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Se estima que al menos una de cada diez personas va a desarrollar algún tipo de adicción comportamental a lo largo de su vida. Las más comunes incluyen adicción al juego, redes sociales, compras compulsivas, consumo compulsivo de pornografía y uso excesivo de pantallas. Muchas veces estas adicciones no se notan fácilmente porque no implican una sustancia, pero el impacto puede ser igual de profundo. Estas conductas pueden generar deterioro en la salud mental, problemas en las relaciones y una pérdida de control progresiva. Salir de una adicción es difícil, pero no imposible, y nunca, nunca tenés que hacerlo solo. Si vos, un familiar o amigo, están atravesando problemas con alguna adicción comportamental, podés recibir ayuda gratuita y confidencial contactando con los centros de tratamiento de adicciones de tu localidad o pedir orientación a profesionales de la salud mental. Marcos mira el reloj. Son las 3 de la madrugada. Su teléfono vibra, pero no atiende. Está inmerso en su computadora, repasando la misma apuesta que le falló anoche, preparado para volver a intentarlo. Esta vez seguro sale el subidón de adrenalina cuando hace clic para pagar lo hace sentir invencible. Martín siente que su vida está en pausa porque Sofía no le responde. Hace dos días discutieron por una tontería, pero para él es el apocalipsis. La espera es insoportable. Así que agarra el teléfono, escribe un mensaje larguísimo, lleno de excusas que ni él se cree. Aprieta enviar y se siente un poco más tranquilo, pero sabe que en unas horas va a volver al mismo ciclo. Revisar si está en línea, releer los chats y hundirse en esa necesidad constante de que ella le responda y lo valide. Ana está en otro planeta. No logra despegarse del scroll infinito de las redes sociales. Ya lleva unas tres horas viendo videos de TikTok. Solamente uno más y me duermo, se repite, pero no puede parar. Clara tiene todo bajo control, o eso cree. Está tirada en la cama, rodeada de cajas de envíos que ni siquiera abrió. Su celular vibra con otra notificación. Oferta por tiempo limitado, 20 % off. Le da clic, ni lo duda y ya está navegando entre zapatos, ropa y esa aspiradora robot que juró necesitar pero que nunca va a usar. Cada vez que confirma una compra siente un chispazo de emoción. Pero cuando la pantalla vuelve al gracias por su compra. La emoción desaparece más rápido que su saldo de la tarjeta. Laura está en guerra con su cabeza. Cada noche, cuando todo se calma, llega la tormenta. El jefe que la ninguñó en esa reunión, el mail que nos llegó a mandar, esa sensación de ser un desastre. Aparece toda la ansiedad. Y como siempre, su solución. La heladera. Abre la puerta y arrasa con todo. Chocolate, helado, restos de pizza. Lo mete todo, todo dentro de su cuerpo, como si estuviera apagando un incendio interno. Cuando el atracón termina, solo quedan las brasas, la hinchazón, el malestar. Porque el problema nunca fue el hambre, sino el vacío. Cada una de estas historias, aunque parezcan escenarios muy diferentes, comparten algo. Son acciones muy cotidianas, inocentes, que de repente se convierten en una necesidad. Jugar, mirar redes, comprar cosas que no necesitamos, darnos atracones de comida. Son cosas tan cotidianas que parecen inofensivas. Pero todas comparten el potencial de transformarse en algo más grande. Una adicción que puede tomarnos por completo. Y cuando te querés dar cuenta, ya no sos vos el que decide cuál es la línea fina que divide al placer de la compulsión. ¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando actividades aparentemente inofensivas se vuelven adictivas? Soy Marina Mamolitti, psicóloga, y esto es Psicología al Desnudo, el podcast de salud mental de Psima Moliti donde navegamos juntos en las profundidades de la mente. Hoy presentamos adicciones comportamentales. ¿Qué es lo primero que se te viene a la mente cuando te digo la palabra adicción? Ya, dale. Sin pensarlo, estoy casi segura de que pensaste en drogas, en alcohol o en otras sustancias. Y es habitual, porque son las adicciones que conocemos históricamente. Pero en las últimas décadas, investigadores de todas las disciplinas vienen poniendo el ojo en otro tipo de adicciones. Adicciones que vienen llamando mucho la atención por las consecuencias profundas que tienen en la vida de las personas y de las que en general, todos somos un poco víctimas. Sí, yo y vos también, quizás, aunque no lo sepamos. Se llaman adicciones sin sustancias o adicciones a comportamientos. Comportamientos que a simple vista parecen inofensivos y cotidianos, pero dejan de serlo. Las adicciones a comportamientos, adicciones comportamentales, son estas conductas que repetimos compulsivamente, incluso sabiendo que tienen un impacto en lo que hacemos o dejamos de hacer y que no nos hacen sentir bien, nos restan más que sumar. La palabra adicción viene del latín addictus, que significaba esclavo o condenado. En la antigua Roma, un addictum era alguien que no podía pagar sus deudas y como castigo, el sistema legal lo entregaba como esclavo a su acreedor hasta que saldaba