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¿Vos también creíste que si no eras un crack en matemáticas, no eras inteligente? A ver qué respondés al siguiente. Hay dos alumnos en una misma Joaquín y Germán. Joaquín es un genio total con los números. Puede resolver ecuaciones en un abrir y cerrar de ojos. Sin calculadora. Te sorprende las cuentas dificilísimas que puede hacer. En su cabeza, Germán no puede hacer ni una simple suma. ¿Quién es más inteligente de los dos? No importa que te parezca una obviedad. Respóndetelo. ¿Lo tenés? OK, conozcámoslos un poco más. A Joaquín, crack de las matemáticas, le apasiona viajar. Es excelente calculando tiempos y costos. Siempre elige la opción que maximiza el beneficio entre tiempo y dinero invertido. A Germán también le encanta viajar, pero no se toma el tiempo de analizar costo beneficio y eso hace que termine pagando más. Te repito la ¿Quién es más inteligente? Necesito que lo pienses ahora. Si Joaquín tiene que hablar con otra persona para pedirle o preguntarle algo, se muere de miedo, se bloquea, se pone en blanco, no puede. Se ruboriza por completo y no le sale la voz. Habla para adentro, con tono bajito, la boca cerrada. No sabe interactuar con otras personas. Germán, en cambio, tiene una habilidad increíble para entender a la gente, para resolver conflictos de manera muy efectiva. Leer a las personas, saber exactamente lo que quieren. Sabe entrarles para calmarlos y sacar lo mejor de ellos. Es excelente para liderar grupos. ¿Quién es el más inteligente de los dos? Charles Darwin fue catalogado como un chico que se encontraba por debajo de los estándares comunes de la inteligencia. Leonardo da Vinci fue diagnosticado como retrasado mental. En su época se decía que tenía dificultades de aprendizaje y dislexia. Hoy es uno de los genios más influyentes de todos los tiempos en el mundo de la pintura y la escultura. Albert Einstein era, a los ojos del sistema educativo, un niño lento para aprender. ¿Quién hubiera pensado que ese niño albergaba una de las mayores habilidades para la física y la matemática, lo que lo llevó a desarrollar la teoría de la relatividad y a ganar el Premio Nobel de física en 1921? Thomas Edison fue expulsado de la escuela a los 8 años por ser considerado un retrasado mental. Pero patentó más de mil creaciones a lo largo de toda su vida, como el fonógrafo o la bombilla de luz que hoy todos usamos ante los ojos del sistema educativo. Thomas nunca iba a llegar a ningún lado y la lista es interminable. Personas que han cambiado el curso de la historia fueron considerados todos tontos, inútiles y sobre todo, poco inteligentes. Pero ¿Qué es ser inteligente? ¿Qué define que alguien sea o no sea inteligente? ¿Por qué llamamos inteligente a alguien cuando es rápido en matemáticas o porque sabe de memoria las tablas o algunas fechas importantes de la historia mundial? ¿Existe una sola manera de ser inteligente? Hoy te propongo un viaje. Vamos a sumergirnos en las investigaciones del último tiempo para desmenuzar esta idea de quién sí es inteligente y quién no lo es. Vamos a hablar de las inteligencias. Sí, las inteligencias, en plural. ¿Me acompañás? Esto es Psicología al Desnudo, el podcast de salud mental de Psi Mamolitti. Soy Marina Mamolitti, Marina, psicóloga clínica. Y en esta nueva temporada sumamos video para que además de escucharnos, podamos vernos cara a cara, estar más cerca. ¿Buscas un cambio? Llegaste al lugar indicado. En el episodio de hoy Soy inteligente. La verdad detrás del coeficiente intelectual. Todos, modernos, medimos la inteligencia de una u otra manera. Evaluamos qué tan inteligentes son los demás a partir de sus logros, qué tanto saben de un tema o qué tan ingeniosos son para responder preguntas. Sacamos conclusiones rá no sabes, esta persona es re inteligente, o este otro, la verdad no es muy inteligente. ¿Pero qué me decís si te digo que no existe una sola forma de ser inteligente? ¿No es más inteligente quien puede resolver operaciones matemáticas complejas que una persona que se transforma en un líder de un grupo enorme de personas porque sabe contagiar sus ideas y motivarlas? No existe algo así como una única inteligencia. La inteligencia es posiblemente uno de los conceptos más complejos de los que haya estudiado la psicología. Y como es tan complejo, la mejor manera de entender un poco a qué nos referimos cuando hablamos de inteligencia es yendo a sus orígenes. Desde hace mucho tiempo, los seres