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Claudia tiene 45 años. Empezó terapia hace unos meses porque quiere estar en pareja, pero nunca se le dio y no entiende bien por qué. Se pregunta si hay algo que ella esté haciendo mal. Me cuenta que siempre se encuentra con personas que no están disponibles para formar un vínculo serio, que le viven rompiendo el corazón. Tuve experiencias de todo tipo. Hombres casados, con y sin hijos, que vivían en otros países. Hombres adictos al trabajo que no creían en la monogamia y buscaban vínculos más abiertos, más libres. Y te digo la verdad, son todos iguales. ¿Qué les pasa con el compromiso? Y Esteban le pregunto por un compañero de trabajo del que hablamos alguna vez, quien la invitó a salir muchas veces. Tenían confianza, se reían mucho juntos. Estaba emocionalmente disponible y mostraba un montón de interés en ella. No, Esteban es de la oficina. Si no funciona, después lo tengo que ver todos los días. Además es un poco bajo de estatura, ¿Viste? A mí me gustan los hombres altos. ¿Y Pedro qué? No, Pedro es divino, pero no sé, somos muy distintos, ¿No? Me volvió loca. Hablamos de las personas que se habían interesado en ella, pero que ella misma había descartado por diferentes razones. Buscamos patrones y rasgos en común. Claudia, ¿Puede ser que seas vos quien no está disponible para una relación? Si hay algo que sabemos en psicología es que cuando una situación se nos repite una y otra vez, es porque de alguna manera ese patrón tiene algo que ver con nosotros, con nuestras erecciones conscientes o inconscientes, con nuestra historia. Si nos encontramos una y otra vez con personas que no están disponibles emocionalmente, probablemente, aunque de alguna forma inconsciente, haya algo de esto que tenga que ver con nosotros. Por eso, muchas sesiones después, ambas entendimos que lo que Claudia decretaba como su destino, conocer hombres que no quieren estar en pareja, en realidad era el resultado de su propio miedo a conectar realmente con alguien. Su miedo a abrirse al amor. El amor puede ser de las experiencias más hermosas de la vida y pero también de las más aterradoras. Este lado menos conocido del amor es del que vamos a hablar. El lado B, la cara oculta, la filofobia o miedo al amor. Sé que suena loco, algo que le pasa a otros allá lejos, pero quedate a escuchar, porque quizás, sin darte cuenta, hay algo de esto funcionando dentro tuyo. Es más común de lo que pensás. ¿Qué hay debajo del miedo al amor ¿Qué es lo que da terror a la hora de amar? ¿De qué huimos en realidad? Esto es Psicología al Desnudo, el podcast de salud mental de Epsi Mamolitti. Soy Marina Mamolitti, psicóloga clínica, y en esta nueva temporada sumamos video para que además de escucharnos, podamos vernos cara a cara. Estar más cerca. ¿Buscás un cambio? Llegaste al lugar indicado en el episodio de Filofobia o miedo al amor. ¿Por qué nos da miedo el compromiso? Si te pregunto qué persona crees que le tiene miedo al amor, seguramente pensás en un seductor, soltero, soltera, en una mujer u hombre que sale mucho de noche y repite una y otra vez que no quiere nada serio. Pero no siempre es así. El miedo al amor se disfraza de formas mucho más sutiles. Se puede ver en personas como Claudia, mi paciente, que dicen que quieren estar en pareja, lo aseguran, y que a simple vista pareciera que efectivamente hacen todo lo posible para conseguirlo, pero en realidad, por debajo, boicotean cualquier posibilidad de conexión real con otro. El miedo al amor se camufla en las excusas que nos contamos para desechar personas que pueden ser buenas para nosotros. No trabaja muchas horas, vive demasiado lejos, tiene un perro. No me gustan los perros. Se. Se deja entrever en las miles de fallas que vemos en los demás. Ay, no. Mastica con la boca abierta. No, no le gusta el rock ni el cine. No sé si vamos a conectar. Lo vemos en personas que se enamoran de otras personas que no están disponibles para ellas, que idealizan a personas inalcanzables solo para descartarlas cuando queda claro que no son una opción viable. Lo vemos en quienes les divierte la primera parte de una relación, la de la llama y la pasión, pero que huyen cuando el