Loading summary
A
No podemos volver el tiempo atrás y borrar el trauma. Pero sí podemos hacer algo mucho más real, que es pedir ayuda para poder mirar ese recuerdo de otra manera. El trauma ocurrió en el vínculo, en un contexto de desprotección. Así que la sanación necesita vínculo y un contexto de seguridad. Sentirse a salvo con otro repara lo que el trauma rompió. Estás escuchando Psicología al Desnudo, un podcast de Psyoma Moliti. Sucede algo que nos desborda. Pasa el tiempo y todo parece haber quedado atrás. Todo está bien. Pero de repente, escuchás un ruido mínimo, algo insignificante. Y eso te dispara todas las alarmas. El corazón se acelera de golpe, se cierra el pecho. El cuerpo se tensa. Aparecen imágenes o sensaciones que no estabas buscando. Y lo peor no es lo que sentís, es no entender por qué. Porque ahora no está pasando nada grave. Porque eso ya pasó hace mucho. Ya debería yo estar bien. Muchas personas viven así durante años. Funcionan, trabajan, se relacionan. Pero por dentro, su cuerpo sigue reaccionando como si el peligro estuviera a la vuelta de la esquina. Como si. Si algo terrible fuera a volver a pasar en cualquier momento. Y eso no es exageración. Esto tiene un nombre. Se llama Trastorno de Estrés Postraumático, o abreviado, TEPT. Y no es raro. Se estima que cerca del 4% de la población mundial lo experimentó. Millones de personas conviviendo con síntomas que no entienden, sin pedir ayuda, creyendo que el problema son ellas. Hoy vamos a hablar de qué es el TEPT. Vas a entender por qué el cuerpo reacciona como reacciona, cómo reconocer cuando lo que te pasa no es ansiedad común, sino una respuesta postraumática. Y sobre todo, vas a saber qué se puede hacer con él. Porque el T se puede tratar, pero hay que saber cómo. Después de vivir algo muy fuerte, es normal sentirse asustado, alterado, sensible. El sistema nervioso entra en modo supervivencia. Eso es esperable, es sano. La mayoría de las personas, con el tiempo, logra volver a un estado de mayor calma. El cuerpo entiende que el peligro ya pasó. Pero a veces eso no pasa. Cuando los síntomas persisten durante meses, cuando interfieren con la vida cotidiana, cuando la persona vive en alerta constante, evitando, reviviendo o apagándose emocionalmente, ahí ya no estamos hablando solo de estrés. Hablamos de Trastorno de Estrés postraumático El TEPT es una condición que aparece como consecuencia de haber vivido una experiencia traumática. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales o DSM 5 explica que el conjunto de síntomas se tiene que mantener más de un mes y tiene que generar un malestar intenso y un deterioro significativo en la calidad de vida de la persona. En palabras muy simples, el estrés post trauma es ese monto desbordante de estrés que queda después de vivir un trauma, por eso su nombre. Aparece entonces cuando el sistema nervioso no logra apagar la alarma, incluso cuando la amenaza ya no está. La mayoría de las personas que lo padecen no saben que lo tienen, por ende no buscan tratamiento y tampoco reciben tratamiento. En gran parte es por falta de información y también por creencias como ya debería estar bien o ya lo tendría que haber superado, yo tendría que haber podido con esto. Y ya que el desencadenante es el trauma, para hablar de estrés postraumático tenemos que hablar de trauma. La palabra trauma significa herida física y no es una metáfora, es una herida real, solo que en lugar de verse en la piel se aloja en nuestro cerebro una herida emocional profunda que queda grabada porque colapsa nuestros sistemas internos de regulación. Es decir, no es no poder superar algo difícil, es algo mucho más profundo y complejo que puede dejar secuelas graves. El trauma puede aparecer después de situaciones extremas como abuso, violencia, accidentes, catástrofes o guerras, pero también frente a experiencias que la persona vive como amenazantes o para su seguridad, aunque de afuera no parezcan tan graves, como bullying, humillación, relaciones abusivas, discriminación, pobreza extrema o amenazas hacia otras personas queridas. Los eventos traumáticos son muy diversos, pero suelen compartir dos rasgos centrales. En primer lugar, el evento traumático genera confusión extrema, no se entiende qué está pasando, no se sabe qué hacer, no se encuentra salida. Y en segundo lugar, amenazan la supervivencia, ya sea física o psicológica, real o percibida. Ahora, no todo trauma está ligado a algo terrible, cambios vitales abruptos como tener un