauguin, en vez de recoger la comida él mismo, se casó con una vaine para que le mantuviera la familia de ella. ¿Has visto? Está mal pensado. Porque tener una vaine te daba acceso a frutas, a pescado y así.
Emma Vallespinós
Claro.
Ana Baltierra
Bueno, ni siquiera Nieves. Eran matrimonios jurídicamente vinculantes. Es decir, cuando se cansaban de una, pues se casaban con otra. Gauguin tuvo, sabemos, al menos tres vaines allí.
Jesús Pozo
Este tío pintaba muy bien, pero tenía mucho morro.
Ana Baltierra
Sí, un poco, sí. Un poco, sí. Bueno, llegó un momento en el que Teura se negó en redondo a continuar su relación con el pintor. Imagínate, con 15 años, esta niña se tuvo que plantar y decir a un Gauguin ya más cerca de los 50 que otra cosa, hasta aquí hemos llegado, no quiero seguir acostándome contigo. Se negó a vivir con él y él siguió pico pala, insistiendo y mandándole regalos. Que los regalos, también lo sabemos, eran collares de cuentas y anillos de latón. Bueno, no se mató con los regalos, es cierto. Sabemos que ella sentía repulsión por Gauguin, con razón que se quedó embarazada, lo cual cuenta el propio pintor en una carta del niño. No sabemos qué fue. Lo más probable es que fuera adoptado, que era la costumbre de estos casos dentro de la sociedad haitiana. Vamos, que Gauguin parece que no se ocupó el hijo.
Jesús Pozo
Madre mía. ¿Y cómo era el día a día entre ellos? ¿Hay datos sobre esto? Porque estaba todo muy documentado.
Ana Baltierra
Sí, sí. Gauguin dejó por escrito muchos detalles de esta relación, pero en estos relatos hay más mentiras que verdades. Gauguin escribió un libro que se llama Noanoa Noa. Noa. Traducido quiere decir perfumado. La idea del libro era explicar su viaje y sus pinturas a un público que no conocía la cultura tahitiana. ¿Te preguntarás a qué perfume se refiere? ¿A las flores? ¿A la brisa del mar? ¿A qué huelen las nubes?
Jesús Pozo
¿A qué huelen las nubes?
Ana Baltierra
¿A qué huelen las nubes? Esa es la mejor.
Jesús Pozo
¿A qué perfume se refiere?
Ana Baltierra
Pues el perfume al que se refiere y que da nombre a su libro no procede de la naturaleza de la isla, sino de las mujeres tahitianas a las que, como estamos viendo, él había olido bien de cerca. Él decía, y abro comillas, emanaba de ellas un perfume mezclado animal y vegetal, perfume de su sangre y perfume de las flores de gardenia que llevaban en el pecho. Fin de la cita.
Jesús Pozo
Bonito. Estaba bonito dicho. ¿Qué mentiras sobre sus relaciones sexuales han detectado los investigadores de Gauguin? Porque le han pillado. Oh.
Ana Baltierra
Por todos lados. Por todos lados. Bueno, en el relato que hace Gauguin de su idilio con Teura, describe las noches juntas. Gauguin dice que mientras yacían en la cama, todo muy romántico, ella le contaba los antiguos mitos de la isla. Ten en cuenta que él siempre la pinta, o nos quiere vender la idea de la isla en estado puro, indígena. Él en contacto con la naturaleza más virgen, además de con las virgen de la isla. Todo muy romántico. Sí, sí, pero no era cierto. Teemana era cristiana y no tenía ni idea de mitología tahitiana. En estos años los misioneros cristianos ya habían arrasado en la isla con las antiguas creencias. Así que los viejos mitos tahitianos no sólo estaban olvidados, sino que procuraban ocultárselos a las mujeres, como todo ya sabes. Pero ojo, porque vamos a rizar el rizo. Gauguin era un hombre casado.
