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Si nunca pasaste por un TCA, no vas a entender exactamente cómo se siente. Pero sí podés acompañar y validar sin entenderlo, acordate siempre que no basta con decir come más o dejá de vomitar. Si fuera tan simple, nadie tendría un TCA. De todo TCA se sale. No son túneles sin salida. Con el acompañamiento y el tratamiento adecuado, la recuperación sí existe. Estás escuchando Psicología al Desnudo, un podcast de Psyoma Moliti. Esto engorda, tiene muchas calorías. Si como ahora y después cero menos, o mañana como más liviano o mejor. No como nada en todo el día. Bueno, esto lo compenso. Después me mato 3 horas en el gym y listo. No debería haber comido, eso ya fue. Total, hoy ya rompí todo. Cuando esté más flaca, ahí sí. Vivimos en un mundo donde los cuerpos delgados, tonificados, jóvenes, se presentan como sinónimo de salud y éxito. Y este ideal no es inocente. La ciencia nos dice que el principal factor de riesgo para el desarrollo de un Trastorno de la Conducta Alimentaria es este endiosamiento de la delgadez y la cultura de dietas en la que estamos inmersos. Por ende, vivir en entornos donde se premia bajar de peso y se castiga subirlo, aumenta la probabilidad de desarrollar una relación patológica con la comida. Y esto no queda en el plano de las ideas, tiene efectos reales. Se calcula que más de 70 millones de personas en el mundo viven con un TCA. 70 millones. Cada recomendación bien intencionada, cada video sobre dietas, cada elogio a la delgadez funciona como un gatillo que profundiza el sufrimiento. Y aunque se manifiestan en relación a la comida, estos trastornos no son un problema con la comida. No son problemas de nutrición ni de rendimiento deportivo. Como su nombre lo dice, son Trastornos de la Conducta Alimentaria. La restricción y la voracidad son estrategias de conducta que una persona usa para intentar lidiar con emociones intensas, traumas, creencias distorsionadas, contextos familiares o ambientales que no sabe bien cómo afrontar de otra manera. Son psicológicos, no son nutricionales. Hoy vamos a hablar de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, conocidos como TCA, una de las problemáticas con mayor índice de mortalidad y que más creció en los últimos años. Cuando termines de escuchar este episodio vas a entender cuál es el problema. Vas a poder detectar señales y saber qué hacer si te pasa a vos o si querés ayudar a alguien. Comencemos por el principio. ¿Qué son los trastornos de la Conducta Alimentaria? Son alteraciones en la manera en que una persona se alimenta que generan un deterioro en su salud física y mental, es decir, la forma de comer deja de responder a las necesidades reales del cuerpo y aparece un profundo malestar emocional, angustia, ansiedad, perturbación psicológica. Existen un montón de mitos alrededor de los TCA, que la anorexia solo existe en mujeres jóvenes, blancas y de nivel socioeconómico alto, que son una fase normal de la adolescencia. Hoy sabemos que todo esto es falso. Sabemos que además aparecen cada vez más temprano, incluso en la infancia, y que afectan tanto a hombres como a mujeres no disc pueden afectar a personas de cualquier sexo, género, edad, etnia, orientación sexual y nivel socioeconómico, es decir, nadie está exento. Y también se presentan en cuerpos de todos los tamaños y de todos los pesos. Los TCA se manifiestan en un espectro que va desde la restricción hasta el exceso y también en formas cíclicas donde se alternan períodos de mucha restricción con periodos de voracidad y estos son trastornos progresivos y degenerativos. Esto quiere decir que si no se interviene tienden a empeorar y afectan a múltiples sistemas del cuerpo y en los casos más graves pueden incluso conducir a la muerte. Los TCA son trastornos mentales y por eso tienen que ser diagnosticados y tratados por psicólogos y psiquiatras especializados, no por entrenadores físicos ni por nutricionistas, tampoco, solo con planes de alimentación