hijo, mudarse o asumir responsabilidades enormes. También para algunas personas puede ser traumático si el sistema nervioso no logra procesarlos e integrarlo. El trauma es el efecto que eso tuvo en vos. No es la guerra, no es el accidente, no es la agresión, es la imposibilidad de procesar eso que pasó. No es el ruido de la botella rompiéndose, lo que desencadena el estado de alerta. Hoy es lo que significa ese ruido para mí, en mi historia personal, es a lo que me remite ese ruido. El terror de recordar las discusiones en casa en donde siempre se rompían objetos, por ejemplo, platos, botellas, cosas contra la pared. Ruido acompañado de gritos, insultos, amenazas. La sensación de que no había escapatoria, de que no había a quien pedir ayuda. Como la experiencia se vuelve traumática cuando desborda la capacidad que tenemos de afrontarla. Un mismo evento puede ser traumático para una persona, pero no para otra. Y no porque una sea más fuerte y la otra sea más débil, sino porque entran en juego muchos factores que tienen que ver con la historia de vida de la persona. El mecanismo que explica por qué algunas personas desarrollan TEPT y otras no, se conoce como diátesis estrés y es básicamente la combinación de eventos estresantes y la sensibilidad de cada persona ante el estrés. Diátesis es la sensibilidad o la predisposición que trae una persona cuán cargado estaba el sistema nervioso antes del impacto. Y el estrés es el evento o el conjunto de eventos que superan la capacidad de afrontamiento de la persona. Hay personas que por más que al principio hayan quedado afectadas por lo que pasó, con el tiempo el nivel de malestar va desvaneciéndose hasta transformarse en un mal recuerdo y nada más. Pero cuando la diátesis viene muy cargada, la cosa es distinta, es más complicada. Para que haya TEP tienen que pasar tres En primer lugar, la persona vive una experiencia percibida como una amenaza extrema. En segundo lugar, su sistema nervioso no lo logra procesar, no logra descargarla en el momento en el que sucede y frente a ese desborde, el cuerpo entra en modo supervivencia, en modo lucha, huida o congelamiento y el procesamiento de eso queda bloqueado. Y en tercer lugar, el evento nunca se integra como algo pasado, sino que queda registrado como si siguiera pasando en el presente. Por eso, aunque el peligro ya no esté, el sistema nervioso sigue en estado de alerta, de evitación o de reviviscencia. Entonces el cuerpo queda atrapado defendiéndose de esa amenaza que no pudo cerrar, procesar. Cada caso es único. Muchas veces pasa que hay personas que atraviesan una experiencia traumática y durante meses o incluso años están súper bien. Siguen con su vida, no tienen síntomas evidentes hasta que algo se activa. Y el disparador quizás no tiene nada que ver con el evento original. Puede ser un periodo de estrés intenso, una pérdida, una sobrecarga emocional. Ese estrés no es el que crea el trauma, pero puede destapar algo que estaba latente. Entonces el cuerpo empieza a responder ahora a algo que ocurrió hace mucho tiempo. Les voy a poner un es súper conocida la historia de una pareja que tiene un accidente grave en el que los dos quedan en coma y salen vivos desde afuera. El impacto fue el mismo, el golpe, el riesgo de muerte idéntico, pero la respuesta no fue igual. El hombre logra procesar lo ocurrido, queda marcado, claro, pero ella, en cambio, desarrolla trastorno de estrés postraumático. La diferencia no fue el accidente. El evento es exactamente el mismo. Lo que difiere ahí es la historia previa. Ella venía cargando años de traumas no resueltos, y ese accidente es la gota que rebalsa un sistema nervioso que ya estaba sobreexigido. Por eso el cuerpo no colapsa solo por el evento, por lo que pasa hoy, sino por todo lo que tuvo que sostener antes. Por eso es que dos personas pueden atravesar el mismo evento y salir de maneras completamente diferentes. El trauma nunca depende entonces del hecho aislado, sino del terreno sobre el que cae. Antes de seguir, aclaremos algo. Todo trauma se puede sanar. Todo. Y vamos a conocer cómo en minutos, en la parte práctica de este episodio. En psicología hablamos de que hay dos tipos de el trauma simple y el trauma complejo. La diferencia central no está solo en lo que pasó, sino en cómo pasó, cuántas veces pasó y con quién. El trauma simple hace referencia a un evento traumático aislado y puntual. Algo que irrumpe y desborda a la persona. Deja una huella, pero pasa una sola un accidente grave, una