Loading summary
A
El presente es el único lugar donde pasa tu vida. ¿Hace cuánto no estás ahí? El problema es normalizar, vivir ausente. Acostumbrarnos a estar físicamente en un lugar mientras la vida pasa en otro lado. Cada vez que no volvés no es gratis. Perdés información, perdés contacto, perdés la posibilidad de responder en vez de reaccionar. Estás escuchando Psicología al Desnudo, un podcast de Psyomoliti. Tu mente se va. Se va cuando alguien te habla y vos asentís, pero por dentro estás escribiendo el mail que tenés que mandar después. Se va cuando estás comiendo y de repente te das cuenta que ya terminaste el plato y no registraste ni un sabor. Se va cuando estás con tu pareja, con tus amigos o con tu hijo y tu cuerpo está ahí, pero tu cabeza todavía está repasando la discusión que tuviste con una amiga hace un rato. Estar atentos 100% al momento presente no existe. Y no es que seamos distraídos, ansiosos o poco disciplinados. Se va porque el cerebro humano no está diseñado para funcionar así. Investigaciones en psicología cognitiva muestran que pasamos una parte enorme del día pensando en algo distinto de lo que estamos haciendo. Lo llamativo es que muchas veces nosotros mismos creemos que sí estamos prestando atención cuando en realidad estamos en otro lado. Los últimos avances en neurociencias vienen confirmando algo que antes parecía abstracto o volado. Conectar con el presente tiene la potencia de cambiar el funcionamiento del cerebro. Hacerlo disminuye la activación de los circuitos del miedo, baja la ansiedad, reduce la rumiación, mejora la concentración, fortalece nuestra capacidad de manejar emociones, aumenta mucho el disfrute y transforma la manera en la que nos vinculamos con los demás. La neurobiología dice que en esta habilidad está la llave para sentir más calma, más claridad y más conexión con la propia vida. Y lo mejor es que no es un don ni un privilegio de pocos. Es una habilidad. Y como toda habilidad, se puede entrenar. En este episodio te voy a mostrar cómo empezar a entrenarla paso a paso. Si esto que escuchás te resuena, si tu mente vive en cualquier lado menos acá, quédate. Probablemente este episodio te sirva mucho más de lo que pensás.
B
Hago una micropausa en el episodio para contarte que ya salió a la venta mi primer libro. Se llama frená tu cabeza. Y es el resultado de muchos años de trabajar de manera personal y profesional con la ansiedad. Lo construí como un mapa para quienes transitan la experiencia ansiosa y sienten que necesitan volver a la calma. Tiene teoría, tiene ejercicios, tiene historias tanto personales como de pacientes. Ya está disponible en todo el mundo, así que lo podés adquirir desde cualquier rinconcito en el que estés. Te voy a dejar el link acá abajo.
A
Y ahora sí, sigamos con el episodio. Vivimos la mayor parte de nuestro tiempo despiertos en piloto automático. Hablamos, respondemos mensajes, trabajamos por inercia, aunque nos parezca que estamos presentes. Y no es una sensación, es un dato. Hay muchísimos estudios que lo vienen demostrando, pero una investigación reciente que fue publicada en Psychology Health lo dejó Clarísimo. Alrededor del 65% de nuestras acciones diarias se activan por hábito. Es decir, la dispara una señal automática, no una decisión consciente. Y casi el 88% de lo que hacemos es, al menos en parte, en piloto automático. Dicho simple, la mayor parte del día funcionamos en modo robot, aunque tengamos la sensación de estar eligiendo conscientemente cada cosa que hacemos. El costo de eso no es solo filosófico, es práctico. Cuando no estamos presentes, reaccionamos más, escuchamos menos, interpretamos todo peor y tomamos peores decisiones porque nuestra información es incompleta. No porque no sepamos qué hacer, sino porque no estamos del todo ahí cuando todo está pasando. Estar presentes nos permite apreciar los momentos que están sucediendo en el ahora y también tomar distancia de esos pensamientos que vuelven al pasado o se anticipan al futuro para mirarlos con curiosidad, sin tomarlos