humanos intentamos entender a la inteligencia. Pensadores como Platón o Aristóteles ya lo hacían cuando intentaban descifrar qué es lo que convertía a un hombre en sabio, en conocedor. Recién En el año 1905, la inteligencia pasó a pensarse como un elemento medible y evaluable. Fue de la mano de Alfred Binet psicólogo francés, y su colega Theodore Simon, que apareció la primera versión de la prueba de inteligencia conocida como Scala Binet Simon, el famoso test de la edad mental. Ese test evaluaba tu pensamiento lógico, matemático y lingüístico y predecía qué edad mental tenías. Edad mental, claro, se referían a que si un nene de 8 años obtenía los mismos resultados que la mayoría de otros nenes de 10 años, su edad mental era entonces de 10 años. Tenía algo así como dos años mentales más. Y así se entendió la inteligencia unos cuantos años. Tiempo después, aparecieron otros psicólogos, Lewis Terman y William Stern, y ampliaron el test de la edad mental. Introdujeron el famoso término de cociente intelectual y propusieron una fórmula matemática para calcularlo. Y voilà. Era todo lo que ese momento de la historia necesitaba. Una fórmula para medir. El tema del cociente intelectual era así Se dividía a la edad mental que la persona había obtenido en el test de Binet por su edad cronológica y se multiplicaba ese resultado por 100. Es decir, si tenías 10 años mentales y tu edad cronológica era de 8, tenías un coeficiente intelectual de 100. 125. Con ese puntaje, tenías la fortuna de ser considerado inteligente. Si era menos, bueno, mala suerte, eras medio tonto y toda tu vida quedaba marcada por ese numerito. Porque el coeficiente intelectual era considerado un dato genético, no podía ser modificado. Algo así como una etiqueta que traías desde la cuna que iba a marcar tu destino a futuro y sobre el que no podías hacer absolutamente nada por modificar más que aceptarlo y adaptarte a él. Hasta ahí todo parecía cerrar. Matemáticamente tenía sentido. Pero esta manera de medir la inteligencia tenía muchos problemas que se vieron reflejados en la educación de aquella época, con consecuencias súper dolorosas. Por ejemplo, personas sin acceso a la educación o que no se destacaban en las áreas evaluadas por el test, que recordemos, eran la matemática y la lingüística, no solían alcanzar los puntajes promedio y eran catalogados y estigmatizados de por vida como tontos. Lo que se transformaba en una etiqueta que determinaba quién eras en la vida y lo más terrible, quién podías llegar a ser. Cuál era tu tope. En 1983, la cuestión cambia por completo, afortunadamente. Para contarles cómo es que cambia, les presento a Howard Gardner. Un psicólogo estadounidense hijo de refugiados de la Alemania nazi y se dedica a comunicar sobre inteligencias. Este hombre marcó un antes y un después en la manera en la que entendemos hoy a la inteligencia. Se dio cuenta de que la forma tradicional de medir la inteligencia con esos test solo se enfocaban en cosas como la lógica, la matemática o el lenguaje. ¿Pero qué pasaba con esa persona que era capaz de dibujar planos enteros sin ninguna guía, o con esa otra persona súper talentosa para cualquier deporte, de esas que les das cualquier pelota y sabe qué hacer o con esa otra persona que toca más de seis instrumentos muy bien aunque nunca haya estudiado música? La inteligencia es mucho más que saber analizar textos y sacar cuentas. ¿Y si no existe una sola inteligencia, si no muchas? Gartner concluyó después de décadas de estudios que no todos procesamos la información de la misma manera ni resolvemos igualmente los problemas. Así creó entonces la teoría de las inteligencias múltiples. Le contó al mundo que los seres humanos tenemos diferentes tipos de inteligencia que varían de persona a persona. Es como si dentro de nuestra mente tuviésemos varias computadoras que cumplen funciones diferentes. Todos tenemos todas las inteligencias, pero ninguno en la misma proporción. Tenemos mezclas, combinaciones de diferentes inteligencias en distintos montos. Es decir, cada uno de nosotros tiene una manera única de ser inteligente. Cada mezcla de inteligencias es única, como nuestra huella digital. Por primera vez en la historia se habló de que habían muchas inteligencias y aparecieron entonces los primeros ocho la lingüística, la lógico matemática, espacial, musical, corporal cinestésica, intrapersonal, interpersonal y naturalista. Al día de hoy, las neurociencias de los últimos años respaldan la