
Loading summary
A
Psicología al Desnudo es una producción original de Psi Mamoliti, la plataforma de psicología y bienestar en la que podés encontrar a tu psicólogo ideal. ¿Cuántas veces dijiste estoy bien cuando por dentro se te caía el mundo, te pasa algo y no sabés con quién hablarlo? Sentís que si lo contás no van a entender, o peor, lo van a minimizar. Así que te lo guardás. Pero adentro algo sigue latiendo. Un dolor que nadie ve, un enojo que no se va. ¿Qué hacemos cuando nos encontramos cara a cara frente a alguna emoción que no queremos sentir? ¿La enfrentamos o nos ponemos en modo avión y seguimos como si nada? ¿Qué tienen para enseñarnos? ¿La soledad? ¿El rencor? ¿La desconfianza? ¿Sirve huir? Soy Marina Mamolitti, psicóloga, y esto es Psicología al Desnudo, el podcast de salud mental de Psimamoliti, donde navegamos juntos en las profundidades de la mente en el episodio de emociones difíciles. Vivimos en una sociedad que nos enseñó a seleccionar emociones como si fueran opciones de un menú. ¿Alegría? Sí. ¿Amor? Perfecto. ¿Enojo? Depende. Si sos socializado, hombre, totalmente. Si sos mujer, ahí no. ¿Tristeza? Bueno. Máximo unos días. ¿Soledad, desconfianza, rencor? Mejor que ni aparezcan. Pero nuestras emociones no funcionan así. No son una playlist que podemos editar según nuestro humor del día. Aprendimos que hay emociones buenas y malas. Que sentir ciertas cosas nos convierte en personas problemáticas, tóxicas, inmaduras. Que mostrar vulnerabilidad es debilidad. Y que si algo nos duele, deberíamos superarlo rápido y seguir adelante. La realidad es que cancelamos emocionalmente todo lo que nos incomoda. Y no solo por cómo nos hace sentir, sino por la reputación que tienen estas emociones. Nadie dice la verdad. Me siento envidioso o estoy lleno de rencor, no porque no lo sienta, sino porque admitirlo se percibe como un defecto. Y el problema no es que existan emociones difíciles, es que nunca aprendimos a navegarlas. La cancelación emocional masiva no es gratis. Si las emociones existen y nosotros las cancelamos sistemáticamente, no desaparecen, se vuelven salvajes. Empiezan a actuar en las sombras como ansiedad crónica, como explosiones de ira o como un agotamiento emocional que no entendemos de dónde viene. Para entender esto de su funcionalidad, pensemos en que las emociones son como lucecitas del tablero del auto. Cuando se encienden, es incómodo. Pero ignorar esas señales es como tapar la lucecita del indicador de combustible con cinta y esperar que el auto no se quede sin nafta. La psicología lleva décadas gritándolo. Las emociones evitadas no se evaporan, se acumulan, se entierran en lo profundo hasta que un día explotan como una olla a presión. Y cuando eso pasa, el daño es exponencial. Ahora, si todo esto es tan claro, ¿Por qué las seguimos evitando? ¿Cuáles son esas emociones que más nos cuesta enfrentar? Para responder esto, estuve haciendo una mini investigación chiquita, casera, muy rústica. Le fui preguntando a amigos y familiares cuáles eran las emociones con las que más evitaban conectar. De todo lo que fue surgiendo, hubo tres que fueron las que más la soledad, la desconfianza y el rencor. Tres emociones difíciles, complicadas, que a ninguno de nosotros nos gusta sentir y de las que se habla bastante poco. Después de escuchar a tanta gente repitiendo las mismas emociones, me pregunté ¿Qué pasaría si en vez de evadirlas, las escuchamos un poco y quiero hacer un episodio de esto? Así que vamos a meternos justo ahí, porque estas emociones tienen un gran mensaje para la soledad. Tengo miedo de quedarme solo o de quedarme sola. Debe ser probablemente una de las frases que más escuché. Como psicóloga, nos aterra sentirnos solos. Nos enseñaron que estar solo es sinónimo de fracaso, de tristeza, de no encajar. Y en esta era de hiperconectividad, admitir que nos sentimos solos casi se siente como un pecado. Pero hay algo importante que no es lo mismo estar solo que