Loading summary
A
Descansar es una pérdida de tiempo. Frenar es fracaso. Porque bajo esa lógica, nunca alcanza lo que sos hoy. Siempre falta algo más. Si dejas que alguien que no conoce tu historia, tus tiempos, tus límites ni tus heridas te diga cómo alcanzar tu mejor versión, entonces no estás buscando la tuya, estás persiguiendo la de otro. Estás escuchando Psicología al desnudo, un podcast de Psyoma Moliti. Desbloqueas el celular, entras a Instagram y aparecen los gurús de la autoayuda con los mismos mensajes de siempre. Levantarte a las 5 de la mañana, meditar, entrenar, comer perfecto, leer un poco más, ser productivo, tomar dos litros de agua por día, caminar los 10.000 pasos diarios. No te vas a olvidar. La promesa de todo esto es clara. Si. Si lográs sostener todo eso, te vas a convertir en tu mejor versión. Depende 100% de vos, de tu voluntad y de tu disciplina. Si querés, podés. Ahora, ¿De verdad es tan así? ¿Quién decide cuál es mi mejor versión? Veamos qué tiene la psicología para contarnos. La obsesión actual por la auto optimización no es solamente una cuestión individual ni un rasgo de personalidad de esta época. La idea de la mejor versión no aparece espontáneamente en el vacío, sino que es hija directa de una ideología cultural muy específica que nos atraviesa a todos, nos guste o no. La cultura de la productividad. Un modelo que asocia el valor personal con el rendimiento. Es decir, valemos por lo que hacemos, por lo que producimos, por lo que mostramos. En ese contexto, descansar es una pérdida de tiempo. Frenar es fracaso. Alcanzar nuestra mejor versión se convierte en el norte y al mismo tiempo en una carrera infinita. Porque bajo esa lógica, nunca alcanza lo que sos hoy. Siempre falta algo más. El problema más grande que suele tener la ideología de ser tu mejor versión es que vende respuestas simples a problemas humanos complejos. Se apoya más en relatos inspiradores, frases motivacionales y promesas de control que en evidencia científica sólida. De hecho, distintos análisis muestran que menos del 20% de los libros de autoayuda se basan en investigaciones empíricas y que muchos incorporan pseudociencias o tips que responden más a a estrategias de marketing que a datos reales que garanticen el bienestar de las personas. A eso se le suma que los gurús construyen su mensaje a partir de historias de éxito excepcionales y eso genera una comparación social sin sentido. Porque en realidad vemos todo a través de un fuerte sesgo del sobreviviente. ¿Qué quiere decir esto? Que vemos a quienes lo lograron, pero nunca vemos a la mayoría que aplicó las mismas recetas y no tuvo resultados. Y esa idea es peligrosísima, porque cuando la promesa no se cumple, el mensaje es muy el problema sos vos. Sos vos a quien le falta voluntad, a vos te faltan ganas, por eso no llegás. Si no cuestionamos este discurso, terminamos con una autoestima destruida y la sensación de que hagamos lo que hagamos, nunca es suficiente para llegar. Ahora, no creo que el problema sea la autoayuda, sino cuando se vuelve simplista, ignorando los contextos, límites y condiciones de existencia reales. Esto no quiere decir que yo esté en contra de la autoayuda. De hecho, no me ofende cuando etiquetan a este podcast o a las notas que escribo dentro de esa categoría. Me parece un campo súper válido y cuando está bien hecho, es profundamente valioso. Pero como en todo fenómeno masivo, hay grises. Y en esos grises aparecen intereses, atajos, promesas infladas y también muchos chantas. El mundo de la autoayuda no es una excepción, también es una industria. Y como la mayoría de las industrias, está llena de estafas. Este fenómeno no aplica únicamente a los libros de autoayuda. Hace poco leí un análisis publicado en The British Medical Journal que reveló que el 87 de los contenidos de salud que vemos y escuchamos de influencers en Instagram y en TikTok son en realidad publicidad encubierta. Estamos hablando de casi el 90% del contenido. Es demasiado. Si venís escuchando hasta acá y sentís que este tema resuena