Transcript
A (0:00)
Soy una persona que siempre está pensando en ideas, pero no las ejecuto por miedo. Todo me da miedo.
B (0:07)
Lo que estás por escuchar es un audio real. Lo contó alguien más, pero podría ser tu historia o la mía. Soy Marina Mamolitti, psicóloga, y esto es Psicología al Desnudo, el podcast de salud mental de Psima Moliti. Bienvenidos, bienvenidas al buzón de Psicología al Desnudo. Este no es un episodio convencional, es diferente en cada buzón. Escuchamos algún mensaje de ustedes para reflexionar juntos. Escuchemos el mensaje del buzón de hoy.
A (0:48)
Hola, ¿Qué tal? Primero que nada los felicito a todo el equipo por el gran trabajo que hacen. Y quisiera decirles que soy una persona que siempre está pensando en ideas, pero no las ejecuto por miedo. Todo me da miedo. Y al final no puedo saber si son buenas o malas ideas porque no las termino aceptando. Pero también me arrepiento cuando al pasar de los años veo que alguien ejecuta la idea que en algún momento se me ocurrió a mí y le va de maravilla.
B (1:23)
Bueno, gracias a este oyente por animarse a compartir algo que nos pasó, probablemente nos pasó a todos alguna vez. Y hay algo de este audio que me hace pensar en que quizás estemos hablando de algo relacionado a el miedo al fracaso. Miedo al fracaso que es algo inherente a lo humano y sobre todo a la adultez. Y digo adultez porque durante nuestros primeros años de vida no hay demasiada conciencia del fracaso, ni estamos teñidos por todo lo que implica equivocarse en una sociedad que busca lo perfecto, lo bueno, lo exitoso. Somos niños y nos caemos intentando caminar. Bueno, nos levantamos y lo volvemos a intentar. No nos juzgamos. Ay, qué niña tonta que soy, ¿Cómo me voy a caer? Este miedo al fracaso no viene con nosotros de fábrica. Ahora, a medida que vamos creciendo y vamos interiorizando cómo funciona el mundo, la cosa cambia. Aparece el juicio propio, el ajeno. Esto de que todo parece tener que salir bien a la primera de cambio. Entonces empezamos a dudar, a sobrepensar, a preguntarnos si lo que queremos hacer está bien, si será exitoso, si no. Y vamos aprendiendo, y esto es interesante, que equivocarnos duele porque el otro quizás se burla y cuando las cosas no salen como lo esperábamos, se instala el miedo. Y tiene sentido si crecemos en un mundo que castiga el fracaso. No se habla del error o de las equivocaciones porque claramente están mal vistas. El hecho de yo exponerme a la posibilidad de fallar de la que habla nuestro oyente, nos resulta amenazante. Entonces tiene sentido tener miedo a la hora de emprender un nuevo proyecto, de llevar a cabo una nueva idea. Ahora, que tengamos miedo no significa que no podamos actuar a pesar del miedo. De hecho, hay un episodio sobre la valentía de Psicología del desnudo que te va a encantar, y otro un poquitito más viejo sobre el fracaso que podés ir a escuchar. Hablemos de qué podemos hacer para animarnos a intentar a pesar del miedo al fracaso. Lo primero que creo que tenemos que saber es que si queremos tener éxito en algo, vamos a tener que fracasar. No nos queda otra. A ver, podemos nunca someternos al fracaso, pero te juro que no exponernos a fracasar es mucho más caro emocionalmente que hacerlo y que bancarnos, que tolerar las emociones desagradables que vienen asociadas al hacer y fracasar. Es mejor estar triste y frustrado porque algo nos salió mal, haber aprendido de eso para hacerlo distinto una próxima vez, a quedarnos con ese gusto amargo de no haberlo intentado nunca. Y para animarnos a intentar y equivocarnos, igual está bueno pensar en entrenar el músculo de la autoconfianza. Porque para dar un salto al vacío necesitamos al menos estar seguros de que vamos a saber cómo caer sin morir en el intento. No importa si después nos caemos, nos revolcamos, damos mil tumbos antes de encontrar el equilibrio. Lo importante es tener la certeza interna de que nos vamos a poder sostener si fracasamos. Confiar en una idea es el primer paso. Está bueno hacerlo, pero confiar en vos, en que vas a poder bancarte lo que venga, por más que no se sienta tan lindo, eso es lo verdaderamente transformador. Y la autoconfianza es un músculo, se entrena. ¿Cómo se entrena? Bueno, podemos pensar en dando espacio para intentar, para equivocarnos, para corregir. Nadie se murió de tristeza por intentar algo y equivocarse. Entonces quizás Podemos empezar preguntá ¿Creo yo en esta idea o en este proyecto que estoy por encarar, confío en que puede funcionar? Y si es que sí, recomendación quizás, empezar por algo chiquito. No hace falta desplegar toda la idea completa que teníamos en la cabeza, sino ir de pasos chiquititos, descomponer la gran idea o el proyecto que tenemos en pasos chiquitos posibles de ser ejecutados, que nos vayan permitiendo testear si la cosa funciona. No para garantizar que funcione de una sí o sí, pero para empezar a movernos, porque la acción, por muy chiquitita que sea, ya rompe con el bucle del estancamiento. Y si después no funciona, hay un montón de factores en juego, el contexto, los recursos, los tiempos, el azar. Incluso puede pasar que gracias a ese intento