sentirse solo. Solitud y soledad son diferentes. La solitud es la propia capacidad de pasar tiempo solos, incluso disfrutándolo mucho. En cambio, la soledad es la emoción que surge frente a la ausencia de vínculos significativos que nos hagan sentir vistos, amados, comprendidos. Sentimos soledad cuando percibimos que nuestros vínculos no son lo suficientemente significativos. Y no hace falta estar físicamente solos. Podemos sentirnos solos en pareja, en una ronda grande de amigos incluso. El tema no es la ausencia de gente, sino la falta de de sensación de que el vínculo es genuino. Y la soledad duele porque estamos programados para buscar conexión, pero negar la soledad no la hace desaparecer. No podemos llenarnos de planes, de pantallas, de ruidos, porque si el vacío está ahí, va a seguir calando profundo por más que nos distraigamos. De hecho, hay estudios que dicen que sentirte solo por mucho tiempo sin elegirlo puede hacerle tan mal al cuerpo como fumar 15 cigarrillos por día. Sí, 15. Afecta al sistema inmune, sube la presión y hasta puede dañar el corazón. Y lo más irónico de todo es que vivimos en la era más conectada de la historia y al mismo tiempo, en las que más personas reportan sentirse solas. He tenido un montón de consultantes que después de años negando su soledad, se dieron cuenta de que se sentían desconectadas en sus vínculos más importantes. Y eso les permitió identificar qué necesitaban realmente en sus relaciones. Una cuota moderada de soledad puede ser necesaria porque esta sensación viene a frená. Revisá tus vínculos, revisá tus conexiones. Hay algo ahí que no está bien. Pasemos a la segunda emoció la desconfianza. Esta emoción tiene muy mala prensa porque se asocia con la inseguridad, con la paranoia. Pero es mucho más necesaria de lo que creemos. Antes de comprar una página web, chequeás que sea segura. Le pones seguro al auto, tomás con pinzas lo que te dice alguien que ya te defraudó varias veces. Una cuota moderada de desconfianza en ciertas circunstancias es necesaria porque nos ayuda a cuidarnos. Aprendimos a desconfiar cuando no fuimos cuidados, por ejemplo, o cuando alguien que debía protegernos falló. Y en la adultez esto se refuerza con traiciones, con mentiras, con abandonos. La desconfianza aparece cuando algo no nos cierra, cuando percibimos que algo no está tan bien. Es una alerta que nos fijate bien. No siempre es paranoia. A veces nos muestra que no todas las personas tienen buenas intenciones, que no todos los vínculos son seguros. Y aunque sea incómoda, la desconfianza también puede ser una brújula. Nos advierte a quién no darle lugar en nuestras vidas y nos ayuda a reconocer a quienes sí. Llegamos a la tercera emoción, que es el rencor. Otra de esas emociones que aprendimos a ver como negativas. No seas rencoroso, bueno, soltá. El rencor solamente te hace daño a vos. Se nos enseña que el rencor es una carga, algo que tenemos que soltar. Pero ¿Qué pasa si te dijera que tiene algo demasiado valioso para decirnos? Sentimos rencor cuando fuimos heridos y no encontramos la reparación justa o cuando el daño quedó impune sin resolver. El rencor es el eco de un dolor que nos sanó. No nos gusta aceptar que sentimos rencor porque nos recuerda que hay una herida que sigue ahí, latente. Pero el primer paso para sanar es justamente aceptar que ahí hay algo que duele. Una cuota moderada de rencor en ciertas circunstancias es necesaria porque nos señala dónde hubo daño, qué vínculos nos lastimaron y además nos da tiempo para procesarlo. Es una señal de que algo en nosotros necesita justicia o reparación. Ahora, hay una diferencia enorme entre usarlo como brújula y quedarnos atrapados. Un rencor bien manejado nos ayuda a establecer límites y procesar aquello que dolió. Ahora, una acumulación del rencor nos aísla y nos encierra en un ciclo del que es difícil salir. Entonces la pregunta no ¿Cómo lo suelto? ¿Cómo suelto el rencor, sino qué necesito para que