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Psicología al desnudo es una producción original de Psi Mamoliti, la plataforma de psicología y bienestar en la que podés encontrar a tu psicólogo ideal. Cuando se termina una relación, empieza un proceso de duelo. El tema es que muchas veces hay responsabilidades compartidas, como tener hijos en común. Ahí el contacto cero no parece ser una opción. ¿Cómo hacen dos personas que ya no comparten su vida para seguir criando juntas a un hijo o una hija? ¿Se puede cortar por completo el vínculo con alguien que, aunque ya no es tu pareja, sigue siendo papá o mamá de tus hijos y por ende, parte de tu vida? Cuando hablamos de contacto cero, lo primero que se nos viene a la mente es la decisión radical de bloquear, eliminar, cortar todo tipo de contacto con una persona. ¿Qué pasa cuando esa persona de la que necesitamos distanciarnos es el papá o la mamá de nuestros hijos, o incluso cuando hay una mascota que tenemos en común? El contacto cero es un concepto que viene del ámbito de las relaciones personales y que se aplica como herramienta en rupturas sentimentales, cuando hay relaciones poco sanas. Y quiere decir literalmente cero contacto con la otra persona. Una especie de abstinencia del otro que nos permite mirar la situación desde la vereda del frente y tomar perspectiva. Ni un mensaje, ni un feliz cumpleaños, ni un cómo estás ahora. Cuando hay hijos o responsabilidades compartidas, la teoría choca con la realidad. Lo cierto es que en algunos casos, el contacto cero es la única forma de protegernos. Por ejemplo, si cada vez que hablás con tu ex pareja terminás en una discusión llena de insultos, ataques personales, manipulación o amenazas, mantener la comunicación abierta solo genera daño. Si no hacemos las cosas como yo quiero, no vas a ver más a los chicos. También puede ser el caso de alguien que constantemente tira abajo tus decisiones de crianza, desacredita tu rol como madre o padre frente a sus hijos o incluso te bombardea con mensajes fuera de lugar bajo la excusa de la coparentalidad. No me sorprende que hayas sacado esa nota. Viene todo de tu lado esto de ser poco inteligente. No te preocupes, ya estoy acostumbrada a que no puedas con nada. Cuando hay antecedentes de maltrato físico, psicológico, económico o de cualquier tipo, mantener contacto con una persona que agrede no solo pone en riesgo a la persona que sufrió violencia, sino que también afecta a los hijos directa o indirectamente. En esos casos, el contacto cero no es una opción, es una medida de protección. Y cuando hay responsabilidades compartidas, como la crianza de los hijos, la comunicación no puede quedar librada al azar. Tiene que darse a través de intermediarios o canales formales que garanticen seguridad y eviten cualquier tipo de manipulación o daño encubierto. Ya sea un familiar de confianza, un abogado, un mediador profesional, incluso medidas legales como una perimetral o un acuerdo judicial en contextos de violencia. Cualquier excusa para mantener contacto puede convertirse en una nueva instancia de control, de manipulación o de daño. No es un tema de llevarse bien por los hijos, sino de garantizar un entorno seguro para todas las partes. Soy Marina Mamolitti, psicóloga, y esto es Psicología al Desnudo, el podcast de salud mental de Epsima Moliti, donde navegamos juntos en las profundidades de la mente en el episodio de contacto cero y coparentalidad. ¿Es posible entonces mantener un verdadero contacto cero cuando hay hijos o mascotas de por medio? La respuesta corta, depende. La respuesta larga, sí, pero no como lo imaginás. No se trata de desaparecer del mapa, ni de ignorar la existencia del otro, sino de reducir el contacto a lo estrictamente necesario. Es una versión adaptada del contacto cero, algo que podríamos llamar contacto gris. Y con reducir a lo estrictamente necesario me refiero a un contacto mínimo, reducido a lo esencial. Horarios de salida del colegio, días de inglés, si tiene un cumpleaños, solo temas relacionados con la logística de los hijos o de las mascotas, y nada más. Entonces, mientras que en el contacto cero la comunicación se corta por completo, en el contacto gris es puntual y enfocada únicamente en las responsabilidades compartidas. Y eso es así porque los hijos siguen siendo hijos para siempre. Aunque ya no seamos pareja, seguimos siendo mamá o papá de nuestro hijo. El problema es que se vuelve mucho más difícil sanar en medio de la situación de coparentalidad, porque todo el tiempo estamos cruzando mensajes o viéndonos. Te voy a contar una Elena y Luis están separados hace ya algunos años. Ella ya rehizo su vida y se la ve bien contenta. Pero Luis siente que todo esto es un error. Está esperando que algún día Elena venga a decirle que se equivocó y