teoría de Gardner y han dado a conocer una afirmación El éxito en la vida no se limita solo al coeficiente intelectual. Es más, depende principalmente de otras habilidades que no se miden en test de inteligencia. La capacidad de controlar nuestros impulsos, capacidad para motivarnos a nosotros mismos con entusiasmo. La capacidad de perseverar a pesar de las frustraciones, de aguantar las gratificaciones instantáneas en pos del beneficio futuro, de regular nuestros propios estados estados de ánimo o de evitar que la angustia interfiera en nuestros proyectos. La capacidad de empatizar y confiar en los demás. Hay personas con un coeficiente intelectual súper elevado que tienen miles de dificultades para triunfar en la vida porque no tienen habilidades emocionales. Y personas con un coeficiente intelectual bajo que son súper exitosas porque sí tienen un buen cohete control emocional, si tienen perseverancia y si tienen motivación. Lo que distingue a los líderes destacados en sus áreas de expertise de aquellos con habilidades similares pero menos éxito es la práctica constante a lo largo de los años. Y ahí está el la perseverancia depende de factores emocionales como el entusiasmo y la autodisciplina. Más allá del talento innato, el éxito en la vida depende en gran medida de la motivación, una habilidad puramente emocional que no tiene nada que ver con la genética o las matemáticas. Y este es precisamente el problema. Porque todo bien con la inteligencia lógico matemática o la lingüística, pero estas por sí solas no ofrecen la preparación que necesitamos para las miles de dificultades o de oportunidades a la que nos vamos a enfrentar a lo largo de la vida. Lo que nos va a ayudar a atravesar la vida con más liviandad son las habilidades emocionales, nos guste o no. La novena inteligencia Viajemos al interior de cada inteligencia, una por una. Fijate si alguna te resuena más o si notás que definitivamente no tenés esa desarrollada en vos. Comencemos con la inteligencia lingüística. ¿Viste esas personas que se expresan increíble? ¿Que siempre encuentran las palabras justas para expresar sus emociones? Bueno, así se ve en la inteligencia lingüística. Son personas que podrían destacarse en debates o discursos, que logran transmitir sus ideas de manera clara y persuasiva. Personas con habilidades para dar clases o para hablar frente a otros, para explicar conceptos, transmitir cosas de manera simple, redactar, escribir. La segunda inteligencia es la lógico matemática. Esta es la histórica y famosa inteligencia. Es la que se nos viene instantáneamente a la cabeza cuando pensamos en alguien Einstein, Newton, números, matemáticas. La inteligencia lógico matemática está relacionada con la habilidad de resolver problemas abstractos, como cálculos matemáticos súper complejos o tener desarrollado el pensamiento crítico. Son esas personas que disfrutan resolviendo problemas como el sudoku, por ejemplo, o que encuentran satisfacción en calcular mentalmente porcentajes durante las compras en el supermercado o haciendo un Excel para comparar opciones antes de tomar una decisión. Inteligencia Número 3 La Visual Espacial ¿Alguna vez viste Art Attack? Era un programa de televisión artístico que mostraba algo así como tutoriales para hacer arte en casa. En el programa había una sección en la que había un hombre que solamente con un tarro de sal y un piso oscuro podía dibujar figuras increíbles y terminaba creando una obra de arte que parecía muy fácil, pero que si vos lo intentabas hacer te dabas cuenta que era casi imposible. Bueno, este señor tenía este tipo de inteligencia. Las personas con estas habilidades pueden ubicarse en el espacio y suelen tener la capacidad de crear imágenes mentales con mucha facilidad. Pueden expresarse artísticamente a través del dibujo o de la pintura, por ejemplo. La cuarta inteligencia es la inteligencia musical, músicos, cantantes, cantautores, personas que tienen habilidades para apreciar, entender y ejecutar música. ¿Viste esa gente que puede identificar rápidamente las notas de una canción o que tiene facilidad para aprender a tocar un instrumento? Bueno, tienen inteligencia musical o por ejemplo quienes tienen oído absoluto, que es esta capacidad de identificar o reproducir una nota musical específica enseguida que se oye, sin necesitar la referencia de otras notas. Quinta inteligencia corporal cinestésica, Aquí encontramos a actores, deportistas, bailarines. Es la capacidad de usar el