con vos o se relaciona con tu vida, quédate porque tenemos parte práctica donde te comparto herramientas para efectivamente hacer algo con lo que te pasa. Ahora sí, sigamos. Y sobre esto, vi una serie en Netflix hace un tiempo que se llama Vinagre de manzana. Me dejó como una sensación rara en el cuerpo. Es una serie que está basada en la historia real de Belle Gibson. Es una influencer australiana de la que los medios empezaron a hablar con con mucha frecuencia en el 2013 porque la catalogaban como un milagro viviente. Resulta que esta chica, Bel, en contra de todo pronóstico, había vencido un cáncer terminal. Y no solamente eso, sino que lo había hecho rechazando la medicina tradicional y apostando por algo mucho más seductor, que eran unos jugos específicos, alimentación natural y pensamientos positivos. Según su propio relato, en 2009, cuando ella tenía 20 años, le habían diagnosticado un cáncer cerebral maligno y le quedaban semanas de vida. Meses, dijo ella, como máximo. Pero Bell decidió que no iba a hacer quimio ni radioterapia. Decidió curarse de manera natural y la gente le creyó. Su discurso fue tan potente que armó todo un imperio. Lanzó una app de bienestar que fue un éxito rotundo. Después vinieron libros, miles de seguidores convencidos de estar viendo una prueba viviente de que si quieres, podés. De hecho, muchos de sus seguidores que también estaban atravesando un cáncer, se comparaban con ella. Y mientras ellos estaban agotados, con el cuerpo muy atravesado por las quimioterapias o con náuseas, miedos y días muy malos, ella parecía estar cada vez mejor. Y muchos intentaron imitarla. Cambiaron tratamientos, se exigieron mucho estar mejor y se convencieron de que si ella podía, ellos también. Incluso cuando eso ponía en riesgo su vida. Y acá viene lo más oscuro quizás de toda la historia, y es que Mele Gibson nunca tuvo cáncer. Era todo mentira. La historia termina con ella siendo llevada a juicio en Australia y el tribunal federal declarándola culpable por engaño. La condenaron a pagar una multa muy alta que todavía no pagó. Pero traigo este ejemplo porque nos muestra con crudeza lo que pasa cuando consumimos ideales, promesas, mejores versiones, sin filtro crítico, cuando no cuestionamos y copiamos modelos estandarizados. Sobre todo en este momento de tanta mezcla entre noticias verdadera y falsa a la vez, en el que se hace difícil distinguir si lo que estamos consumiendo está validado o si está basado en lo que se le ocurrió decir a una influencer por ahí. Ni hablar de distinguir si eso que consumimos es saludable para nosotros o no. Por eso, si de verdad queremos dejar de perseguir versiones ajenas, construir una forma de crecer que sea saludable para nosotros, corrernos del humo y de los ideales prefabricados, tenemos que hacer un movimiento clave. Pasar del afuera hacia adentro. Y eso empieza haciéndonos dos preguntas incómodas que solamente nosotros nos podemos responder. La primera pregunta ¿Qué es para mí alcanzar mi mejor versión? Porque cuando me hago esta pregunta, hay algo clave que empiezo a hacer. No a mirarme a mí, sino a mirar de frente al ideal que tengo en la cabeza. Y ahí empieza un ejercicio revelador, que es el de observar si ese ideal tiene algo que ver con mi vida real o si es en realidad un collage de exigencias ajenas que fui incorporando sin darme cuenta. Porque muchas veces eso que llamamos mi mejor versión no es un deseo propio, no habla de quién soy yo, ni de qué necesito, sino de cómo aprendí que debería ser. Si en tu idea de alcanzar tu mejor versión aparece una versión tuya hiperproductiva, impecable, siempre de buen humor, que lee dos libros por mes, entrena todos los días, te trabaja ocho horas, viaja por el mundo y sube fotos en hoteles exóticos, socializa, tiene muchos amigos. Frenemos un segundo. Es la agenda de un robot. Un ser humano real no puede con todo eso. Nadie puede. Lo que tenemos que entender, señoras y señores, es que lo que muchas veces nos venden y compramos como mejores versiones de nosotros mismos no es