Loading summary
A
Si alcanzar una meta fuera fácil y placentero, todo el mundo cumpliría todas sus metas. Lo que marca la diferencia no es entonces la motivación, es eso que hacés cuando ya no tenés más ganas. Porque no es el gran salto lo que te acerca a lo que soñás. Es ese movimiento chiquitito que casi no se ve, pero que no abandonás. Estás escuchando Psicología al desnudo, un podcast de Xima Molitti. Aclaremos algo desde el para cumplir nuestras metas no hay una fórmula mágica. Querer no es lo mismo que poder. Y desear algo, por más fuerte que sea ese deseo, no hace que suceda por sí solo. Salvo en contadas excepciones, cuando interviene el azar o la suerte, Las metas no se cumplen solas. Necesitan algo de nuestra acción, movimiento, decisiones concretas. Y ahí es cuando la cosa se pone difícil. ¿Por qué? Porque el bloqueo no es por falta de ganas muchas veces, ni por falta de capacidad. Tiene que ver con algo que se activa emocionalmente cuando empezamos a avanzar. Para entenderlo, te voy a pedir que imagines la siguiente situació Hace meses tenés una idea dando vueltas en la cabeza. Imaginá que siempre te gustó cocinar. Te relajás amasando o probando nuevas combinaciones, invitando gente a tu casa para que pruebe lo que vos hacés. Cada tanto Mirás videos en YouTube, guardás recetas. Pensás, uy, esto podría transformarse en algo más. Entonces, un lunes te despertás decidido. Decís, bueno, listo, esta vez arranco. Ese día pensás el nombre de tu marca. Al otro día sacás cuentas costos, precio, cuánto tendrías que vender y demás. El miércoles buscás proveedores. Todo empieza a tomar forma. Pero el jueves aparece la primera traba, una Uy, tengo una cocina lo suficientemente grande, ¿Cómo voy a tomar los pedidos? Y si no vendo nada, ¿Qué voy a hacer? Entonces la cabeza empieza poco a poco a llenarse de dudas que te abruman. En ese panorama, decidís cerrar tu cuadernito donde venías planificando todo y ponerte a ver televisión. Mañana lo veo, pensás. Al día siguiente te despertás sin ganas, desmotivado. Bueno, capaz no sea el momento, estoy con muchas otras cosas, no tengo experiencia en esto. Capaz más adelante, y quizás esta no es la primera vez que te pasa, te pasa con esta idea y te pasó con otras. Cada vez que aparece una meta nueva, te pasa algo parecido. Y no hay nada mal con vos ni con tus metas. Lo que hay son trabas invisibles que se activan justo cuando querés avanzar. Trabas que tienen un porqué, claro, aunque no se vean a simple vista. Hoy vamos a hablar de qué es eso que se activa emocionalmente una vez que vamos atrás de una meta. Y también de qué herramientas nos da la psicología hoy para encarar nuestros objetivos sin abandonarlos a mitad de camino. Cuando no avanzamos hacia lo que queremos solemos explicarlo No tengo ganas. No, No estoy motivado. Pero esa explicación, además de injusta, es incompleta. La psicología nos muestra que no es falta de voluntad la que nos frena, sino una serie de trabas invisibles que se activan cuando esa meta empieza a volverse real. Existen cuatro trabas invisibles principales que nos impiden alcanzar lo que queremos. La traba número uno es el mito de la motivación divina. Es esta idea muy instalada socialmente de que para hacer algo tenemos que estar motivados. Que primero viene como el clic de la motivación. Y una vez que tenemos esas ganas, entonces ahí accionamos y vamos a alcanzar nuestras metas. Y si esa chispa especial no nos ilumina, entonces concluimos que tanto no nos importaba, porque si no, sentiríamos motivación. Y no, esto es completamente falso. La motivación no funciona como un interruptor que podemos prender cuando queremos. No es una decisión racional. De hecho, ganas y motivación son el resultado de cómo estamos emocionalmente. Y las emociones, por definición, no son racionales ni obedecen órdenes. Responden a sistemas mucho más primitivos del cerebro, ligados a la supervivencia, al placer, al miedo, a la amenaza. No elegimos cuándo tener ganas. No elegimos cuándo sentir entusiasmo. No elegimos cuándo tener energía. Somos organismos vivos cambiantes. Nuestros estados emocionales fluctúan todo el tiempo. Hay días con más cansancio, con más problemas, con más ruido interno. Y otros días en los que simplemente tenemos otras