vínculo se vuelve un poco más cotidiano, cuando hay que asumir ciertos compromisos. Tuviste muchas relaciones cortas que acabaron de manera apresurada. Le encontrás fallas a todas las personas con las que salís. Nunca tuviste pareja o tus vínculos terminaban justo en el momento en que la intimidad empezaba a aparecer. Te gusta la seducción, la chispa del principio, pero después de un tiempo, cuando todo se vuelve más cotidiano, te aburrís y empezás a planear la huida. ¿Idealizás a personas que no están disponibles, evitás conversaciones difíciles o emocionales? ¿Te da miedo perder tu libertad? Si alguna de estas situaciones te resonó, entonces escuchar este episodio puede traerte muchas respuestas. Vayamos a los Filofobia. Término que deriva de la palabra griega filo, que significa amor, y phobos, que significa miedo. Así que, literalmente, filofobia significa miedo al amor y Y es muy común sentirlo. Probablemente conozcas personas que no se entregarían a un vínculo, que no se enamoran y no establecen relaciones personales fuertes. Personas que ponen una barrera gigante a sus sentimientos para nunca mostrarse vulnerables. Nunca están enganchadas con nadie, siempre superadas. Como Más allá del amor El miedo al amor tiene sus trucos. Suele ser muy difícil de identificar porque en general es un miedo inconsciente que tapamos con justificaciones. Nos contamos la historia de que en realidad sí queremos relacionarnos con otras personas. Que sí estamos abiertos al amor solo que estoy bien solo. Las relaciones no son para mí. No hay opciones que me interesen. La soltería me encanta. En pareja perdería libertad. Todas excusas que nos parecen súper convincentes son muy lógicas. Nos cuesta ver que debajo de esas excusas se esconde en realidad miedo. Miedo que puede verse en distintos grados. En casos extremos, una persona con filofobia puede sentir algo similar a un ataque de pánico ante la mera idea de vincularse emocionalmente con alguien. Por eso es que la psicología clasifica a la filofobia dentro de los trastornos de ansiedad en el espectro de las fobias específicas. Ahora bien, este tipo de miedo tan extremo no es lo más habitual. La filofobia, en tanto fobia como tal, no es tan común como sí lo es el miedo al amor. El miedo a relacionarnos, que es mucho más sutil que el de la fobia. Si jugáramos a que la intensidad de la fobia al amor fuera un 10, el miedo al amor sería un 6 o un 7. Hace unas semanas, una amiga me preguntó ¿Pero cómo es posible que le tengamos miedo a un sentimiento tan lindo, tan apasionante como es el amor? La respuesta es justamente como es una emoción intensa, el amor puede despertar cualquier respuesta. Deseo, sí, claro, pero también terror. Le tenemos miedo a sentir intensamente. ¿Nunca te dio miedo cuando te enganchaste con otra persona desde afuera? Puede parecer que esa persona que siempre está soltera simplemente no quiere estar en pareja o que no encuentra a la persona indicada. Es muy difícil sospechar que de fondo a veces está el miedo actuando silencioso desde el interior, tejiendo los celos invisibles que mantienen a la persona alejada del amor. De esa idea de amor peligroso a al que mejor evitar, vamos de lleno al mecanismo de fondo. La dinámica de la filofobia es siempre la un bucle infinito que se repite una y otra vez y es la se conoce a una persona, se siente atracción, y a medida que la relación avanza, la mente se pone creativa en la búsqueda de fallos y comparaciones. Y logra encontrarlas. Miles de defectos y cosas que la otra persona no hace bien. ¿El fin detrás de todo esto? Confirmar que esa persona tampoco es la adecuada, Descartarla, alejarse, no comprometerse emocionalmente. Es como si dijera alivio nuestro cerebro con esa persona lejos, sin engancharnos, estamos a salvo. Es posible que empiece a molestar cosas que generalmente no molestan en otros, como la forma de vestir, el tono de voz o la risa. Se sobreanaliza para no sentir. La finalidad es alejar a los sentimientos para que la racionalización, es decir, la cabeza, tome el mando y diga no, esa no es la persona adecuada. Entonces nos desconectamos de lo que sentimos y caemos en pensamientos típicos del todo o nada. Si usa ropa