Jesús Pozo
¿Como casado? ¿Te refieres a más casado todavía? Porque con Teura se casó.
Ana Baltierra
Sí, perdón que me lío. Me refería a más casado todavía. Concretamente con una danesa llamada Metegad, con la que tuvo tres hijos. De aquellas se fueron a vivir a Copenhague y ella era la que le sostenía. Esto tampoco es nuevo en casa, porque ella daba clases de francés a futuros diplomáticos y pagaba todo, hasta que se hartó de mantener a Gauguin y le pidió que se fuera. La separación la formalizó Metegat en 1894, es decir, después de que Gauguin tomara como vaine a Tegura. Pero vamos a subir la apuesta, Nieves, vamos a ir más allá. Cuando Gauguin se fue a Tahití, no sólo estaba casado, sino que tenía una amante llamada Juliette Huet, una joven costurera de París. A Juliette Huet la dejó para irse a Tahití estando embarazada de la que sería su hija, Germain Huet. Así que tenemos a Gauguin con esposa, amante, cuatro hijos documentados, yéndose a Tahití a seguir esparciendo a lo loco su semilla. Bueno, porque en Tahití además, Gauguin tuvo tres Baínes, que sepamos. Que sepamos. Teura se quedó embarazada al menos una vez. Sigue sumando. Y Paura, la hija de unos vecinos, que tenía 14 años, le dio dos hijos más. En fin, Nieves, demasiados líos sexuales de Gauguin, que por lo menos nos dejaron pinturas bonitas.
Jesús Pozo
Menos mal, porque vamos con Gauguin. Mejor ponerse orejeras y mirar solo sus pinturas, así no lo vemos a él. Muchísimas gracias, Ana.
Ana Baltierra
Gracias, Nieves. Cuánta razón tienes.
Jesús Pozo
La invitada con Jesús Pozo. Llega el momento de Jesús Pozo y su invitada, que con la excusa del Marqués de Sade nos va a ilustrar sobre sexo, educación sexual y familias. Hola, Jesús.
Patricia Gutiérrez
Hola, Concotrina. He hablado con Patricia Gutiérrez, psicóloga clínica, directora del Centro TAP y promotora del proyecto familiando, y me ¿Qué mejor que este programa sádico para hablar de educación sexual? Primera cuestión, ¿Por qué cuesta tanto en las familias hablar de sexo?
Nieves
Nos cuesta hablar de sexualidad porque entendemos que estamos hablando de sexo. Y para mí hay que hacer una diferenciación aquí muy importante. La educación sexual no es sexo, no es el acto en sí o el momento o. Fíjate, es más, yéndonos a comportamientos, a conductas concretas, no es la penetración, es la afectividad, es el consentimiento, son los placeres, es el deseo, es el explorar tu propio cuerpo cuando lo incorporas desde que son pequeños, les vas acompañando en su discurso. Lo importante para los niños es que perciban en la familia, que haya apertura a preguntar y explorar, porque lo que no les cuentes tú lo van a buscar fuera. Eso es así.
Patricia Gutiérrez
Segunda cuestión, ¿Desde cuándo son conscientes los niños de que tienen sexo?
Nieves
Los bebés se tocan los genitales, pero no se tocan desde la estimulación o desde el deseo o desde la necesidad de sentir placer. Se tocan desde la exploración y porque tienen una curiosidad, porque hay ciertas partes de su cuerpo con las que tienen receptividad en placer. Por lo tanto, tú ves a bebés con 6, con 8, con 9 meses, con 15 meses, que se tocan y se exploran y tenemos muchos padres que inhiben esa respuesta diciendo que eso está mal. Y yo siempre les debe ser el mensaje. Tienes que explicarle que en un contexto público no es aconsejable que en un contexto público, con otras personas, en una mesa, sentados en un restaurante, se exploren sus genitales, pero que lo pueden hacer en el ámbito privado y que les pregunten y que les digan porque todos los niños tienen esas características, entre otras cosas. Jesús, fíjate si es tan sencillo de entender si somos seres sexuados, que si no los humanos como especie estaríamos extinguidos si no tuviéramos el instinto sexual. Es que es tan sencillo como eso. Entonces necesitamos tener el instinto sexual para procrear como cualquier otra especie animada. Se nos olvida que somos animales, bueno.