aislados. Y se caracterizan principalmente por dos en primer lugar por la preocupación excesiva por el peso y la figura, que suele ir acompañada de una visión distorsionada del propio cuerpo, esto no pasa siempre, pero sí en muchos casos y dos, por intentos constantes y repetitivos de controlar el peso corporal. Según el manual de los trastornos mentales, existen siete tipos principales de Anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno por atracón pica, trastorno por rumiación, trastorno de evitación y restricción de la ingesta Trastornos no especificados como anorexia atípica, bulimia atípica, síndrome de consumo nocturno o trastorno purgativo Igual, más allá del diagnóstico, si la manera de comer genera sufrimiento emocional o daña la salud, hay que buscar ayuda profesional. Me voy a centrar hoy en los trastornos más la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón. Veamos de qué se trata a grandes rasgos cada uno. Como primero tenemos a la anorexia nerviosa. Este es el trastorno mental con mayor índice de mortalidad y es uno de los más complejos de tratar. Se caracteriza por una restricción extrema de la comida, incluso cuando la persona ya se encuentra en un peso peligrosamente bajo. No es una dieta estricta, no es cuidarse a fuerza de voluntad. Es una relación profundamente alterada con el cuerpo, la comida y con el miedo. En el centro de la anorexia hay dos componentes claves. Por un lado, una distorsión muy marcada de la imagen corporal. La persona se percibe con un peso o un tamaño mayor al que realmente tiene. Se mira al espejo y no ve lo que el resto ve. Aparece un miedo intenso a engordar y una preocupación constante por el cuerpo, el peso y la forma del cuerpo. Y por otro lado, una restricción alimentaria severa. Se reduce drásticamente la cantidad de comida con el objetivo de bajar de peso o evitar subirlo. Esta restricción sostenida puede generar desnutrición y una pérdida de peso que se puede volver muy grave y peligrosa. La anorexia puede presentarse de forma restrictiva, donde la persona básicamente no come nada o come cantidades mínimas, o de forma purgativa, donde además de restringir aparecen conductas para compensar lo ingerido, como vómitos, uso de laxantes, ayunos muy prolongados o ejercicio físico excesivo. Muchas veces el ejercicio compulsivo es parte del trastorno. No hay disfrute, no hay descanso, no hay escucha del cuerpo. Solamente hay exigencia y castigo. La mayoría de las personas con anorexia no se ven esqueléticas, sobre todo en las primeras etapas. Un montón son funcionales y el bajo peso puede incluso estar normalizado o celebrado en ciertos contextos. Por ejemplo, en bailarinas de ballet o en algunos deportes estéticos esto se celebra también. Eso hace que sea muy difícil diagnosticarlo. Y no se diagnostica por el peso, sino por las conductas, por los rituales y por el discurso de la persona. En segundo lugar tenemos a la bulimia, que se organiza alrededor de un ciclo que es muy desgastante, que es el de atracón y compensación. Una y otra vez, entonces la persona atraviesa episodios de atracones seguidos de conductas compensatorias como vómitos provocados, uso de laxantes, diuréticos o este ejercicio físico excesivo. Y no es algo ocasional, es un patrón que se repite y se vuelve cada vez más difícil de frenar. Un atracón no es simplemente comer de más, implica ingerir grandes cantidades de comida en muy poco tiempo, con una sensación intensa de pérdida de control. Acá aparece la urgencia, el automatismo, se come rápido, muchas veces hasta sentir dolor, malestar físico, náuseas. Algo importante del atracón es que suele suceder a solas, escondido, porque hay vergüenza, y después viene el derrumbe, aparece la culpa, el asco, la bronca con uno mismo. Y ahí entra la compensación, como un intento desesperado de borrar lo que pasó. Los tatracones nunca responden al hambre física, son una respuesta a emociones no reguladas como la ansiedad, la tristeza, el enojo, el vacío, la