ajustada, no es para mí, si no va a restaurants caros, no es para mí, si no estudia filosofía, no es para mí, si no gana tanto dinero, tampoco. Y así. Acto seguido a esto, se activa el modo alejamiento emocional, se enciende el botón de la huida. Y esto puede verse de distintas formas, como crear un conflicto sin sentido, hacer una escena de celos o un planteo que en general uno no haría, o simplemente dejar de escribir o no responder, ghostear todo con tal de asegurarse de que la otra persona les deje o se aleje. Y ahí sí, cuando la persona efectivamente se aleja y el riesgo desaparece, aparecen nuevamente las ¿Estuve bien en dejar de hablarle? ¿Y si en realidad sí era la persona para mí? ¿Y si me estoy perdiendo de un gran amor? ¿Por qué ahora todas esas dudas? Porque la otra persona ya no es una opción, ya no hay riesgo. Sin ese riesgo es más fácil para la mente imaginar lo que podría haber sido. La fobia solo aparece cuando las cosas van bien, cuando hay posibilidad de conexión real. Te voy a contar una historia de la que fui parte como psicóloga hace un tiempo. Juana viene pensando en Diego hace meses. Se conocieron en una fiesta y ella quedó flechada. Desde entonces hablan por Instagram, se mandan algún que otro WhatsApp. Juana habla de Diego con todas sus amigas, le cuenta todo lo que hablan con él. Siente que Diego es perfecto, piensa en él todo el día. Un día Diego la invita a salir. La primera cita va muy bien. Se siguen viendo por muchas citas, semanas. Pero al pasar los días, Diego ya no le parece tan fantástico como al principio. En sesión me cuenta que él vive muy lejos de su casa y ella no se va a mudar. Es demasiado estructurado para mí, no tenemos muchos intereses en común. Pasa días y días preguntándose obsesivamente si Diego es realmente la persona para ella. En otra sesión me nombra a Santiago, un chico que conoció cinco meses atrás y que en su momento no le había interesado. Pero ahora Santiago le parece más divertido. Además tiene un mejor trabajo que Diego. Empieza a comparar sus relaciones. Después de unos días coordinan para verse una vez más con Diego. Y se encuentran, claro. Juana no puede evitar sobreanalizar todo lo que él dice o deja de decir. Examina sus gestos, sus comentarios. Todo esto que dijo acá fue medio raro. Este otro comentario es medio tonto. No me preguntó sobre mi trabajo, no usó bien los cubiertos. Obviamente, con todos estos pensamientos dando vuelta, se desconecta no solo de Diego, sino de lo que siente. Deja de estar presente. Entonces decide que esta es la última vez que va a ver a Diego, quien obviamente no entiende nada. Cuando Juana le confiesa que ya no quiere verlo más, llega a sesión dicié ya está, no tengo que pensar más en esto. Ahora sí puedo descansar y dormir tranquila. Volver a enfocarme en mis cosas y dejar de preocuparme por personas que no son para mí. Juana vuelve a caer un una vez más en la única técnica eficaz que conoce para lidiar con la ansiedad que le genera conocer a una nueva la huida. Si no resolvemos el miedo de fondo, este proceso va a repetirse una y otra vez, con diferentes personas y diferentes situaciones, por años y años, hasta que la persona se dé cuenta del mecanismo. Entienda que de fondo hay miedo y elija enfrentarlo de manera diferente. Hay tres tipos de personas que le temen al el cazador, la princesa y el constructor de paredes. Esto lo explica la experta alemana en apego Stephanie Stahl en su libro Yes, No, Maybe. Y si bien cada uno de estos tres tipos busca huir del amor, usan mecanismos de defensa. Los cazadores y cazadoras se alejan cuando la otra persona se muestra interesada y se aferran cuando la otra persona ni las mira, cuando las ignora, como le pasaba a Juana. Las princesas y príncipes son aquellas personas que constantemente encuentran defectos en el otro y que por alguna de esas faltas deciden terminar la relación, como Claudia, mi consultante, de quien te hablé al inicio. Los constructores y constructoras de paredes son aquellas personas que van regulando la intimidad, midiendo y manteniendo la distancia. Dedican demasiado tiempo al trabajo, ponen a sus amigos en primer lugar, tienen miles de actividades, agenda llena que