lo que debía. Es decir, si no podías pagar, te entregaban a esa persona y vos tenías que trabajar para ella hasta que saldes lo que debías. De ahí es que viene la palabra adicto, porque se trata de alguien que está esclavizado a algo. En aquel caso era a una deuda. Eso es exactamente lo que somos cuando estamos atrapados en un patrón adictivo. Esclavos de una sustancia o de una conducta que sentimos que no podemos dejar. En lugar de una deuda económica, es una deuda psicológica o emocional. En las últimas décadas, el mundo dio un giro que ni en nuestras fantasías más locas hubiéramos imaginado. Internet lo cambió todo. Y cuando digo todo, es todo. Con celulares en la mano, computadoras al alcance todo el tiempo y las tarjetas de crédito que nos permiten gastar sin ver un billete, es el contexto perfecto para que algunas adicciones se hayan disparado a niveles nunca antes visto. Vivimos hiperconectados, con acceso 24 7 a estímulos digitales que nos bombardean sin descanso. Claro, es el cóctel perfecto para que estas conductas se disparen al infinito. Cóctel ideal para que el placer se vuelva compulsión, para que el disfrute se convierta en necesidad. Aunque no tenemos cifras exactas exactas porque las adicciones varían según el país y el contexto, los números aproximados son impactantes. Escuchá. Entre 150 millones y 750 millones de personas presentan un uso problemático de Internet y redes sociales. Estos son datos de la Sociedad Internacional para la Investigación sobre Adicción a Internet. Eso es como si todos los habitantes de América Latina estuvieran pegados a sus pantallas con adicción al teléfono. Unas 624 millones de personas están atrapadas en el comportamiento de compras compulsivas, según la Revista Internacional de Salud Mental y adicciones. Sí, 624 millones. Eso es dos veces la población de Estados Unidos. Dos veces. La Organización Mundial de la Salud nos cuenta que entre 77 y 231 millones de personas sufren adicción al juego, ludopatía. Es como juntar a toda la población de Brasil en un casino. Y si hablamos de adicción a la pornografía, la Asociación Americana de Psicología estima que este problema afecta a unas 424 millones de personas. Como si toda la Unión Europea estuviera lidiando con eso. Los números son fuertes. Y no son solamente estadísticas. Hablan de millones de vidas afectadas, de relaciones fracturadas, de búsquedas de ayuda desesperada y sobre todo, de la necesidad urgente de hablar del tema. La gran pregunta acá ¿Qué hace que algo que nos da placer se convierta en una necesidad que no podemos controlar? ¿Cómo es que algo que empezó como un simple pasatiempo termina absorbiéndonos por completo? Como es un tema tan amplio y tan fascinante, voy a desglosarlo en varios episodios. Este es el una introducción a las adicciones comportamentales. Después vamos a meternos más en profundidad con la adicción al juego o ludopatía, adicción a redes sociales, a la pornografía, a las compras. Pero hoy vamos a empezar por lo básico, qué son las adicciones comportamentales. Así que ponete cómodo, ponete cómoda que ya empezamos. Son mucho más que malos hábitos o conductas que repetimos. Las adicciones, en cualquiera de sus formas, tienen un núcleo común. Hay una pérdida de control. En el caso de las adicciones comportamentales hablamos de una conducta que al igual que una sustancia, nos da placer, calma o escape y con el tiempo puede terminar tomando las riendas de nuestra vida. Lo que empezó como algo casual, cotidiano, algo que todos hacen como revisar un ratito las redes sociales, jugar un videojuego, ver pornografía o hacer compras online, puede convertirse en una compulsión que afecta a nuestras relaciones porque dejamos de estar presentes en los vínculos reales, a nuestro trabajo porque empieza a afectar a la concentración o postergamos responsabilidades y a nuestra salud mental y física porque nos lleva a ciclos de ansiedad, de culpa o de aislamiento. En el 2017 arranqué un posgrado sobre consumo problemático de sustancias y comportamientos en la facu de Psicología en la que me recibí. Y claro, entré con la idea de encontrar respuestas simples a preguntas ¿Por qué alguien se vuelve adicto a algo o cómo se sale de ahí? Pero apenas empezó la primera clase, me di cuenta de algo. No hay respuestas simples. Lo primero que entendí es que el fenómeno de las adicciones no es algo que podamos reducir a un no se sabe controlar o no tiene la voluntad para dejar. Las adicciones tanto a sustancias como a comportamientos, son fenómenos complejos en los que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales. No es solamente una cuestión de fuerza de voluntad. Ese posgrado me hizo meterme en un mundo que me apasionó. El profesor dijo en la primera clase algo que me quedó cuando hablamos de adicciones, lo importante no es la sustancia o el comportamiento en sí. No nos enfoquemos en el alcohol, en la cocaína o en las maquinitas tragamonedas. No, no. Lo importante es la relación que la persona establece con eso. ¿Qué quiso decir él? Que no todo el que toma alcohol, juega videojuegos o hace compras online siempre va a