Jesús Pozo
Animales de bellota a veces, y estamos en la cúspide de los depredadores, además.
Patricia Gutiérrez
Sí, animales que saben con conversar, pero que les cuesta hablar con sus hijos de temas como este.
Nieves
Los padres, muchas veces los papás y las mamás no sabemos cómo responder a ciertas preguntas porque tenemos la respuesta adulta. Vayamos a las fuentes educativas para ver cómo yo le explico a un niño de 8 años que me ha preguntado explícitamente, oye papá, oye mamá, ¿Qué es la masturbación? Y yo en ese momento no sé muy bien cómo explicárselo. Y entonces lo que hago es hacer un aplazamiento en la comunicación de una forma asertiva. Le puedo decir, mira, si te parece, como yo no sé muy bien cómo explicártelo para que lo puedas entender, vamos a buscar información y este fin de semana o esta tarde o mañana lo vemos juntos. Pero el niño tiene que tener una respuesta y nos tenemos que sentar con nuestros hijos a explicarle qué es esto de una masturbación.
Jesús Pozo
Por ejemplo, nosotros la verdad es que somos de esa generación que hemos crecido sin explicaciones de ningún tipo.
Patricia Gutiérrez
Se nos ha olvidado como en algunos colegios nos decían a los niños que la masturbación te dejaba calvo o te llenaba de granos y de las niñas ni hablamos.
Nieves
En fin, si nosotros no somos capaces de llegar verdaderamente a nuestros niños y a nuestras niñas y explicarles cómo es la conformación de la identidad sexual, desde dónde debemos canalizar nuestro deseo, qué es esto del consentimiento, o sea, es que debemos explicarles los afectos. Si eso no se lo explicamos, fíjate a qué fuentes se pueden ir. Se pueden ir a fuentes directamente de la filmografía, de fuentes pornográficas, incluso a películas con tintes eróticos, pero donde el rol del hombre y la mujer, bueno, pues tener esos tintes, con esas miradas machistas de uso, de hacer objetos, especialmente a las mujeres. Pero te digo que especialmente a las mujeres y también los hombres lo sufren mucho, porque nos encontramos en clínica con adultos, con varones que no tienen una sexualidad san, porque están en la presión y en la autoexigencia de no fallar, de exigirse tener grandes destrezas en la sexualidad por cómo han visionado, cómo han visto a la industria de la pornografía y entonces también hay que reeducarles en lo que es la sexualidad masculina.
Jesús Pozo
Fíjate, es que sin información, sin educación, llegan las manadas, llega la difusión de fotografías, llega el acoso en redes sociales, todo mal.
Patricia Gutiérrez
Y el peligro de que muchos niños confundan la pornografía con la normalidad de las relaciones sexuales.
Nieves
El acceso a la pornografía cada vez es anterior en el tiempo, en la edad, porque nuestros jóvenes tienen acceso a muchos dispositivos, pueden acceder a contenido pornográfico siendo muy jóvenes y no entendiendo lo que ven. Y si además pertenecen a una estructura de crianza en la unidad familiar de origen o están en un centro educativo donde no se les acompaña a la exploración en la sexualidad, van a entender con 11, con 10, con 13 años que lo que están viendo es lo normal. Pero sí que debes hacer una explicación pedagógica de las escenas que se ven. La asimetría que hay entre los hombres y las mujeres no es real y que hay ciertas prácticas sexuales que por mucho que en el visionado se vean como disfrute, luego en la realidad no son prácticas pensadas para el disfrute, están hechas para el consumo, porque no podemos obviar que la industria pornográfica gana dinero. Ya está.
