Loading summary
A
No quiero contestar, pero tampoco quiero que piensen que no me importa, pero tampoco tengo ganas de explicar, pero tampoco quiero que se enojen. Así se siente la fatiga digital. Puedes tener conexión, batería, señal y aún así no tener espacio interno para alojar a otro. Estar online no es igual que estar disponible emocionalmente, y eso no te vuelve egoísta ni mala persona. No todo lo urgente es importante y no todo mensaje merece tu disponibilidad inmediata. Estás escuchando Psicología al desnudo, un podcast de Psyoma moliti. Te llegan tres mensajes al hilo en WhatsApp. Uno de tu mamá, otro de una amiga y otro de una compañera de trabajo pidiendo ayuda. Tu teléfono vibra mientras miras tu computadora. Estás escribiendo el décimo mail de la mañana y recién son las 9. Ni hablar de que tenés 20 ventanas abiertas. Leés, suspirás, después contesto, pensás y dejás otro mensaje más en la lista junto con los otros muchos que todavía tenés por contestar. Pero nunca contestás porque no podés, porque estás agotado, estás harto, harta. Esa sensación de sentirnos abrumados frente a las pantallas tiene un nombre y se llama fatiga digital. Una forma de agotamiento físico, mental y emocional que ya dejó de ser un estado transitorio y se convirtió en una nueva forma de vida. ¿En qué momento contestar se volvió una obligación moral? ¿Por qué sentimos la culpa por tardar en responder? La fatiga digital no es solamente cansancio de ver una pantalla, es un agotamiento bastante más profundo. Si algo de esto te resuena, quédate, porque en este episodio te voy a contar cómo hacerle frente a esta sensación que nos quema por dentro. Cuando escuchás la palabra fatiga, ¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza? Probablemente sea el cuerpo, el cansancio muscular, el desgaste físico. Pensamos en alguien que trabajó mucho, que se movió, que hizo esfuerzo físico. Bueno, sí, es eso. Pero también hay otra fatiga que no se ve, que es la que te deja agotado sin haberte movido del escritorio. Esa fatiga que sentís cuando miras WhatsApp y ves cientos de mensajes sin responder. Cuando te da pereza escuchar un audio, aunque en realidad eso sea saturación. Cuando te acordás de un mail pendiente y te sube una ansiedad chiquita, casi como un pinchazo. La fatiga digital es un agotamiento profundo causado por vivir expuestos a notificaciones y demandas constantes de respuesta. También por la hiperconexión constante. Por no tener nunca un verdadero descanso psicológico. Por el uso excesivo de pantallas, computadoras, celulares, tablets, mails, chats, grupos, videollamadas. Pero no tenemos que quedarnos solo ahí pensando que la fatiga digital tiene que ver con el uso excesivo de pantallas y punto. Porque claro que tiene que ver con eso. Pero el núcleo del problema no es la pantalla, sino la constante obligación de tener que responder. De estar disponibles para todos a toda hora. Porque estar disponibles no es solamente tener un teléfono en la mano y conexión a Internet. Estar disponible es algo mucho más costoso. Que implica prestar atención, sostener la presencia. Es tener la energía mental y emocional para ponerla en otro. Estar disponible implica atención, presencia, energía. Implica poder escuchar, pensar qué decir, registrar lo que le pasa al otro. Y esa energía no es infinita. Pero vivimos como si lo fuera. Hay muchas personas que apenas escuchan el ping del celular, algo se activa dentro. Una urgencia, Una especie de tengo que estar, tengo que responder. Y no lo hacen porque quieren. Lo hacen porque sienten que si no responden, fallan. Porque aprendieron, sin que nadie lo diga explícitamente, que recibir un mensaje los obliga. Que no contestar es una falla. Que estar online significa estar disponible emocionalmente. Y cuando algo se vive como obligación constante, deja de ser una elección. Entonces responden al segundo. Mientras cocinan, mientras caminan por la calle, mientras están con alguien, mientras les pasan cosas importantes. Ponen su vida en pausa con tal de responder instantáneamente. Convencidas de que es lo que deben hacer. Pausamos lo importante para atender lo urgente. La cuestión es que vivir sintiendo esa presión es