que él es el amor de su vida. La excusa que hasta ahora le sirve son los chicos. Le escribe todos los fines de semana que los tiene ella y siempre busca la manera de terminar hablando de ellos dos, hasta que Elena la corta. Y acá hay un problema, que es cuando el contacto con el otro no es realmente por los hijos, sino que en realidad es una forma encubierta de seguir atados a la relación. Puede ser con la esperanza de una reconciliación, como en el caso de Luis, o incluso para mantener el enojo vivo, buscar reproches o seguir enredados en el pasado. En este punto tenemos que ser honestos con nosotros mismos, con nosotras mismas. Si sentimos la necesidad de reactivar el contacto, preguntémonos qué estamos buscando realmente, porque muchas veces esa necesidad de interacción puede ser solo un impulso que a la larga no nos beneficia. Cuando el contacto se convierte en una excusa para revivir las emociones pasadas, no va a ser efectivo, porque el contacto gris es un límite que hay que poder sostener. Y acá voy a traer a escena un concepto que me gusta mucho, que es el vacío fértil. Noción que viene de la psicología gestáltica, que nos dice algo no todo vacío es pérdida. Algunos vacíos son espacios de posibilidad. Cuando una relación se termina, queda un hueco y en general nos sentimos tentados a llenarlo rápido, con distracciones con otras personas, con conversaciones innecesarias que nos devuelven un poco de esa rutina que perdimos. Pero el vacío fértil nos invita a otra a sostener ese vacío, a no anestesiarlo con parches, a darle tiempo para que se convierta en algo más. Implica darnos tiempo para, en vez de correr a llenar el silencio con lo primero que encontramos, quedarnos ahí quietos. Porque es en ese espacio donde surgen las verdaderas transformaciones. Es como cuando limpias un placard, sacás todo y por un momento queda un vacío incómodo. Pero si te bancás de esa sensación, si no corrés a meter cualquier cosa con tal de verlo lleno y te das tiempo para pensar qué querés poner ahí, lo vas a terminar llenando con cosas que realmente te sumen. Hace poco estaba en una reunión de trabajo y escuché a una compañera que hablaba de su hermano que recién se separaba. Ya le dije mil veces a esto no es bueno para los chicos, tienen que seguir juntos, es lo mejor que le pueden transmitir. La familia unida. Me acomodé en la silla, la miré y pensé no creo que esto sea tan así, pero no la culpo. Porque durante años nos vendieron la idea de que la familia unida es lo mejor para un hijo. Como si la unión fuera un fin en sí mismo. Como si lo importante fuera que los padres sigan juntos aunque se odien. Aunque el ambiente sea todo el tiempo un campo de batalla. De verdad. Es mejor crecer viendo a mamá y a papá pelearse todo el tiempo. Es mejor ser testigo de gritos, desplantes, indiferencia, violencia. ¿Es mejor aprender que las relaciones se sostienen a cualquier costo, aunque nos destruyan? Digámoslo no hay nada peor que un hijo que crece en un hogar donde el amor es una farsa, donde el amor es violento. Así que no, el contacto cero no es el villano de la historia. Y tampoco lo es la separación. El verdadero problema es seguir sosteniendo vínculos que ya no funcionan en nombre de un ideal que solamente lastima a todos los involucrados. Vamos a desmenuzar un poco estos mitos porque hay cosas que es mejor soltar. El mito número uno es que el contacto cero es igual al abandono. No, el contacto cero no es desaparecer del mapa ni desentenderse de los hijos. Es poner un límite claro para que cada persona pueda sanar sin interferencias emocionales. A veces la mejor manera de ser un buen papá o mamá es es asegurarte primero de estar bien vos. Para poder ser la mejor versión de nosotros mismos en ese rol, vamos a necesitar ese espacio de distancia. El mito número 2 es que el contacto cero es perjudicial para los hijos. Crecimos escuchando esto de que es mejor estar unidos por el bien de los hijos. Pero ¿Qué significa unidos cuando lo único que compartimos es resentimiento? Estar juntos significa siempre estar bien. Lo que realmente perjudica a los hijos no es el contacto cero, sino la tensión constante de padres que no saben soltar La calma de una casa en paz es mil veces mejor que un hogar en el que la pareja está junta pero peleándose todo el tiempo. El mito número 3 es que el contacto cero es para siempre. Y esto no es así. Depende. El contacto cero puede ser temporal o permanente, dependiendo de las circunstancias y de las necesidades de cada uno. Hay situaciones donde un tiempo sin contacto puede ser la clave para que las relaciones se sanen. Y en otros casos puede ser algo más definitivo. Pero no es un todo o nada. No hay una única respuesta. Ahora, si hay una regla de oro, y es que el contacto cero dura lo que tenga que durar