Jesús Pozo
Bueno, supongo que Patricia Gutiérrez nos va a aportar o te ha contado, nos ha dado recomendaciones y soluciones para esto.
Patricia Gutiérrez
Como siempre presupone muy bien con Cotrina.
Nieves
Cuando tú trabajas con los menores, el respeto, el compromiso, la lealtad, la protección, estos valores les permiten establecer vínculos afectivos que llamamos prosociales, por lo tanto es muy difícil que mantengan relaciones sexuales, que hagan una grabación y que se lo pase a toda su red de contactos, porque se darán cuenta que eso no es una fórmula de respetar, no es respetuoso, el valor del respeto no está ahí. Por lo tanto tenemos que hacer una educación en valores, tenemos que acompañarles a que ganen maduración emocional para estar preparados para mantener relaciones sexuales, porque las van a tener, pero tendremos que facilitarle el máximo de recursos.
Patricia Gutiérrez
Insiste nuestra invitada también en que hay que mejorar mucho la educación sexual que se da en los colegios y los institutos.
Nieves
No podemos tener únicamente una mirada de educación sexual como en muchos colegios la dan, solamente la parte biológica y las enfermedades de transmisión sexual, o sea, te cuento mecánicamente cómo se mantienen relaciones sexuales y cómo es esto de la reproducción sexual. Y además te cuento que si no mantienes relaciones sexuales con cierta precaución están las enfermedades de transmisión sexual y a través del miedo inhibo tu respuesta sexual. Los adolescentes, los jóvenes no inhiben su respuesta sexual por el miedo. Si no les hablamos de los afectos, si no les hablamos del consentimiento, si no les hablamos del placer, estamos dejando coja la educación sexual. Por supuesto que hay que hablarles de las enfermedades de transmisión sexual, hay que ponerlas encima de la mesa, pero no puede ser la política del miedo la que acompaña a nuestros jóvenes, porque entonces por miedo no cuentan que están manteniendo relaciones sexuales o por miedo no son capaces de contar con figuras adultas que les puedan acompañar.
Patricia Gutiérrez
Pero también, claro, nos recuerda Patricia Gutiérrez que hay colegios que siguen anclados en el franquismo y el nacional catolicismo, pero.
Nieves
Es que son niños que están bajo este paraguas de ciertos colegios más tradicionales, católicos, con un transversal religioso. Esos niños también exploran su sexualidad y van a mantener relaciones sexuales desde la inhibición, desde el miedo, desde lo que no se puede hacer, no les estamos educando. Ya no te cuento en los colegios de segregación, que aún seguimos teniendo colegios de segregación, es que esos niños o esas niñas no van a tener encuentros sexuales igual a la misma edad que cualquier otro adolescente. Y hay que educarles y hay que acompañarles y educarles no es adoctrinar, prepararles, es educarles. Y también es importante que no siempre se está preparado, que aunque el adolescente se perciba muy mayor, muy maduro, con 13, con 14, con 15, con 16 años, uno no está preparado emocionalmente para mantener relaciones sexuales, aunque biológicamente sí estemos preparados para ello.
Patricia Gutiérrez
¿Por otra parte, el problema también está en quién educa a los educadores, la.
Nieves
Comunidad educativa, los educadores que son nuestras referencias y que tenemos que tener la capacidad de preguntarle a un adulto experto oye, esto que está pasando, o mira lo que me ha sucedido, o cuando mantengo relaciones sexuales esto es lo que me pasa? Necesitamos educar, pero claro, para eso necesitamos en los centros educativos formar a profesionales, que muchos profesionales no tienen una formación específica sobre sexualidad, sobre educación sexual. Y luego necesitamos colegios que estén abiertos y que inviten a formaciones a los profesionales que vienen de fuera a contar qué es la educación sexual en las diferentes etapas. Y te hablo de primaria y te hablo de secundaria, por supuesto bachillerato, pero el trabajo hay que hacerlo en primaria y en secundaria.