prioridades. Entonces, ¿Por qué la motivación tendría que ser la excepción a eso? El error está en esperar sentir ganas para empezar. Porque si esperamos eso, muchas cosas importantes nunca van a empezar. Porque la clave para alcanzar metas no es controlar la motivación. Porque eso no se puede, sino avanzar incluso cuando las ganas no están. Si alcanzar una meta fuera fácil y placentero, todo el mundo cumpliría todas sus metas. Lo que marca la diferencia no es entonces la motivación, es eso que hacés cuando ya no tenés más ganas. Sentarse a estudiar implica un esfuerzo, pensar maneras de vender tu producto implica un esfuerzo, entrenar regularmente para mantenerte sano implica un esfuerzo. Y la mayoría de las metas que son importantes para nosotros se construyen haciendo cosas que al principio no son gratificantes. Es más, muchas veces son un bajón hacerlas, no nos dan placer inmediato y no nos dan resultados rápido. Por eso, las dos cosas que hacen posible sostener acciones que impliquen esfuerzo a lo largo del tiempo no son las ganas ni la motivación, sino que son otros dos conceptos que fueron bastante criticados hace unos años. El primer concepto es la disciplina, que es la capacidad de actuar incluso cuando no hay ganas, cuando la motivación inicial se apagó. Y en segundo lugar tenemos a la constancia, que es la decisión de volver a hacerlo una y otra vez hasta que el esfuerzo se convierte en hábito. Pero vivimos en un contexto en el que palabras como disciplina, constancia o esfuerzo suenan casi como malas palabras, porque lo que solemos ver la mayor parte del tiempo es la llegada, el resultado final, la foto del logro con el premio en la mano. No vemos el backstage, no vemos las dudas, el cansancio, los días en los que no había ganas, las veces en que había muchas ganas de abandonar pero se siguió igual. Esto no siempre es así. Hay muchas personas que sí cuentan las dificultades que implica perseguir sus sueños, pero en general vemos la puesta en escena final e impecable. Y no hay nada de malo con que las personas compartan logros con el mundo. El problema está en que nosotros nos quedemos solamente con esa parte, como si se tratara de tener suerte y punto, o si fuera fácil. La realidad es que las metas significativas no se consiguen de un día para el otro, y justamente por eso es que valen. Como la motivación no aparece por generación espontánea ni se mantiene viva solo con buenas intenciones, algo que puede servir para ayudarnos a sostener ese esfuerzo a lo largo del tiempo es modificar nuestro contexto. Lo que realmente hace que algo se repita es lo que pasa alrededor de esa conducta. Dicho de manera simple, las conductas se fortalecen o se debilitan según lo que nos devuelven, lo que nos dan. Si después de hacer algo hay alivio, hay satisfacción, disfrute o sentido, es mucho más probable que volvamos a hacerlo porque queremos seguir repitiendo esas emociones placenteras. Ahora, si lo único que sentimos después de hacer algo es agotamiento, frustración o castigo, tarde o temprano lo vamos a abandonar porque nadie quiere seguir repitiendo esas emociones desagradables al infinito. Sabiendo esto, podemos entender que una de las claves para sostener el esfuerzo, entonces, no está en exigirnos más, sino en diseñar un entorno que nos ayude combinar lo que nos cuesta con conductas placenteras. Que el camino no sea puro sacrificio. Entonces, si te cuesta salir a caminar y querés hacerlo porque sabés que te vuelve una persona más sana, entonces combinalo escuchando tu episodio de podcast favorito. Ponete psicología al desnudo mientras caminas. Tercera traba que nos impide alcanzar nuestras metas es la procrastinación. Procrastinar significa aplazar, posponer. La gran mayoría de las veces que procrastinamos, a diferencia de lo que se cree socialmente, no es porque seamos vagos ni porque nos falte deseo. De hecho, en general suele ser todo lo contrario. Procrastinamos porque nos importa tanto conseguir esa meta que la idea de no llegar, de no hacerlo, nos abruma. Entonces buscamos a toda costa evitar el malestar que podía venir de no conseguirlo o de hacerlo mal. Frente a las dudas, el miedo al fracaso, la inseguridad de no saber por dónde empezar, nuestra mente uff, no, mejor más tarde. Es