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Es imposible estar bien con Dios si constantemente estamos queriendo vivir contrario a su voluntad. En muchas ocasiones, tenemos con el Señor un conflicto de intereses. Por un lado, queremos estar bien con Dios y disfrutar de su presencia y respaldo, mientras que por otra parte deseamos hacer lo que mejor nos parece, argumentando diversas razones que nos llevaran a hacer nuestra voluntad sin importar el precio de las consecuencias. Sin dudas, todos hemos estado ante esta gran disyuntiva. Hacer su voluntad o simplemente dejarnos llevar por circunstancias y lo que que poco a poco me va diciendo el corazón. Los que hemos experimentado los dos extremos, podemos argumentar que cada vez que hemos tomado decisiones sin consultar a Dios yendo en contra de su voluntad no la hemos pasado nada bien al final del camino. Terminando como el hijo prodigo, solos, avergonzados y anhelando comer la comida de los cerdos. Sin embargo, cuando decidimos hacer la voluntad de Dios somos bienaventurados. El salmista David, en el primer salmo nos dice: Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará. ¿Estoy dejando a un lado mis proyectos para hacer la voluntad de Dios? ¿Estoy dedicando tiempo para escudriñar la palabra de Dios para aprender más del carácter del Señor? Padre, quiero caminar siempre contigo, quiero hacer tu voluntad y agradarte en todas las cosas.

La carta de Santiago en el capítulo tres, versículo dieciséis dice: donde hay envidias y ambiciones egoístas, también habrá desorden y toda clase de maldad. La envidia, sale de un corazón contaminado y sin Dios. La envidia divide, pues solo ella puede brillar en el escenario de la vida. La envidia no se esfuerza por ganar, se esfuerza por hacer daño. La envidia no tiene amigos, solo competidores en la vida. La envidia es traicionera, pues en el momento indicado ataca a aquel que le ayudo cuando más lo necesitaba. La envidia es calculadora, pues pretende ganar todas las batallas de la vida a cualquier precio. La envidia acomoda todo por su bien, no importa si otros salen dañados. La envidia es celosa, ya que anhela el éxito ajeno y se esmera por alcanzar lo que otros tienen. El sabio Salomón, en el proverbio catorce, versículo treinta dice: el corazón apacible es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos. La envidia, no deja disfrutar lo que ya se tiene, pues sus ojos están en aquel lugar que no le corresponde. La envidia es tan peligrosa, que puede hacernos liberar a Barrabas para crucificar a Jesús. El rey Salomón, escribiendo el libro de Eclesiastés en el capítulo cuatro, versículo cuatro dice: Luego observé que a la mayoría de la gente le interesa alcanzar el éxito porque envidia a sus vecinos; pero eso tampoco tiene sentido, es como perseguir el viento. La envidia, odia al favorecido y miente para ganar pequeños favores. El apóstol Pablo en la primera carta a los corintios en el capítulo trece, del versículo cuatro al siete nos enseña: El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. ¿Debo pedirle perdón a Dios por dejar que la envidia sea una realidad en mi vida? ¿Debo ir a Jesús para que transforme mi corazón y lo haga igual al suyo? Señor, quiero sentir amor por todo el que triunfa, quiero ser un instrumento para impulsar a otros a la victoria.

Una de las practicas más comunes que lamentablemente se ha convertido en un estilo de vida para los cristianos, es el chisme. La carta de Santiago en el capítulo tres, del versículo tres al seis dice: Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. ¡¡He aquí, !!cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Hablar sin saber, haciéndonos eco de lo que otros dicen sin pruebas, es pecado. Hablar de otros, aumentando a la historia cosas que no sucedieron. Es pecado. Sembrar la duda y el descontento para dividir una congregación. Es pecado. Hablar mal de otras personas, para salir ganando en algo que me conviene. Es pecado. Estas y otras prácticas se han hecho tan comunes que es casi imposible conocer la verdad, ya que la mentira y el mal corazón le han ganado a la prudencia y la bendición. El propio Jesús, hablando de los fariseos les dice: de la abundancia del corazón habla la boca, así que, si queremos saber que hay en el corazón de una persona, solo debemos dejar que hable un poco, y enseguida sabremos que hay en su corazón. ¿Por qué antes de hablar no pienso bien lo que voy a decir? Santiago, sigue escribiendo del poder de la lengua del versículo nueve al doce: Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce. ¿Debo pedir perdón a Dios por haber hecho comentarios falsos e hirientes? ¿Debo pedirle perdón a Dios por provocar división y descontentos con mis palabras? Señor, quiero refrenar mi lengua de todo mal que pueda decir, quiero usar mis labios solo para bendecir y hablar tu verdad.

