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Porque esta no es una estrategia para generar misterio, para provocar al otro, para lograr que el otro nos extrañe o forzar un regreso. ¿Por qué cuesta tanto soltar una relación tóxica? Acompáñame que vamos a descubrirlo juntos. Estás escuchando Una psicología al desnudo, un podcast de Psima Molicki. Hay relaciones en las que parece que irnos es la muerte misma. Sentimos que si cortamos ese vínculo, todo nuestro mundo se va a caer a pedazos. Nos da miedo quedar destrozados. Entonces nos quedamos. Nos detiene el miedo a sentir la angustia de la soledad. Nos mantenemos cautivos de una relación que nos desangra porque al parecer es mejor que estar solos. Pero ese terror al vacío no nace en esa relación, o al menos no del todo. Tiene que ver con tu historia, con heridas viejas, con experiencias tempranas donde el amor estuvo mezclado con el miedo, con el abandono o con la inestabilidad. Podríamos pensar que tiene que ver con un modo de habitar el mundo que en psicología llamamos apego inseguro. Es extremadamente difícil soltar una relación en la que sentís que te ahogás si la otra persona se va, pero en la que quedarte aferrado es una tortura a largo plazo. Lo vi cientos de veces en consulta. Él se duele, sí, pero ese dolor tiene un final. En algún momento, después de atravesar todo el dolor, el malestar frena. Ahora, si nos quedamos, no. Cuando nos quedamos, no hay duelo, no hay cierre y el dolor no para. Para salir, vas a tener que renunciar a algo, a algo que te hace sentir bien de a ratos, a un mal llamado amor, que funciona como un parche que alivia cada tanto, pero que se sale después y deja otra vez la herida al descubierto, sangrando. Quedar atados a una relación que daña es equiparable a cualquier adicción. Hablamos de adicción porque cuando dejamos ir una relación que nos enganchó de este modo, el cerebro entra en abstinencia. Y esto no es una metáfora. Se activan los mismos circuitos que cuando dejamos una droga, como si estuviéramos hablando de la cocaína, del alcohol o del tabaco. Ninguna persona deja el alcohol o el tabaco porque se cansó del bienestar que éste le produce o porque le genere rechazo. La verdad es que las personas dejan esas sustancias o esos comportamientos aún queriendo seguir con el consumo, pero porque ya no pueden más. Si no hubiera consecuencias, probablemente la persona seguiría fumando, comiendo o tomando alcohol en exceso. Bueno, exactamente lo mismo pasa en las relaciones. Sí, claro que vas a renunciar a momentos lindos que en tu cabeza justifican el quedarte ahí. Pero la verdad es que en las relaciones poco sanas, el bienestar es cada vez más efímero, más corto, más lejano, y lo que predomina es el malestar. Te voy a pedir por un momento que frenes un minuto. Vamos a pensar en tu relación de pareja. La que tenés hoy o la que dejaste atrás. Mírate. Mírate a vos. Mirá la persona que sos ahora. ¿Cómo te ves? ¿Te gusta quién sos hoy? ¿Te gusta lo que estás permitiendo? ¿Lo que estás construyendo con el otro? Si tu respuesta a alguna de estas preguntas es no es momento de frenar. Es momento de hacer una pausa y tomar cartas en el asunto para volver a vos. ¿Cuándo es que deberías considerar tomar distancia de una relación? ¿Cuando estás en pareja con una persona que no te puede amar, ni mirarte, ni darte lo que necesitas? Cuando estás con alguien infantil que no puede construir un vínculo adulto con vos. Voy a hablar del amor adulto en otro capítulo de esta temporada. Si estás con alguien que no quiere tener una relación, un proyecto, compromiso o intimidad, pero vos sí querés, o al revés. Si estás con una persona que te miente, con la cual te sentís engañada o estafado todo el tiempo, si no te sentís cuidado, protegido, a salvo o tranquilo. Si algo de todo esto aparece, hay una herramienta clara para cortar el enganche. Se