catástrofe, una agresión puntual, incluso una cirugía invasiva o una situación límite concreta. El cuerpo queda impactado por ese momento específico. El recuerdo no logra integrarse y suele reaparecer en forma de miedo, de sobresalto, de imágenes o de pesadillas. Pero el núcleo del problema está anclado siempre a ese episodio. En el trauma simple, el sistema nervioso queda atrapado en ese recuerdo puntual. Entonces alterna entre estados de hiperactivación, es decir, hipervigilancia, sobresalto, alerta constante y momentos de hipoactivación apagamiento, desconexión, entumecimiento. La persona puede seguir confiando en otros, sostener vínculos y y tener una identidad relativamente estable, aunque cargue con este trauma no resuelto. El trauma complejo, en cambio, no se define por un solo evento aislado, sino por experiencias traumáticas repetidas o prolongadas a lo largo del tiempo, generalmente dentro de vínculos significativos. No es algo que pasó una vez y se terminó, es algo que se sostuvo, que se repitió o que se volvió parte del entorno cotidiano un montón de veces, sin posibilidad de escape. Lo importante acá es que este trauma es relacional. Hay un otro importante que dañó u otros que dejaron sola a la persona. Y acá la amenaza no viene solo de afuera, sino que toca las raíces del apego, tengo de la identidad, de la autoestima, porque el daño puede venir de una figura de apego, de una pareja, de alguien de quien se dependía para estar a salvo. Por eso el impacto no es solamente miedo, sino también desamparo, es traición. Además de los síntomas del trauma simple, pueden aparecer cambios profundos en la forma de mirarse a uno mismo y de vincularse con los demás. Acá se erosiona la identidad, se puede instalar la vergüenza crónica, la culpa, la sensación de no valer, de ser defectuoso. También regular las emociones se vuelve difícil y un montón de personas suelen buscar alivio a través de consumos problemáticos, conductas compulsivas o autolesiones. Los vínculos se vuelven fuente de miedo o de dependencia extrema. Dicho de forma sencilla, el trauma simple deja una herida, el trauma complejo deja una herida y también rompe el sistema que debía curarla. Por eso es que no se sanan igual. Y por eso muchas personas no entienden por qué ya superaron una situación puntual, pero siguen sintiéndose rotas por dentro. No es que no pudieron con ese evento, es que el problema no fue solamente ese evento, sino todo lo que ese evento rompió alrededor. Veamos cuatro señales clave de cómo puede verse el TEPT. En primer lugar, la re experimentación, es decir, volver a vivir la sensación de ese instante traumático. Puede ser a modo de flashbacks, de pesadillas o de pensamientos intrusivos. No es recordare, es revivir. La persona siente lo mismo que sintió, como si el evento estuviera pasando ahora. En segundo lugar, evitación, es decir, hacer todo lo posible por no pensar o no hablar del tema, evitar lugares, personas, actividades, temas de conversación. No porque no se quiera enfrentar lo ocurrido, sino porque cada contacto con eso desborda por completo. En tercer lugar, alteraciones en pensamientos y emociones. Acá hablamos de que aparecen emociones como la culpa, la vergüenza o los pensamientos super negativos sobre uno mismo. Y también aparece una dificultad muy grande para expresar emociones y experimentarlas también. Y número 4, la hiperactivación. Pensemos que después del trauma la mente queda en un estado de hipervigilancia constante. Por lo tanto, puede que aparezca insomnio, dificultad para prestar atención, disminución del deseo sexual y la pérdida de interés por muchas actividades que antes quizás podían resultar placenteras. Vamos a la pregunta del millón. ¿Se puede superar el TEPT? La respuesta corta es sí. La respuesta completa sí, pero. Pero no solos. Vamos con esto a la parte práctica. Si el trauma vive en el cuerpo, el cuerpo es entonces el camino para empezar a sanar. Ahora, para sanar heridas complejas vamos a necesitar ayuda. Cuando nos quebramos una pierna tenemos que ir al médico a que nos haga un diagnóstico y nos proponga el mejor tratamiento. En el TEPT es igual, necesitamos ayuda profesional para que nos dé un diagnóstico y planifique un tratamiento. Cuando digo ayuda profesional me refiero a psicoterapia especializada en trauma y si se considera necesario, también un tratamiento psicofarmacológico como complemento. Ahora, ojo con esto, porque no es simplemente ay, bueno, voy al psicólogo o tomo medicación y listo. El