angustia. La comida aparece como anestesia momentánea, alivia unos minutos y después el malestar vuelve multiplicado. En la bulimia hay una preocupación constante por el peso y la figura corporal, un miedo muy grande a engordar y un deseo persistente de tener un cuerpo más flaco. Generalmente no aparece una desnutrición extrema y por eso muchas veces este trastorno pasa más desapercibido. Pero que no se vea no significa que no dañe. La bulimia se vive en secreto, con mucho silencio y mucha soledad. Y otra vez, no es falta de control, no es como por ansiedad y listo. Es un trastorno serio, sostenido por la culpa, el miedo y una relación muy hostil con el propio cuerpo. Y como todo TCA, necesita algo más que fuerza de voluntad, necesita tratamiento. Y número 3 tenemos el trastorno por atracón, en el que también hay episodios de atracones con sensación de pérdida de control, pero sin las conductas compensatorias de la bulimia. En general suelen ser a solas, a escondidas, por culpa y la vergüenza que generan. La característica principal es la voracidad, la impulsividad y el no poder parar de comer hasta hacerse daño, hasta. Hasta sentirse muy mal. Muchas veces aparecen en episodios de gran vulnerabilidad emocional y en soledad, a modo de regulador del estado de ánimo. Este es el TCA más prevalente, más común y se presenta casi por igual en hombres y en mujeres. Si conoces a alguien que está sufriendo en este momento por un TCA, quédate porque en minutos te voy a dar herramientas clave que te van a ayudar tanto a vos como para ayudar a esa persona. Una pregunta que aparece muchísimo cuando alguien cercano empieza a preocuparnos ¿Cómo sé si una persona está teniendo una relación disfuncional con la comida? Bueno, no hay una única señal que aislada por sí sola nos confirme nada. Tenemos que mirar un conjunto de señales que se repiten y que empiezan a organizar la vida de la persona. Ahora, dicho esto, hay algunos signos frecuentes que pueden funcionar como alertas tempranas. En primer lugar, si notamos que la persona tiene una preocupación intensa por el peso, la comida o el cuerpo rituales rígidos como comer siempre lo mismo, necesitar cumplir reglas estrictas que generan mucha angustia si no se respetan, aislamiento social al momento de comer, dietas frecuentes, ejercicio muy compulsivo y todo el tiempo, cambios de humor, mareos, fatiga, frío, esconder comida, entre otras. Vayamos ahora a las causas. ¿Por qué alguien desarrolla un TCA? Como todo fenómeno complejo, no admite una sola respuesta. Nadie desarrolla un TCA por una sola razón. No es porque venía haciendo dieta o porque vio cuerpos en Instagram, ni porque tiene baja autoestima. Los TCA son multifactoriales, surgen de la interacción de muchos factores que juntos van armando el escenario perfecto para que aparezcan. El punto número uno, el factor número uno es la predisposición genética, antecedentes familiares de TCA u otros problemas relacionados a los la salud mental o familias que tienden a la desregulación emocional. También influyen los cambios, el peso, la pubertad o determinadas características físicas que en algunas personas pueden vivirse como profundamente incómodas y transformarse en un desencadenante. En segundo lugar, el plano individual. Hay ciertos rasgos de personalidad que pueden ser factores de riesgo para la persona. Por ejemplo, ser excesivamente perfeccionista, excesivamente autoexigente, tener dificultades para tolerar la frustración o el malestar, mucha impulsividad o miedo al cambio. Personas que siempre podrían hacer lo mejor, que se castigan internamente con mucha dureza. Tercero, el factor social. Este es un factor fundamental porque hace a la construcción de creencias sobre lo que está bien y lo que no, de lo que te hablaba al principio. La cultura de la delgadez aplaude al cuerpo delgado por sobre todo lo demás, reforzada además estos años con la llegada de medicamentos como el Ozempic, por ejemplo. La promesa es la delgadez es salud. Si