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Intentar controlarlo todo es una estrategia vieja que ya pasó de moda. Ya no nos sirve como estrategia de éxito. Tampoco como estrategia de tranquilidad. El control total es una fantasía. No existe. No podemos controlar lo que va a pasar, ni a los otros, ni a nuestro cuerpo, ni al futuro. Y cuando vivimos intentando hacerlo, cada movimiento se vuelve una fuente de frustración, de ansiedad, de agotamiento. No sufrimos porque la vida sea compleja. Su sufrimos porque la enfrentamos desde una estrategia que es imposible. Estás escuchando Psicología al desnudo, un podcast de Psimoliti. Vivís queriendo controlarlo todo. Planeás, organizás, revisás cuatro veces tu agenda, te anticipás a todos los escenario A, B, C, hasta la Z. Y aun así pasa algo, algo que no estaba en el plan, que rompe con toda tu un mensaje, una llamada, un cambio que No viste venir. ¿Qué pasó con todo eso que intentaste controlar? Nos gusta pensar que si planeamos bien, la vida va a responder como si fuera un Excel. Pero no. La vida no sigue planes. Queremos tener el control porque eso nos tranquiliza. Es una tendencia innata. Nuestro cerebro está diseñado para detectar amenazas, reducir al mínimo la incertidumbre y buscar patrones que nos permitan anticiparnos a las cosas. Porque aceptar que no controlamos casi nada da miedo, Muchísimo miedo. Lo paradójico de este intento es que cuanto más queremos controlar, más sufrimos. Si sentís que vivís intentando controlarlo todo y eso te está agotando, quédate porque en minutos vamos a aprender cómo empezar a soltar poco a poco el control. Todos, pero todos, queremos tener el control de las cosas en mayor o menor medida. En psicología hay un concepto que nos ayuda a entender esto y se llama locus de control. En términos simples, el locus de control es el lugar desde donde explicamos por qué nos pasan las cosas en la vida. Es decir, la pregunta de fondo ¿Lo que me pasa depende de mí o depende de factores externos? Y para respondernos, los seres humanos solemos movernos con distintos matices entre dos grandes posiciones entre el locus interno y el locus externo de control. Del lado del locus de control interno vamos a encontrar a personas que tienden a explicar lo que les pasa como resultado directo de lo que ellas hicieron o dejaron de hacer. Tanto lo bueno como lo malo. Si rinden un examen y desaprueban, lo más probable es que yo no estudié lo suficiente. Uy, yo me confié, yo podría haberlo hecho mejor. Ahora, del otro lado está el locus de control externo y ahí la explicación va hacia afuera. La suerte, el contexto, el destino, el azar, los demás. Esa misma desaprobación en este caso podría explicarse haga lo que haga, haga lo mismo, porque en realidad todo depende de otros. Era el profesor el que tenía mala onda, por eso desaprobé, tomó cosas imposibles, nadie igual podría haber aprobado. ¿Cuál es el problema acá? Que ninguno de estos dos extremos funciona bien. No es bueno vivir creyendo que todo depende de vos, y tampoco que nada depende de vos. Como casi todo en la vida, el punto medio siempre es lo más sano. Cuando el locus de control es interno, en exceso, la persona carga con una mochila que es imposible, se siente responsable de todo, incluso de lo que no depende de ella. Vive en un estado de autoexigencia permanente, culpa crónica, miedo al error, descansar se vuelve súper difícil porque siempre hay algo que debería haber hecho mejor, porque todo depende de ella. Y el control entonces aparece como una forma de no fallar nunca. Ahora, si nos vamos al otro extremo, al locus de control externo, cuando está en exceso, el costo es distinto, pero es igual de pesado, porque la persona deja de sentirse autora de su vida, siente impotencia, desmotivación, resignación. No hay culpa porque todo viene de afuera, pero tampoco hay esperanza ni sensación de poder personal. Y la vida entonces empieza a vivir como algo que simplemente te pasa por encima. En los dos casos se pierde algo, o la posibilidad de soltar lo que no depende de uno, o la capacidad de hacerse cargo de lo que sí depende de uno. Porque hay cosas de las que sí tiene sentido