le demandan demasiado tiempo, miles de cosas que se interponen entre ellos y la potencial relación para garantizar siempre una muy buena distancia. ¿Qué se esconde detrás del miedo al amor? Mucho, y como todo en psicología, depende de cada persona para ordenar lo que hay en el fondo. Diría que hay dos grandes la social y la psicológica. La social está relacionada a las influencias sociales de la era en la que vivimos, del siglo XXI, que nos impactan a todos. El miedo al compromiso que experimentamos hoy la mayoría de las personas no es casualidad. Tiene que ver con un modo de entender la realidad generalizado. Hay aspectos de nuestra época y que se meten dentro de nuestras psiquis de manera tan profunda que ni nos damos cuenta, pero van moldeando nuestros miedos inconscientes a amar, a comprometernos. A nuestro alrededor vemos vínculos que son cada vez más líquidos, dice Sigmund Bauman. Se refiere a las relaciones marcadas por el contacto efímero, superficial, tan comunes hoy. Esta forma de relacionarnos es propia de la sociedad de consumo en la que vivimos, en la que le damos más valor a la libertad sin ningún tipo de ataduras y a la satisfacción inmediata por encima de los vínculos comprometidos y a largo plazo. En el amor líquido solo importo yo, yo soy así, yo necesito esto y no voy a cambiar por otra persona. Nos cuesta la construcción conjunta, nos cuesta la generación de acuerdos, la comunicación sobre lo que cada uno necesita para crear vínculos sanos que cubran las necesidades de las dos partes. Entonces, cuando el otro no es como esperábamos, lo cambiamos por el que sigue y listo, como hacemos con unas zapatillas que pasaron de de moda. Mientras tanto, como si fuera poco, un ingrediente explosivo se suma al espectáculo las redes sociales que nos bombardean con una imagen idealizada de lo que debería ser el amor. Si el amor es eso que veo en las cuentas de los influencers, entonces nuestras relaciones nunca van a estar a la altura. OK, la pregunta que enseguida me surgió después de investigar la influencia social pero todos estamos bajo este mismo caldo de cultivo de miedo al compromiso, relaciones más fugaces, más líquidas. ¿Por qué entonces, algunas personas desarrollan miedo al amor y otras no? Bueno, porque la segunda causa tiene que ver con algo profundamente individual, lo particular de cada persona, lo psicológico. Hay dos creencias que aparecen de fondo en una persona con miedo al la creencia de que el amor es peligroso, por lo que debemos huir de él, y la creencia de que no somos dignos de amor, que no lo merecemos. Veamos la la del amor como peligroso. Una persona que fue criada en un hogar caótico, con padres que se peleaban mucho o que tuvieron un divorcio destructivo, probablemente tenga la creencia de que todas las relaciones están destinadas a fracasar o que hacen daño. Si creciste en un entorno donde las relaciones amorosas estaban marcadas por conflicto, maltrato o dependencia, es probable que asocies eso al amor, que creas que el amor es maltrato, violencia. Y obviamente que si el amor es ese vínculo violento que yo vi en papá y mamá, lo primero que voy a querer hacer cuando un vínculo se esté tornando más serio, más comprometido emocionalmente, es huir lo más rápido posible. También puede que el miedo venga de nuestras propias experiencias pasadas en el amor. Si tuvimos una relación abusiva, es muy posible que asociemos esa experiencia al amor y que creamos que cualquier vínculo está condenado al sufrimiento o al control. La segunda creencia, la de que no somos dignos de amor, es el alimento principal de una autoestima baja. La falta de confianza en uno mismo puede hacer que no nos animemos a mostrarnos tal como somos porque le tenemos miedo a ser abandonados. Si me siento defectuoso, incompleto, indeseable. Por supuesto que me va a costar mostrarme tal cual soy. Probablemente incluso deje de ser yo misma a la hora de atraer a alguien, como si me pusiera una máscara o interpretara un personaje. ¿El resultado de esto? La desconexión. Porque no es posible conectar con otro cuando no somos auténticos. Quedó pendiente una tercera razón que alimenta al miedo al amor, que además es crucial nuestra