Cuando el apóstol Pablo, le escribe a los efesios en el capítulo seis, versículo diez les dice: Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. La firmeza de seguir a Jesús, no proviene de nuestra inteligencia o la capacidad de resistir humanamente los embates de nuestro enemigo, el diablo. La firmeza de seguir a Jesús, no proviene de cuanto hacemos para Dios y su obra. La fortaleza en el Señor, la recibimos cuando nos humillamos ante su presencia cada día reconociendo nuestra incapacidad espiritual para poder librar cada batalla. La fortaleza en el Señor, llega a nosotros cuando sometemos nuestra voluntad a su voluntad y nuestros deseos a sus planes. Cuando David enfrento a Goliat le dijo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; más yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. La razón, que expone Pablo para buscar fortaleza en el Señor y que nadie debería olvidar, es que nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Estamos como David en un campo de batalla, luchando contra un enemigo vencido y derrotado, que sigue lanzando zarpazos de muerte contra los hijos de Dios. Nosotros como David, nos fortalecemos en el Señor y en el poder de su fuerza, extendiendo el reino de nuestro Dios a través de la predicación del Evangelio. No importa cuán grande es la tormenta ni que poderosos puedan ser los gigantes de hoy. Estamos en el bando del que venció en la cruz. ¿Estoy confiando en mi habilidad y capacidad humana para vivir el evangelio? ¿Estoy dispuesto a obedecer al Señor en todo momento y circunstancia? Señor, cada día busco fortaleza en ti. Solo tú me puedes ayudar a vencer.

Cuando el odio se levanta para dividir mi nación, yo me levanto para unir y bendecir. Cuando el vandalismo destruye y arranca de raíz la hermosa planta, yo me levanto para sembrar y comenzar de nuevo. Cuando la mentira, tantas veces repetida se ha convertido en verdad, yo me levanto para anunciar la verdad del evangelio. Cuando los oportunistas, quieren usarme para subir al poder, yo me resisto y me pongo en el lado correcto de la historia. Cuando la historia se repite una y otra vez condicionando el presente y el futuro, yo me levanto para hacer las cosas diferentes, a la manera de Dios. Cuando los medios de comunicación o las redes sociales me incitan a tomar una postura política, yo me levanto, oro, medito en la palabra y actuó conforme a lo que Dios me muestra. Cuando ser cobarde me conviene para no meterme en problemas, yo me levanto para ponerme en la brecha y predicar el evangelio en el nombre de Jesús. Cuando veo heridos del alma y del cuerpo, yo me levanto para sanar en el nombre de Jesús. Cuando la dictadura amenaza con robar la libertad de mi nación, yo me levanto en oración para que no suceda. El profeta Ezequiel, recibe un mensaje de parte de Dios que podemos leer en el capítulo veintidós, versículo treinta. Busqué a alguien que pudiera reconstruir la muralla de justicia que resguarda al país. Busqué a alguien que se pusiera en la brecha de la muralla para que yo no tuviera que destruirlos, pero no encontré a nadie. ¿Soy un hombre de paz en medio de la violencia y el odio? ¿Estoy orando y clamando por el bienestar de mi familia, mi comunidad y mi nación? Señor, dame el valor para defender la verdad, y amor para con mis enemigos.