como verdades absolutas. Además, si ni siquiera notamos que estamos desconectados, tampoco podemos volver. Y nuestra mente es viajera por naturaleza. Va y viene entre recuerdos, conversaciones pasadas, decisiones que ya tomábamos y escenarios futuros que todavía no pasaron. Imagina escenas, anticipa problemas, repasa errores, arma historias. Y no lo hace para molestarnos, sino que lo hace para protegernos, para prepararnos, para ahorrar energía. Ese vagabundeo mental fue clave para la supervivencia de nuestra especie. Gracias a él aprendimos de la experiencia pasada y evitamos peligros futuros. Entonces, el problema no es que la mente viaje de un lado a otro. El problema aparece cuando se queda viviendo en ese viaje, Cuando ese viaje se vuelve permanente y dejamos de habitar el único lugar donde realmente está pasando nuestra vida. Por eso conectar con el momento presente no significa dejar de planear, vivir sin pensar, soltar todo y fluir. Apagar la mente no es vivir sin pensar en las consecuencias, ni alcanzar un estado zen permanente. Eso es. Y además termina siendo una exigencia más. Conectar con el presente es estar en una charla y realmente escuchar en vez de pensar en ese mail que tenés que mandar. Es tomar sol y sentir el calor en la piel sin que la mente se vaya al ¿Y si pasa tal cosa? ¿Tendría que haber hecho tal cosa u otra? Es poner el foco en lo que estás viviendo ahora mismo, aunque tengas mil cosas en la cabeza, permitirte por unos segundos estar acá. El punto central no es retener la mente en el presente sin que se vuelva al pasado o al futuro, sino darnos cuenta de cuándo se fue. Y ahí está la diferencia, que nunca se explica. Porque el problema no es este pensamiento yéndose, sino la absorción. ¿A qué me refiero con absorción? A quedar tan metidos en lo que pasa en la cabeza por tanto tiempo, que perdemos el contacto con lo que pasa a nuestro alrededor. Entonces el cuerpo sigue funcionando. Habla, camina, responde, pero sin presencia real. Estamos, pero no estamos. Ahora bien, ¿Por qué nos pasa tanto esto de irnos del presente? Hay varias razones muy humanas detrás de este funcionamiento. La primera razón es que el cerebro está hecho para ahorrar energía. Y pensar de manera consciente, prestar atención, estar realmente presentes, gasta mucho más de lo que creemos. Consume muchísima gasolina mental. Por eso, cuando una tarea ya es conocida, el cerebro la simplifica y la automatiza para hacerla sin que nos demos cuenta. De ahí que puedas manejar por un camino habitual a tu casa, por ejemplo, y de repente llegaste y no sabés ni cómo llegaste ahí. No te acordás del trayecto. No es que estabas ido o distraído, estabas ahí. El cuerpo hizo todo lo necesario. Lo que pasa es que no hizo falta poner atención plena porque el camino ya está automatizado y por eso no te quedó registro consciente de ese recorrido. Nuestro cerebro no puede, no tiene la capacidad de procesar todo lo que ve, escucha y siente a lo largo del día. La cantidad de estímulos que nos rodean es demasiado enorme. Si intentáramos registrar todo, no saturaríamos Por eso es que existe un filtro permanente. Mucha información sucede, pasa sin que la notemos y solo una parte muy pequeña llega a la conciencia. No sentimos todo el tiempo la textura de la ropa sobre nuestra piel, no registramos nuestra respiración todo el tiempo. Y ese filtro es indispensable, sin él colapsaríamos. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que este modo automático es útil y necesario. Nos permite caminar, trabajar, resolver miles de cosas cotidianas sin tener que pensar en cada paso. Imaginate si tuvieras que pensar y decidir cada pequeño pasito que das, ¿Seguirías preparándote el desayuno a las seis de la tarde? La segunda razón tiene que ver con una necesidad profunda de sentir control. Nuestra mente se va al futuro para anticipar peligros, armar planes, imaginar escenarios posibles y sentir que si pensamos todo mil veces, nada malo va a pasar. Y se va al pasado para revisar errores, analizar qué podríamos