fallido nos damos cuenta de que a la idea capaz le faltaba una vueltita más de rosca, y que no haya funcionado justamente nos puede dar la claridad que necesitábamos para volver a intentar. Y otra cosa, siempre acordarnos que fracasar es una parte más del proceso, es un paso necesario. Y hay una historia que me encanta, que es la de Thomas Edison, y él cuenta que claro, él probó más de mil prototipos antes de efectivamente inventar la bombilla de la luz que funciona que conocemos hoy. Y. Y le hacen una pregunta y le dicen si no se frustraba por haber fallado, de haber probado tanto y nunca dar con la bombilla exitosa. Y él es que yo no fallé. Yo no fallé mil veces, encontré mil maneras de cómo no se hace una bombilla, dice él. Y claro, en la vez 1.000 recién tuvo éxito, pero hubieron 999 fallos antes. El tema es que solamente vemos la lamparita, la bombilla número 1000 exitosa, no miramos todos los fracasos atrás del éxito. Vemos personas que super admiramos, dando charlas, publicando libros, abriendo locales, viviendo su sueño, y lo vemos tan prolijo, tan exitoso y tan lejano. ¿Pero claro, nadie nos cuenta cuántas noches la persona no durmió, cuánto por qué estaba muerta de nervios, o cuántas ideas no le funcionaron, la cantidad de mails que mandó y que no le respondió nadie, o cuántas veces quedó paralizado de tanto dudar pensando y si esto no sirve para nada? Ahora, no quiero decir cuidado con esto, tampoco quiero decir que el éxito siempre llega después de mucho sacrificio. También existe el factor suerte, o el factor estar en el momento justo, en el lugar indicado. Eso pasa. Lo que quiero decir es que sí, la mayoría de las veces el éxito llega después de muchos fracasos, de equivocarnos, ajustar y probar de nuevo. Y el éxito viene porque podemos entonces bancarnos la incomodidad de fallar. Porque además cada no nos da una pista de para dónde, sí, para dónde seguir. Es tolerancia a la frustración, es el coraje para seguir intentando y también es la humildad para cambiar de rumbo. Y todo eso casi nunca lo vemos. Hay un profe de la facu que me acuerdo siempre, porque él nos decía que el éxito es directamente proporcional a la cantidad de veces que fracasamos. Y otra cosa que nos decía es que el éxito no está detrás de la puerta exitosa, sino que está atrás de la puerta del fracaso. Lo que él quería decir era que vos tenés que pasar la puerta del fracaso para llegar a la puerta del éxito. El tema es que claro, las redes sociales, los posteos que cuentan todo esto de logré todo lo que soñé, nos muestran el después, pero el mientras estoy consiguiendo mi sueño o el éxito es súper desprolijo y es solitario y está lleno de dudas. Entonces compararte con el final de la historia que vos recién estás empezando, es injusto, es súper injusto y además es peligroso, porque puede hacerte creer que vos no servís o que no estás hecho para ese éxito. Y quizás en realidad lo único que te falta es recorrer todo el caminito que la persona que ya está en la cima tuvo que recorrer también. Y hay algo que aprendí en este último tiempo y es que lo que no ganás, lo aprendés. Es una frase que me dijo una persona que quiere un montón y que desde hace un tiempo se volvió como una especie de mantra para mí. Intentar probar, fallar, nos llena de aprendizajes y no quiero romantizar momentos súper duros. Hay fracasos que duelen un montón, por ejemplo, haber invertido todo tu capital en algo y que no haya funcionado, o haber confiado en un proyecto que terminó siendo una estafa. Quiero decir, lejos de romantizar que solamente probando vamos a saber si las cosas funcionan. Si no, nos volvemos espectadores y ni siquiera de la vida del otro. Eso es lo de menos, nos volvemos espectadores de nuestra propia vida. Quizás para resumir todo lo charlado diría que la confianza es un musculito que se entrena equivocándose, que el éxito que vemos de los demás es sólo una partecita de la película, que no nos tenemos que olvidar de eso y que todo lo que no ganas lo aprendes. Y hay una frase que me gusta mucho para cerrar y que te la quiero dejar como regalo, y es que el peor intento siempre va a ser mejor que el arrepentimiento. Porque al menos lo intentaste, te animaste, apostaste por tu idea y si sale mal, genial, aprendiste algo, aprendiste por dónde no ir. Y ahora quiero preguntarte a vos, que estás del otro lado escuchando esto, ¿Qué es eso que te gustaría hacer pero que todavía no te animaste porque te da miedo? Ahora sí, llegamos al final de esta mini capsulita y quiero que sepas que este espacio está disponible para vos también. Así que si tenés alguna reflexión, pregunta, duda o algún secreto del que te gustaría que conversemos, podés enviarme un mensajito grabado en el link que te dejo en la descripción y contarte que Psicología al Desnudo es un proyecto que crece gracias a todo el amor de una comunidad grande. Así que si te gusta lo que hacemos, si este episodio te hizo pensar o te tocó alguna fibrita, compartilo. Compartilo porque nada nos ayuda más que eso para seguir sosteniendo este proyecto con mucho amor y mucha conciencia. Ahora sí entonces, nos encontramos la próxima.