Jesús Pozo
Desde luego que sí. En resumen, como siempre, educación, educación y educación. Pero seguimos en las mismas. La verdad es que los del siglo pasado que no hemos salido muy averiados es porque contábamos con la ventaja de nuestro estar muy mediatizados por las redes sociales. Ni el WhatsApp, ni los móviles, ni leches. Jugábamos más en la calle, había más calle, más calle. Patricia Gutiérrez Psicóloga clínica Directora del Centro TAP y un animal racional necesario. Gracias a los dos.
Patricia Gutiérrez
Jesús, adiós.
Jesús Pozo
Esto era un gato con los pies de trapo y la cabeza al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
Emma Vallespinós
Cuéntame un cuento y verás que con me voy a la cama y tengo lindas señas.
Jesús Pozo
Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo lindos sueños. Al margen de lo vicioso, perverso y cruel que fuera con sus gustos sexuales, el Marqués de Sade, no perdamos de vista que también le dieron el papel de chivo expiatorio, pero que Donatian Alphonse François de Sade fue también un magnífico escritor. Su obra más escandalosa es las 120 jornadas de Sodoma. 157.000 palabras volcadas en aquel rollo de papel a lo largo de 37 días y escribiendo entre las 7 pm y las 10 pm cuando los carceleros de la Bastilla no pudieran descubrirlo. En la actualidad, las 120 jornadas de Sodoma es uno de los manuscritos no sólo más caros, sino también más valiosos del mundo y según la mayoría de los bibliófilos, el más célebre. Es un relato pornográfico, libertino, obsceno, lujurioso, violento. Pónganle los peores adjetivos que encuentren. Pero es una exclusiva pieza literaria, no sólo por su contenido, sino por las circunstancias en las que nació, por cómo se descubrió y por su periplo a lo largo de 230 años, hasta que lo adquirió el último coleccionista en el año 2014 por 7 millones de euros. Ahora bien, las 120 jornadas de Sodoma no es ni la mitad de pornográfico, obsceno y violento que, por ejemplo, Mein Kamp. Más que nada porque el libro de Hitler salió de una mente enferma y malvada como manual para la ultraderecha. Y la obra del Marqués de Sade, además de estar bien escrita, es ficción. Hitler era un zoquete que escribía como el culo. En el segundo piso de una de las torres de la fortaleza de la Bastilla estaba la celda del Marqués de Sade. Fue encerrado por una orden directa del rey, sin cargo, sin juicio y sin posibilidad de apelación. Estaba previsto que nunca abandonara su encierro y que entre los muros de aquella prisión se evaporara la memoria de aquel libertino. Eso sí, gracias a su condición de aristócrata, y puesto que no iba a salir de allí, se le concedió el privilegio de tener una biblioteca con 600 libros. Ojo con autores como Newton, Homero o Shakespeare. Toallas de hilo, cojín, tapices que hicieran más cálida aquella estancia de aire viciado, frascos de exquisitos perfumes y consoladores. Tenía una magnífica colección de consoladores fabricados de encargo en maderas nobles por un carpintero. Al Marqués no le faltaba de nada para el bien vivir en su celda octogonal en la Bastilla. Pese a que su mujer desistió de perdonarle tanta traición y tanto vicio al margen del matrimonio, no dejó de tenerle bien surtida la despensa para hacerle su encierro más llevado. Era un noble de gustos refinados. Qué menos que hacerle llegar paté de anguila, pasteles de chocolate, pajaritos fritos envueltos en Bacon. Una pasada de calorías que aparentemente le hicieron la vida más agradable, pero también le provocaron obesidad, gota y almorranas. No se puede tener de todo. Más que nada porque en aquella celda su único ejercicio era mental, leyendo y escribiendo. Y eso no quema calorías. Las 120 jornadas