para que las personas estén bien. El mito número 4 es que el contacto cero afecta negativamente a los hijos en el largo plazo. Los hijos no necesitan padres juntos, necesitan padres sanos, presentes, que los amen y los protejan. Si crecer viendo una relación rota fuera garantía de bienestar, la cantidad de adultos con heridas emocionales serían mucho menor. A veces lo más amoroso que podemos hacer es enseñarles que el amor no es aguantarlo todo. El mejor regalo es mostrarles cómo se ve una relación sana, y si la nuestra no lo es, mantenernos juntos no les hace ningún bien. Existen millones de personas que han crecido con padres separados y no solo no han sufrido, sino que han aprendido a adaptarse y a tener relaciones súper saludables. Si este tema te resuena, o si al escucharlo se te viene alguien más a la cabeza, en el episodio 18 de la segunda temporada de psicología el desnudo habló de por qué nos cuesta tanto soltar, cómo funciona nuestro cerebro en este proceso y qué herramientas podemos usar para cortar el enganche y de verdad avanzar. Te súper recomiendo que lo escuches o que lo compartas. Realmente escucharlo puede hacer la diferencia. Ahora bien, todo muy lindo. Entender el contacto gris en la teoría es una cosa, pero aplicarlo en la vida real es otra muy digital. ¿Cómo hago? ¿Por dónde empiezo? Veamos algunas estrategias concretas para aplicar el contacto gris. Número uno, la comunicación con los hijos tiene que ser clara y honesta. Los chicos necesitan saber qué está pasando. No con detalles morbosos, no con culpas encubiertas, sino con claridad y con respeto. Ojo, el contenido tiene que ser apropiado para la edad. No hace falta entrar en detalles de los conflictos de la ex pareja. Y acá hay que dejar algo muy los hijos no son intermediarios. No les escondas la verdad, pero tampoco los pongas en el medio. No son mensajeros, ni terapeutas, ni excusas para seguir en contacto con tu ex. Cargarles tu dolor los lastima mucho. Manipular o hablar del otro padre también lastima mucho. Es totalmente esperable que los hijos se sientan tristes, enojados o que no entiendan bien cómo va a ser todo a partir de ahora. Cómo que voy a tener dos casas, pero entonces, ¿En cuál vivo? ¿En dónde dejo mis cosas? Escucharlos y explicarles todo es fundamental para que puedan sentirse comprendidos. Ah, algo obvio, pero no tanto. Intentá evitar a toda costa la comparación entre hermanos. Ay, dale Lucía, solamente nos estamos separando. ¿No minimices lo que sienten con un ay, pero no es tan grave, tu hermano lo entendió súper bien, qué te pasa a vos? Porque cada uno lo vive a su manera, no hay que apurarlos ni compararlos. Y si sentís que este proceso está siendo difícil para vos o para ellos, pedí ayuda. A veces hace falta alguien más que pueda escuchar, contener y dar herramientas para transitar este cambio de la mejor manera. Y reconocer esto es un gran acto de amor. Así que si crees que ese puede ser el caso, te cuento que en Psimamoliti contamos con un equipo de psicólogos especializados para acompañar estos procesos. Podés acceder a toda la información en Vamos a La estrategia número 2, y es que la comunicación entre padres debe estar limitada solo a lo necesario. Cuando hablen, que sea solo de los hijos, de cuestiones importantes a tener en cuenta y nada más. Algo que puede ayudar en este punto es intentar no utilizar mensajería instantánea como WhatsApp, por ejemplo, porque la instantaneidad fomenta a veces respuestas impulsivas y espacios para conversaciones innecesarias. La estrategia número 3 es diseñar un plan de crianza. Sería algo así como una especie de agenda que se comparte y en la que quedan bien marcadas las responsabilidades de cada uno. Los horarios qué hacemos los fines de semana, la división de los días. Eso ayuda un montón a minimizar la cantidad de conversaciones que tenemos que tener. Tener un acuerdo claro y escrito sobre la rutina de los hijos te ahorra mil conversaciones innecesarias. Esto puede incluir qué día están con quién, quién los busca y a qué hora, cómo se dividen las vacaciones, qué pasa si uno de los dos no puede cumplir con un horario. Digo, no es para hacer burocracia de la paternidad o maternidad, sino para evitar malentendidos y excusas que nos lleven a hablar más de lo necesario. Estrategia 4 Usar intermediarios en los casos más conflictivos, puede ser de gran ayuda contar con algún amigo, amiga o familiar que se encargue de recibir a los chicos o de entregarlos. Si cada interacción con tu ex es una batalla, no te expresa a eso, usá intermediarios, un familiar, un amigo de confianza. Otras cosas que pueden ser útiles tener algún punto de encuentro neutral, como la escuela, o usar aplicaciones diseñadas para padres separados que registran todo y reducen el margen de discusión. El