trauma no se aborda con cualquier tipo de intervención. Necesito un tratamiento pensado específicamente para eso. La investigación y la clínica coincide en algo. El factor más importante para la recuperación no es solo la técnica que se use, sino el vínculo terapéutico. El acompañamiento humano acá no es un extra, es el eje. Es lo que ayuda a regular un sistema nervioso que quedó atrapado en estado de amenaza. El trauma ocurrió en el vínculo, en un contexto de desprotección. Así que la sanación necesita vínculo y un contexto de seguridad. Sentirse a salvo con otro repara lo que el trauma rompió. Hoy, gracias al avance de muchísimas investigaciones, contamos con distintas intervenciones psicoterapéuticas con mucha evidencia para el tratamiento del TEP. No hay una única forma, pero sí hay muchos abordajes validados que trabajan de manera directa con el cuerpo, el sistema nervioso y la memoria traumática. Por eso, en la parte práctica de hoy no te voy a proponer un ejercicio o una técnica para hacer en casa. Y esto es a propósito, porque cuando hablamos de TEPT, la única manera responsable de abordarlo es dentro de un proceso terapéutico acompañado. Así que si sentís que algo de todo esto te resuena, si sospechás que esto te puede estar pasando a vos o a alguien que querés, lo que sí quiero hacer ahora es contarte cuáles son las intervenciones terapéuticas con más evidencia científica para tratarlo. Así que vamos a eso. En primer lugar tenemos a la terapia de exposición prolongada. Esta terapia hoy sabemos que es uno de los tratamientos más efectivos para trabajar con TEPT. Trabaja de manera gradual con los recuerdos, situaciones o sensaciones que la persona suele evitar porque la llevan a esta sensación de peligro y de dolor. Porque el problema con la evitación es que a corto plazo calma, pero a largo plazo mantiene y refuerza el miedo. La terapia de exposición busca que la persona, en un contexto seguro, se pueda ir acercando poco a poco a eso que tanto evita. A veces es a través de imaginar lo que pasó, que le llamamos exposición imaginaria, y otras veces es enfrentando en la vida real situaciones que se estuvieron evitando. Y acá hablamos de exposición en vivo. Este proceso siempre es muy de a poco, muy gradual, nunca es de golpe y siempre tiene que ser hecho de la mano de un profesional. En segundo lugar tenemos a la terapia Cognitivo conductual centrada en el trauma. Y acá el eje principal es ayudar a la persona a entender y a transformar la manera en que interpreta lo que vivió. Después de vivir una situación traumática, es muy común que aparezcan pensamientos no estoy seguro en ningún lado fue mi culpa, nunca voy a poder volver a confiar en nadie. La TCC centrada en trauma va a trabajar directamente sobre esos pensamientos, identificando y cuestionando esas creencias relacionadas con el trauma para ir poco a poco reemplazándolas por otras interpretaciones más realistas y menos dañinas. Es decir, poder pasar de fue mi culpa a yo no tuve la culpa de lo que pasó. También suele combinarse con técnicas de exposición, es decir, esto de la persona ir enfrentándose de manera segura a los recuerdos del trauma mientras vamos usando la reestructuración, que es otra técnica de la TCC, para ir cambiando el modo de pensar. En tercer lugar tenemos EMDR, que es la desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares. Esta es hoy una de las terapias más estudiadas y más reconocidas como efectivas para el TEPT, porque después de un trauma hay recuerdos que quedan atascados en el sistema nervioso, a decir este abordaje, es decir, no se procesan de manera natural y por eso vuelven una y otra vez con la misma intensidad de dolor que en el momento en el que pasó el evento. Lo que hace EMDR es ayudar a que esos recuerdos traumáticos se reprocesen a través de un procedimiento muy estructurado en el que la persona recuerda la situación traumática mientras recibe estimulación bilateral, que puede ser por movimientos oculares guiado por el terapeuta, o golpecitos alternados o visualizaciones. Cuarto lugar, tratamiento farmacológico como complemento. A ver, los medicamentos no curan el TEPT, eso tenemos que ser muy claros, pero pueden ser útiles para disminuir la intensidad de los síntomas y reducir la ansiedad o la depresión asociada. Es decir, se usan como complemento del tratamiento psicológico, nunca como única intervención. Hoy sabemos que los mejores resultados aparecen cuando se combinan con psicoterapia. Y acá les traigo un