decir, no procrastinamos porque no sepamos gestionar el tiempo, sino porque no queremos enfrentar las emociones difíciles que vienen con esa tarea. El tema es que si bien en el momento que evitamos sentimos un poco de paz, después llega la autocrítica, la culpa, la sensación de uy, otra vez no pude. ¿Cómo salimos de ahí? Aprendiendo a tolerar la incomodidad. Con miedo, con dudas, con ansiedad. Porque lo que está en juego vale más que ese malestar momentáneo. Ahora, esto no es fácil y no siempre tenemos que hacerlo solos. Muchas veces es necesario un espacio terapéutico para aprender a relacionarnos diferente con la incomodidad, para dejar de procrastinar, para sostener lo que cuesta. La buena noticia es que se puede. Hay un montón de herramientas eficaces para lograrlo. Aprovecho acá y te voy a contar que en Siu Ameriti somos un equipo de psicólogos y podemos ayudarte en ese proceso. Así que si querés hacer terapia con nosotros, podés encontrar el link a nuestra web en la descripción de este episodio. Ahora bien, una ¿Alguna vez te detuviste a pensar cuántas de tus metas son realmente tuyas y cuántas no? Esta preguntita nos lleva a la cuarta traba invisible, que es una de las trabas más incómodas de admitir. Es la de que muchas de tus metas no son verdaderamente tuyas, aunque parezca que sí y estemos convencidos de que las queremos con toda el alma. Acá te voy a decir algo como psicóloga que casi no se dice en voz alta, y es que esas metas no se cumplen porque en el fondo esperamos que fracasen. Tenemos que animarnos a revisar cuántas de nuestras metas en realidad vienen de mandatos, cuántas no nacieron de tu deseo, sino de alguna regla interna que aprendiste sin darte cuenta. Porque si estás estudiando esa carrera solo para darle a tu papá el título, así te deja de molestar pero no pensás ejercer en tu vida, o si decidís tener un hijo o no tenerlo más por presión social que por deseo, porque ya es la edad, porque después te vas a arrepentir o porque eso es lo que se supone que hay que hacer. Bueno, probablemente llegar a la meta sea muy difícil. Cuando una meta nace de un mandato y no del deseo, avanzar se vuelve cuesta arriba. Y si llegás, muchas veces no hay alegría ni orgullo. Hay alivio. Alivio, sí, como sacarse una mochila pesada encima, pero no hay gratitud, no hay felicidad. Y para entender cuál es el norte al cual queremos ir, lo que es importante para nosotros, tenemos que hablar de valores. Los valores son esa brújula que nos indica hacia dónde está el norte de la vida que queremos vivir. Y el tema con nuestras metas es que cuando no son coherentes con esos valores, entonces al intento de conseguir esa meta le falta sentido, le falta un propósito genuino. Así que antes de preguntarnos por qué no alcanzás lo que soñás, por qué nunca alcanzás tus metas, hay que hacer una pregunta que está ¿Estás persiguiendo tus metas? ¿Estás corriendo hacia la vida que vos querés o hacia la vida? Te aplaudirían los demás. Y esto es difícil porque implica mirar las decisiones de vida que tomamos, que capaz nos costaron mucho esfuerzo, pero que en realidad, si nos sinceramos, no nos hacen felices. Muy a lo profundo, no es lo que queremos, aunque nos hayamos convencido de que sí. En resumen, metas y valores van juntos. Si no están alineados, tarde o temprano la meta se cae. Ahora, si están alineados, hay algo adentro tuyo que ayuda a sostener seguir atrás de la meta, incluso cuando cuesta, cuando no hay ganas. Ahora, si en este momento te estás preguntando ¿Cómo sé cuál de mis metas está alineada con mis valores o con la vida que quiero vivir? Dejá que estas dos preguntas que te voy a hacer queden resonando. ¿Estoy yendo detrás de esa meta, de ese sueño que tengo, porque realmente lo quiero o porque siento que debería hacerlo? Si nadie te reconociera ni te aplaudiera, ¿Seguirías persiguiéndolo? Y Y por otro lado, ¿Esa meta nace del miedo a decepcionar, a quedarte atrás, a no ser suficiente, o de un deseo genuino por alcanzarla? No te tenés que responder ahora estas preguntas. Déjalas que queden en el aire y seguí con el episodio. Las respuestas llegan cuando menos lo esperamos. Bien, hasta acá entendimos algo. Sin valores claros, las metas se vacían de sentido. Ahora hay algo más. Porque incluso cuando