cuerpo de manera hábil y coordinada. Son esas personas que tienen mucho control sobre su cuerpo, mucho equilibrio, control físico. Un buen ejemplo de esta inteligencia era Michael Jackson, que tenía una capacidad increíble de generar movimientos nuevos, coreográficamente diferentes, modos creativos de moverse que nunca se habían visto antes. Inteligencia 6 La intrapersonal. Personas reflexivas con tendencia a explorar su mundo interior, pueden reconocer fácilmente sus emociones y sus pensamientos y se sienten muy motivados por el autoconocimiento. Los grandes pensadores y filósofos de la historia sin duda contaban con esta inteligencia, probablemente vos que escuchás este podcast la tengas también. Tiene que ver con la posibilidad de tomarse el tiempo para reflexionar sobre las propias emociones y experiencias, y son personas que suelen disfrutar de actividades como la meditación, escribir, el journaling y suelen estar en búsqueda constante de autoconocimiento y crecimiento personal. La siguiente es la inteligencia interpersonal, son los famosos líderes natos. Esta inteligencia tiene que ver con la capacidad de entender y relacionarse efectivamente con los demás, con la habilidad de conectar genuinamente con otros. Suelen ser guías de sus personas cercanas en tanto modelos a seguir o mediadores naturales. Viste esas personas que son excelentes para ayudar a un amigo a resolver un problema dando consejos y apoyo emocional, o que son impecables para mediar en una discusión entre dos personas y encontrar una solución pacífica cuando las otras dos personas están enojadísimas, o pueden trabajar en equipo, escuchando y valorando las ideas de los demás y encontrar soluciones compartidas, aunque las posturas sean opuestas. Bueno, esas personas tienen inteligencia interpersonal. Entre los famosos, podríamos decir que personas como Mac Andy o Winston Churchill tenían esa inteligencia. Octava. Naturalista. Es la habilidad de conectar con el mundo natural. Personas que disfrutan de acampar o que podrían quedarse horas contemplando un paisaje. Hasta acá tenemos las ocho inteligencias que planteó Howard Gardner. Pero hay una inteligencia más que además es para mí la más importante para triunfar en la la inteligencia emocional. Para entenderla mejor, te voy a contar una historia. Jason era un chico muy inteligente y ambicioso. Estudiante de segundo año del instituto de Coral Springs, en Florida. Sacaba puros excelentes, nunca una nota baja. Su sueño era entrar en la Universidad de Medicina de Harvard. Pero un día, su profesor de física le dio una nota baja. Aplastó sus sueños. ¿Sabes cuál fue su reacción? Agarró un cuchillo y se lo clavó en la clavícula. Sí, y lo más loco es que el juez lo declaró inocente. Dijeron que estaba en un cuadro psicótico cuando atacó a su profesor. Jason confesó que pensó en suicidarse al ver la nota baja, pero que antes quería dejarle claro al profesor que la única razón de su suicidio era esa calificación. Después de todo este drama, Jason termina graduándose con las notas más altas en una escuela privada. ¿Cómo puede una persona con tan alto nivel de inteligencia llegar a cometer un acto tan poco racional? La respuesta está en que ser inteligente, académicamente hablando, no significa que sepas manejar tus emociones. Incluso las personas más brillantes, matemáticamente hablando pueden cometer actos rarísimos y poco lógicos completamente tomados por sus emociones. Porque la inteligencia lógico matemática y la inteligencia emocional son diferentes. Daniel Goleman, psicólogo y escritor estadounidense, fue el creador del término de inteligencia emocional. La describió como la capacidad de tomar conciencia de nuestras emociones y usarlas a nuestro favor. La inteligencia emocional es para mí la reina de las inteligencias, porque es la base que permite que todas las demás inteligencias brillen, se expandan. Sin la inteligencia emocional, evolucionar el resto de las inteligencias puede ser difícil. Y lo mejor es que para desarrollar nuestra inteligencia emocional no necesitamos estudiar un montón ni hacer diplomatura en emociones. Podemos entrenarla todos los días. Aunque necesitamos disciplina porque es algo cotidiano. Y en este caminito, el autoconocimiento es el punto de partida. Si querés conocer el primer paso para desarrollar la inteligencia emocional, te recomiendo escuchar el episodio 87 de la primera temporada, donde hablo de los tres niveles del autoconocimiento. Dato curioso, acá