terminar siendo adicto. El problema no está en el objeto o en la conducta per se, sino en cómo y por qué algo que podría ser inofensivo se transforma en el centro de la vida de alguien. Y ahí es a donde la cuestión se complejiza. ¿Y acá viene el por qué esta mirada me apasionó? Porque este enfoque lo cambia todo. Dejamos de culpar al alcohol, dejamos de culpar a las redes sociales, a la pornografía o a la comida, y empezamos a mirar un poco más profundo. ¿Qué está buscando esa persona en esa relación con esa sustancia o con ese comportamiento? ¿Qué le está pidiendo? ¿Quiere escapar de algo? ¿Quiere tapar un vacío? ¿Quiere calmar la ansiedad? Y digo que este enfoque lo cambia todo porque cuando entendemos que tenemos que dejar de demonizar la sustancia y entender qué busca la persona cuando se relaciona con eso, el modo de sanar la adicción ya no es solamente dejar de consumir eso que nos hace daño. Va más profundo. Se trata en realidad de entender qué es lo que necesitamos de verdad, qué es lo que le estamos pidiendo a eso para dárnoslo, pero de una forma más sana, sin necesidad de recurrir a la adicción. Porque quizás no es hambre, quizás es un vacío emocional. Capaz lo que realmente necesitas es relajarte después de un día pesado. Y cuando te das cuenta de eso, podés cambiar el atracón de helado por otra una ducha caliente, salir a caminar y de repente el helado, el atracón deja de ser la única solución. Quizás no scrolleás horas y horas en redes sociales solamente por entretenimiento, sino que en realidad lo que estás buscando es conexión porque te sentís solo y en ese caso mandar un mensaje a un amigo para juntarte un rato, eso puede darte lo que de verdad necesitas sin necesidad de perderte horas en la pantalla o quizás esas compras online compulsivas no son porque necesitas esa blusa o esa prenda nueva, sino que en realidad querés salir del aburrimiento o de la monotonía. Cuando entendemos qué vacío está llenando la adicción y nos damos esto que en realidad necesitamos, la adicción desaparece. ¿Y por qué es que las adicciones comportamentales hoy son cada vez más y más comunes? Principalmente porque vivimos en una sociedad diseñada para capturar nuestra atención. Hoy todo está a un clic de distancia, querés una película, Netflix, querés comida, alguna app de delivery, ropa, tenés tiendas online de lo que busques o incluso compañía, tenés apps de citas listas para machear con alguien y ahí está, al alcance de tu celular o computadora sin importar dónde estés o qué hora sea. Ahora, esa misma sobreestimulación constante tiene su lado B. Pueden ponernos en riesgo y abrir la puerta para que esas conductas se metan en nuestra rutina hasta que nos controlan más que nosotros a ellas. ¿Y en qué momento es que algo que disfrutás se convierte en una adicción? Es decir, ¿Dónde está el límite entre el placer o una dependencia que te complica la vida? Las adicciones a comportamientos comparten mucho con las adicciones a sustancia como el alcohol, la cocaína u otras drogas ¿Por qué? Porque activan exactamente las mismas áreas del cerebro, esas mismas que nos dicen más, quiero más. La diferencia está en el detonante, en el desencadenante. Acá no hay una sustancia química, es una conducta, pero no cualquier conducta, sino una que nos engancha y no nos suelta. Para entenderlo necesitamos meternos en nuestro cerebro. Veamos. Todos tenemos un sistema de recompensa cerebral, algo así como el motor central. El cerebro es un sistema bastante complejo y está compuesto por varias estructuras. Es un sistema genial porque está diseñado para que repitamos cosas que son esenciales para comer, socializar, tener sexo, alcanzar logros. Y en este sistema la jugadora estrella se llama dopamina, que es una hormona que podríamos decir que es algo así como la mensajera de las buenas noticias en el cerebro. Es un químico interno que se activa cuando algo nos da placer. Como cuando comemos nuestra comida favorita o escuchamos una canción que nos encanta. Es el químico de la satisfacción. Y el trabajo de la dopamina básicamente es decirle a tu hey, eso estuvo buenísimo, me encantó, hagámoslo de nuevo. Su función es súper noble. Nos impulsa a buscar eso que nos hace bien. Hasta ahí todo perfecto. Pero acá viene el En las adicciones, este sistemita tan noble se hackea. Las conductas adictivas secuestran a este sistema de recompensa. Cuando una conducta activa este botón de felicidad demasiadas veces o de manera poco saludable, el cerebro empieza a necesitar más y más y más para sentir el mismo nivel de satisfacción. Entonces lo que al principio era puro placer ahora se convierte en una urgencia. Por comprás algo después de un mal día y sentís alivio. Pero con el tiempo ese alivio dura menos y necesitas hacer otra compra y otra más grande para volver a sentir lo mismo. El cerebro se acostumbra a esa dopamina extra y la necesita cada vez más para sentir el mismo nivel de satisfacción. El sistema de recompensa se desajusta entonces y empieza a exigir más estímulo para funcionar. Es decir que la necesidad de repetir esa conducta se vuelve cada vez más intensa mientras que