vivir con un estado de estrés constante. Y ya sabemos cómo termina esta historia. Es una bomba de tiempo. De hecho, el Journal of Clinical Psychology dice que escuchar notificaciones y hacer uso abusivo de medios para comunicarnos se asocia con un aumento significativo de síntomas depresivos y trastornos de ansiedad. Esto es fisiología pura. La sobreexposición a pantallas y a notificaciones constantes activa el mismo sistema de estrés agudo que se dispara frente a una amenaza real. Por eso, aunque no haya un peligro físico, nuestro cuerpo lo vive como si lo hubiera. Y despliega síntomas como dolores de cabeza, o mucha presión en las sienes, ojos secos, visión borrosa, ardor, palpitaciones o sensaciones de opresión en el pecho después de estar muchas horas conectado, Problemas para dormir. Aunque estemos exhaustos, aunque el cuerpo esté cansado, la mente no puede parar. Incluso náuseas o falta de apetito. Y tiene todo el sentido que nos pase esto, porque la única entidad capaz de responder siempre, al instante, sin pausa y sin cansarse, es un bot, no una persona. Vos no sos un robot, sos humano. Tenés cuerpo, tenés emociones y sobre todo, tenés energía limitada. Y cuando vivís como si fueras una máquina, contestando mensajes mientras comés, escuchando audios mientras cruzás la calle, con el corazón acelerado porque tenés que responder ya, lo que aparece no es eficiencia, es colapso. El otro día vi una ilustración que muestra un personaje mirando al celular con cara de desesperación. Desesperación, no quiero contestar, pero tampoco quiero que piensen que no me importa, pero tampoco tengo ganas de explicar, pero tampoco quiero que se enojen. Así se siente la fatiga digital. Es esa contradicción brutal de querer desconectar para no sentirnos tan abrumados, pero sentirnos culpables si lo hacemos. Todo este circuito sostenido en el tiempo tiene consecuencias. En primer lugar, la culpa constante. Sabes que le debes una respuesta a tu amiga hace mucho. Le querés decir que vos también la extrañas, pero te agota abrir ese chat porque tenés que escuchar con atención y responder con atención y con intención. Entonces te jurás que lo vas a hacer mañana, pasado, el finde. Uy, se me pasó el fin del usé para descansar del agotamiento. Bueno, la semana que viene. Y nunca tenés tiempo, se te va. También sabés que tu mamá mandó fotos del viaje al grupo de la familia y que con un emoji bastaría para demostrarle que lo viste. Pero de solo pensar en entrar y tener que ver todas esas fotos, te abrumas. Aunque la amás un montón y querés saber del viaje, es demasiada información. Entonces bloqueas el celular y por fin, silencio, calma. Pero esa calma solamente dura unos minutos, porque después aparece la culpa. Una culpa que no viene a reparar, sino que tortura. Te recuerda que fallás cada vez que no contestás un mensaje. Qué mala hija que soy, qué mala amiga, qué mala trabajadora, qué mala empleada, qué mala jefa. Segunda consecuencia es que los vínculos se enfrían. Aunque no queramos cuando alguien no responde, eso se interpreta siempre. Y en general la no respuesta significa no me importa. Del otro lado, la otra persona está esperando una respuesta. Y mientras espera, muchas veces se ¿Por qué no me responderá? Está enojada, le dije algo que le molestó, le da igual, nuestra amistad estará bien. Y cuando ese silencio se sostiene en el tiempo, eso va desgastando el vínculo. La persona que no responde está saturada. Y del otro lado, quien espera se angustia porque no entiende, le duele el silencio. Entonces empiezan los cortocircuitos, los malentendidos. Lo más triste es que quizás no tiene que ver con falta de amor. La ausencia de respuesta puede ser resultado del agotamiento. No es que uno no ame o que no le importe la otra persona, es que estamos agotando. Tercera consecuencia. Nos volvemos irritables y poco tolerantes. Pequeñas cosas te sacan un audio largo, te molesta mucho un mensaje, te fastidia, sentís que todo es una demanda. Y eso no habla de que seas una persona poco empática, habla de que quizás estás sobrecargado. Cuando no hay energía, la paciencia se vuelve un lujo. Cuarta la niebla mental. Te pasó de pasar muchas horas frente a pantallas