una meta, sí es tuya, sí conecta con lo que a vos te importa, sí está alineada con la vida que querés vivir, igual puede costarnos avanzar. Es decir, saber qué querés no siempre alcanza. Hace falta poder moverse en esa dirección. Por eso, ahora sí, vamos a ir a la parte práctica de este episodio. Te quiero regalar una herramienta muy concreta, muy simple, para empezar a transformar eso que querés en pasos reales. Se llama WOO, porque su nombre viene de las siglas en inglés de 4 wish, outcome, obstacle y Plan. Es de mis favoritas porque no le pide a tu mente lo imposible de estar motivado todo el tiempo. En lugar de eso, nos ayuda a anticiparnos, nos hace pensar en los obstáculos que sabemos que van a aparecer y nos da un plan concreto para cuando eso pase. Es decir, no se apoya en el pensamiento mágico, sino en algo mucho más efectivo, que es saber qué hacer cuando no tenés ganas, cuando dudás, cuando te querés bajar de perseguir esa meta. La desarrolló una psicóloga que se llama Gabrielle Ottingen, y ahora vamos a hacerlo juntos. Te voy a invitar a que busques algo para anotar, que puede ser un cuaderno, una hoja o si no tenés, el bloc de notas del teléfono. Y si justo estás manejando, caminando o no podés hacerlo ahora, volvé a escuchar esta parte del episodio más tarde y lo hacés tranquilo y a tu ritmo. Vamos a ir ahora entonces con el paso a paso. Paso número uno es Wish o deseo. Pensá en una meta que quieras alcanzar. Puede ser algo chiquito o grande, lo que sea, pero que te importe de verdad. Algo que te ilusione, que te gustaría lograr en los próximos meses. Pon en pausa el episodio un segundo y escribila, no la edites. La primera que aparece suele siempre ser la correcta. El paso número 2 es el outcome o resultado. Ahora vas a imaginar que ya pasó, la meta se hizo realidad. Quiero que pienses cómo te sentirías, en qué cambió tu vida. Intentá imaginarlo con lujo de detalles. ¿Cómo sería ese día en que conseguiste la meta? ¿Qué emociones tendrías, con quién lo compartirías? Pausá y escribí eso o dibujalo, lo que quieras. El paso número 3 es el obstáculo. Y ahora viene una parte qué suele pasar por tu mente que hace que te frenes. Suele aparecer la pereza, la duda, la ansiedad, la autocrítica, el miedo a fallar, las ganas de postergar. Reconoce ese obstáculo interno, no lo juzgues porque esto es información. Así que pausá y escribí todos esos obstáculos. Paso número 4 es el plan de acción. Y acá no buscamos nada épico, sino una acción con concreta que podrías hacer cuando aparezca ese obstáculo. Algo del estilo de si me descubro postergando, entonces voy a hacer solo este primer pasito por unos minutos, aunque no tenga ganas. Si empiezo a pensar que no va a salir bien, entonces igual abro el archivo y escribo una sola frase. Si me encuentro scrolleando para evitar porque ese es mi obstáculo, entonces dejo el celular boca abajo y arranco aunque sea con lo mínimo. Así que ahora pausa y escribí tu plan de acción. Esta técnica nos recuerda que los sueños o las metas no se sostienen solamente pensando positivamente ni con manifestación, sino con acciones concretas, repetidas incluso cuando el camino se vuelve incómodo. Nos enseña además a no improvisar cuando bajan las ganas, cuando aparece la duda. Ya dejaste una respuesta escrita para eso, así que dejá a la vista esta hoja o esta nota del celu y léela cuando te sientas trabado o sin motivación. Te va a ayudar a recordar dos el por qué empezaste y qué podés hacer cuando aparezcan las piedras en el camino. Nadie alcanza metas porque está motivado todos los días. Eso es mentira. Cumplir metas es aprender a seguir. Cuando el entusiasmo se va, a pesar de las ganas, a pesar del cansancio, de las dudas, no hay magia. Hay decisiones chiquititas que repetidas en el tiempo terminan cambiándonos la vida. Porque no es el gran salto lo que te acerca a lo que soñás. Es ese movimiento chiquitito que casi no se ve, pero que no abandonás. Dicen que lo perfecto es enemigo de lo bueno y que lo poco sostenido transforma más que lo perfecto abandonado. Así que la próxima vez que quieras abandonar, hacé una acción mínima en dirección a lo que valorás. Porque ahí, en ese movimiento chiquitito, cotidiano, imperfecto, empieza a cumplirse de de verdad lo que soñás.