el placer que nos produce va disminuyendo. Y ahí aparece el círculo vicioso. Hacemos algo que nos da placer, por ejemplo, después de un día estresante nos compramos esa blusa que nos encantó. Por unos minutitos sentimos alivio, como si esa compra compensara el mal día. Pero el efecto dura cada vez menos y con el tiempo esa sensación de recompensa es cada vez más chiquitita. La emoción de la compra dura cada vez menos y de hecho puede hasta venir acompañada de culpa por haber gastado más de la cuenta, por ejemplo. Y la próxima vez vamos a necesitar más hacer otra compra más grande o más frecuente para sentir ese mismo alivio de antes. Y ahí perdemos el control. Y aunque vemos las consecuencias negativas, no podemos parar a pesar de los gastos que acumulamos o del malestar emocional que sentimos después. Esa conducta que al principio te daba placer ahora parece ser la única forma de calmar la incomodidad. Pero ya no te alivia como antes. Solamente te mantiene atrapado. Quizás hasta ahora ven, venís. ¿No, yo no soy adicto a nada, o por el contrario, te preguntás si todo lo que te gusta podría ser una adicción? Porque usamos un montón en la vida cotidiana la palabra adicto como con mucha liviandad no, yo soy súper adicta al café, yo soy súper adicTA a Netflix. Pero ojo, no todo es una adicción. Ahora, tampoco minimicemos lo que sí lo es. Así que para dejar las cosas claras, vamos a ponerle nombre y apellido a las adicciones. No vamos a definirlas solamente con la sensación subjetiva de que algo nos tiene enganchados, sino que lo vamos a hacer con las características que usa la ciencia y en particular el DCM 5, que es el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Y vamos a ir con eso, a identificar cuándo es que estamos frente a una adicción de verdad. Veamos cómo se ve todo esto en carne y hueso. Te voy a contar la historia de Juan. Juan tiene 24 años y como muchos de nosotros, empezó usando Instagram sin pensar demasiado en eso. Un día Juan sube una foto y para su sorpresa, los me gusta explotaron. Carol no esperaba ver tanta validación, pero ahí estaba una ola de comentarios, de emojis, de fueguitos, le decían que se veía increíble. Y esa ola de validación le tocó algo adentro. Aunque a veces se siente inseguro con su cuerpo, esos comentarios le devolvieron una imagen que le encantó. Y claro, su cerebro no paraba de liberar dopamina. Placer puro. Por supuesto que después quiso más, y con el tiempo Instagram dejó de ser un reflejo de su vida y se convirtió en el motivo para vivirla. Empezó a estar todo el día pensando en redes, qué fotos subir, cómo posar, cómo editar. Estaba en clase y no podía prestar atención. Su mente realmente estaba atrapada en las notificaciones y en el cómo generar mejor contenido. Instagram se volvió su rutina diaria adictiva. Juan se despierta y lo primero que hace es revisar si sus seguidores subieron durante el día. Siente como una especie de urgencia. Tiene que subir una foto, aunque sea de una salida con amigos, a la que realmente no tenía ni ganas de ir. Pero cómo no va a ir si necesita ese contenido para mostrar cuando las personas que tiene alrededor le Juan, estás todo el día con el celu. Él lo minimiza no exageren. Todo el mundo lo usa. Y ahí está el problema, porque Juan tiene razón. Es tan común que nadie lo señala como algo grave. Está tan naturalizado que parecería inofensivo. Este tipo de adicciones pasan desapercibidas. Pero mientras todos fingen que no es un problema, las consecuencias para Juan empiezan a acumularse. Claro, todavía no se da cuenta de lo que está perdiendo. La facultad de Juan va en picada. Las cenas familiares son solamente un momentito para sacarse una foto y subirla. Sus relaciones empiezan a ser cada vez más superficiales. Sus seguidores siguen subiendo y él cree que eso lo hace feliz. Hasta que un día le pasa algo. Su teléfono se queda sin batería en el casamiento de su tía. Entonces la ansiedad lo invade. Se siente nervioso, como incómodo. Siente como un malestar que no puede explicar. Su familia está bailando, está disfrutando, pero él no puede estar presente. Y no para de pensar en que necesita un cargador. ¿Que no llevó? Necesitó un enchufe. Y de repente, todo el evento se vuelve sombrío y Juan termina yéndose a su casa a cargar el celular. Llega a la casa, conecta el cargador y espera. Y cuando la pantalla se vuelve a encender, suspira. De ahí en adelante, algo cambia. Él se da cuenta que su teléfono está controlando su humor. Esos likes ya lo llenan de la misma emoción. La felicidad se empieza a diluir. Pero aunque no lo disfruta como antes, sigue publicando. ¿Por qué? Porque eso le da un alivio fugaz. Un pequeño escape de las cosas en las que no quiere. Sus notas bajas, muchas de sus relaciones rotas o vacías o esa sensación de soledad que lo empieza a invadir. Y así, lo que empezó como diversión, ahora es una trampa. Juan ya no usa Instagram, ahora Instagram lo usa a él. Y él pierde la capacidad de lidiar con la tristeza, con el aburrimiento, con el estrés. Cada vez que algo lo incomoda, lo único que hace es refugiarse en las redes. Se vuelve su zona