haber hecho distinto, buscar esa famosa pieza que falta, que explique por qué algo nos dolió o nos salió mal. En estos dos casos, la mente intenta reducir la incertidumbre para protegernos, aunque en esa tarea nos perdamos del ahora. Los estoicos lo sabían bien. Marco Aurelio se repetía que cada hombre vive solo en este instante, el resto ya se ha vivido o permanece en la incertidumbre. Y se obligaba a hacer cada tarea como si fuera la última. Su maestro Epicteto llamaba a la atención al presente prosoge, que era básicamente enfocar la mente en lo que sí está bajo su control y soltar el resto. La próxima vez que te descubras rumiando el pasado o anticipando el futuro, pregúntate ¿Estoy poniendo mi energía en algo que puedo manejar o en algo que no depende de mí? La tercera razón es que nuestro cerebro tiene una tendencia natural a pensarse a sí mismo. En nuestro cerebro existe una red que se activa cuando no estamos enfocados en una tarea concreta, que se llama red neuronal. Por defecto, esta red está muy ligada al pensamiento autorreferencial, a pensar en nosotros, en nuestra historia, en lo que nos pasó, en lo que nos podría pasar. Y si se activa sin freno, es un problema, porque la mente empieza a girar sobre sí misma. El foco se va del cuerpo, del entorno, del ahora, y queda atrapado en recuerdos, preocupaciones, escenas imaginadas, diálogos internos. Y una mente atrapada ahí no reflexiona rumia, no resuelve, sino que repite. Y cuanto más tiempo pasa funcionando así, más nos va hundiendo en ansiedad. La cuarta razón es que muchas veces irnos del presente es una forma de no sentir. Porque el ahora no siempre es cómodo. A veces trae tristeza, angustia, enojo, miedo, vacío. Entonces la mente, para protegernos, nos saca de ahí. Se va a un pasado idealizado en el que todo era color de rosas, o a un futuro imaginado donde cuando pase tal cosa, voy a estar bien. Y esto puede tener un montón de consecuencias, porque cuando evitar se vuelve el modo habitual de funcionar, dejamos de vivir y empezamos a esquivar la experiencia. Y de a poco, sin darnos cuenta, dejamos de vivir lo que nos pasa. Claro, la consecuencia no es inmediata. En general no lo vemos enseguida, porque son emociones que se acumulan, que no se procesan y entonces vuelven una y otra vez por otros caminos, se desplazan. Lo que vemos así es insomnio, enfermedades físicas, contracturas, desgarros, quebraduras y miles de síntomas corporales y psicológicos. La buena noticia es que todo esto se puede trabajar. Con el acompañamiento adecuado, es muy posible aprender a quedarnos con lo que aparece, entenderlo y desarrollar herramientas para atravesarlo de una manera más sana. Y acá hago una pausa y aprovecho a decirte que Psimamoliti somos un equipo grande de psicólogos y psicólogas. Así que si querés hacer terapia con nosotros, vas a encontrar el link a nuestra web en la descripción de este episodio. Volvamos a la quinta razón por la que nos vamos del presente, que es el contexto en el que vivimos el exceso de estímulos. Hace ya unos cuantos años que venimos entrenando a la mente en la multitarea. No nos damos cuenta, pero nos volvimos expertos en estar en muchos lugares a la vez, excepto en el que estamos físicamente. Y eso no solamente distrae, educa a la mente. La acostumbra a la interrupción permanente, a no quedarse demasiado tiempo en una sola cosa. Y una mente entrenada así tiene cada vez más dificultad para detenerse, para registrar, para habitar una experiencia sin. Sin irse enseguida corriendo a otra. Bien, si todo nuestro cerebro está diseñado para automatizar, ¿Cómo hacemos para volver al presente y acceder a todos los beneficios que eso trae? El antídoto contra el piloto automático es entrenar la habilidad de regresar. No la de no irse, porque nuestro cerebro funciona yéndose, sino la devolver cuando nos fuimos. La habilidad de poder notar y Ah, mi mente se fue. Ese es el primer paso para después decidir si queremos seguir en ese pensamiento y si efectivamente nos sirve seguir poniendo nuestra