llama Contacto Cero. El nombre puede sonar muy moderno, pero la lógica detrás de este mecanismo es tan antigua como los vínculos humanos. Cuando algo nos hace daño y no lo podemos soltar, tomar distancia no es crueldad con el otro ni con nosotros. Es cuidado. A partir de ahora en adelante en el episodio, vamos a centrarnos en el momento posterior a haber tomado la decisión de alejarte. Si todavía no estás seguro o segura de hacerlo, quizás necesites darte un poco más de tiempo para pensar en las preguntas anteriores. No hay apuro. Las decisiones importantes no se tienen que tomar a los empujos, así que tómate tu tiempo. Ahora bien, si luego de responder las preguntas anteriores estás segura, seguro de que lo mejor es elegir el contacto cero es fundamental entonces entender para qué sirve. Porque esta no es una estrategia para generar misterio, para provocar al otro para lograr que el otro nos extrañe o forzar un regreso. No es para recuperar a nadie. Se utiliza únicamente cuando necesitamos dejar ir una relación que ya cumplió su ciclo. Es el espacio que necesitamos para cortar el enganche emocional y el malestar que se reactiva cada vez que hay un nuevo contacto. Antes, cuando las personas terminaban una relación, dejaban de verse y de hablarse y la distancia era concreta, no había más mensajes, no había información constante, no había una ventana abierta al mundo del otro como hoy. Quizás sí algún cruce casual, pero en general el corte era real. Hoy eso cambió. Vivimos en un mundo hiper atravesado por redes sociales, por mensajes instantáneos y por una exposición permanente. Saber qué hace el otro, con quién está, a qué hora se conecta, qué fotos sube, es casi inevitable. Y justamente por eso tomar distancia se volvió más difícil y por eso mucho más necesario. Llamamos contacto cero a la restricción del contacto con la otra persona. Implica cortar la comunicación por todas las vías posibles para permitir que el sistema emocional y el cerebro dejen de reactivarse una y otra vez. Entonces es no hablar con esa persona, no contestar sus llamadas ni sus WhatsApp, no escribirle ni responder sus mensajes, no espiar como detective sus redes sociales o su última hora de conexión. Tampoco es hablar de esa persona con terceros y es evitar su presencia en todo contexto. No se trata de castigarnos a nosotros o al otro, sino de no darle al cerebro estímulos que reactiven el enganche, como si limitáramos por completo una sustancia a la que somos adictos. Se trata de hacer como si esa persona no existiera para nosotros, para empezar a vivir nuestra vida sin él o ella. Esta herramienta se usa cuando necesitamos tomar distancia de una ex pareja, ya sea porque nos hace mal seguir teniendo contacto o porque nos costó mucho terminar esa relación y cada recuerdito nos hace dudar de si es la decisión correcta o no, o cuando intentamos separarnos en buenos términos pero el vínculo entra en un ciclo repetido de pelea, reconciliación y de nuevo otra vez maltrato y otra vez humillaciones y otra vez mentiras, desprecio, destrato y después nos arreglamos, pero después todo el ciclo de la violencia arranca otra vez o también cuando nos damos cuenta que tenemos una extrema dependencia del otro, tanto que no sabemos construir una vida propia y quizás nos sentimos débiles sin el otro, presos de una vida que no reconocemos como propia. También podemos usar el contacto cero cuando alguien desaparece de nuestras vidas sin dar explicaciones y queremos evitar su recuerdo constante o la idea de escribirle de nuevo para averiguar por qué nos responde o por qué nos lastimó, o si necesitamos alejarnos de personas con quienes tuvimos vínculos poco sanos, en los que las peleas eran mucho más frecuentes que los momentos lindos, donde hubo mentira, donde todo se sintió medio turbio, empastado, difícil. Daniel Goleman, un neurocientífico