de confort. Ahora, toda esta historia puede sonar bastante bueno. Te sorprenderías de saber que el caso de Juan hoy es muy común. Y lo más duro de todo es que cuando se apaga la pantalla, lo que queda no es satisfacción, sino un enorme vacío. Hay una pregunta que me hago muchas veces cuando pienso en este tema y ¿En qué momento cruzamos la línea? Porque todos usamos el teléfono, todos hacemos compras, todos pasamos tiempo en redes sociales. Pero ¿Cuándo es eso ya una adicción? ¿Cuándo se vuelve adictivo? Hay nueve criterios para determinar que algo es una adicción según el DSM-5. Este manual diagnóstico, el DSM V, dice que deberían cumplirse al menos dos criterios por un periodo de 12 meses para considerar que estamos frente a una adicción. Vamos a conocer esos nueve criterios. El primero es hacer un uso peligroso. Cuando usas algo más de lo planeado, aún en situaciones que implican riesgos físicos, psíquicos, emocionales. Por ejemplo, alguien que revisa el celular mientras está manejando, aunque sabe que quizás podría provocar un accidente. Es exactamente igual que cuando alguien que consume alcohol, empieza con una copita ocasional, pero después termina bebiendo en exceso, exponiéndose todo el tiempo. Situaciones peligrosas como manejar bajo los efectos del alcohol. El indicador número 2 es el síndrome de abstinencia. Este síndrome genera mucho malestar, un malestar emocional y físico intenso. Cuando no se puede realizar la conducta, la persona empieza a sentir ansiedad, insomnio, está irritable, incluso en algunos casos, temblores físicos. Por ejemplo, alguien que se pone extremadamente nervioso y muy de mal humor cuando no tiene acceso a su teléfono o a Internet. Es exactamente igual que cuando una persona adicta a la cocaína, por ejemplo, se pone ansiosa o irritable porque no puede acceder a su dosis. El tercer indicador es la tolerancia. Esta necesidad de hacer la conducta cada vez más para obtener el mismo nivel de placer o de satisfacción. El necesitar más, más y más para sentir lo mismo. Por ejemplo, alguien que antes miraba sus redes sociales veinte, treinta minutos al día, pero ahora necesita pasar muchas horas para sentir la misma distracción o satisfacción. Esto, haciendo el paralelismo, podríamos decir que es lo mismo que las personas que aumentan la cantidad de alcohol que consumen para sentir el mismo efecto que antes. Cuarto indicador de la adicción, intentos repetidos de dejarlo o de controlarlo. Es cuando la persona intenta reducir la frecuencia o la intensidad, pero no puede, es sin éxito. Por ejemplo, decide desinstalar una aplicación de su teléfono para evitar pasar tanto tiempo, pero al poco tiempo no puede y la vuelve a descargar. Paralelismo con adicción a sustancias. Es igual que cuando alguien intenta dejar de fumar, pero no puede resistir el impulso de fumar un cigarro cada vez que se siente estresado. Quinto, mucho tiempo dedicado a ese comportamiento. Se invierten horas excesivas en pensar, hacer, planificar o recuperarnos después de hacer la conducta. Por ejemplo, alguien que pasa todo su día pensando en la próxima apuesta que va a ser, investigando estrategias, esperando el momento de jugar. Esto es igual que cuando una persona adicta a drogas pasa todo su día pensando en la sustancia, en cómo tiene que hacer para buscarla, comprando, consumiendo tiempo después para recuperarse, sin darse cuenta de todo ese tiempo que está perdiendo. Número 6 es el impacto en la vida diaria cuando una adicción afecta negativamente a tu familia, a tu vida social. Por ejemplo, cuando una persona la despiden de su trabajo porque llega tarde todos los días, porque se queda despierto hasta la madrugada o ni siquiera duerme viendo videos o jugando videojuegos o apostando. Esto es igual que cuando alguien que consume alcohol o cualquier droga descuida su trabajo o sus relaciones porque su prioridad es conseguir o consumir la sustancia. El séptimo indicador es el deseo de seguir haciendo la actividad pese a las consecuencias, aún sabiendo que le va a causar problemas, la persona no puede parar. Por ejemplo, alguien que sigue comprando ropa online aunque está endeudada hasta el cuello y cada vez se siente más culpable, pero el alivio de la compra es tan fuerte que no lo puede dejar. Es lo mismo que le pasa a una persona adicta a las drogas que sigue consumiendo aunque ve que su vida se está desmoronando alrededor por esa adicción. Indicador número 8, problemas sociales o interpersonales con otras personas. La conducta ya empieza a generar conflictos en las relaciones de la persona. Por ejemplo, la pareja se enoja porque pasa más tiempo mirando el teléfono que prestando la atención, o elegir ver pornografía en vez de salir o en vez de tener intimidad con alguien. Es como cuando una persona con adicción a alguna droga prioriza el consumo sobre sus relaciones importantes, dejando de lado a quienes lo rodean o dañando vínculos cercanos que son súper importantes para la persona. Y el número 9 es la incapacidad de cumplir roles importantes. La conducta empieza a interferir en obligaciones claves como el estudio, el trabajo o las