hacerse cargo y otras que no. Y confundir eso de manera sostenida en el tiempo es una gran fuente de angustia y de desgaste emocional. El otro día escuchaba al escritor e historiador Yuval Noah Harari que estaba hablando y explicó una idea que me pareció novedosa y súper interesante. Él decía que hoy vivimos en un mundo que cambia radicalmente, año a año, mes a mes y a veces semana a semana. Hay pequeñas revoluciones tecnológicas que aparecen una atrás de la otra, cada vez más rápido, más impredecibles, más disruptivas. Y con ellas también cambian los trabajos, cambian los vínculos, cambian las formas de vivir, o sea, lo que ayer era seguro, mañana ya no lo es más. Lo que parecía estable se mueve. Todo lo que dábamos por sentado se cae. Chau. Y se construye algo nuevo. Claro, frente a este mundo que muta todo el tiempo, Harari dice que intentar controlarlo todo es una estrategia vieja que ya pasó de moda. Ya no nos sirve como estrategia de éxito, tampoco como estrategia de tranquilidad. Porque hoy no alcanza con saber mucho, ni con elegir una carrera para siempre. Los trabajos desaparecen y aparecen otros nuevos de la noche a la mañana. Entonces, la herramienta más importante ya no es el control, ni siquiera es el conocimiento acumulado. La herramienta clave hoy es la capacidad de adaptarnos al cambio. Y para poder adaptarnos vamos a tener que desarrollar dos habilidades claves. La de aceptar y la de ser flexibles. La aceptación y la flexibilidad no son solamente ideas lindas para entenderlas desde lo intelectual. Son habilidades que se ponen a prueba en lo cotidiano, en situaciones reales. En esos momentos en los que algo no sale como esperábamos y aparece la urgencia de hacer algo ya para volver a sentir control. La terapia es uno de los lugares donde esto se trabaja de verdad. Esto de aprender a distinguir qué depende de mí, qué no y cómo dejar de castigarme por eso que está completamente fuera de mi control. Así que acá hago una pausa y aprovecho a contarte que si querés encontrar ese espacio de terapia McMamoliti, podés hacer terapia con nosotros porque somos un equipo grande de psicólogos formados, matriculados y te podemos acompañar en el proceso de terapia. El link para contactarnos está en la descripción de este episodio. Volviendo a lo que les contaba, en psicología, el acto de aceptar la realidad tal como es la llamamos aceptación radical. Y es una de las herramientas más fascinantes de las corrientes conductuales, porque va directo al núcleo del sufrimiento humano. No intenta convencerte de que mires el lado lindo, sino que corta la pelea interna. Porque cuando aceptamos radicalmente, dejamos de gastar energía intentando cambiar una realidad que no puede cambiarse. Y esa energía vuelve a estar disponible para nosotros. No tiene que ver con resignarnos ni con decir bueno, ya fue. No implica poder a ver, esto no es lo que quería, esto me duele, pero no depende de mí. La paradoja curiosa es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar. Decía el psicólogo humanista Carl Rogers. Hay un episodio completo sobre aceptación radical en este podcast que te super recomiendo escuchar si querés empezar a poner esta herramienta en práctica. Y por otro lado, ser flexibles implica entender las posibilidades reales que tenemos una vez que aceptamos. Es encontrarle la vuelta. En criollo, pasar de ¿Por qué me pasa esto? A OK, está pasando esto, ¿Qué hago ahora con eso que hay? El mayor desafío del siglo XXI no es aprender una cosa y dominarla para siempre, sino poder aprender algo y estar dispuesto a aprender algo nuevo que supere lo anterior una y otra vez, sin perder el equilibrio mental en el intento. El verdadero superpoder ya no es controlar la vida, sino desarrollar la flexibilidad psicológica. ¿Qué es la flexibilidad psicológica? Esta capacidad de movernos con lo que cambia, de ajustar el rumbo y sostener el equilibrio interno, aun cuando afuera todo se mueva y nada parezca seguro. Antes de seguir, quiero que juguemos un rato. Vamos a hacer una especie de mini test, algo lúdico, cortito, para que puedas notar si sos controlador o controladora en exceso. Así que te voy a pedir que bajes