estadounidense, explica algo muy interesante sobre esto. Él dice que cuando estamos en el proceso de una ruptura, basta nada más que un pensamiento, una foto o un comentario de otras personas o cualquier estímulo similar para que se desencadene una avalancha de pensamientos que se van enganchando unos a otros en un efecto dominó. Una vez que la secuencia de pensamientos obsesivos se puso en marcha, es muy difícil detener el proceso de asociaciones mentales que se desencadena. Es como un tren de pensamientos imparables. Cuantas más vueltas le damos a los motivos que nos llevaron a terminar esa relación, más razones y justificaciones vamos a encontrar para seguir enganchados a esa persona. Por eso el contacto cero es una herramienta tan poderosa para romper el enganche poco sano, porque rompe, corta el circuito. El contacto cero es como una fase de abstinencia en la que vos voluntariamente te privás de un objeto que te genera algún deseo y del que probablemente te esté costando separarte. Por supuesto que va a existir un impulso de búsqueda o una resistencia, porque tu cerebro quiere volver al alivio de lo conocido, pero te aseguro que si lográs hacerlo, vas a ganar mucha paz mental y tranquilidad. ¿Cómo se implementa el contacto cero en la práctica implica Eliminar estímulos Bloquear redes, al menos por un tiempo? Evitar información indirecta Pedir a amigos que no nos traigan noticias de esa persona. No frecuentar lugares compartidos. Al contrario de lo que muchas personas creen, el bloqueo de redes, por ejemplo, no siempre es sinónimo de inmadurez. Muchas veces uno bloquea porque sabe que es lo mejor para su salud mental. Cortar con ese estímulo de ver todo el tiempo a la otra persona, al menos al principio de una separación. Puedes también pedirle amigos tuyos, que no te comenten ningún tipo de información de esta ex pareja con la que estás intentando hacer contacto cero, que evitá preguntar por él o ella por un tiempo. También es bueno no asistir a los lugares que frecuentaban juntos o dónde creas que pueden coincidir. Y sé que un montón de personas van a ¿Por qué yo no puedo seguir yendo a ese lugar si yo iba incluso antes de estar con esa persona? Porque la idea justamente para ayudarte es que eliminemos todo tipo de contacto para cuidarte. Es decir, ya vas a poder volver a esos lugares cuando ver a la persona no te dispare, pensamientos obsesivos que te dañen, pero por el momento es mejor suspender tu visita a esos lugares. Una recomendación acá cada vez que esa persona aparezca en tu mente, cambiá el foco atencional. En esta primera instancia vamos a usar como mecanismo la distracción. Llená tu tiempo libre con nuevas actividades, deportes, hobbies, conocé gente nueva, para lograr así poco a poco rehacer tu vida y evitar retomar contacto solo por dependencia, solo por costumbre, solo por necesidad. Resistir la distancia pese a tus ganas de conectar con el otro y también resistir frente a la insistencia de ese otro por recuperar el contacto es muy importante. El contacto cero no es lineal y no es mágico, no es que un día lo aplicás y listo, se apagan todas las emociones. Es un proceso. Y como todo proceso de duelo, tiene momentos bien diferenciados. La primera etapa del contacto cero es la certeza inicial. Al principio hay un montón de claridad, sabes que terminar fue lo mejor, sabés que necesitas esa distancia, esa seguridad inicial. Es el empujón de energía que te permite dar ese primer paso. Es clave, así que agárrate de ahí. De hecho escribí las razones por las que decidiste irte. Háblalas, háblala con un psicólogo, háblala con personas de confianza que puedan ayudarte a sostener esa decisión. Cuanto más adelante todo empieza a tambalear, hay un segundo momento que es el momento de la duda. Esto suele suceder a las semanas de haber terminado y haber tomado distancia. Probablemente ahí empiecen a