tareas cotidianas. Por ejemplo, alguien que no paga el alquiler del departamento porque se gastó todo el sueldo en compras que no necesitaba. La prioridad era obtener el placer de la compra aunque eso afectará a su estabilidad económica. Esto es similar a lo que le pasa a alguien con adicción a sustancias que deja de cumplir con sus responsabilidades, como trabajar o cuidar de su familia, porque lo único que importa es conseguir esa sustancia. Como ves, el problema no es la actividad en sí misma, sino la relación que construimos con ese comportamiento. Usar el celular, ver redes sociales, compras, videojuegos no es dañino por naturaleza. El conflicto surge cuando estas conductas toman el control, cuando interfieren en nuestra vida diaria y nos alejan de lo que realmente nos importa. ¿Qué estás intentando calmar? ¿Qué estás intentANDO llenar o evitar con esa conducta? Detrás de cada adicción hay una necesidad no resuelta, y es eso lo que tenemos que descubrir. Hablando de adicciones, el otro día con amigos en una cena, salió la Pregunta del milló ¿Es posible recuperarse, salir de las adicciones? Y la respuesta es un rotundo sí, un sí, absolutamente sí. Ahora detalle Las adicciones no desaparecen por sí solas. Las cura el tiempo ni la fuerza de voluntad aislada. Las adicciones son patrones profundos que requieren un cambio sostenido y sobre todo, acompañado, porque nadie sale de esto solo. En las adicciones, buscar ayuda es innegociable. Los tratamientos más efectivos para salir de una adicción incluyen la terapia cognitivo conductual, que es hoy por hoy la intervención más respaldada científicamente para trabajar con adicciones. También está la terapia de Aceptación y compromiso o ACT, que se enfoca en aprender a manejar la ansiedad y el malestar sin escapar a través de la adicción. También están los grupos de apoyo, como los grupos de Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos, todos los grupos de los 12 pasos u otros. Y este es clave, porque la adicción muchas veces se sostiene en el aislamiento y en la vergüenza. Y compartir las experiencias con otras personas que pasan por lo mismo ayuda a romper ese ciclo. La recuperación no es solamente fuerza de voluntad individual, y los grupos funcionan dando apoyo y contención. Y además, escuchar a quienes están en distintas etapas del proceso permite ver que se puede salir y que hay herramientas prácticas que realmente funcionan. Recomendación Acá no es necesario tocar fondo para ir a esos espacios. De hecho, cuanto antes se busca ayuda, mejor. También hay otras técnicas que funcionan, como el mindfulness, técnicas de regulación emocional o meditación incluso, que son claves para manejar la ansiedad y la impulsividad, que son dos factores claves en las adicciones. Porque muchas veces la adicción no es más que un intento de calmar algo más profundo, la ansiedad, la angustia, el vacío. Entonces aprender a manejar esto es fundamental y hay un montón de otras intervenciones. Si este tema te resuena y sentís quizás que es momento de hacer un cambio, te cuento que en Psyomoliti trabajamos con enfoques basados en evidencia. Así que si te resonó, si sentís que es momento de dar el paso o si conoces a alguien que podría necesitar, podés visitarnos en y pedir una sesión. Muy bien, llegamos a la parte práctica. Es el momento de pasar a la acción. Algo que tenés que saber es que trabajar con adicciones es complejo y que para hacerlo hay que buscar ayuda profesional. Hoy yo te traje para esta parte tres ejercicios prácticos que no son más que que un punto de partida, el primer primer pasito. Son herramientas que pueden ayudarte a ver con más claridad y empujarte a dar el paso para hacer un cambio real. Así que te invito a que agarres algo para anotar, abras tu app de notas en el celular o te prepares para hacerlo a modo de notita mental. Empecemos. El ejercicio número uno va a tener que ver con explorar tu relación con esa conducta. ¿Tenés alguna sospecha sobre alguna conducta que podría estar afectándote más de lo que pensabas? Bien, entonces trae esa conducta a tu mente. Puede ser cualquier cosa que sientas que ocupa más espacio del que debería en tu vida. No sé, el trabajo excesivo, las redes sociales, las compras, la pornografía, los videojuegos, las series, la comida, lo que sea. Y ahora, con eso en la cabeza, quiero que te respondas a vos mismo ¿Haces más esta actividad de lo que crees que es sano o incluso la haces en situaciones que podrían ser riesgosas? Por ejemplo, ¿Te quedas más horas en redes de las que pensabas o apostas más dinero del que dijiste? ¿Te sentís incómodo, ansioso o irritado cuando no podés hacer la actividad? Por ejemplo, si te quedás sin Internet, nervios y malestar total. ¿Necesitas hacer más o dedicarle más tiempo para sentir lo mismo que sentías al principio? ¿Por ejemplo, algo que empezó como una partidita ahora te ocupa horas? ¿Intentaste reducir o dejar la actividad pero no pudiste? Por ejemplo, decidiste limitar a media hora estar en redes, pero terminás scrolleando por horas y horas. ¿Dedicás tanto tiempo a esta actividad o a pensar incluso en esta