un dedo por cada afirmación con la que te identifiques. ¿OK? Vamos. Necesito sí o sí tener un plan para las cosas. En general, si no sé qué va a pasar, algo adentro mío se desordena. Cuando algo sale distinto a lo que esperaba, suelo pensar que tendría que haberlo previsto y la próxima vez sobreplanifico más. No puedo delegar o me cuesta muchísimo. Prefiero hacerlo yo para asegurarme de que todo salga bien. La incertidumbre me pone en alerta y necesito chequear, rechequear, confirmar, preguntar o anticiparme para calmarme. Me pone muy increíble, incómodo, no saber lo que el otro piensa o siente. En general pienso qué podría salir mal y preparo respuestas para todo. Entonces armo un plan A B C, D e. Y así. Cuando aparece un imprevisto, mi primer impulso es pelear contra eso. Me cuesta aceptarlo. Bien, ¿Cómo te fue? ¿Cuántos dedos bajaste? Acá la pregunta ¿Cuánto te está costando? En intento de tener todo bajo control. Si el costo es muy alto, quizás de verdad sea momento de empezar a soltarlo. Pensemos que el control excesivo es una conducta de evitación. Y hoy sabemos que evitar la incertidumbre la vuelve mucho más intolerable todavía. Lo que sí funciona es exponerse gradualmente a la incomodidad que genera la incertidumbre. Eso va como poco a poco haciéndola más tolerable. Pero soltar el control no es algo que vayamos a poder hacer de un momento a otro. La verdad es que tenemos que entrenarlo y tampoco vamos a poder soltar el control de todo. Ya dijimos que una cuota moderada de control en relación a lo que depende de nosotros es muy efectivo. Vamos a pasar ahora a la parte práctica. Y el ejercicio que vamos a hacer es una herramienta de las terapias contextuales para empezar de a poquito a soltar el control. Es una exposición gradual a la pérdida de control que busca entrenar nuestra flexibilidad psicológica. Vamos a ir dando pasitos chiquitos que equilibren nuestra balanza del control, ¿OK? Vamos. Paso número uno, vas a elegir un área de tu vida en la que notes que necesitas tener todo bastante controlado. Pensemos en algo chiquito, en algo cotidiano. Puede ser la forma en la que organizás tus días, cómo manejas tu agenda o la comida, los horarios de la comida, los planes de fin de semana, la lista de tareas o algún vínculo donde estés muy pendiente. Entonces seleccioná ese área. El paso número 2, vas a notar qué haces ahí para sentir que tenés el control. Entonces, por ejemplo, si es la comida, quizás mirás toda la carta del restaurante al que vas a ir a comer días antes, elegís ya que vas a pedir, o evitá salir si no sabés qué vas a comer. Si es tu agenda, quizás organizás el día minuto a minuto, rearmás la lista de tareas todo el tiempo, o te pones nervioso si algo se modifica. Si son los mensajes, tal vez revisás a cada rato si alguien respondió, cuánto tardó, si escribió, si escribió corto, largo, si puso un emoji, si no puso un emoji. Y si son los planes de fin de semana, quizás es que necesitas saber exactamente qué vas a hacer, con quién, a qué hora, qué va a pasar a cada momento. Fíjate entonces cuáles son los momentos en donde estás intentando tener el control total. Y El paso número 3, y este es el más difícil, que tiene que ver con probar soltar un poquito, no todo. Recordemos que es gradual esa es la gran clave. Vas a soltar un poco. Entonces, por ejemplo, si tu conducta de control es que siempre revisás todos los mensajes minuto a minuto, probá no mirar el celular por una hora. Si siempre organizás el fin de semana a detalle, elegí un día y no planees nada el domingo no hay planes de nada. Si siempre revisás la lista de tareas, dejá una tarea sin tachar hasta mañana. Si siempre necesitás confirmar todo, probá no tener esa confirmación. Elegí una conducta de control chiquita y aflojá un poquito. El paso número 4 es observa qué pasa, qué pensás, que sentís, que te aparece en el cuerpo cuando soltás. Y te voy a adelantar que seguramente cuando intentes esto aparezca algo de ansiedad e incomodidad y tengas ganas de volver al control. Pero te invito a que te quedes con esa incomodidad. Sé que se siente horrible, pero animate, haceme caso, animate a sentir la incomodidad que da la