esta herida deje de doler? Y el rencor no se apaga con simple voluntad, se apaga con comprensión. Y ustedes me dirán, todo bien Marina, con las emociones y sus funciones, pero la verdad es que no está bueno ir por la vida sintiendo soledad, rencor o desconfianza. Y no, obvio que no está bueno. Ni la ausencia de emoción ni el exceso de emoción va a ser saludable. No sé si lo fueron notando, pero en cada una de estas emociones dije que una cuota moderada en ciertas circunstancias es necesaria. Lo funcional siempre es el equilibrio, el medio. No se trata de erradicarlas, sino de escucharlas y aprender a manejarlas. El problema es cuando dejan de ser un simple aviso y se transforman en un estado permanente. ¿Conocés gente que desconfía de absolutamente todo, o personas con un resentimiento o un rencor infinito? ¿Alguien que siempre se siente solo aunque esté rodeado de mucha gente que lo ama? Bueno, lo que pasa ahí es que la emoción se cronificó, se quedó pegada, ya no responde al presente, sino algo del pasado sin resolver. ¿Y cómo es que llega una emoción a volverse crónica? Bueno, desde que nacemos aprendemos a qué hacer con lo que sentimos. Por ejemplo, la primera vez que sentí enojo fue cuando mi hermano me quitó un juguete, por ejemplo. La primera vez que me sorprendí fue cuando mi papá me regaló mi primer cachorrito. Y así con cada emoción. Cada experiencia nos deja una marca emocional. Hay personas que tuvieron experiencias que los marcaron. Puede haber sido algo grande o cosas chiquititas pero constantes. Sentirse ignorado, no ser escuchado, crecer donde el afecto no era seguro. Y las emociones que no se resolvieron en su momento se reactivan en la adultez ante cualquier situación similar. Es como si nuestro cerebro tuviera un sensor, una alarma, siempre listo para activarse. Entonces el mensaje es hay algo en lo profundo que todavía necesito ir a mirar. Por eso reaparece una y otra vez, desproporcionadamente. Quizás no te identifiques con ser una persona rencorosa, o que siempre se sienta solo o desconfiado, pero seguramente hay alguna emoción que se dispara en vos de manera desproporcionada, algo que te pasa una y otra vez y no entendés bien por qué reaccionas así. Identificar esto es el primer paso para conectar mejor con esa emoción y con la historia que tiene esa emoción para nosotros ahora. Nada de esto es fácil ni pasa de un día para el otro. Es un proceso. Y un montón de veces necesitamos ayuda para decodificar por qué sentimos lo que sentimos. Si sentís que eso resuena con vos y te gustaría dar el paso para empezar a trabajar con tus emociones, te cuento que en Psymamoliti, nuestra clínica de psicoterapia online, contamos con psicólogas y psicólogos con muchos años de experiencia que te pueden acompañar. Encontrás toda la información en Y ahora sí, pasemos a la parte práctica, la parte en la que empezamos a bajar todo este conocimiento a la vida real. Hoy traje un ejercicio corto, simple y concreto para que a partir de ahora puedas aplicarlo cada vez que te toque darle lugar a una emoción displacentera. Algo que podés hacer cada vez que una emoción incómoda te agarre medio por sorpresa y se te quede clavada en el cuerpo. Se llama Registro emocional y tiene cuatro preguntas clave. Número ¿Cómo se llama esto que siento? Ponele nombre a la emoción para hacerla visible. No lo dejes en un me siento mal o tengo un nudo en el estómago. Ponele nombre. ¿Es rabia? ¿Es envidia? ¿Es tristeza? ¿Son celos? ¿Es desconfianza? ¿Es rencor? Lo que sea, nombralo. Porque lo que no se nombra no se entiende. Y lo que no se entiende no se puede modificar. Pregunta número 2 ¿Estoy aceptando esta emoción? ¿La estoy reconociendo o me estoy haciendo el desentendido? Bueno, yo no tengo nada que ver. Quizás estoy incluso intentando taparla con trabajo, con excusas, con Netflix. Bueno, ya se me va a pasar. A veces intentamos meter las emociones en un cajón, pero eso no funciona así. Si están ahí es