actividad que descuidás otras cosas importantes? Por ejemplo, pasás más tiempo mirando videos o pensando en comida más que estudiando, trabajando o compartiendo con personas importantes o lo que sea que sea importante para vos. ¿Esa conducta afecta a tu trabajo, a tu estudio o a tus relaciones? ¿Seguís haciendo esa actividad aunque sepas que te trae problemas? Por ejemplo, ¿Compras cosas innecesarias aunque ya estás endeudada? ¿Esta conducta te genera conflictos con amigos, pareja o familia? ¿Por ejemplo? ¿Te reclaman porque estás muy pendiente todo el día del teléfono, mucho más que de estar en la conversación? ¿Descuidas tareas clave como estudiar, trabajar, cuidar de vos mismo, por ejemplo? Bien, ¿Y qué notaste una vez hecho este reconocimiento? Estamos en condiciones entonces de pasar al ejercicio 2, que va a ser un registro de hábitos. Vamos a dar este paso que tiene que ver con registrar. El objetivo de esta actividad va a ser identificar el tiempo y la frecuencia con la que realizas el comportamiento. No te das una idea de la potencia que tiene el registro. De hecho, registrar ya es una actividad propia del tratamiento mismo de las adicciones porque nos muestra, nos hace ver, nos hace tomar conciencia de cuánto tiempo pasamos en esa actividad. Entonces vamos a elegir ese comportamiento que sabés que le estás dedicando mucho más tiempo del que deberías. No importa que este registro sea incómodo y pesado al principio. Hacelo. Hacelo. ¿Cómo lo vas a hacer? Bien, vamos a registrar esa conducta que crees que puede estar saliéndose de control por una semana, por siete días. Y vas a notar tres cosas cuando la hagas. Vas a notar hora y duración de la actividad, por ejemplo, revisé Instagram de 8 a 8 y media o estuve pensando en cómo hacer esa apuesta de 9 a 11 y media. También vas a notar cómo te sentías antes de hacer la conducta aburrido, triste, ansioso, sin ganas. Y vas a notar también cómo te sentiste después de hacerla, que probablemente sea aliviado o también puede ser culpable, cansado, frustrado. Esas tres cosas, nada más. Simple. Pero eso nos va a ayudar a ver el panorama completo, porque a veces no somos conscientes de cuánto espacio ocupa esa conducta en nuestra vida hasta que lo vemos plasmado en papel o en una aplicación. El registro nos permite además ver patrones como momentos del día en los que tendemos a caer más o las emociones que suelen detonar esa conducta, o incluso situaciones específicas que son disparadores. Y al final de la semana revisa tu registro y detectá patrones cuántas horas le dedicaste a la conducta, qué emociones aparecían antes de que la hagas y qué emociones aparecían después. En qué momentos o en qué situaciones recurrís más a esa actividad. Y al ejercicio número 3 lo llamé dar el paso. Este lo vas a hacer si ya identificas que hay algo que estaría bueno trabajar. Primero vas a investigar algún recurso de ayuda cercano a vos. Puede ser un grupo de apoyo, una comunidad online, un profesional de la salud mental, un curso, un libro específico sobre el tema, lo que sea. Buscá algo concreto y fíjate. Digo, no hace falta que te comprometas enseguida, pero entrá a la página web a leer, manda un mensaje, llamá, averiguá cómo es el proceso, nada más que eso. Y contale a alguien de confianza lo que descubriste sobre vos. Puede ser un amigo, tu pareja, un familiar. No tenés que entrar en detalle si no querés. Pero compartí que te gustaría hacer algo al respecto de esta conducta. Decirlo en voz alta ayuda a que el compromiso sea más real. Las adicciones en el fondo, son atajos que tomamos para lidiar con el dolor, con la ansiedad, con la incomodidad. Un parche temporal, una solución rápida que al final nos deja más vacíos. No son una cuestión de fuerza de voluntad, no es un problema de carácter ni una falla personal. Son patrones complejos que están enredados con nuestras emociones, nuestros miedos y muchas veces con las partes más vulnerables de nosotros mismos. Si llegaste hasta acá, quiero que te tomes un momento, respira hondo y pensá en todo lo que escuchaste. Con este episodio diste un primer pasito, que es el de entender porque el conocimiento te da poder. Y ahora ya sabes cómo funcionan las adicciones comportamentales. Y ahora que sabés, podés empezar a mirar con más claridad tus propios hábitos o ayudar a alguien cercano que creas que quizás tiene alguna adicción. Si te parece que este episodio puede ayudar a alguien, compartilo. Hagamos que la información circule. No sabemos cuánto podemos ayudar a alguien compartiéndoselo. En los próximos capítulos de esta serie vamos a sumergirnos en cada una de las adicciones comportamentales. Así que si alguna de estas temáticas te genera curiosidad, no te pierdas lo que viene. Un episodio de podcast puede ser el primer paso para explorarnos, pero si querés ir más profundo, te quiero invitar a ser parte del Club de Bienestar de Psimamoliti. Es un espacio seguro con experiencias en vivo, recursos exclusivos, un laboratorio emocional, un club de lectura y mucho más. Es nuestro espacio para crecer en comunidad. Entérate todo sobre nuestro club en Barra Loop.