Todo cristiano, tiene derecho a opinar de política y elegir por el partido que más se acerque a los principios bíblicos. Los cristianos, debemos tener cuidado con el discurso populista y engañoso que promete igualdad y reformas sociales, argumentando su discurso en una cosmovisión atea, humanista, una cosmovisión que defiende el aborto, la eutanasia y la ideología de género como la mejor propuesta para la familia. A estos, debemos dejarlos con las ganas de ganar, pues al final del camino, el odio y la división de la sociedad serán su mayor logro. Los cristianos, influenciamos en todas las esferas de la sociedad, siendo sal y luz en el lugar que Dios nos ha puesto. Si no sucede así, es porque todavía seguimos arrastrando el pensamiento de que la fe solo se ejerce en espacios privados. Por otro lado, los cristianos no debemos exaltar lo mal hecho y mucho menos defender a capa y espada a partidos que están manchados de sangre y corrupción. Debemos ser objetivos y claros en nuestros postulados y creencias, pues cuando no lo somos, confundimos con nuestra opinión a quienes deberíamos orientar. Todos los cristianos, debemos defender la libertad de expresión, la libertad de culto y el derecho de que existan varios partidos políticos con diferentes propuestas. Los cristianos, no debemos estar de acuerdo con ningún tipo de dictadura que que quiera establecerse en nuestras naciones. La libertad, es un regalo que el Señor no ha hecho y debemos defenderla con la enseñanza de la palabra de Dios. Por otra parte, Dios ha llamado a cristianos a influenciar en la esfera de gobierno. Daniel y sus amigos, son grandes ejemplos de poder marcar la diferencia en la esfera política sin tener que contaminar el corazón de corrupción. ¿Estoy influenciando la sociedad con los principios bíblicos? ¿Estoy siendo una voz que resalta la verdad en medio de una multitud que sigue la mentira? Señor, quiero compartir de mi fe en todos los espacios y condiciones. Quiero poner la luz del Evangelio en alto, donde toda la ciudad pueda ver tu rostro.

La violencia, nunca será la solución para resolver los conflictos. La venganza, es un fuego incontrolable que destruye todo lo que logra alcanzar con la fuerza de su odio. Los cristianos, somos pacificadores y buscamos la paz a toda costa. Los cristianos, no albergamos odio ni venganza contra nuestros enemigos, más bien somos embajadores de paz en medio del escenario más cruel. Los cristianos, oramos, clamamos y le pedimos al Señor que nos de discernimiento para poder entender lo que verdaderamente está sucediendo. En la carta que Pablo escribe a los cristianos de Éfeso, en el capítulo seis, versículo doce, les dice que nuestra lucha no es contra carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Debemos entender por este pasaje bíblico, que lo que vemos con nuestros ojos son instrumentos en manos del verdadero mal. El diablo, usa a personas que no temen a Dios con la intención de provocar todo el daño que estamos viendo. Los de izquierda y derecha, buscan argumentos para justificar el caos y el desorden. Y nosotros los cristianos, buscamos refugio en el Señor. Pablo, les sigue diciendo a los cristianos de Efeso, de los versículos trece al diecinueve: Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio. Debemos vestirnos de la armadura de Dios para este tiempo de guerra. Debemos alimentarnos de la palabra de Dios y su consejo y no de los medios de comunicacion que solo desean atraparnos en el odio y la división. ¿Soy un pacificador en tiempo de guerra y confusión? ¿Estoy buscando la paz en medio del odio y la venganza? Señor, quiero ser un instrumento de paz y reconciliación, quiero ser sal y luz en medio de las tinieblas.

En muchas ocasiones, pensamos que es imposible hallar perdón y restauración en Dios. Creemos, que son tan grandes nuestros pecados que no hay forma de seguir adelante con nuestras vidas. Es cierto, que las malas decisiones nos llevan a callejones sin salidas y caminos turbios donde la violencia y el odio reinan, convirtiendo nuestras vidas en un total caos. En estas circunstancias, es donde nuestro enemigo el diablo nos invita a seguir por el camino destrozado e incompleto o peor aún nos invita a quitarnos la vida pues no hay una mejor opción para el momento que se vive. ¿Hay esperanza para aquel que ha perdido todo? ¿Podemos salir del hoyo de la desesperación victoriosos? Por supuesto que sí, podemos hallar perdón, restauración y vida cuando buscamos en Dios la salvación. Para Dios, no hay nada ni nadie imposible. El hijo prodigo, estando en su peor condición entro en razón y dijo: !!Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Es posible volver a disfrutar el aroma de la casa del Padre. Así como el hijo pródigo, debemos entrar en razón, pedir perdón al Señor y a las personas que hemos hecho daño, reconociendo, que solo en Dios podemos encontrar la paz que tanto estamos buscando. ¿Necesito reconocer que mis pasos se han alejado de Dios y su voluntad? ¿Necesito regresar a la casa del Padre? Señor, perdona mi orgullo e incompetencia. Gracias por tu perdón.