y sentir que te cuesta concentrarte o que no podés pensar con claridad, o que no podés retener información. Como si las ideas se volvieran lentas y las decisiones costaron un poco más. Bueno, así se siente la niebla mental. Es esa sensación rara de estar despierto pero no del todo lúcido. De mirar la pantalla y no terminar, de entender, de leer algo y tener que volver atrás porque no te quedó nada. No es distracción, es cansancio cognitivo. La cabeza se siente pesada, como embotada, como si todo funcionara en cámara lenta. La quinta consecuencia es que nos empobrecemos emocionalmente. Porque cuando estamos fatigados de lo digital, entonces respondemos de manera automática. Mandamos mensajes como jajaja, un emoji, un sí, después hablamos. No porque no tengamos cosas para decir, pero porque no nos da el resto emocional para elaborar la respuesta. Entonces las conversaciones se vuelven más superficiales, más rápidas, menos sentidas. Y no es falta de profundidad interna, es falta de espacio. Nada de esto habla de falta de amor, ni de poca capacidad para razonar. Tampoco de desinterés o de que seas mala hija, mal hijo, mal amigo, mala pareja. Habla del agotamiento de vivir demasiado tiempo expuestos a pantallas disponibles para todo el mundo menos para vos. Cuando esta fatiga se sostiene en el tiempo y no se registra o se minimiza, el impacto no queda solamente en el cansancio cotidiano, empieza a calar más profundo y se vuelve estructural. Entonces empezamos a sentir ansiedad de manera constante, difusa, como un ruidito de fondo que no se apaga. El estado de ánimo cae, aparece el desgano, el desinterés, la sensación de estar funcionando en automático. En muchos casos, el cuerpo y la mente entran en un estado de desgaste profundo, el famoso burnout, ese punto en el que ya no queda energía para nada, ni siquiera para lo que antes importaba. Pensar, decidir, recordar cosas se vuelve muy difícil. Por eso es que reconocer la fatiga digital en nosotros y detectarla a tiempo no es exagerar el problema es prevenir que el cansancio de hoy se transforme en el malestar de mañana. Si te reconociste en algunas de estas consecuencias, te súper felicito. No porque sea lindo estar agotado, sino porque poder verlo ya es una forma de empezar a prevenir. Así que vayamos ahora sí a la parte práctica. ¿Qué podemos hacer para salir del bucle de la fatiga? No hace falta que te mudes a una cabaña sin wifi, ni que elimines todas tus redes sociales. Tampoco vamos a tirar el celular al medio del océano, ni volvernos anti tecnología. Hay personas que optan por ese camino y las respeto, pero no hace falta que nos vayamos a ese extremo. La idea no es vivir desconectados, sino dejar de estar disponibles para todo, todo el tiempo. Así que si venís sintiéndote agotado, saturado, abrumado, quiero darte algunas ideas concretas y simples para recuperarte de la fatiga digital. Recomendación número uno y fundamental. Pone límites. Establece horarios para responder mensajes. Por ejemplo, después de las 18 19 20 horas no contesto nada del trabajo a no ser que sea hiperurgente o los fines de semana no voy a usar WhatsApp. Te da culpa no contestar al instante. Pon un estado que diga disponible de tal hora a tal hora, como para informarle a los demás que esos son los horarios en los que pueden esperar que vos respondas. Y si no, no. También puedes probar con responder por bloques. Entonces a la mañana respondes lo urgente, a la tarde lo no tan urgente y lo que puede esperar, que Espere. Recomendación número 2 Recuperar mini transiciones entre tareas. Uno de los grandes problemas de la vida digital es que nunca hay cierre. Pasamos de un mail a un chat, de un audio, videollamada, todo sin transición. Entonces el cerebro no procesa. La neurociencia muestra que el sistema nervioso necesita micropausas para resetearse. Así que probá esto. Entre una tarea digital y otra levántate un minuto, uno, dos minutos de la silla, mové las piernas, podés llevar las rodillas al pecho, sacudir un poco los brazos, mirar por la ventana y recién después volvé a la silla. Podés hacer respiraciones lentas, inhalando 4 segundos y exhalando en 6. Esto varios ciclos de respiración. Evitá encadenar