Host: Marina Mammoliti
Date: 11 de septiembre, 2025
En este episodio, Marina Mammoliti presenta una introducción profunda y empática al mundo de las adicciones comportamentales. A través de historias cotidianas y un enfoque científico-psicológico, desglosa qué es la adicción sin sustancias, cómo se instala en la vida moderna y por qué no basta con la fuerza de voluntad para superarla. Se abordan los mecanismos cerebrales, los criterios diagnósticos, el impacto en la vida diaria y estrategias prácticas para comenzar el camino de la recuperación. La conducción combina claridad didáctica, cercanía, ejemplos reales y respaldo científico, haciendo accesible un tema complejo y relevante.
Frase Destacada:
“Son acciones muy cotidianas, inocentes, que de repente se convierten en una necesidad.”
— Marina Mammoliti [02:14]
Datos Impactantes:
Frase:
“Vivimos hiperconectados, con acceso 24/7 a estímulos digitales que nos bombardean sin descanso... Cóctel ideal para que el placer se vuelva compulsión, para que el disfrute se convierta en necesidad.”
— Marina Mammoliti [06:06]
Frase para recordar:
“El modo de sanar la adicción ya no es solamente dejar de consumir eso que nos hace daño. Va más profundo. Se trata en realidad de entender qué es lo que le estamos pidiendo a eso para dárnoslo, pero de una forma más sana.”
— Marina Mammoliti [15:41]
Cita:
“El sistema de recompensa se desajusta entonces y empieza a exigir más estímulo para funcionar...”
— Marina Mammoliti [24:58]
Uso cotidiano y liviano del término “adicto”, pero diferencia clara entre gustos y adicciones reales.
Presentación de los 9 criterios del DSM-5 para definir una adicción comportamental (deben cumplirse al menos dos durante 12 meses):
Historia ilustrativa de Juan y su adicción a Instagram: validación, pérdida de control y malestar ante la falta de acceso.
Cita clave:
“Como ves, el problema no es la actividad en sí misma, sino la relación que construimos con ese comportamiento.”
— Marina Mammoliti [34:19]
Cita:
“Las adicciones no desaparecen por sí solas. Las cura el tiempo ni la fuerza de voluntad aislada.”
— Marina Mammoliti [35:27]
Marina propone tres ejercicios prácticos y primeros pasos para quienes sospechan que pueden tener una relación adictiva con alguna conducta:
Cita esperanzadora:
“Las adicciones en el fondo, son atajos que tomamos para lidiar con el dolor, con la ansiedad, con la incomodidad. Un parche temporal, una solución rápida que al final nos deja más vacíos.”
— Marina Mammoliti [44:11]
Frase final:
“Un episodio de podcast puede ser el primer paso para explorarnos, pero si querés ir más profundo, te quiero invitar a ser parte del Club de Bienestar de Psimamoliti. Es un espacio seguro [...] para crecer en comunidad.”
— Marina Mammoliti [45:24]
Este episodio funciona como introducción amplia, compasiva y didáctica sobre las adicciones comportamentales, aportando información científica, herramientas prácticas y, sobre todo, esperanza y validación. Marina Mammoliti invita a revisar nuestros hábitos, a entender el trasfondo emocional de la adicción y a buscar ayuda profesional como un acto de autocuidado.
Ideal para quien sospecha que alguna conducta lo sobrepasa, para familiares que buscan comprender o para profesionales que deseen una explicación clara y accesible del fenómeno. Se destaca por su enfoque humano, sin juicios, y su énfasis en la ayuda colectiva y la autonomía informada.