adelgazas vas a estar sano y si no, no. Y en muchos casos, buscar bajar de peso no tiene nada que ver con la salud. Otro gran factor de riesgo suele ser el entorno familiar. Familias con dinámicas muy rígidas de sobreprotección, poca comunicación, expectativas o exigencias muy altas. Todas esas características podrían ser potenciales desencadenantes. Muchas familias sostienen, a veces sin mala intención, creencias heredadas sobre cómo debería ser un cuerpo. Una amiga mía que me dio el permiso para contar esto, aclaro siempre, me cuenta que cuando era chiquita su abuela le decía que si seguía comiendo así se iba a quedar sola toda la vida, a modo de chiste. Pero ese comentario, dicho una y otra vez, se le grabó en el cuerpo y hoy todavía lo recuerda con mucho dolor. Pensemos en lo dañino que es crecer en un entorno donde gran parte de nuestro valor se mide por cómo nos vemos y no por quienes somos. En psicología hay un concepto que se llama Estrategia de afrontamiento, que son todas esas formas que construimos los seres humanos de lidiar con el dolor, con el malestar o con las situaciones que nos sobrepasan emocionalmente. No son conductas elegidas libremente ni de manera consciente, sino que son intentos, muchas veces desesperados de regular lo que internamente resulta insoportable. Y en ese sentido, los TCA funcionan como estrategias de afrontamiento. Son dañinas y peligrosas, sí, pero son funcionales en su lógica interna. Es la manera que encontró la persona en este momento de su vida de hacer algo con lo que le duele. Cada TCA viene a cumplir una función en la historia de vida de la persona, una función que está muy lejos de ser sana, pero es la que hoy existe, la posible. ¿Se puede salir de un TCA? Sí, es súper posible. Hoy sabemos que existe la remisión completa y la persona puede volver a tomar el control total de su vida. No es fácil ni se logra en soledad, pero sí es posible. Sanar un TCA no es quitar, arrancar el síntoma y nada más, sino que tiene que ver con construir nuevas estrategias de afrontamiento para hacerle frente al dolor, que sean más sanas, más seguras, menos destructivas. ¿Y cómo hacemos eso? Con un tratamiento psicoterapéutico, también nutricional, incluso clínico, con un enfoque especializado en TCA. Es súper importante que el trabajo sea interdisciplinario porque como dijimos antes, las consecuencias se ven tanto en lo psicológico, en lo físico, pero también en lo social. Y acá entra la importancia de la red, de acompañar. Porque si hay algo que sí sabemos es que del TSA nunca se sale solo. La forma de salir siempre es buscar una red profesional y también acompañar sin juicio, no prohibir, no forzar, cuidar el vínculo con la persona que está sufriendo, porque el vínculo es una de las herramientas más potentes para la recuperación. Acompañar a una persona que atraviesa un TCA es una de las experiencias más difíciles que hay, porque es ver a alguien que quieres sufrir y desear con todas tus fuerzas que salga de ahí, pero sin tener la llave, sin poder abrir la puerta por él o por ella. Es no saber cuándo hablar y cuándo callarse, sin insistir o respetar los tiempos. Por eso ahora vamos a frenar un segundo y mirar qué sí podemos hacer desde nuestro lugar para acompañar a alguien que está luchando por salir de un TCA. En primer lugar, tenemos que revisar las propias creencias que tenemos en relación al peso y a la alimentación. Mirar hacia adentro. ¿Qué pienso yo sobre los cuerpos? ¿Qué frases digo o escucho en mi entorno que refuerzan la idea de que el valor está en cómo alguien se ve en cuanto pesa? Pensemos en los siguientes comentarios dichos al Ay, estás re flaca, qué lindo que te queda. Ay no, desde que engordó está horrible, se dejó estar, antes estaba mejor. Ay, mira qué flaquito, parecías un palito con cara de asco. Ay, con ese cuerpo no tendría que usar eso. Lo que para algunas personas parecen chistes, para alguien con un TCA son golpes que refuerzan la lógica del trastorno. Entonces aparecen