contacto gris puede sonar inflexible, tajante y eterno, pero la idea es que se use solo cuando sea necesario. Quizás cuando ya haya pasado agua bajo el puente y el tiempo de introspección necesario, el modo de relacionarse pueda volver a ser algo más flexible. No se trata de nunca más poder hablar con tu ex con naturalidad. Se trata de que ahora, mientras las heridas están abiertas, hay que ser firmes. El tiempo y la distancia ayudan un montón a reacomodarlos bien. Quizás en unos años logren tener una dinámica mucho más flexible, pero eso no pasa solo pasa cuando ambos hicieron el proceso de sanar por separado. Por ahora lo importante es que vos te enfoques en lo que vos necesitás. Porque al final del día, más allá de la coparentalidad, lo que importa es que uno también pueda seguir adelante. Si logramos que esto pase, cada uno va a seguir con su vida personal y sus procesos, mientras que al mismo tiempo van a poder convivir y compartir en las situaciones donde esto sea necesario. Criar mediando el contacto cero no es hacer de cuenta que no pasa nada. Y sé que tomar distancia con hijos de por medio puede ser difícil que cada tanto, cuando haya un cumpleaños, una reunión escolar o una urgencia, vas a tener que volver a cruzarte con la persona de la que estás intentando tomar distancia. Y más de una vez quizás vas a sentir un nudo en la garganta. Pero los chicos no necesitan padres que se lleven bien a la fuerza, sino padres que no se pierdan en el conflicto y puedan estar presentes de verdad. Una familia sana no siempre es una familia junta, sino más bien un espacio donde cada adulto asume la responsabilidad emocional de lo que siente de verdad, aunque le duela. No se trata de ignorar lo que pasó, ni de borrar a la otra persona de la historia porque no podés, porque está ahí, porque es el papá o la mamá de tus hijos. Pero sí podés decidir de qué forma va a estar esa persona en tu vida. Sí podés elegir qué espacios le das y cuáles no. Quizás dudes, quizás quieras mandar mensajes que no deberías, quizás sientas nosotros por lo bueno que hubo. Pero va a llegar un día en el que ya no vas a esperar que algo cambie. Un día en que ya no duela. Cuando te cuenten que pasaron un lindo fin de semana juntos, un día en el que ya no desees haber estado ahí. Ese día, sin darte cuenta, el contacto gris se va a volver natural y vos vas a estar en paz. Y esa paz, créeme, va a ser la mejor herencia emocional que le puedas dejar a tus hijos. Hasta acá el episodio de hoy. Si estás listo, lista para iniciar terapia y transitar un proceso de transformación en compañía de un profesional Msimoliti, te estamos esperando. Escuchamos lo que te pasa, qué cambio buscás y te conectamos con el terapeuta adecuado para acompañarte. Podés encontrar más información en Kommen.
Tema principal:
Crianza compartida: ¿Qué es el “contacto gris”?
En este episodio, la psicóloga Marina Mammoliti explora las dificultades emocionales y prácticas de la crianza compartida tras una separación, especialmente cuando el tradicional “contacto cero” no es viable por la existencia de hijos o responsabilidades conjuntas. Mammoliti explica el concepto de “contacto gris” como una adaptación saludable del contacto cero, ofrece estrategias para implementarlo, cuestiona mitos frecuentes sobre el daño a los hijos y enfatiza la importancia de la salud emocional de los padres como base para el bienestar familiar.
“Cuando hay antecedentes de maltrato… mantener contacto con una persona que agrede no solo pone en riesgo a la persona que sufrió violencia, sino que también afecta a los hijos directa o indirectamente.” (05:14)
Sobre la honestidad emocional:
"Si sentimos la necesidad de reactivar el contacto, preguntémonos qué estamos buscando realmente, porque muchas veces esa necesidad de interacción puede ser solo un impulso que a la larga no nos beneficia." (10:34)
En defensa de la separación consciente:
“No hay nada peor que un hijo que crece en un hogar donde el amor es una farsa, donde el amor es violento.” (13:05)
Sobre el rol de los padres separados:
“Los hijos no necesitan padres juntos, necesitan padres sanos, presentes, que los amen y los protejan.” (18:17)
Mensaje final:
“Y esa paz, créeme, va a ser la mejor herencia emocional que le puedas dejar a tus hijos.” (31:15)
Este episodio profundiza en la realidad de separar la vida de pareja sin dejar de ejercer la responsabilidad compartida hacia los hijos. Mammoliti derriba creencias dañinas sobre la “familia unida a cualquier costo” y brinda herramientas realistas para mantener la calma, el respeto y el bienestar emocional en contextos de coparentalidad. “Contacto gris” emerge como una vía práctica, compasiva y saludable para padres separados que desean priorizar tanto su sanación como el equilibrio integral de sus hijos.