ni más ni menos que un mandato de exigencia macabro e inalcanzable. No está pensado para que lleguemos, porque si llegáramos, el negocio se cae. Y la segunda pregunta ¿Para qué quiero alcanzar esta mejor versión de mí? Es un poco más incómoda que la anterior, porque se pregunta sobre el sentido viene ayudarnos a identificar si queremos alcanzar esa mejor versión para nosotros o para los demás. Porque muchas veces lo que motiva esta búsqueda tiene que ver con la validación externa, con sentirnos queridos, aceptados. Y ojo, no digo que eso sea algo malo, lo hacemos todos. Todos queremos pertenecer. El problema aparece cuando en esa búsqueda nos perdemos y dejamos de vivir según lo que nosotros necesitamos para empezar a vivir por la aprobación de un otro. Y acá viene algo clave de la psicología Edward Desi y Richard Bryan, que son dos investigadores centrales en motivación humana. Ellos explican en la teoría de la autodeterminación que cuando nuestras decisiones no nacen de la autonomía, es decir, cuando no las sentimos verdaderamente propias ni estar ajustadas a nuestra realidad, incluso aquello que parece saludable puede generarnos mucho malestar. Un ejemplo clá me propongo levantarme a las 6 de la mañana todos los días porque vi en un vídeo que las personas que se levantan temprano, a las 6, a las 5, rinden mejor, son más productivas y más felices. OK, bien, lo hago. Uno, dos, tres días, pero yo soy búho, es decir, mi cronotipo es nocturno y rindo mucho más a la tardecita noche. Además, entro a trabajar cerca del mediodía, salgo tarde, entonces llego agotada, duermo menos de cinco horas, estoy de mal humor, empiezo a rendir peor. ¿Qué pasó con ese consejo que parecía la llave del éxito que nunca me pregunté para qué, ¿Para qué me serviría a mí con mi vida, mis horarios y mis circunstancias? Claro, en esta ensalada de mandatos es muy común confundir bienestar con un listado de hábitos universales. Ahora, la evidencia nos muestra que no existe un hábito mágico válido para todas las personas. Nuestro cronotipo, por ejemplo. Volvamos ahí. Esto de ser hábito alondra o búho, está influenciado por la genética y por la edad. Y obligarnos a despertar las 5 de la mañana cuando nuestro rendimiento natural es nocturno, empeora todo. Si después de hacerte estas preguntas no sabes qué es lo que necesitas, qué acciones te llevarían a sentirte mejor, entonces nunca es mala idea mirar hacia adentro y revisar tu brújula interna, revisar tus valores. La terapia de aceptación y compromiso, que es uno de los enfoques de psicoterapia más actuales y más sólidos, habla de vivir y actuar a través de nuestros valores. Porque son los valores los que nos van a marcar la cancha de la vida que queremos vivir. Ahora, para poder actuar a través de nuestros valores, primero tenemos que reconocerlos. Los valores son direcciones internas, brújulas como la calma, el cuidado, libertad, aprendizaje, conexión, salud, honestidad. Es decir, no se reducen a una meta puntual, sino que son una manera de estar en el mundo. Y no todos tenemos los mismos valores. Quizás para algunos es súper importante la disciplina en su vida y para otros el descanso. Lo importante no es cuáles quedan mejor, sino reconocer cuáles son importantes para vos. Porque cuando lo hacemos, aparece la posibilidad de elegir. Elegimos de verdad lo que nos importa y empezamos a movernos desde ahí. Por ejemplo, si yo reconozco que uno de mis valores centrales tiene que ver con la calma, con una forma de habitar la vida más pausada, probablemente empiece a entender que mi mejor versión no va a venir de la mano de una agenda explotada, de actividades de productividad constante, o estar siempre corriendo detrás de algo más. Quizás mi mejor versión tenga más silencios, más pausa, más descanso, aunque hacia afuera parezca que soy vaga, que soy quedada. Pero eso es lo que está bien para mí. Bien, antes de seguir, aclaremos algo. Nuestros valores son claves, pero hay dos habilidades fundamentales para poder sostenerlos en el tiempo sin que se conviertan en