crianza. Probablemente no hay una teoría que explique mejor el origen de la filofobia que la teoría del apego. Fue planteada por el psiquiatra y psicoanalista John Bowlby, que ya he mencionado mucho en episodios de este podcast, y él explica cómo influye el vínculo que tuvimos con nuestros padres y madres en nuestros primeros años de vida en la forma que tenemos para vincularnos con como adultos. En la filofobia o el miedo al amor, lo que vemos en general es un estilo de apego evitativo. Niños que aprendieron a reprimir el deseo natural de buscar a sus padres cuando estaban asustados o angustiados porque entendieron que mostrar sus necesidades solo los conduce a más dolor. Hoy, de adultos, esos bebés con apego evitativo suelen ser personas con máscaras de mega independientes. Personas que no necesitan y en realidad es que no saben o no pueden pedir apoyo de otras personas. Personas a las que les cuesta mucho la intimidad emocional porque les da terror mostrarse vulnerables. Si querés ser mucho más en detalle sobre este estilo de apego, te recomiendo escuchar el episodio 50 de la temporada 1 llamado Apego evitativo, Por qué necesito distancia. Está buenísimo. Antes de seguir, frenemos unos segunditos. Trabajar en el apego es muy complejo porque está asociado a nuestras experiencias tempranas. Cada tipo de apego inseguro tiene conductas muy arraigadas que son difíciles de modificar sin la ayuda correcta. En esos casos, la terapia psicológica puede ayudar mucho. Justamente para trabajar en ese tipo de procesos transformadores es que creamos Psi Mamoliti, que es una clínica de salud mental con más de 150 profesionales psicólogos y un montón de recursos online disponibles en nuestra página web Similiti. Ahora sí, volvamos al episodio. Llegamos a la parte práctica de este podcast. Si reconociste que quizás le tenés algo de miedo al amor o incluso notaste que tenés filofobia, quiero regalarte algunas recomendaciones para empezar a afrontarla. Antes, el disclaimer de siempre. Este podcast no reemplaza al proceso terapéutico, pero sí puede ser el puntapié inicial para reconocer que necesitamos ayuda. Comencemos. Lo primero, como siempre, es entender lo que nos está pasando, La toma de conciencia. Tengo que poder hacerme a mí mismo la puede ser que debajo de alguno de mis comportamientos habituales haya algo de miedo al amor. Segundo, investigar qué se esconde detrás de ese miedo. Vamos a ponerlo en palabras. Como hay muchas causas que pueden estar debajo de la filofobia, es clave que vos descubras las tuyas, tus causas. No es lo mismo tener miedo a que una persona me conozca porque siento que no soy digno de ser amado, al pánico de que terminemos siendo como mis padres. No es lo mismo el miedo de volver a construir un vínculo tóxico como el que tuve con mi ex, que el miedo a perder mi independencia o miedo a ser controlada. Entonces acá un mini ejercicio de autorreflexión. Respondete estas preguntas con mucha sinceridad. Trae a tu mente la última vez que te hayas alejado de alguien que mostraba un profundo interés por vos, un interés genuino. ¿Cuándo apareció el miedo? ¿Qué fue lo que generó tu necesidad de huir? ¿Podés encontrar ese mismo desencadenante en alguna relación anterior? ¿Qué te da miedo que pase si te enamoras? ¿Cuál es el primer momento de tu vida en el que sentiste miedo al amor? ¿Podés identificarlo? ¿Hay alguna experiencia pasada que puede haber influido? ¿Qué historias, qué excusas te contás para justificar tu miedo al amor? ¿Te decís que no hay opciones que valgan la pena? ¿Te decís que NO necesitas de nadie y estás muy bien solo o sola? ¿Crees que todas las relaciones necesariamente van a terminar mal? Puede que no aparezcan respuestas ahora, sino que surjan más adelante. Algo que me apasiona del podcast es que en general, las preguntas quedan resonando en nuestras mentes que sigue trabajando sobre ellas. Y en algún momento, cuando menos lo esperamos, las respuestas aparecen. Tercera recomendación. Reconoce cuáles son tus mecanismos de defensa. Esto es súper importante porque sobre ese mecanismo de defensa es donde tenemos que empezar a trabajar. ¿Sos una princesa, un cazador o un constructor de paredes? ¿Sos de los