hay mucha evidencia científica de que las personas emocionalmente desarrolladas, es decir, quienes gobiernan sus sentimientos y saben interpretar y relacionarse con lo que sienten los demás, tienen una ventaja significativa en todas las áreas de la vida. En cambio, quienes no pueden controlar su vida emocional viven en luchas internas constantes que debilitan su capacidad de trabajo y les impiden pensar con claridad. Ahora sí llegamos a la parte práctica de este podcast, vamos a hacer algo especial, diferente. Te voy a proponer una especie de juego para que armes tu propio mapa de inteligencias. Algo así como tu carta de inteligencias. Te va a tomar unos 5 minutos más o menos, así que si estás haciendo algo, podés volver a este ejercicio más tarde, cuando puedas detenerte y hacerlo a conciencia. Si podés, buscá una hoja en blanco y algo para escribir. Dale, animate, hazlo conmigo y después me contás. Lo primero que vas a hacer es dibujar nueve circulitos pequeños, uno al lado del otro, y vas a escribir debajo de cada circulito el nombre de cada una de las inteligencias. El número uno va a ser la inteligencia lingüística, el 2 la lógico matemática, el 3 la espacial, el el 4 la musical, 5 corporal, 6 intrapersonal, 7 interpersonal, el 8 la naturalista y el 9 la inteligencia emocional. Ahora vas a ir pintando cada circulito. Si te identificás con lo que te cuento, ya tenés todo listo. Empecemos. Primer circulito. Inteligencia lingüística ¿Disfrutás muchísimo de leer y escribir? ¿Te gusta la idea de redactar historias, guiones, poemas y encontrás placer en juegos de palabras, debates y charlas profundas? Pintalos si te identificás. Inteligencia lógica o matemática ¿Te sentís atraído por los rompecabezas y los problemas que requieren lógica? ¿Te divierten mucho los acertijos? ¿Las matemáticas siempre te resultaron interesantes y te gusta descubrir patrones y soluciones a problemas numéricos? Pintá el circulito si creés que la tenés. Yo ese no lo voy a pintar. Inteligencia Visual Espacial ¿Siempre fuiste bueno con la orientación? Llegás a un nuevo lugar y te orientás enseguida en calles y avenidas. Te gusta dibujar, diseñar o visualizar cosas en tres dimensiones. Es común que puedas pensar en imágenes con mucho detalle y realismo. Inteligencia musical. La música es una parte fundamental de tu vida, ya sea porque tocas un instrumento, cantás o simplemente escuchás música gran parte de tu jornada. Lo disfrutás mucho. La música te recorre realmente, sentís que te enciende algo, te llena el alma. Inteligencia corporal kinestésica Te destacás en actividades físicas como el deporte o la danza, por más que sea solamente ir a jugar al fútbol con amigos, amigas o alguna que otra vez jugar al pádel u otro deporte, me refiero a usar tu cuerpo para expresarte. Te resulta natural y apasionante. La inteligencia interpersonal. Te manejas bien en situaciones sociales, entendés a los demás, Sos una buena mediadora, un buen mediador de conflictos. Sabés leer las emociones de los demás. Inteligencia intrapersonal. Tenés un conocimiento profundo de vos mismo, entendés tus propias emociones, tus motivaciones internas y sos de reflexionar sobre tu vida y tus decisiones. Bastante seguidores. Te gusta meterte en tu mundo interno de lleno. Te parece interesante. Inteligencia naturalista. Sentís una conexión especial con la naturaleza y con los animales. Sos de esas personas que tendrían seis perros o cuatro gatos si pudieran. Te interesan las plantas y sus procesos de crecimiento. Disfrutás de actividades como la jardinería o ir a la montaña y estar en pleno contacto con la naturaleza. Y por último, la inteligencia emocional. Tenés una gran habilidad para manejar y entender tus emociones y las de los demás. Podés leer fácilmente el estado emocional de otras personas y empatizar con ellas. Tenés mucho registro de cómo se sienten los otros. OK, terminamos. Fuiste pintando cada circulito según lo que resonaba con vos. Ahora mirá tu hoja, probablemente hayas marcado más de un circulito y tengas ya tu mapa único y personal de tus inteligencias. Este mapa no es determinante, simplemente es una guía lúdica para entender nuestra mezcla de inteligencias, que además está un poco sesgada por nuestro modo de mirarnos. Por ende no lo tomes como algo rígido o validado científicamente, es solo un primer acercamiento lúdico a nuestro mapa inteligente. Cuando comprendas qué inteligencias tenés y cuáles te faltan y querés desarrollar, porque