pensamientos de tengo que controlar lo que como, Si aumento de peso, ya no valgo. La segunda herramienta es validar emocionalmente. Aunque no lo entiendas, si nunca pasaste por un TCA, no vas a entender exactamente cómo se siente, pero si puedes acompañar y validar sin entenderlo todo. Puedes hablar con la persona, decirle que observas que cambió su manera de comer, o que casi ya no come en familia o con otras personas, o que cambió su estado de ánimo, y que quieres que la persona sepa que estás ahí para ella, o si necesitas que alguien te escuche y te acompañe, yo estoy acá. Puedes expresarle que sabes que quizás esto podría tratarse de algún conflicto con la comida o con el cuerpo, y que siempre que la persona quiera puedes ayudarla a buscar ayuda profesional. Siempre esto sin invadir, sin forzar, simplemente acompañando. Y tercero, cuidarse, practicar el autocuidado. Porque acompañar a alguien con un TCA puede ser súper difícil, y un montón de veces aparece la frustración, el enojo, la tristeza, la impotencia. Y si no te cuidas a vos en ese proceso, es muy fácil que termines exhausto. Ahora, para este último punto, te recomiendo que escuches el episodio 19 de la cuarta temporada de psicología del Desnudo, porque ahí hablé de autocuidado para quienes cuidan. Acordate siempre que no basta con decir come más o dejá de vomitar. Si fuera tan simple, nadie tendría un TCA. No se trata de falta de voluntad, sino que es un trastorno complejo que necesita ayuda profesional. Y acá aprovecho a decirte que si querés hacer terapia con los psicólogos y psicólogas de Epsima Molicki, vas a encontrar nuestra información en el link a nuestra web que te voy a dejar en la descripción de este episodio o entrando a un diagnóstico de la conducta alimentaria puede ser angustiante, duro, pero también puede ser el gran punto de inflexión para entender el problema que ese TCA está tratando de resolver, sanar la herida que está tratando de cerrar. Y si eres quien acompaña, no sos el responsable de liberar a la persona de la cárcel que es el TCA, pero si desde tu lugar podés encender una luz, podés decirle de todo lo que la persona es capaz por si se le olvida. No se trata de tener la solución, se trata de estar, de sostener, de escuchar, de validar el dolor, aunque no lo entendamos del todo, de todo TCA se sale, no son túneles sin salida. Con el acompañamiento y el tratamiento adecuado, la recuperación sí existe Hasta acá el episodio de hoy, nos encontramos la semana que viene.
Fecha: 11 de junio de 2026
Host: Marina Mammoliti
En este episodio, la psicóloga clínica Marina Mammoliti aborda los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), desmitificando conceptos erróneos, describiendo sus manifestaciones clínicas y ofreciendo herramientas prácticas para quien acompaña a una persona afectada. El énfasis principal está en comprender los TCA como trastornos psicólogicos complejos y no como simples problemas de alimentación o falta de voluntad. Marina propone una mirada empática y científica, destacando la importancia del acompañamiento informado y el tratamiento profesional interdisciplinario.
Introducción al dolor y la incomprensión de los TCA
Impacto social y cultural
Diferencia entre el síntoma y el problema real
Concepto clínico
Mitos y realidades
Manifestaciones clínicas
Diagnóstico y tratamiento
Síntomas y comportamientos observables
Reflexión crítica
Factores genéticos
Rasgos individuales
Contexto sociocultural
Estrategias de afrontamiento
La esperanza realista
Importancia de una red de apoyo
Este episodio es una guía informada y empática para abordar los Trastornos de la Conducta Alimentaria desde la comprensión, el acompañamiento y la esperanza. Marina Mammoliti enfatiza la importancia de actuar desde el respeto, evitando juicios y lugares comunes, y remarca que siempre existe una salida cuando se cuenta con una red y tratamiento adecuado. El mensaje es claro: nadie tiene que atravesar un TCA solo, y todos podemos aprender a acompañar mejor.