¿El señor contesta todas las oraciones? Por supuesto que sí. Dios siempre contesta todas nuestras oraciones. Lo que sucede, es que nuestras peticiones a Dios están cargadas de mucho egoísmo e injustica. Tal vez no nos damos cuenta, pero así es. Todo tiene que ver conmigo y mis intereses, muy pocas veces en nuestras oraciones buscamos que se haga su voluntad. Casi siempre, queremos imponer nuestros criterios, ideas y sugerencias ante un Dios santo, sabio y perfecto. Otro aspecto importante, es cuando recibimos una respuesta que no estábamos esperando, esperábamos un sí y Dios como respuesta dijo no. En esta situación, es donde nuestro carácter es probado. En muchas ocasiones optamos con seguir haciendo nuestra voluntad a pesar de las consecuencias. En la segunda carta, que Pablo le escribe a los corintios, en los versículos del siete al nueve le comparte un testimonio acerca de una oración que le hizo al Señor. Y les dice: Para evitar que me volviera presumido por estas sublimes revelaciones, una espina me fue clavada en el cuerpo, es decir, un mensajero de Satanás, para que me atormentara. Tres veces le rogué al Señor que me la quitara; pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Todas las pruebas, tienen un propósito incluido, en el caso de Pablo, Dios permitió este aguijón en su carne, para evitar que se volviera presumido por las revelaciones que había recibido. No siempre recibiremos un sí como respuesta, pero siempre, tendremos al Señor pastoreándonos en todos los momentos. ¿Estoy actuando en rebeldía por no estar de acuerdo con una respuesta de Dios? ¿Qué actitud estoy teniendo ante la adversidad? Señor, te amo, no importa si recibo un no como respuesta.

El salmista David, abre su corazón a Dios y le dice al Señor en el salmo tres: Oh Señor, tengo tantos enemigos; son muchos los que están en mi contra. Son tantos los que dicen: «¡Dios no lo rescatará! Los enemigos de David, son todos aquellos que aborrecen a Dios y su ley, son aquellos que desobedecen lo establecido, queriendo desvirtuar una y otra vez el diseño de la creación. Estos enemigos, proclaman a toda voz a David, Tu Dios no te salvará en esta ocasión. ¿Quién es aquel que sirve a Dios y no tiene enemigos? El diablo, usara a su antojo a aquellas personas que le sirven y le han vendido su alma. Los usara para estorbar la obra del Señor, atacando sin piedad la fe sincera de los hijos de Dios. David hace una pausa musical y adora a su Señor. Luego de este interludio, descubre una realidad más grande, el versículo tres dice: Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo. Después de esta gran revelación, David se toma otro tiempo para adorar con su arpa. Y surge otro canto de esperanza y fe: Yo me acosté y dormí, Y desperté, porque Jehová me sustentaba. No temeré a diez millares de gente, Que pusieren sitio contra mí. Así como se avecinan tiempos peligrosos para los que amamos a Dios, también se avecinan tiempos de gloria, donde veremos a muchos ciegos y paralíticos ser sanados en el nombre de Jesús y a muchos Saulo convirtiéndose en Pablo. ¿Estoy viendo solo lo negativo de las circunstancias o también soy capaz de ver el cuidado y el respaldo de Dios? ¿Estoy aprovechando los tiempos difíciles para adorar e intimar con el Señor? Señor, no importa cuantos enemigos se puedan levantar, yo sé que tú eres escudo alrededor de mí, mi gloria y el que levanta mi cabeza.