puede que no quieras ni te interese desarrollar algunas, podés hacer los movimientos necesarios para trabajar con aquellas inteligencias con las que no contás. Y si te interesa conseguir. Y acá un bonus track. Hacé este ejercicio con un amigo, amiga, alguien de tu familia, pareja. Elegí a alguien y decile que lo haga. Es súper interesante ver el contraste de las diferentes inteligencias que tiene desarrollada cada uno. Yo amé hacer este ejercicio porque después de hacer todo esto consciente, me puse en campaña para desarrollar inteligencias que no tengo desarrolladas pero que me encantaría tener, que en mi caso son la corporal y la naturalista. ¿Cuáles son las que vos no tenés desarrolladas y te gustaría hacer crecer? La idea de una sola inteligencia asociada a las matemáticas quedó en el pasado. Hoy sabemos que cada persona tiene un mapa único compuesto por una mezcla de inteligencias que puede ir cambiando a lo largo de la vida. La gran enseñanza es que aunque hoy sepamos que traemos cierta facilidad para algunas inteligencias de fábrica, podemos desarrollar los demás tipos de inteligencias también. Y un último gran spoiler. No te olvides que para el desarrollo de cualquiera de estas ocho inteligencias va a ser clave la inteligencia base, la emocional. No importa qué tan brillantes seamos en matemáticas si no podemos controlar nuestras emociones. Al fin y al cabo, quizás no se trate de ser más o menos inteligentes, sino de qué hacemos con esa inteligencia. Se trata en última instancia, de si esas inteligencias nos permiten acercarnos al bienestar o nos alejan de él. Antes de que termine este episodio, quiero contarte que Simamoniti, el hogar de Psicología al Desnudo. Ahora podés acceder a cursos para seguir construyendo tu bienestar. En cada clase yo te acompaño a trabajar en vos de manera muy profunda para lograr cambios reales. Estos no son solo cursos, realmente son experiencias de transformación. Podés ver los cursos que tenemos disponibles en Cursos. Te dejo el link en la descripción de este episodio. Recordá que podés encontrarnos como o mcmamoliti. Com Psicología al Desnudo es una producción de Psi Mamoliti en colaboración con Posta.
Host: Marina Mammoliti
Fecha: 31 de octubre de 2024
En este episodio, la psicóloga clínica Marina Mammoliti aborda el tema de la inteligencia y desmitifica la creencia común de que solo aquellos brillantes en matemáticas o lógica son realmente inteligentes. A través de ejemplos, historia, y la teoría de las inteligencias múltiples, invita a reflexionar sobre las distintas formas de ser inteligente y la importancia fundamental de la inteligencia emocional. El episodio introduce un ejercicio práctico para autodescubrir nuestro “mapa de inteligencias”, destacando que cada persona posee una combinación única de capacidades que pueden desarrollarse a lo largo de la vida.
Marina describe, una por una, cada inteligencia, invitando a la autoobservación para identificar fortalezas y oportunidades de desarrollo:
Lingüística: Capacidad de expresar y comprender ideas a través del lenguaje.
Lógico-matemática: Resolución de problemas abstractos, pensamiento crítico, satisfacción en patrones numéricos.
Visual-espacial: Facilidad para ubicarse y crear imágenes mentales, capacidad artística.
Musical: Sensibilidad y habilidad para crear, interpretar o disfrutar la música.
Corporal-cinestésica: Dominio y coordinación del cuerpo (deportes, danza, actuación).
Intrapersonal: Autoconocimiento, reflexión sobre emociones y motivaciones internas.
Interpersonal: Habilidad para conectar y comprender a los demás, liderazgo y mediación.
Naturalista: Vinculación y apreciación del mundo natural; interés por animales, plantas y paisajes.
Emocional (la “novena” y para Marina la más crucial): Capacidad para percibir, entender, y gestionar propias emociones y las de otros.
Marina Mammoliti ofrece un episodio esclarecedor y motivador que desafía los supuestos tradicionales sobre la inteligencia, promueve la autoindagación y anima a desarrollar las inteligencias menos presentes en cada uno. El episodio, siempre en un tono cálido y cotidiano, es útil para repensar la educación, el autoconcepto, y la manera de entender el potencial humano más allá de un simple número.
“No importa qué tan brillantes seamos en matemáticas si no podemos controlar nuestras emociones. Al fin y al cabo, quizás no se trate de ser más o menos inteligentes, sino de qué hacemos con esa inteligencia.” (Marina Mammoliti, [44:40])