pantalla con pantalla con pantalla sin pausa. Número 3 esta también es clave. Explícale a la gente que te importa, que estás saturado. No des lugar a suposiciones innecesarias. La mayoría de los conflictos por no responder se pueden evitar con una frase simple. Vos sabés que últimamente me está costando mucho responder mensajes. No es personal, pero estoy necesitando bajar un poco el ritmo con el celular porque estoy como medio quemado, medio quemada, estoy abrumada, por eso no puedo responder rápido, pero te quiero un montón, solo que voy a responder más lento. Eso aclara y cuida el vínculo. Poner en palabras es una manera de abrazar al otro cuando no podés estar tan presente. Y ser claro con lo que necesitas, también es una manera de cuidar la relación. Número 4 Hacé descansos de pantallas. No necesitas desaparecer del mapa. Con 20 o 30 minutos por día alcanza al menos para empezar. Así que algunas ideas simples Dejá el celular en otra habitación mientras comés o mientras trabajás. Si podés, hacé una caminata sin auriculares, prestando atención a los sonidos del entorno. Al menos 10 minutos para cortar el día. Armate una rutina antes de dormir sin pantallas. Lee un libro, duchate, escribí cómo estuvo tu día sin que medien pantallas. Si podés, usá un despertador analógico y dejá el celular afuera del cuarto y agendate algún tiempo sin pantalla, como si fuera una reunión más haciendo setepasa. Y último, incorporá breves ejercicios de mindfulness a tu rutina. Vas a encontrar un montón en el canal de YouTube de Epsima Moliti. No necesitas más de 5 minutos en el día para hacerlos. Son cambios chiquitos, pero que sostenidos en el tiempo pueden hacer una gran diferencia. Puedes tener conexión, batería, señal y aún así no tener espacio interno para alojar a otro. Estar online no es igual que estar disponible emocionalmente, y eso no te vuelve egoísta ni mala persona. Quizás sea momento de hacernos un favor a todos, de sacarnos de encima esa exigencia invisible de tener que estar siempre disponibles, de contestar ya, de sentir culpa si no respondemos enseguida. Dejar de exigirnos y exigirle a los demás una presencia constante que no es humana porque pagamos. Muy triste esa lógica. Postergamos lo que necesitamos, interrumpimos momentos valiosos, nos relegamos al último lugar con tal de sostener la expectativa que nadie nos puso explícitamente pero que seguimos obedeciendo como si fuera una ley. No todo lo urgente es importante y no todo mensaje merece tu disponibilidad inmediata. A veces el acto más amoroso con vos y con otros es frenar un poco. Y si en medio de este mundo hiperconectado sentís que necesitas un espacio para bajar revoluciones, ordenar lo que te pasa y volver a conectar con una calma más genuina, entonces la terapia puede ser un súper buen lugar para empezar. Aprovecho a contarte que en Cima Moliti somos un equipo de psicólogas y psicólogos matriculados con muchos años de experiencia en psicoterapia clínica, así que podés contactarnos a través del link que está en la descripción de este episodio. Hasta acá el episodio de hoy. Ahora sí, nos vemos la semana que viene.
Podcast: Psicología Al Desnudo | @psi.mammoliti
Host: Psi. Marina Mammoliti
Episode Title: ¿Tenemos estrés digital?
Date: June 18, 2026
In this thoughtful episode, clinical psychologist Marina Mammoliti explores the pervasive issue of "digital fatigue"—the emotional, cognitive, and physical exhaustion arising from constant digital connectivity and messaging. The episode delves deep into what digital stress feels like, why it emerges, its impact on our mental health and relationships, and presents actionable strategies to recover from and prevent it.
"Puedes tener conexión, batería, señal y aún así no tener espacio interno para alojar a otro." (00:36)
"Estar disponible implica atención, presencia, energía. [...] Y esa energía no es infinita. Pero vivimos como si lo fuera." (04:02)
"La ausencia de respuesta puede ser resultado del agotamiento. No es que uno no ame o que no le importe la otra persona, es que estamos agotados." (17:30)
(Desde 23:43 en adelante)
"La neurociencia muestra que el sistema nervioso necesita micropausas para resetearse." (26:15)