aparecer emociones, algo como encontradas de de dudas, confusión, cuestionamientos. Esto siempre pasa frente a la ausencia de la otra persona. Es una situación muy extraña la de la soledad y nuestro cerebro suele prender todas las alarmas. Ahora, frente a la duda, muchas personas lo que hacen es vuelven a contactar a la persona, no porque quieren volver de verdad, sino para calmar ese malestar. Acá mi recomendación atravesar esta etapa sin decisiones impulsivas, hacé todo lo posible con tal de sacarte las dudas que tengas y si volvés, que sea porque lo elegís a conciencia, no porque estabas escapándote de una emoción pasajera. El tercer momento es el de miedo, preocupación y cuestionamiento. Después de un tiempo largo sin tener señales de la otra persona, ya se empieza a notar fl física y emocionalmente la ausencia. Estás rehaciendo tu vida sin ese otro, lo que puede interpretarse como que en realidad estás perdiendo al otro para siempre. Entonces aparece el miedo a perder al otro, aparece esta fase de duelo que es muy natural cuando terminamos una relación. Esta tercera etapa es la etapa de la decisión. Acá puede que reafirmes tu postura y rehagas tu vida sin esa persona, o consideres volver a la relación, pero conociendo ya el costo que eso implica. Y el cuarto momento es el que contiene la decisión. En este momento tenemos dos caminos, el adiós, vamos a decirle definitivo o la segunda oportunidad. Y ojo acá, para volver es indispensable trabajar en aquello que te hizo irte en primer lugar, porque si no hay cambios reales, volver no es una nueva oportunidad, es repetir la misma historia y dentro de un tiempo vas a encontrarte exactamente en el mismo lugar del que hoy estás tratando de salir. Tomar la decisión de aplicar contacto cero no es fácil, no es solamente dejar de escribir, es sostener una abstinencia emocional. Es elegir el dolor que cura por encima del alivio que te engancha. Y por eso si hay dependencia emocional. Hay algo que necesito decirte con mucha no cesares solo. No porque no seas fuerte, ni porque te falte voluntad, sino porque la dependencia es un circuito adictivo, una forma de regulación del sistema nervioso que se volvió adictiva. Tu cuerpo aprendió que el otro es alivio, aunque también haga daño. Y cuando intentás soltar, el cerebro entra en alarma, te grita que vuelvas, te fabrica excusas, te convence de que no era tan grave, capaz exageraste, bueno, podrían ser amigos, bueno, mandá un mensajito, no pasa nada. Y entonces ahí la mente de traiciona con argumentos que suenan razonables pero que en realidad son pura abstinencia. Y en esos momentos un profesional no es un lujo es una necesidad, porque cuando estás adentro del enganche, tu criterio se contamina, la nostalgia se disfraza de amor y el miedo a estar solo se disfraza Es que yo lo amo, yo la amo. Entonces, la terapia en este punto cumple una función vital, que es que te presta estructura cuando vos no la tenés, te ayuda a sostener el límite cuando tu cuerpo quiere volver y sobre todo, te permite trabajar en la raíz, no solo en el síntoma. Porque cortar el contacto puede frenar el sangrado, pero si no sanas la herida de base, tarde o temprano con otra persona te vas a volver a enganchar. Por eso, si sentís que esto te supera, si ya intentaste irte mil veces y volvés y te cuesta sostener la distancia, yo te super recomiendo que hagas te realmente es el camino más inteligente cuando hay dependencia emocional. Puede ser con un psicólogo presencial, virtual, con el que vos consigas, pero comenzá. Y acá me detengo para contarte que si querés hacer terapia con nosotros, en la descripción de este episodio te voy a dejar el link para que conozcas al equipo de psicólogos de Epsima Moliti. Nada es imprescindible. Lo que hoy parece insoportable, mañana no lo es. Y si dudás, pensá en tu primer amor. ¿Duele hoy como dolía en aquel