dato super interesante que en los últimos años ganó mucha fuerza en la investigación para el tratamiento del TEPT, que es la psicoterapia asistida con mdma. Ya hay tres estudios en fase 3, que es la etapa decisiva más avanzada, es decir, antes de una posible aprobación regulatoria. El MDMA es la sustancia conocida popularmente como éxtasis. No se usa de forma recreativa, sino con un protocolo clínico muy estricto y bajo supervisión profesional. Ahora, ¿Por qué se viene demostrando que funciona? Bueno, pensemos que en general las personas con TEPT no pueden hablar de lo que les pasó, muchas veces ni siquiera con sus parejas o con sus amigos, ni consigo mismas. Imaginate que mucho menos van a poder hablar con un psicólogo, no porque no quieran, sino porque realmente el cuerpo no se los permite. Hay personas que de solo empezar a hablar del evento traumático se desmayan. Por eso es que hubieron personas que hicieron terapia por muchos años con psicólogos con un montón de compromiso y formación, pero que no lograban tocar el núcleo del dolor porque la persona se desbordaba antes. Bueno, el MDMA en contextos terapéuticos tiene efectos muy particulares. Primero porque reduce la respuesta de miedo al bajar la hiperactivación de la amígdala, que es el detector de amenazas del cerebro, desactiva la típica respuesta de lucha, huida o congelamiento que suele impedir el trabajo terapéutico tradicional. Y en tercer lugar, aumenta la sensación de empatía, de seguridad, de confianza y de conexión con el terapeuta. ¿Y qué permite eso? Que la persona pueda recordar y hablar del trauma sin entrar en pánico, sin disociarse. Puede revisarlo tomando distancia, con más compasión hacia sí misma, menos autoacusación. Es decir, puede resignificar la experiencia y procesarla de una manera que antes era imposible. Ahora, no es que el MDMA haga todo el trabajo, no es que uno lo toma y chau. TEPT lo que hace es habilitar el estado óptimo para que la psicoterapia haga su trabajo. Ahora, estos abordajes todavía están en etapa de investigación, no son de acceso libre, no están aprobados de manera masiva y nunca se tienen que realizar fuera de contextos clínicos regulados. Se los traje porque me parecía interesante que sepan que el trauma se sigue investigando, que la ciencia no está quieta alrededor de esto y que cada vez vamos entendiendo mejor que para sanar heridas tan profundas necesitamos crear condiciones de seguridad internas y externas que antes no sabíamos cómo generar y ahora sí. No podemos volver el tiempo atrás y borrar el trauma, pero sí podemos hacer algo mucho más real, que es pedir ayuda para poder mirar ese recuerdo de otra manera, para dejar de vivirlo como una amenaza. El TEP no se supera a fuerza de voluntad. Se trata con acompañamiento profesional, tiempo y un sistema nervioso que va aprendiendo de a poco que puede estar a salvo. Si sentís que este episodio era el empujoncito que necesitabas para empezar a hacer terapia, voy a aprovechar y Quiero contarte que McMahonitis somos un equipo grande de psicólogos y psicólogas, muchos de nosotros formados en trauma, con muchos años de experiencia. Así que si quieres hacer terapia con nosotros, te dejo el link a nuestra web en la descripción de este episodio. Hasta acá el episodio de hoy. Nos vemos la semana que viene.
Podcast: Psicología al Desnudo | @psi.mammoliti
Host: Psi. Marina Mammoliti
Fecha: 25 de junio, 2026
Marina Mammoliti explora a fondo el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), desmitificando conceptos, explicando síntomas y causas, y abordando sus tratamientos más efectivos. El propósito del episodio es arrojar luz sobre cómo el trauma impacta el sistema nervioso, por qué muchas personas lo sufren en silencio y, sobre todo, cómo es posible sanar con acompañamiento profesional y vínculos seguros.
Mammoliti subraya que para tratar el TEPT es imprescindible el acompañamiento profesional especializado. El vínculo terapéutico seguro es esencial, porque el trauma se sana también en relación.
El episodio ofrece una explicación integral y empática sobre el TEPT, destacando la importancia del acompañamiento profesional y desmitificando tanto causas como síntomas. Mammoliti remarca que la sanación es posible y que pedir ayuda es el primer paso necesario, pues nadie tiene que afrontar el trauma en soledad.
Para más información y recursos, el equipo de psicólogos de Psi Mammoliti está disponible a través de su web, mencionando la importancia de buscar ayuda especializada.