por algo. Y cuanto más la evites, más te va a perseguir. Y La pregunta número 3 ¿Qué mensaje creo que me está trayendo esta emoción? ¿Por qué me suena esta alarma? ¿Porque las emociones no aparecen porque sí, para arruinarte el día? Todas traen un mensajito. ¿Será que hay un límite que no puse? ¿Es algo que me duele y que no resolví? ¿Es una herida vieja que se activó con algo del presente? Dedícate a escuchar, porque detrás de cada emoción hay una necesidad que necesita ser atendida. Y número 4 ¿Cómo quiero responder a esta emoción? Y acá viene la clave. Porque una cosa es sentir y otra es actuar. No siempre lo que sentimos es proporcional a la situación actual. Y no todas las emociones merecen una reacción extrema. Algunas solamente necesitan ser sentidas. Así que antes de reaccionar, pregú ¿Esto que estoy sintiendo amerita una respuesta de mi parte? ¿Necesito poner un límite? ¿Necesito pedir un abrazo? ¿Necesito una conversación o solo necesito respirar profundo, sentir la emoción y después soltar? Estas preguntas son súper útiles a la hora de reconocer nuestras emociones y el mensaje que tienen para traernos. Sobre todo si se trata de emociones difíciles de gestionar, como pueden serlo la soledad, la desconfianza o el rencor. Las estrellitas de este episodio Algunas pistas para que esto funcione No siempre las respuestas van a venir enseguida. A veces hay que practicar hasta que las respuestas empiecen a aparecer con claridad. Y no se trata de resolver todo en un día. Es un proceso. Tenete paciencia, andá de a poco. Dicen que la práctica hace al maestro. Y lo más importante, las emociones no se controlan, no suceden, pero sí podés decidir qué hacer con ellas. Sentimos. Todo el tiempo sentimos. Y eso no es un problema, es parte de nuestra naturaleza. La soledad no es solo la ausencia de compañía, es la falta de conexión. Y aparece porque algo en nuestros vínculos necesita ser revisado. La desconfianza no es paranoia, es una alerta que nos pide estar atentos. Cuando desconfíes de alguien, primero, primero pregúntate si la amenaza es real o si simplemente estás reaccionando desde el miedo, desde alguna herida. No se trata de confiar ciegamente en cualquier persona, pero sí de darte la oportunidad de abrirte a quien sí lo merezca. Y al rencor. El rencor nos habla de heridas que todavía duelen, que aún esperan a ser sanadas. No se trata de perdonar porque sí, ni de soltar como si fuera muy fácil. Se trata de entender qué necesitas para sanar. Si todavía te duele, si todavía pensás en eso, es porque hay algo que quedó pendiente. Y por eso suena la alarma del rencor. A veces lo que falta no es el perdón, sino un límite, un cierre. Simplemente aceptar que no vas a recibir la reparación que esperabas. Pero no dejes que el rencor te consuma. Si todavía te pesa, trabajalo. Porque sostenerlo demasiado tiempo es como aferrarte a un carbón caliente esperando que se queme el otro. Cada emoción tiene su función, su propósito. No están ahí para arruinarnos la vida, sino para ayudarnos a entendernos mejor, a crecer, a cuidarnos. Y como dije, no podemos evitar sentirlas, pero sí podemos decidir qué hacemos con ellas. Así que la próxima vez que una emoción incómoda te toque la puerta, en lugar de ignorarla o empujarla debajo de la alfombra, te propongo algo Hacela pasar y escuchá lo que tiene para decirte. Quizás ahí está la respuesta que tanto estabas necesitando. En la cueva a la que temes entrar está el tesoro que buscas, decía Joseph Campbell. Y no podría haberlo dicho mejor. A veces las respuestas que más necesitamos están escondidas justo detrás de lo que más nos cuesta sentir. Hasta acá el episodio de hoy. Si estás listo, lista para iniciar terapia y transitar un proceso de transformación en compañía de un profesional. En Simamoliti te estamos esperando. Escuchamos lo que te pasa, qué cambio buscas y te conectamos con el terapeuta adecuado para acompañarte. Podés encontrar más información en.