una fuente de autoexigencia, y estas son la flexibilidad y la autocompasión. Ser flexibles implica aceptar que va a haber días en los que no vamos a poder actuar según nuestros valores. Hay veces que no vamos a poder mover nuestro cuerpo por más que valoremos un montón la salud física, o hay veces que no vamos a poder descansar como nos gustaría, por más que nuestro valor principal sea la calma. Es súper importante que tengamos eso claro y que entendamos que eso no invalida nuestros valores ni la versión de nosotros que estamos construyendo. Y por otro lado, en segundo lugar, la autocompasión, que tiene que ver con la capacidad de tratarnos a nosotros con amabilidad, sobre todo cuando las cosas no nos salen bien. La ciencia de los últimos años viene demostrando con mucha evidencia que este es un componente fundamental para lograr mejores versiones de nosotros mismos. Kristin Neff, que es una psicóloga que investigó durante años este tema, dice que la autocompasión no es darnos un premio por haber fallado, ni justificarnos todo. La autocompasión es lo que nos permite levantarnos cuando algo no sale, seguir intentando, aprender del error sin quedar atrapados en la vergüenza del castigo interno o en la parálisis. Cuando hay autocompasión hay muchas más chances de perseverar, de seguir intentando. Nada de esto es fácil, sobre todo si aprendimos a hablarnos desde un lugar crítico o exigente. Pero todo se aprende. Podemos trabajar nuestro diálogo interno y de hecho es una de las cosas que más hacemos en los espacios de psicoterapia, que si querés hacer terapia con nosotros, con el equipo de Epsimoliti, podés hacerlo. Encontrás el link a nuestra web en la descripción de este episodio. Las personas no evolucionamos a saltos ni nos convertimos de un día para el otro en alguien completamente distinto. Cambiamos de manera gradual según el momento vital que estamos atravesando y según las condiciones reales en las que vivimos. Por eso tu mejor versión no es algo allá en el futuro, es la versión que hoy está haciendo lo mejor que puede con los recursos que tiene ahora. Eso no significa quedarnos quietos ni renunciar a mejorar. Todo lo contrario. Es aprender, crecer, cambiar. Toda mejora posible empieza siempre desde el presente, desde esta versión real, imperfecta, en proceso, que prueba que se equivoca y que vuelve a intentar. ¿Que sos hoy? Entonces, con esta idea en mente, ahora sí vamos a la parte práctica de este podcast. ¿Cómo hacemos para construir nuestra mejor versión? El ejercicio de hoy consta de tres pasos simples. No necesitas nada especial, lo podés hacer donde sea, adaptándolo a la situación en la que te encuentres ahora mismo. Si podés, te voy a invitar a que te sientes en un lugar cómodo y cierres tus ojos. Si no podés mantenerte de pie y observando, pero te súper recomiendo que lo hagas a ojos cerrados. Ahora sí, Vamos. Paso número 1 Imagina que estás en tu casa, en tu sillón. No hay nada que resolver. Estás en calma. Te levantás y te mirás al espejo. Ves que tenés 20 años más que hoy. Observá con curiosidad, no con juicio. Mirá tu pelo, tu rostro, tu cuerpo. No importa si te ves más cansado, más arrugado o distinto. Es tu cuerpo después de haber vivido. Ahora te sentás otra vez en el sillón, prendes el televisor como si fuera una película y empiezan a aparecer escenas de tu vida en retrospectiva. No solo los grandes hitos de tu vida, también lo cotidiano. Días de trabajo, conversaciones, vínculos, silencios. ¿Qué cosas me hubiera gustado animarme a hacer un poco más? ¿Qué cosas siento que hice mucho, no valieron tanto el tiempo ni la energía que les dediqué? ¿Qué momentos simples sí valieron la pena? ¿Una charla, una tarde tranquila, un vínculo? Cuidado. Ahora imaginá que cambias de canal y en la pantalla aparece un video distinto. No es una versión tuya perfecta, sino vos. En tus mejores momentos, quizás no estabas haciendo nada extraordinario, pero estabas presente. Quédate unos segundos mirando esas imágenes y solamente observalas. Cuando estés listo, abrí los ojos