que empiezan siempre a buscar defectos o de los que idealizan a personas que no están disponibles? Tal vez sos de los que pasan demasiado tiempo en el trabajo o con amigos y nunca encuentran, no tienen tiempo para dedicar un momento a salir con alguien. Por ejemplo, si sos una princesa o príncipe y por ende tu mecanismo de defensa es encontrarle defectos a todas las personas con las que salís, es clave que estés atento cuando esa actitud salga a la luz para poder cacharte en ese mecanismo. Y ahora se activó mi mecanismo princesa. ¿Esto que estoy viendo como un defecto en el otro es importante a la hora de construir un vínculo sano de pareja? ¿Es realmente una falla a la hora de elegir un compañero de vida o lo estoy sobredimensionando porque en realidad tengo miedo? Cuarta Trabajá por soltar las experiencias del pasado, perdonarlas y dejarlas ir. Que te hayan hecho daño en el pasado no significa que eso sí o sí tenga que volver a pasar. Sos diferente a quien eras allá atrás, tenés otras herramientas hoy. Si tuvimos experiencias complicadas en el pasado, si nos sentimos rechazados o minimizados, trabajemos por aceptarlas. Recordá que no te lastimó el amor, sino una persona en concreto. Busquemos espacios que nos permitan sanar esto que pasó. Identificar qué querés realmente de ahora en más. Este es el momento para sincerarte con vos mismo, con vos misma. Nuestro primer compromiso siempre tiene que ser con nosotros, así que tómate un momento y respondete a las siguientes ¿Qué significa el compromiso para mí? ¿Cómo imagino una relación sana? ¿Cómo se ve? ¿Cuáles son mis verdaderas necesidades en una relación? ¿Lo que estoy haciendo me permite conseguirlo? ¿Las personas con las que suelo salir y engancharme me permitirían tener ese vínculo que yo quiero? ¿Qué partes mías no muestro cuando me vinculo con otras personas qué escondo? Los muros que levantamos para no conectar con otros no nos protegen, sino más bien nos aíslan. Y las personas nacimos para conectar. Está demostrado que sentirnos conectados aumenta nuestra salud física y mental, e incluso el extiende nuestra calidad y años de vida. El opuesto del amor no es el odio, sino el miedo. Y el miedo es entendible porque conectar con otros puede traernos dolor, pero también felicidad. Siempre hay un precio a pagar por algo que nos enriquezca. El miedo a la intimidad es válido y hasta esperable. Si tuviste experiencias que te hicieron creer que el amor es un peligro o que siempre va a ser doloroso, destructivo. Pero ¿No es peor nunca haber sentido el calorcito de la intimidad? ¿No es peor quedarnos aislados, desconectados, que enfrentar el potencial dolor que puede traernos conectar con otros? Cuando nos animamos, cuando asumimos el riesgo de que las cosas no salgan como queremos porque sabemos que la recompensa es enorme, aparece la magia. ¿Cómo sería tu vida si con miedo y todo, lograrás animarte a amar, a conectar? ¿Y si en realidad todo eso que te da tanto miedo nunca sucede? Si te gusta este podcast, te invito a seguirnos, rankearnos y compartir nuestros episodios. Te recuerdo que Psicología el Desnudo no es solamente un podcast, sino que detrás de él hay una clínica de psicoterapia virtual. Podés encontrarnos como Psicología al Desnudo. Es una producción de Psi Mamoliti en colaboración con Posta.
Filofobia o miedo al amor: ¿Por qué nos da miedo el compromiso?
Host: Marina Mammoliti (@psi.mammoliti)
Fecha: 17 de octubre de 2024
En este episodio, la psicóloga clínica Marina Mammoliti explora la filofobia, o miedo al amor, desmenuzando cómo se manifiesta en la vida cotidiana, sus raíces psicológicas y sociales, y brindando herramientas prácticas para detectarla y enfrentarla. El objetivo es entender por qué, aunque deseamos vínculos amorosos, a veces nos saboteamos o huimos del compromiso, y qué podemos hacer al respecto.
“Claudia, ¿puede ser que seas vos quien no está disponible para una relación?” – Marina Mammoliti [03:19]
Este episodio ilumina cómo, muchas veces de formas invisibles, el miedo al amor y al compromiso opera en nuestra vida afectiva, y propone mirarlo de frente, entender su origen y animarse, así sea con miedo, a construir vínculos más sanos y auténticos.