atención ahí, o si elegimos volver al presente. Antes de ir al ejercicio para entrenar esta habilidad de regresar, voy a proponerte algo muy pensá en esos momentos del día en los que tu mente suele irse lejos, cuando estás a punto de dormir, cuando te estás bañando, cuando estás trabajando, y de repente te perdés en un Uy, tendría que hacer tal cosa. La próxima vez que notes eso, probá a hacer lo tomá tres respiraciones un poco más profundas que lo habitual y prestá atención a cómo entra el aire cuando inhalás y cómo sale cuando exhalás. Podés imaginar incluso que tenés un globo en la panza que se infla al inhalar y se desinfla cuando exhalás. Si aparece un pensamiento sobre el pasado o el futuro, no luches contra él, solamente reconócelo. Decí mi mente se fue. Mirá, se fue al pasado, se fue al futuro y volvé a la respiración. No busques dejar la mente en blanco, sino dale un ancla para que tu mente pueda volver cada vez que se va. Hay una reflexión que me enseñó un profesor de la facultad de psicología que los filósofos llaman la meditación de la última vez y que la uso mucho en mi día a día. Se trata de acordarte que cada vez que haces algo, abrazar a alguien, mirar al cielo, podría ser la última vez que lo vivas. Entonces pregúntate si supiera que nunca más voy a ver esto de nuevo, ¿Cómo lo viviría? Ahora sí vamos a la parte práctica de este podcast, hoy te voy a proponer una guía paso a paso, muy simple pero profundamente potente para entrenar lo básico de traer la mente de vuelta al ahora. La idea es que lo hagas acá conmigo mientras escuchas esto, y que después puedas usarlo en los momentos en los que sentís que la cabeza se te va para cualquier lado. Este ejercicio es una adaptación breve de un trabajo original de Ruth Harris, médico y terapeuta, que es referente en un tipo de terapia llamada Terapia de Aceptación y Compromiso. Te voy a pedir que te acomodes en un lugar cómodo. No hace falta cerrar los ojos ni lograr un estado especial, solamente estar. Así que ahora sí, vamos a practicar. Este ejercicio va a durar máximo 2 minutos. Quiero que prestes atención a tu mano, cualquiera de las izquierda o derecha. Elegí una y acércala a tu rostro con la palma hacia arriba. Y te voy a pedir que por unos instantes simplemente la observes como si fuera la primera vez que ves una mano. Si tu mente te está diciendo ahora Uy, ¿Qué es este ejercicio? Qué aburrido, ¿Para qué me sirve esto no me va a dar nada interesante, excelente? Con más razón tenés que hacerlo. Así que vamos. Empezá por el contorno, la forma del pulgar, las curvas de cada dedo. Nota los espacios entre ellos. Notá dónde empieza tu mano y dónde termina. Pas ahora al color de tu piel. Fíjate si hay un solo tono o varios tonos distintos. Fíjate las sombras, los pequeños detalles. Bien, ahora probá estirar los dedos muy despacio y luego relájalos. Hacelo de nuevo y observa cómo cambia el color cuando hay tensión y cómo vuelve cuando la soltas. Hacer una vez más, estíralos y relájalos. Elegí alguna línea ahora de tu palma y seguí su recorrido despacito o mirá la huella digital en la punta de un dedo. Mirá ese patrón único, imposible de repetir. ¿Mirá las curvas que tiene, como son esos patrones? Y ahora girá la mano lentamente y notá la diferencia entre la piel de la palma y la del dorso. Si aparece algún pensamiento automático, observalo. Y para terminar, formá un puño suave. Apretalo, apretalo y notá cómo cambian los nudillos, la textura, el volumen. Y ahora soltá abriendo la mano y hacelo de nuevo otra vez. Aprieta, notalo y volvé a soltar. Este ejercicio súper breve es una muestra de lo que pasa cuando prestamos verdadera atención al presente. ¿Te pasó que notaste cosas que quizás no habías visto de tu mano? Cuando estamos presentes, hasta lo cotidiano se vuelve más interesante. Ahora llevemos esto a tu vida cotidiana. ¿Qué cambiaría en tus vínculos, en lo que es importante para vos, en tu vida en general? ¿Si pudieras notar todo eso con la misma presencia con la que recién miraste tu mano? La próxima vez que