y vamos a ir al paso 2 de lo que apareció recién. Tratá de identificar tres valores que sean muy importantes para Si te viste frenando, levantándote más tarde un sábado, tomando un café, mirando por la ventana, tal vez entonces el valor sea calma o cuidado. Ahora, si aparecieron imágenes tuyas aprendiendo, anotando algo nuevo, animándote a una clase haciendo algo por primera vez, aunque no saliera perfecto. Un valor entonces, puede ser Aprendizaje o crecimiento. Si te viste poniendo límites, diciendo no a tiempo, no contestando un mensaje que te drenaba, expresando lo que necesitabas sin dar mil explicaciones y vueltas, quizás entonces un valor puede ser la honestidad, la autenticidad o el respeto. Y si aparecieron momentos donde te tratabas mejor, puede que entonces el valor sea Salud o presencia. Sea cual sea, elegí tus tres valores. Y no los elijas con la cabeza. Elegilos con la sensación corporal de de verdad. Y esto es lo que más me importa. Esos valores son los que van a dirigir tus acciones hacia tu verdadera Mejor Versión. Y el paso número 3 es que a partir de ahora, cada noche antes de dormir puedas frenar unos segundos y hacerte estas dos ¿En qué momento hoy me parecí aunque sea un poquito, a mi mejor versión? ¿Qué ajuste chiquito, amable podría hacer mañana para parecerme un poco más a esa versión que me gustaría empezar a construir? Tómate tu tiempo para responder. Si no puedes hacerlo ahora, no pasa nada. Podés volver a escuchar este episodio más tarde y hacer el ejercicio más tarde. Pero sí dejá que estas preguntas queden resonando hoy. Si dejás que alguien que no conoce tu historia, tus tiempos, tus límites ni tus heridas te diga cómo alcanzar tu Mejor Versión, entonces no estás buscando la tuya. Estás persiguiendo la de otro. Una versión armada desde afuera que no contempla tu contexto ni tu vida real. Y cuando eso pasa, la búsqueda deja de ser crecimiento y se transforma en una carrera perdida desde el inicio. Si algo me interesa que quede claro después de todo este recorrido es No hay nada fallado en vos por no haber llegado a una supuesta Mejor Versión. El problema no es una carencia individual de disciplina, voluntad o motivación, sino una cultura que te hace creer que si estás cansado o si dudás, es porque algo en ti no funciona. Buscar estar mejor es legítimo. Querer crecer, aprender, cambiar también es súper válido. Pero crecer no es empujarte hasta el Límite. Porque además no existe una versión óptima y definitiva de uno mismo a la que tengamos que llegar. Las personas no evolucionamos hacia un estado final, sino que nos reconfiguramos continuamente en función de las condiciones y las circunstancias en las que vamos viviendo. En ese sentido, tu Mejor Versión no es una meta futura y una identidad idealizada Es una forma de habitar el presente con más coherencia interna, escuchar lo que necesitas, reconocer hasta dónde podés y actuar respetándote.
En este episodio, la psicóloga clínica Marina Mammoliti explora la tendencia contemporánea a la autoexigencia y la presión de “ser tu mejor versión”. Mediante un análisis crítico, desenmascara los discursos de autoayuda y productividad que prometen bienestar pero pueden ser dañinos si no se integran desde la autenticidad y el autocuidado. El episodio invita a reflexionar sobre cómo definir una versión propia y realista de uno mismo, reconociendo los límites, contextos personales y la importancia de la autocompasión.
Objetivo: Identificar tu “mejor versión” real y alinearla con tus valores auténticos.
Duración: Alrededor de los minutos (39:45-45:50).
Visualización del Yo Futuro:
Reconecta con tus Valores:
Reflexión Nocturna Diaria:
Marina Mammoliti invita a reflexionar críticamente sobre los modelos de autoexigencia y éxito personal. Propone construir una mejor versión desde adentro, conectando con valores propios y practicando flexibilidad y autocompasión. El crecimiento sostenible, afirma, no se basa en estándares externos, sino en pequeñas mejoras cotidianas y en una mirada compasiva hacia el propio proceso.