Host: Marina Mammoliti
Date: November 27, 2025
Duration: Approx. 35 minutes
Language: Spanish
En este episodio, la psicóloga clínica Marina Mammoliti explora tres emociones difíciles muchas veces ignoradas o malentendidas—soledad, desconfianza y rencor. Plantea que gestionarlas es clave para el bienestar emocional, y ofrece reflexiones y herramientas prácticas para navegar estas experiencias de manera saludable. Mammoliti invita, además, a desafiar la cultura de “cancelación emocional” y a integrar las emociones displacenteras como parte de la vida adulta.
"Vivimos en una sociedad que nos enseñó a seleccionar emociones como si fueran opciones de un menú."
"No es lo mismo estar solo que sentirse solo. Solitud y soledad son diferentes. La solitud es la capacidad de pasar tiempo solos, incluso disfrutándolo… La soledad es la emoción que surge frente a la ausencia de vínculos significativos que nos hagan sentir vistos, amados, comprendidos."
"Vivimos en la era más conectada de la historia y al mismo tiempo, en la que más personas reportan sentirse solas."
"Una cuota moderada de desconfianza en ciertas circunstancias es necesaria porque nos ayuda a cuidarnos."
"Sentimos rencor cuando fuimos heridos y no encontramos la reparación justa o cuando el daño quedó impune sin resolver. El rencor es el eco de un dolor que no sanó."
"No se trata de 'cómo suelto el rencor', sino '¿qué necesito para que esta herida deje de doler?'"
[20:55] Marina comparte un ejercicio de cuatro pasos para gestionar emociones difíciles:
¿Cómo se llama esto que siento?
¿Estoy aceptando esta emoción?
¿Qué mensaje creo que me está trayendo esta emoción?
¿Cómo quiero responder a esta emoción?
"Lo que no se nombra no se entiende. Y lo que no se entiende no se puede modificar."
—Marina Mammoliti, [21:40]
“Sentimos. Todo el tiempo sentimos. Y eso no es un problema, es parte de nuestra naturaleza.”
"En la cueva a la que temes entrar está el tesoro que buscas."
—[33:25]
[04:23]
"La cancelación emocional masiva no es gratis. Si las emociones existen y nosotros las cancelamos sistemáticamente, no desaparecen, se vuelven salvajes."
—Marina Mammoliti
[16:35]
“El rencor no se apaga con simple voluntad, se apaga con comprensión.”
—Marina Mammoliti
[25:30]
"Las emociones no se controlan... pero sí podés decidir qué hacer con ellas."
—Marina Mammoliti
[32:45]
"Sostener el rencor demasiado tiempo es como aferrarte a un carbón caliente esperando que se queme el otro."
—Marina Mammoliti
Marina Mammoliti ofrece en este episodio un enfoque compasivo, realista y práctico para atravesar emociones dolorosas en la vida adulta. Destaca la relevancia de escucharlas y aprender de su mensaje, en lugar de optar por la represión o la evasión. El episodio termina invitando a la audiencia a la autoexploración y la búsqueda de ayuda, recordando que en la gestión emocional, el equilibrio y la autenticidad son las verdaderas llaves del bienestar.