de Sodoma es para algunos bibliófilos, una de las novelas más importantes jamás escritas. El Evangelio del mal, lo llaman otros, cuyo autor es el profesor emérito del crimen, dicen los demás. Pero yo insisto, el Marqués de Sade era un carmelita descalzo comparado con Hitler y Netanyahu. Y la novela cuenta lo Y conste que ya hemos advertido al principio de que los adultos oyentes de este programa tienen que haber decidido antes si los menores siguen o no a la escucha. Las 120 jornadas de Sodoma cuenta la historia de cuatro ricachones pervertidos, un obispo, un duque, un juez y un hombre de negocios que se juntan en un castillo perdido de Europa central para, durante cuatro meses, hacer de todo con sus cuatro jóvenes esposas, con ocho hombres muy machotes, con cuatro prostitutas ancianas y con 16 adolescentes de ambos sexos que han sido raptados. Dentro de ese castillo se producen todos los horrores que puedan imaginar. Sangre por un tubo, sexo disparatado, crueldades, bestias. Y así lo advierte uno de los criminales protagonistas, el duque, en la primera de las 120 ya estáis muertos para el mundo y sólo respiraréis para nuestros placeres. No hay que dejar de decir que el libro del Marqués de Sade empieza con un argumento ordenado. Y eso, la verdad, acaba siendo un festival gore sin orden ni concierto. A mediados del siglo XX, el filósofo francés Georges Batel lo leyó y dijo que nadie, a menos que sea totalmente insensible a él, puede terminar las 120 jornadas de Sodoma sin tener náuseas. Pero lo cierto es que cuanto más se denostaba y se decía que ese libro no podía ni debía leerse, más ganas daban de leerlo. El valor de este manuscrito está sobre todo en las circunstancias de su hallazgo y en que existe el original que salió del puño y la letra del célebre Marqués de Sade, a quien vino a salvar de su perpetuo encierro. La Revolución Francesa El 14 de julio de 1784, los parisinos tomaron la Bastilla. Los revolucionarios la asaltaron porque aquella fortaleza, además de prisión, guardaba reservas de pólvora y armas. Cuando abrieron las celdas, allí sólo quedaban siete prisioneros, cuatro falsificadores, un tipo acusado de haber intentado matar al rey hacía muchos años, un aristócrata acusado de incesto y un irlandés que estaba como una regadera y que tan pronto decía ser julio César como se creía Dios. El Marqués de Sade había volado. Cuando abrieron su excéntrica celda. Allí seguían los cojines de terciopelo, los tapices, los libros, todo desordenado, pero no parecía que la hubieran sido saqueado. Días después, no se sabe exactamente cuándo, un tipo llamado Arnaud encontró oculto entre las piedras de la celda del Marqués de Sade, escondido a conciencia, un rollo manuscrito con letra microscópica. Su título era las 120 jornadas de Sodoma o La escuela del libertinaje. Puede que lo hallara por casualidad cuando pasó por allí fijándose en los recovecos que hacían las piedras de El Muro, o quizás fue durante una de las visitas que guías profesionales comenzaron a hacer por la Bastilla para los curiosos que querían conocer dónde empezó la mayor revolución ciudadana de las inmediatas décadas pasadas y venideras o quizás Arnaud sólo fue uno de los obreros que participaron en la demolición de la Bastilla. No se sabe. Aquel manuscrito inició un camino a finales de aquel siglo XVIII que a día de hoy, en el año 24 del siglo XX, no ha terminado. Si quieren conocer el viaje de este codiciado manuscrito, ya el libro de Joel Warner La maldición del Marqués de Sade y quítenle a este hombre un poco de mala fama de encima, que no era para tanto. Historias con SONIDO Cara B con Emma Vallespinós Y terminamos, como siempre, con música con nuestra cara B.