notes que tu mente se va, ¿Te animás a volver un poquito más a lo que estás haciendo ahora, como hiciste recién con tu mano? Y ver qué pasa. El presente es el único lugar donde pasa tu vida. ¿Hace cuánto no estás ahí? Recordá, cada vez que traes tu mente de vuelta al presente, estás entrenando ese músculo. Habrá días en los que la mente se vaya mil veces y lo único que puedas hacer sea darte cuenta de que se fue. Y eso está bien. El problema es normalizar, vivir ausente. Acostumbrarnos a estar físicamente en un lugar mientras la vida pasa en otro lado. Cada vez que no volvés no es gratis. Perdés información, perdés contacto, perdés la posibilidad de responder en vez de reaccionar. La magia siempre está en volver. Está en esas miles de veces que te das cuenta que te fuiste y regresás. Aunque el ahora dure poco. Son esos pequeños contactos con el presente sostenidos en el tiempo los que empiezan a cambiar la manera en la que vivimos, en la que sentimos, en que nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo. Porque la vida no sucede en el pasado que repasás ni en el futuro que imaginás. Sucede acá. Está sucediendo ahora. No te pierdas de experimentarla. Hasta acá el episodio de hoy. Nos encontramos la semana que viene.
Host: Psi Mammoliti
Episode Date: May 14, 2026
In this episode, clinical psychologist Marina Mammoliti explores the science and psychology behind being present. She demystifies the concept of "living in the moment," explains why our minds are often elsewhere, and shares practical strategies—grounded in neuroscience and Acceptance and Commitment Therapy—to help listeners return their attention to the here and now. The episode is designed as a guide to better emotional regulation and connection, reinforcing the idea that presence is a skill everyone can develop.
"El presente es el único lugar donde pasa tu vida. ¿Hace cuánto no estás ahí?" (00:00)
"Alrededor del 65% de nuestras acciones diarias se activan por hábito... casi el 88% de lo que hacemos es, al menos en parte, en piloto automático." (03:18)
"Ese vagabundeo mental fue clave para la supervivencia de nuestra especie." (03:18 - 07:40)
Mammoliti details five main causes:
a) Energy Conservation:
"Pensar de manera consciente... gasta mucho más de lo que creemos. Consume muchísima gasolina mental." (07:40)
b) The Need for Control:
"Marco Aurelio se repetía que cada hombre vive solo en este instante...” (08:45)
c) Self-Referential Thinking:
d) Emotional Avoidance:
"Irnos del presente es una forma de no sentir. Porque el ahora no siempre es cómodo." (10:11)
e) Overstimulation & Multitasking:
"Nos volvimos expertos en estar en muchos lugares a la vez, excepto en el que estamos físicamente." (13:43)
"Conectar con el presente tiene la potencia de cambiar el funcionamiento del cerebro." (01:34)
"No es un don ni un privilegio de pocos. Es una habilidad. Y como toda habilidad, se puede entrenar." (01:50)
"Estar atentos 100% al momento presente no existe... El cerebro humano no está diseñado para funcionar así." (00:40)
"El antídoto contra el piloto automático es entrenar la habilidad de regresar. No la de no irse…" (14:08)
"Una mente atrapada ahí no reflexiona: rumia, no resuelve, sino que repite." (09:55)
"Se trata de acordarte que cada vez que haces algo… podría ser la última vez que lo vivas." (16:40)
(Starts at 17:35)
A guided mindfulness exercise adapted from Ruth Harris and ACT, focusing on attentive observation of the hand.
Quote:
“Este ejercicio súper breve es una muestra de lo que pasa cuando prestamos verdadera atención al presente.” (19:37)
Mammoliti concludes with a call to gentle persistence and self-compassion in this training:
“La magia siempre está en volver… Son esos pequeños contactos con el presente sostenidos en el tiempo los que empiezan a cambiar la manera en la que vivimos, en la que sentimos, en que nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo.” (21:35)
The episode empowers listeners to notice, gently return, and experience their lives as they unfold—moment by moment.