Host: Psi Mammoliti (Marina Mammoliti)
Date: April 9, 2026
In this episode, clinical psychologist Marina Mammoliti explores the often invisible emotional and psychological barriers that prevent us from reaching our goals. She debunks popular myths around motivation, addresses the real challenges of perseverance, and offers practical psychological tools for sustaining progress, particularly focusing on the importance of emotional management, values, and the power of small, consistent actions.
“No elegimos cuándo tener ganas. No elegimos cuándo sentir entusiasmo.” (A, 05:15)
“Porque lo que solemos ver la mayor parte del tiempo es la llegada, el resultado final, la foto del logro con el premio en la mano. No vemos el backstage...” (A, 08:01)
“Una de las claves para sostener el esfuerzo... está en diseñar un entorno que nos ayude a combinar lo que nos cuesta con conductas placenteras.” (A, 10:10)
“Procrastinamos porque nos importa tanto conseguir esa meta que la idea de no llegar, de no hacerlo, nos abruma.” (A, 12:15)
“Aprendiendo a tolerar la incomodidad. Con miedo, con dudas, con ansiedad.” (A, 13:58)
“Acá te voy a decir algo como psicóloga que casi no se dice en voz alta, y es que esas metas no se cumplen porque en el fondo esperamos que fracasen.” (A, 16:02)
“Los valores son esa brújula que nos indica hacia dónde está el norte de la vida que queremos vivir.” (A, 18:05)
“No buscamos nada épico, sino una acción concreta que podrías hacer cuando aparezca ese obstáculo. Algo del estilo de: si me descubro postergando, entonces voy a hacer solo este primer pasito por unos minutos, aunque no tenga ganas.” (A, 28:06)
“Porque no es el gran salto lo que te acerca a lo que soñás. Es ese movimiento chiquitito que casi no se ve, pero que no abandonás.” (A, 29:40)
“Dicen que lo perfecto es enemigo de lo bueno y que lo poco sostenido transforma más que lo perfecto abandonado.” (A, 30:05)
“La motivación no funciona como un interruptor que podemos prender cuando queremos… no es una decisión racional.” (A, 04:43)
“Muchas de tus metas no son verdaderamente tuyas... esas metas no se cumplen porque en el fondo esperamos que fracasen.” (A, 16:02)
“Sin valores claros, las metas se vacían de sentido.” (A, 20:15)
“Cumplir metas es aprender a seguir. Cuando el entusiasmo se va, a pesar de las ganas, a pesar del cansancio, de las dudas, no hay magia. Hay decisiones chiquititas que repetidas en el tiempo terminan cambiándonos la vida.” (A, 29:44)
Marina Mammoliti’s delivery is empathetic, clear, and pragmatic. She intertwines gentle encouragement with honest insights and actionable advice, all in a relatable, conversational style.
With this summary, listeners can grasp the core psychological lessons of the episode and have concrete steps to reflect on and move towards their own authentic goals.