Emma Vallespinós
Sí, hablaba Jesús de educación sexual con su invitada, la psicóloga Patricia Gutiérrez y de la necesidad de hablar a los jóvenes, de ser Este es el tema principal de la serie británica Sex Education que a lo largo de sus cuatro temporadas se asoma al despertar sexual del protagonista, un adolescente llamado Otis, lleno de complejos a pesar de ser hijo de una desinhibida sexóloga, y a la de sus compañeros de secundaria. La serie, que no es apta para adultos mojigatos, habla sin tapujos deseo, masturbación, homosexualidad, transexualidad diversidad, discapacidad y agresiones sexuales y de amor.
Jesús Pozo
Claro.
Emma Vallespinós
Es recomendable a partir de los 16 años. Seguro que genera conversaciones en casa que quizá no serán las más cómodas del mundo. Seguro. ¿Pero necesarias? También. Seguro. Sex Education tiene además una banda sonora buenísima. Gracias a esta serie descubrí a la magnífica Ezra Fuhrman, con cuyo tema Love you so bad terminamos hoy.
Jesús Pozo
Pues la vamos a escuchar enseguida. Antes les recordamos que este sádico programa ha sido posible gracias al trabajo de Jesús Pozo, Ana Valtierra, Emma Vallespinós, Pepe Rubio, de la técnico de sonido María Jesús Rodríguez y De Nieves con Cochina. Yo también he hecho lo mío. Adiós.
Emma Vallespinós
Cause you can see the black boy so bad You know what looked so bad like the kids Skipping class in the bathrooms Sneaking cigarettes underneath the football bleachers made me so bad You know I love you so bad Like the kids Glowing up just tearing pages off the back of the P Love knows baby so bad I still remember so bad The night's mom got drunker than dad did she told me never hang out with the bad kids Well, what can you say to that I always knew I was bad, always dreaming So they called me the space man You first kissed me in your parents Blue basement won't let your baby so bad Sometimes we got out of hand We bought drugs from a parking attendant It's open nights in your car We're transcendent loved you, baby so bad You know I loved you so bad Somehow you got yourself accepted You said there had to be a way out of all this garbage Small town rat trap moved away That was that you still sent me the occasional email I got a dumb job working retail Miss you baby so bad. I threw your name in the side Came to the beach cause we used to go here I watched the blue wave cover it over do what the ocean does best I know the past is the past but then again the present's nothing without it I feel fine, don't even feel sad about it I just love you leaving so bad.
Jesús Pozo
Suscríbete a Cualquier tiempo pasado fue anterior.
Emma Vallespinós
Todos los episodios y contenidos adicionales en la app de Cadena Sergi.
Jesús Pozo
En nuestros canales de Apple Podcast, Spotify, iVoox, Google Podcast y YouTube.
Emma Vallespinós
Cadena SER.
Ana Baltierra
La Radio.
Todo Concostrina · SER Podcast · January 28, 2024
Host: Nieves Concostrina
Key Contributors: Jesús Pozo, Emma Vallespinós, Ana Baltierra
Guest: Patricia Gutiérrez, clinical psychologist
This episode of "Todo Concostrina" dives irreverently into the scandalous and complex life of Donatien Alphonse François de Sade, better known as the Marquis de Sade. With historical rigor and the program’s characteristic sharp humor, Nieves Concostrina explores the man whose name gave rise to the term "sadism"—his privileged upbringing, sexual excesses, critique of hypocrisy, and literary legacy. The episode also reflects on sexuality through the lens of art and contemporary education, drawing uncomfortable but necessary parallels between Sade's era and current issues.
Sharp, witty, and irreverent, the program balances historical rigor with accessible, contemporary analogies and a touch of social critique. Concostrina and her team do not shy away from confronting hypocrisy and drawing uncomfortable parallels with today’s society.
In short:
This episode is an incisive journey through the life and times of the Marquis de Sade, illuminating not only the roots of “sadism” but also the persistent hypocrisy, fascination with sexual taboo, and ongoing challenges around sex education, both in art and in real life.