incertidumbre de no controlar. Y así, de a poquito, anda animándote a probar esto en diferentes conductas, diferentes áreas de tu vida. El objetivo de este ejercicio no es el descontrol total, es entrenar a la mente a tolerar pequeñas cuotas de incertidumbre. Porque cada vez que te quedás un ratito más sin irte, sin corregir, sin volver al control, tu mente aprende que esa sensación molesta no es peligrosa. Cada vez que tolerás un poquitito más, estás ganándole terreno al control. Porque soltar el control te vuelve más flexible. Y acordate que la flexibilidad es una de las formas más profundas de fortaleza. El control total es una fantasía, no existe. No podemos controlar lo que va a pasar, ni a los otros, ni a nuestro cuerpo, ni al futuro. Y cuando vivimos intentando hacerlo, cada movimiento se vuelve una fuente de frustración, de ansiedad, de agotamiento. No sufrimos porque la vida sea compleja, sufrimos porque la enfrentamos desde una estrategia que es imposible. Soltar el control, soltar un poco el control, no es rendirse, no es abandonar el deseo, pero es dejar de exigirle a la vida lo que no nos puede dar. Cuando aflojamos esa pelea, el dolor va a seguir estando, pero el sufrimiento extra disminuye. Así que aceptá, abrite a la experiencia de vivir la vida tal como viene. Probá hacer a un lado al menos un poquito el control, por muchas resistencias que aparezcan y ni siquiera me creas a mí. Inténtalo vos y sentilo en tu propio cuerpo. Cuando lo intentes vas a ver qué hermoso se siente hacerlo.
Host: Psi Mammoliti (Marina Mammoliti)
Fecha: 6 de agosto, 2026
En este episodio, Marina Mammoliti explora el desafío de soltar el control en la vida cotidiana. La conversación gira en torno al impacto emocional de intentar controlar todo, cómo nuestra mente está configurada para buscar certezas y la paradoja de que, cuanto más controlamos, más sufrimos. Se exploran herramientas prácticas y conceptos clave de la psicología para aprender a aceptar la incertidumbre y desarrollar la flexibilidad psicológica.
“El control total es una fantasía. No existe. No podemos controlar lo que va a pasar, ni a los otros, ni a nuestro cuerpo, ni al futuro.”
– Psi Mammoliti (00:10)
“Como casi todo en la vida, el punto medio siempre es lo más sano.”
– Psi Mammoliti (07:30)
“La herramienta clave hoy es la capacidad de adaptarnos al cambio.”
– Psi Mammoliti (09:30)
“La paradoja curiosa es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar.”
(13:00)
“El verdadero superpoder ya no es controlar la vida, sino desarrollar la flexibilidad psicológica.”
– Psi Mammoliti (14:10)
(15:35-18:40)
(18:41-25:30)
“El objetivo de este ejercicio no es el descontrol total. Es entrenar a la mente a tolerar pequeñas cuotas de incertidumbre.”
– Psi Mammoliti (23:40)
“Probá hacer a un lado al menos un poquito el control, por muchas resistencias que aparezcan... Inténtalo vos y sentilo en tu propio cuerpo. Cuando lo intentes vas a ver qué hermoso se siente hacerlo.”
– Psi Mammoliti (25:20)
| Tema | Timestamps | |---|---| | El mito del control total | 00:00 – 02:30 | | Locus de control: interno y externo | 03:00 – 08:30 | | La adaptabilidad como herramienta clave (inspiración Harari) | 08:35 – 11:10 | | Aceptación radical (mención Carl Rogers) | 11:11 – 13:30 | | Flexibilidad psicológica | 13:31 – 15:00 | | Mini test: ¿Sos controlador/a? | 15:35 – 18:40 | | Ejercicio de exposición gradual al descontrol | 18:41 – 25:30 | | Reflexiones y cierre | 25:31 – final |
El episodio mantiene un tono cálido, didáctico y empático. Utiliza ejemplos concretos, lenguaje claro y cercano, e invita al oyente a la reflexión y la autoobservación. Predomina una visión realista: aceptar que cierta incomodidad y ansiedad forman parte del proceso de soltar el control, pero con la promesa de mayor bienestar y libertad emocional si se practica de a poco.
Soltar el control es liberador y necesario en un mundo impredecible. Aprender a aceptar y a ser flexibles es la clave para disminuir el sufrimiento y ganar fortaleza interna. Pequeños ejercicios de exposición a la incertidumbre pueden entrenar nuestra mente, y cuanto más practiquemos, más flexibles y resilientes seremos.