momento? Estoy segura que no. Vamos al momento práctico de este podcast. Vas a tomar una hoja y algo para anotar y vas a responder a estas preguntas ¿Por qué necesitas cortar relación con esta persona? Enumera las razones y sé muy sincera, muy sincero, aunque duela. Porque me humilla, porque me hace sentir fea, porque me engaña, porque no me genera confianza, porque no me hace brillar como me gustaría. Lo que sea. ¿Que te pasa con esa otra persona? Las razones por las cuales necesitas alejarte. Una vez que termines de escribir, lee esa lista detenidamente. Si te dijera que te mires de acá a tres años con esa persona, ¿Te ves fe? Si no la conocieras, ¿Elegirías volver a conocerla y empezar de nuevo una relación? Si alguna de estas dos preguntas fueron no, entonces es momento de tomar una decisión. Terminar un vínculo nunca es fácil, porque en las relaciones conviven emociones amor y bronca, alivio y culpa, deseo de irse y terror a quedarse solo. Pero cuando en ese vínculo hay violencia, manipulación o dependencia emocional. Terminar no es solo doloroso, es atravesar un infierno interno. Siempre hay momentos lindos. Siempre. Incluso en los vínculos más dañinos. El problema no es que no existan cosas buenas, sino cuando lo malo ocupa demasiado espacio, cuando lo que duele es constante, cuando para sostener el vínculo tenés que achicar, tenés que callarte o dejar de ser quien sos. Porque ahí ya no estamos hablando de una relación ambivalente, estamos hablando de una relación que lastima. Y hay algo súper importante que me gustaría que te quede claro, y es que no sos culpable de lo que el otro hace, pero sí sos responsable de las relaciones en las que elegís seguir participando. Salir no tiene por qué ser abrupto. No hay medallas por irnos rápido. Podés tomarte tu tiempo, ordenar todo, preparar el terreno. Pero sí es importante entender que si la relación te daña, tenés que hacer el trabajo de salir. Si no lo hacés ahora, lo vas a tener que hacer más adelante. Porque las relaciones que se sostienen desde el dolor no se transforman mágicamente. En general se repiten. Y quedarte toda una vida sufriendo por amor no es romanticismo, es autoabandono. Y no te lo mereces. Nadie se lo merece. No vinimos a este mundo a achicarnos para que alguien se quede al lado nuestro. Nos merecemos vínculos que nos cuiden, que nos respeten, que nos hagan brillar. Aunque duela irnos, aunque implique un duelo, aunque dé miedo, anímate a salir donde estás incómoda o incómodo. Porque ese no es perder, es volver a vos. Hasta acá el episodio de hoy. Nos encontramos la semana que viene.
Podcast: Psicología al Desnudo
Host: Marina Mammoliti (@psi.mammoliti)
Fecha: 30 de julio de 2026
Tema general: Estrategias y reflexiones psicológicas para dejar atrás una relación dañina, especialmente mediante la herramienta del “contacto cero”.
En este episodio, la psicóloga clínica Marina Mammoliti explora por qué nos cuesta tanto soltar relaciones tóxicas, las razones neuropsicológicas y emocionales detrás de ello, y propone estrategias concretas —principalmente el contacto cero— para poder avanzar hacia el bienestar personal. El episodio también aborda los pasos internos y externos necesarios para cortar la dependencia y reconstruir la autoestima tras dejar un vínculo doloroso.
"No es una estrategia para generar misterio, para provocar al otro, para lograr que el otro nos extrañe o forzar un regreso. No es para recuperar a nadie." (06:42)
Este episodio provee no solo claridad técnica y científica sobre el fenómeno de las relaciones tóxicas y la importancia del contacto cero, sino también herramientas prácticas y un mensaje compasivo para quienes están atravesando el dolor de la ruptura. Mammoliti remarca que salir de una relación tóxica requiere coraje y apoyo, y redefine el concepto de “romanticismo” en pos del amor propio y la dignidad emocional.